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martes, 24 de noviembre de 2009

Instrucciones para cambiar de color

"(...) y es tan fuerte la anestesia en el
mundo, corazón q yo no voy a ser quien
atrase las agujas del reloj yo voy a desafinar, es
mi bien desafinar pero es q me ofende tanta, tanta
vulgaridad hay un tren que va directo al centro de
tu amor y se cae siempre al mar y te ahoga de
dolor y nada me gusta más que tu risa,
corazón ese es tu mejor lugar, esa es mi
mejor canción nada me sorprende más
en la vida corazón q ver cambiar mi piel
como la del camaleón no te asustes por
favor sólo hay que salir al sol (...)"
Música para Camaleones
Fito Páez

El camaleón es uno de mis animales favoritos. Siempre me he identificado con su habilidad para camuflarse en ambientes difíciles. Hoy en día he encontrado ambientes en los que es más difícil hacerlo, pero aún así lo consigo. A veces pienso que lo hago concientemente y otras que simplemente me he acostumbrado tanto a operar así que ya no lo pienso. Es algo como lo que ocurre cuando uno se monta al carro y comienza a manejar después de muchos años de hacerlo. Por esta razón también, el camaleón nunca está en mis pensamientos. Me acuerdo de los perros, de los delfines y los peces, de los grandes felinos y los osos, y de cuanto animal veo en los canales de documentales, en las fotos y en el Zoo. Pero nunca pienso en el Camaleón (salvo cuando Fito hace su música para él, para mí, para todos los camaleones). Hace aproximadamente un mes recibí un video que me dejó mudo. Era el Camaleón por fuera de su ambiente en el que domina el camuflaje. Era el Camaleón en un ambiente difícil: el nuestro. Lleno de cosas artificiales, perturbaciones, morbo y burla. Era el Camaleón triunfando en su técnica del camuflaje en ese ambiente tan angustioso. Así que decidí, que mis palabras serían ociosas para cualquiera que quisiera saber cómo cambiar de color; que serían insuficientes, cortas, parcas e irónicamente monocromáticas. Pensé que en muchas ocasiones (y sobre todo en estos días tan visulamente alterados por la tecnología) las personas captan el conocimiento más fácil con las imágenes que con las palabras.

Es por eso que el que después de ver como este maestro del camuflaje cambia de color no pueda hacerlo, puede preguntarme cómo (pero creo que con sólo verlo basta):




PS: Si no encontraste el Camaleón que estaba camuflado en la foto tienes problemas de visión 360° o de imaginación

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jueves, 13 de agosto de 2009

Los Carbones Voladores

Esta semana me llegó un correo de un gran amigo, con está historia, la cual tiene el perfil perfecto para entrar al Jueves del Aleph. Ya saben la dinámica, les pego la historia, y le encontramos todas las "moralejas", naturales o alternativas, que creamos encontrar en ella. Gracias Pacho.

El saco de carbón

Un día, Jaimito entró a su casa dando patadas en el suelo y gritando muy molesto.

Su padre, lo llamó. Jaimito, lo siguió, diciendo en forma irritada:
- Papá, ¡Te juro que tengo mucha rabia! Pedrito no debió hacer lo que hizo conmigo. Por eso, le deseo todo el mal del mundo, ¡Tengo ganas de matarlo!

Su padre, un hombre simple, pero lleno de sabiduría, escuchaba con calma al hijo quien continuaba diciendo:
- Imagínate que el estúpido de Pedrito me humilló frente a mis amigos. ¡No acepto eso! Me gustaría que él se enfermara para que no pudiera ir más a la escuela.

El padre siguió escuchando y se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa, de donde tomó un saco lleno de carbón el cual llevó hasta el final del jardín y le propuso:

- ¿Ves aquella camisa blanca que está en el tendedero? Hazte la idea de que es Pedrito y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es un mal pensamiento que va dirigido a él. Tírale todo el carbón que hay en el saco, hasta el último pedazo. Después yo regreso para ver como quedó.

