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sábado, 28 de marzo de 2009

¿Seguir o proponer?

Uno podría clasificar a los humanos de muchísimas formas: altos y bajitos, hombres o mujeres, los que comen cerdo y los que no, los que creen que hay vida después de la muerte y los que no, lectores y no lectores, por su tipo sanguíneo, los que son capaces de enroscar la lengua y los que no, por la letra inicial de su nombre. En fin, hay infinitas posibilidades. La clasificación es un ejercicio de organización, que puede facilitar la gestión, el manejo, almacenamiento o comunicación. O simplemente, se hace porque hay personas desocupadas que les gusta clasificar, como los taxónomos (aunque no discuto que es importante saber que se está regalando una orquídea Calanthe y no una orquídea Liparis).

En mi caso, estuve divagando un rato y creo que me gustaría clasificar a las personas entre las que siguen y las que proponen. Esto ya ha sido ampliamente desarrollado por aquellos que trabajan el tema de liderazgo, y las competencias, así que yo voy a ser más rudimentario.

Uno puede ser aquel que organiza un partido de fútbol, o el que espera a que lo llamen; uno puede ser aquel que elige el restaurante o esperar a que se lo propongan; uno puede ser quien arme el parche para ir a rumbear, o esperar a que lo llamen; uno puede en la oficina liderar una propuesta, o esperar a que le digan qué tiene que presentar; uno puede en el salón de clase organizar el grupo y dirigirlo o esperar a que otro lo haga y seguirlo.

Por mi parte, siempre me he caracterizado por ser el primero de los dos. Es decir, a mí me gustar mandar el juego (como me decía una novia hace algunos años). A mí me gusta dar órdenes, dirigir, liderar, elegir. A mí me gusta tener el control. Lo que sucede, es que después de varios años de hacerlo, me doy cuenta que es desgastante, que cansa, que dejar que los demás dependan de uno no sólo hace que uno se llene de preocupaciones propias, sino también ajenas. Digamos que es uno de los inconvenientes de liderar cada momento de la vida siguiendo los estándares éticos y morales. Puesto que si no me importaran los demás (que son todos sustituibles) pues no tendría por qué agotarme más que con mis preocupaciones. En fin, como el alivio del cansancio es el descanso, en los dos últimos años he ido replanteando mi posición ante algunos frentes de la vida, y he dejado de liderarlo y controlarlo todo, hasta encontrar algún grado de comodidad siendo parte del rebaño. Eso sí, siempre eligiendo quién será mi pastor (tal vez por eso no voy a la iglesia: no me convence el pastor, aún). Así pues, donde no es trascendental mi liderazgo puedo tomar energías y usarlas donde realmente importa.

Por eso, no me vuelvan a pedir que organice ni rumbas ni partidos de fútbol, mejor invítenme a cuantas y cuantos puedan organizar. Y de vez en cuando sorpréndanme proponiéndome algo que no tenga que organizar yo. Así podré descansar para ser líder donde cuenta. Los fines de semana, como éste, son fines de semana para seguir, pues me la paso proponiendo en la semana.

¿Y tú? ¿Propones o me sigues la idea?

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