Hoy en jueves del Aleph les traigo algo que hace rato no hacía. La interpretación de una canción. Ya lo hemos hecho varias veces, y esta vez se presenta una excelente canción de Queen, la genial “Don’t stop me now”. Les dejo, de primero, el video:
La verdad es que con esta canción me había pasado lo que me ha pasado con muchas canciones. Me parece muy buena, pero en realidad no sabía lo que decía. Apenas hoy, por esas cosas de la vida, le vine a poner cuidado a la letra (los que me conocen saben mis deficiencias con el anglo idioma), y solo se me vino (nunca tan bien usado este verbo) una idea a la cabeza, “este man se está masturbando”. Así que esta entrada es solo para decir lo obvio, que compusieron esta canción en tributo a una memorable noche de auto-consentimiento.
Más claro no podría ser. Desde la primera estrofa lo demuestra:
Tonight I'm gonna have myself a real good time
I feel alive and the world I'll turn it inside out - yeah
And floating around in ecstasy
So don't stop me now don't stop me
'Cause I'm having a good time having a good time
Lo dice literal. Esa noche tendrá un buen momento consigo mismo y flotará en éxtasis. Así que no lo interrumpan. Claro, estará ocupado “haciendo chaquetas” como dicen los mexicanos.
I'm a shooting star leaping through the sky
Like a tiger defying the laws of gravity
I'm a racing car passing by like Lady Godiva
I'm gonna go go go
There's no stopping me
Aquí ya queda mal parado. Eso de “estrella fugaz” suena a “precoz” que observa como su disparo “vuela por los aires, violando la ley de la gravedad”. Pero si no quedaba claro hasta ahora, decide ir más directo, diciendo que es tan rápido como un carro de carreras (si, ya entendimos que es precoz) y que va como Lady Godiva, y ¿cómo iba ella? Pues “EN BOLA”, por lo menos se tomó su tiempo en quitarse la ropa, así se asegura de no lastimarse con el cierre de los pantalones. Las últimas dos frases ya son demasiado literales como para hablar de ellas sin quedar salpicado. Luego continúa:
I'm burnin' through the sky yeah
Two hundred degrees
That's why they call me Mister Fahrenheit
I'm trav'ling at the speed of light
I wanna make a supersonic man out of you
Claro que está caliente, es lo que pasa en esas situaciones. Aunque lo de Mr. Fahrenheit no estoy seguro si era por la temperatura, o por alguna errónea alusión al termómetro que tenía en la mano. Más adelante hay otra que dice:
Yeah, I'm a rocket ship on my way to Mars
On a collision course
I am a satellite I'm out of control
I am a sex machine ready to reload
Like an atom bomb about to
Oh oh oh oh oh explode
Que más literal se puede ser. Primero con las metáforas fálicas del cohete, y termina con una bomba a punto de estallar… claro, con lo rápido que es debe estallar de una.
En fin, y luego repite y repite lo mismo… se ve que lo hacía varias veces al día.
Claro, esto es un Aleph y es solo una interpretación. Por ahí hay otra muy interesante, donde se plantea que tras comer hongos se aceleró, y con la velocidad y la alucinación, pues obvio que se siente un cohete y todo lo demás. Aquí les dejo un video de la explicación en profundidad:
Como nota curiosa, esta canción fue catalogada en algún lado como la mejor canción para conducir un vehículo.
Bueno, ¿qué opinan de estas u otras interpretaciones?
jueves, 10 de noviembre de 2011
Don’t Stop Me Now, tributo al Onanismo
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Mauro Z
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jueves, 3 de marzo de 2011
Párele bolas a la frase
Buen día queridísimos lectores de este blog. Ya llevo mas de medio año sin escribir un Aleph en toda su estructura, aunque el mes pasado, en el Mes de Tributo, kxi, y Sama hicieron lo propio y nos deleitaron con una versión propia de un Aleph. Con eso como base regreso con esté, uno que representa lo más básico del Aleph, una interpretación de una frase común.
Y ¿cual es esta frase común?, pues sencillo, es “parar bolas”, o cualquiera de sus variantes (parele bolas, no le paró bolas, no me pararon bolas, nadie paraba bolas… etc.). Por supuesto, hay una pregunta implícita pero que nunca me había hecho. Si uno puede parar bolas, ¿también puede acostar bolas? O ¿por lo menos sentarlas? No se, me resulta muy confuso.