El niño lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los carbones pero como la tendedera estaba lejos, pocos de ellos acertaron la camisa.

Cuando, el padre regresó y le preguntó:

- Hijo ¿Qué tal te sientes?

- Cansado pero alegre. Acerté algunos pedazos de carbón a la camisa.

El padre tomó al niño de la mano y le dijo:

- Ven conmigo quiero mostrarte algo.

Lo colocó frente a un espejo que le permite ver todo su cuerpo. ¡Qué susto! Estaba todo negro y sólo se le veían los dientes y los ojos. En ese momento el padre dijo:

- Hijo, cómo pudiste observar la camisa quedó un poco sucia pero no es comparable a lo sucio que quedaste tú. El mal que deseamos a otros se nos devuelve y multiplica en nosotros. Por más que queremos o podamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos y la suciedad siempre queda en nosotros mismos.


Por supuesto, hay una moraleja "objetivo" o natural en esta historia:

Moraleja 1
El desearle el mal a los demás hará que nosotros seamos aun afectado por esos malos pensamientos.

Pero bueeeno. No es que me sienta particularmente reflexivo hoy, así que se me ocurren otro tipo de moralejas

Moraleja 2
Los padres siempre tendrán los métodos más alternativos para hacernos sentir idiotas

Moraleja 3
Si lo que quieres es ensuciar una camisa que está lejos, no le tires carbones, consíguete una pistola de paintball. En resumen, se estratégico para lograr tus objetivos.

Moraleja 4
El padre es un desconsiderado, nunca piensa en los demás. O ¿que creen que pensará la madre al ver la camisa (recien lavada) llena de carbón? ¿y no se infartará al ver la ropa que tenía puesto el niño? y ¿a quien creen que castigará? no será al padre, el cual seguro estará viendo el noticiero.

Moraleja 5
Cuando le cuentas tus problemas a tus padres, de una forma u otra terminaras sintiéndote sucio

Moraleja 6
Jaimito debe ser un debilucho con mala puntería. Siendo así, es normal que se la monten en el colegio.

Moraleja 7
Los carbones son poco denso y aerodinámicamente inapropiados. En resumen, un pésimo proyectil.

Moraleja 8
Si quieres molestar realmente a alguien, jódele un poco la vida, pero antes asegúrate de haberle regalado a su padre un saco de carbones. Con certeza el padre acabará el trabajo que tu empezaste.

Moraleja 9
Si tomamos a Jaimito como un emisor potenciado promedio de mala energía, los carbones como la materialización de estas energías, y a Pedrito como la representación física de nosotros mismos, podremos hacer lo que se nos de la gana, porque siempre que traten de vengarse de nosotros, el vengador llevará la peor parte.

Moraleja 10
Nadie piensa en los sentimientos de la pobre camisa, que estaba orgullosa y "radiante" de estar blanca y recién lavada.

Moraleja 11
No importa que hayas sido concebido para mantener calor y luz en el mundo, y para transformar alimentos en suculentos platos, siempre habrá algún idiota que te utilice para jugar contigo.

Se me ocurrieron algunas otras moralejas, donde el papá de Jaimito representa un plato de espaguetis con albóndigas y los carbones la entropía del universo, pero esta y todas las demás que se les ocurra las dejaré para que ustedes, lectores de este blog, las imaginen y nos las regalen a través de sus comentarios.

¿Que otra moraleja se te ocurre?

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sábado, 28 de marzo de 2009

¿Seguir o proponer?

Uno podría clasificar a los humanos de muchísimas formas: altos y bajitos, hombres o mujeres, los que comen cerdo y los que no, los que creen que hay vida después de la muerte y los que no, lectores y no lectores, por su tipo sanguíneo, los que son capaces de enroscar la lengua y los que no, por la letra inicial de su nombre. En fin, hay infinitas posibilidades. La clasificación es un ejercicio de organización, que puede facilitar la gestión, el manejo, almacenamiento o comunicación. O simplemente, se hace porque hay personas desocupadas que les gusta clasificar, como los taxónomos (aunque no discuto que es importante saber que se está regalando una orquídea Calanthe y no una orquídea Liparis).

