Por alguna u otra razón desde que se la existencia del Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez no me lo he podido gozar a cabalidad. Es más, desde que nos conocemos, tres de los miembros del colectivo, entre si, en la versión de este año, es la primera vez que coincidimos en el lugar y momento (un cuarto miembro se encontraba a unos metros de distancia pero también coincidió en momento) para esta magna celebración. La noche en que coincidimos, sin embargo, no fue la excepción; por motivos que no vienen al caso, no me quedé hasta el final; y por motivos diferentes, que tampoco son de la incumbencia de este artículo, no fui a la final. Todo esto, claro, no me impide instruirlos sobre cómo se carga el cuerpo de energía; son sólo tres pasos.
Paso 1: Rompa con los miedos y prejuicios
La noche anterior a mi asistencia al festival un compañero de la oficina me llevó hasta la casa. En el camino le pregunté - "¿Qué vas a hacer esta noche?"- No pensaba invitarlo, pero si contarle para que fuera por su propia cuenta. "Yo si tengo amigos muy raros. No puede ser" - Respondió con una sonora carcajada - "O estoy en el lugar equivocado" - agregó. "¿Cómo así?" - le dije. "Pues es que vos vas a eso, y este man que tengo en el asiento de atrás va al (ponga aquí un nombre) en Bogotá" - El otro compañero le corrigió y me preguntó que si conocía. Le dije que no, entonces me nombró otras bandas y me explicó que se trabaja de una especie de subgénero del metal, cercano a lo gótico. El nombre de la segunda banda sí se me hizo conocido, pero sin la certeza de que lo fuera le dije que sí para apoyarlo (además porque si realmente la conociera tal vez no me acordaría del nombre, sin eso decir que no pudiera disfrutarlo). Acompañado en su batalla (tal vez de todo el día) le dijo - "Si ves? el raro sos vos!" - y un - "¿Por qué sos tan radical? tan cerrado" - mío lo remató. Viendo la superioridad numérica, cambió el tema y preguntó - "Y cuando vos vas a una de esas cosas tomás? ¿qué tomás? viche?" - Notando la socarrona burla del hombre, le dije, - "nooo, también se consiguen las cosas normales que vos tomás: Aguardiente, Ron, Cerveza. Hasta un amigo un día llevó una botella de Vodka." - "Uy, pero debe chillar el vodka acompañado de esa música" - dijo. Entonces lo miré con lástima, pensando que la ignorancia era muy atrevida, y que no valía la pena contarle más. Él no quería romper su paradigma reggeatonero. Así que le dije - "Sí, un poco." - y miré por la ventanilla.
Como él, mucha gente no probará nada hasta que todo el mundo, o una mayoría convincente lo haga. Hasta entonces será raro, y por lo tanto inaceptado. Rompa con eso, y luego hablamos. O mejor, y luego bailamos en el Petronio.
Paso 2: Actitud y disposición

Cuando decida ir, tenga en cuenta que el lugar va a estar lleno de comunidades que llevan un año esperando este momento. La mayor parte de ellas, comunidades negras; que se ríen, bailan, gozan, huelen, se visten, se ven, caminan, comen, beben, y son, diferentes a usted. Y entre ellas son diferentes. Pero igual, van a sentir, a vibrar y vivir el regalo de notas, y ondas musicales que las agrupaciones musicales, en busca de su premio, les regalan. Si usted decide asistir, fusiónese con la masa, pues la energía que va a compartir y recibir entra por todos los poros de su cuerpo. No le cierre las puertas.
Paso 3: La fusión

Con el cambio de escenario del
Teatro al aire libre los Cristales a
La Plaza de Toros de Cañaveralejo quedó demostrado que en el futuro el Teatro se quedó corto para la cantidad de audiencia, y también que la Plaza de toros podría evolucionar a ser un espacio para conciertos y actividades de concurrida audiencia en vez de un circo destinado a la masacre animal.
La plaza permite que una vez que se entre y vea la dimensión del espectáculo dada por el retumbar del tambores, el repique de la marimba, el compás llevado por las caderas de la multitud enardecida y el danzar de los pañuelos; uno reciba un choque. Un choque que de entrada, te hace doblar por segundos las rodillas. Después la sangre que corre por las venas de la gente que danza, grita y salta se desprende molecularmente de las venas en pequeñas dosis y atraviesa músculos, huesos y dermis para escalar la vellosidad de brazos, piernas y cabeza y empezar a flotar en el ambiente. Danzan también con la música, entre las demás moléculas de sangre y de vez en cuando, exhaustas con la exaltación se dejan caer en los brazos de alguien más, recorren el mismo camino que tomaron para salir del otro cuerpo y cuando llegan al torrente sanguíneo le dan clases de baile a las demás moléculas del cuerpo.
Medio alborotado, medio mareado y un tanto embrujado, puedes dejar salir todas las emociones de tu cuerpo mientras sudas y te unes a los gritos acompasados de "ay, ..., ay", a los aplausos, a los saltos. Tu pañuelo o tus manos pueden bailar con los demás, creando un espectáculo visual hermoso. Desde la altura puedes observar otros espectáculos similares, coreografías improvisadas y las notas que salen de los coros monumentales de la audiencia y entran en los oídos de la misma haciéndola retumbar y danzar alborotadamente. Ya sea a punta de ron, aguardiente, cerveza, viche, arrechón, chicha, gaseosa, agua, o lo que sea, puedes condimentar el momento y retomar un impulso adicional para saltar y recibir poro a poro como un átomo más de una masa llena de energía pasión y color esa energía misma que contrario a las leyes físicas parece multiplicarse, reproducirse y distribuirse.
Marimba, Chirimía, Violines Caucanos y las notas de una categoría Libre danzarán en tus oídos por muchos meses. Y tu cuerpo renovado, estará preparado para cuando vengan a compartir de nuevo su energía.
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