Es claro que la frase tiene el sentido de “Prestar Atención” (no me pararon bolas = no me prestaron atención), y la pregunta es como “parar bolas” significa eso. Por supuesto, para llegar a un buen análisis de este tema y desplayarnos en lo que nos compete (las diferentes interpretaciones), habría que analizar a profundidad la frase, cosa que no es muy complicada teniendo en cuenta que son dos palabras las que lo conforman: “parar” y “bolas”. No listare todos los significados ya que solo de “Parar” la rae tiene 20 significados, y de bolas… bueno, bolas siempre ha tenido muchos significados también. Así que vamos avanzando de a poco:
Empecemos con lo referente a mi pregunta, si parar es poner de pie, y bola es un cuerpo esférico de cualquier materia, entonces Parar Bolas es tomar un cuerpo esférico de cualquier materia y ponerlo de pie… por lo que simplemente si no te pararon bolas, es porque es algo imposible de hacer, nunca nadie te pondrá cuidado.
Claro, parar puede ser en cambio sinónimo de detener, por lo que “detén el cuerpo esférico” puede ser que el gordito del fondo salió corriendo por mas comida, claro, así es imposible poner atención.
En cambio bolas, muy comúnmente es utilizado para denominar aquel órgano testicular del hombre que protege mas que a su vida. Así si un profesor le dice a una alumna “pareme bolas”, puede estar diciendo que le detenga los testículos… lo cual podría desembocar o en una alta calificación a la chica, o en un detenimiento policial al profesor... pero con certeza en ambos casos se prestará bastante atención.
Parar también tiene una connotación en batalla, ya que una parada es detener el golpe del arma enemiga con tu arma. Así, con la definición de bolas anterior, parar bolas podría ser parar las güevas del otro con las tuyas… creo que solo se me ocurre una “embestida” que termina en esa situación, y prefiero no entrar en detalles (claro, si alguien con más experiencia lo quiere ampliar en un comentario, es bienvenido).
No demasiado lejos del significado anterior, alguien en “bola” es alguien desnudo, por lo Parar Bolas puede significar el choque de dos cuerpos desnudos… lo cual estaría bastante claro porque esta es una situación en la que aunque no estás del todo “consciente”, de seguro estas con toda la atención puesta en la situación.
Claro, una bola abierta puede ser un conjunto abierto dentro de un espacio métrico (M,d) que contiene al conjunto de puntos a una distancia menor o igual que una cantidad rER a un cierto punto P, llamado centro, asi que parar bolas, puede significar simplemente detener todas esas estupideces que nadie entiende.
Creo que ninguna de las definiciones que di aclarar la pregunta inicial, ¿alguien tiene algo mejor?
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Mauro Z
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sábado, 26 de febrero de 2011
Madame Tutli - Putli (2007)
Para cerrar el ciclo breve de Cortos pero Sabrosos que entre Mauro Z y yo hemos estado compartiéndoles durante cada sábado de nuestro mes de tributo, aquí está este corto canadiense animado, bastante aclamado, el cual vi por primera vez incompleto en la casa de mi novia y que, gracias a ella pude localizar después para disfrutarlo completo.
No es fácil ni inmediato poder sacar una conclusión personal acerca de su significado, sumado al hecho de no ser un corto hablado; sin embargo, desde el momento en que el magnetismo en los ojos poderosamente expresivos de la protagonista lo atrapan (los cuales me recuerdan mucho a los de la actriz Noelle Schönwald), es imposible no abordar este viaje con ella, hasta un final nostálgico, pero que no deja de ser bello.
Puede tomar justo lo que considere necesario.
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Sama
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viernes, 18 de febrero de 2011
HJSA Clásica 88.5 F.M.: Paisaje Musical Colombiano (2009)
Esta vez le tocó el turno a la música colombiana para hacer presencia en nuestro Manual.