En mi caso, estuve divagando un rato y creo que me gustaría clasificar a las personas entre las que siguen y las que proponen. Esto ya ha sido ampliamente desarrollado por aquellos que trabajan el tema de liderazgo, y las competencias, así que yo voy a ser más rudimentario.

Uno puede ser aquel que organiza un partido de fútbol, o el que espera a que lo llamen; uno puede ser aquel que elige el restaurante o esperar a que se lo propongan; uno puede ser quien arme el parche para ir a rumbear, o esperar a que lo llamen; uno puede en la oficina liderar una propuesta, o esperar a que le digan qué tiene que presentar; uno puede en el salón de clase organizar el grupo y dirigirlo o esperar a que otro lo haga y seguirlo.

Por mi parte, siempre me he caracterizado por ser el primero de los dos. Es decir, a mí me gustar mandar el juego (como me decía una novia hace algunos años). A mí me gusta dar órdenes, dirigir, liderar, elegir. A mí me gusta tener el control. Lo que sucede, es que después de varios años de hacerlo, me doy cuenta que es desgastante, que cansa, que dejar que los demás dependan de uno no sólo hace que uno se llene de preocupaciones propias, sino también ajenas. Digamos que es uno de los inconvenientes de liderar cada momento de la vida siguiendo los estándares éticos y morales. Puesto que si no me importaran los demás (que son todos sustituibles) pues no tendría por qué agotarme más que con mis preocupaciones. En fin, como el alivio del cansancio es el descanso, en los dos últimos años he ido replanteando mi posición ante algunos frentes de la vida, y he dejado de liderarlo y controlarlo todo, hasta encontrar algún grado de comodidad siendo parte del rebaño. Eso sí, siempre eligiendo quién será mi pastor (tal vez por eso no voy a la iglesia: no me convence el pastor, aún). Así pues, donde no es trascendental mi liderazgo puedo tomar energías y usarlas donde realmente importa.

Por eso, no me vuelvan a pedir que organice ni rumbas ni partidos de fútbol, mejor invítenme a cuantas y cuantos puedan organizar. Y de vez en cuando sorpréndanme proponiéndome algo que no tenga que organizar yo. Así podré descansar para ser líder donde cuenta. Los fines de semana, como éste, son fines de semana para seguir, pues me la paso proponiendo en la semana.

¿Y tú? ¿Propones o me sigues la idea?

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martes, 10 de junio de 2008

¿Cómo entrar en dos pasos?


1. Deje esta nota sobre la mesa:

Debo confesar que cada vez tengo que esforzarme más para alejarme de tu lado. Y es cierto, tengo que hacerlo. Pero ¿por qué? ¿por qué tengo? ¿por qué no puedo quedarme a tu lado todo el tiempo? Hasta que mi cuerpo se funda con el tuyo hasta que no respiremos de tanto amarnos. Pues porque no, porque eso sería perder mi vida, perder mi libertad, perder la tuya. Eso sería alejarme de mis otros sueños. Aunque debo confesar también que contigo me siento libre. Libre de remordimientos, pesos, responsabilidades, karmas, amarguras y cansancios. A mí me gusta ser libre y estar libre. Ser liviano, no denso y planear imaginariamente sobre la ciudad contemplando la pesadez de los demás, como una pluma que la lleva el viento hasta que cae y es de nuevo levantada por una ráfaga de compasión. Entonces, ¿por qué tengo que esforzarme tanto? ¿por qué no me quedo? Creo que porque no sabemos manejar la libertad. Sólo sabemos por ahora preparar la pista de aterrizaje para que lleguen ellas (la pluma y la libertad) cuando se sientan libres de hacerlo. Añoro hacerte feliz.

"La luna roja, sobre el mar negro"

2. Toque de nuevo la puerta en dos días.

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