Hace como cuatro meses que me obsequiaron un compilado titulado igual que esta entrada. Para quienes no lo sepan, Clásica 88.5 F.M. es el nombre de la emisora radial de la Fundación Carvajal "para la divulgación de la cultura". Esta emisora, que conozco y he escuchado desde que tengo uso de razón, ha evolucionado con el tiempo, adaptándose a los cambios necesarios y sobreviviendo a la presión de la rentabilidad que acosa hoy en día a los medios de difusión. Como resultado de esta evolución, no es extraño para algunos encontrar dentro de su programación, sesiones dedicadas a temas de ciertos géneros que en la actualidad pueden considerarse 'clásicos', como son el bolero, el jazz, el rock, entre otros. Como resultado también, está que podamos acceder a través de internet a su programación y disfrutarla desde nuestro lugar de trabajo; una buena alternativa dentro de la amplia gama musical existente.
Es por ello que, con motivo de celebrar el trigésimo aniversario de su creación, se grabaron tres mil copias del compilado en mención en el cual, a través de tres cedés, se hace un recorrido por una selecta parte de nuestro folclor musical, empezando por el vibrar de unas cuerdas andinas, siguiendo río arriba sobre el navegar de una marimba de chonta, para llegar a buen puerto, entre teclas, metales, cuerdas y voces sinfónicas de cámara.
1. Música de la Tradición Andina Mestiza del Valle del Cauca: los que tengan aún frescas sus clases de geografía de primaria, tendrán presente que nuestro Valle del Cauca hace parte de la región andina, aunque ahora se le esté asociando fuertemente con la identidad de la región pacífica. Es por ello que a tan sólo un par de horas de Cali, en el municipio de Ginebra; donde cada año se celebra el Festival Benigno 'Mono' Núñez; podemos disfrutar de composiciones como las que se encuentran en este cedé: un torrente incesante de notas de guitarras, bandolas, tiples y requintos. Para destacar está la canción Hay que Sacar al Diablo, ese bambuco hermoso compuesto e interpretado por la reconocida familia Arellano.
2. Música Tradicional de la Cultura Afrodescendiente: quienes hemos seguido de cerca esta cultura, nos hemos dado cuenta de la cantidad abundante de géneros que existen en esta región. Marimbas, cununos, guasás, entre otros, son los instrumentos que acompañan el dolor o la alegría de las letras, en las voces de estas cantaoras. En este cedé puede encontrarse un himno a la reconciliación con la vida, composición del maestro Hugo Candelario: Te Vengo a Cantar.
3. Música de Cámara – Compositores del Valle del Cauca en el siglo XX: los sonidos del mar y de la montaña confluyen en el cauce que el compositor Antonio María Valencia y sus pupilos abrieron para darle a conocer al mundo nuestros ritmos. En este cedé pueden escucharse una chirimía a través de un piano o un bambuco a través de violines y flautas dulces. Para no ir lejos, puede recordarse el pasado Petronio Álvarez; durante el homenaje a 'La Negra Grande de Colombia'; ese instante en que la Orquesta Filarmónica de Cali se unió a la marimba de 'Gualajo' para interpretar Del Cielo Cayó una Rosa. Memorable.Bueno, para no añadir más letras y dejar espacio para las notas, los invito a buscar y conocer este compilado, para disfrutar de estas canciones y melodías en los espacios en los que, a veces, el día a día nos antepone otros géneros más actuales y difundidos.
Para cerrar este tributo, hace días estuve leyendo una edición pasada de la revista Malpensante en la cual un lector escribía indignado, con motivo del retiro del aire de la emisora HJCK de Bogotá, de objetivo y alcance similares a la de nuestra HJSA, debido a la cancelación de su contrato, para dar paso a la emisora Los 40 Principales, propiedad del controvertido grupo Prisa. Sin pretender entrar en discusiones 'bizantinas' sobre lo correcto vs. lo conveniente, es importante recordar que espacios como éstos deben preservarse de una u otra forma, como parte de nuestra tradición y legado, que permanecen en constante construcción.
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Sama
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jueves, 3 de febrero de 2011
¿Recuerdas los años 80?
"- ¿Recuerdas los años 80, Philip? - Obvio. Dios odiaba los 80. - ¿No le gustaba nada de los 80? - Le gustaba el jugo Snapple. - ¿A Dios le gustaba el jugo Snapple? - Si, pero no todos los sabores". Episodio de Chicago Hope, serie de televisión.
El caso era sobre una marca de jugos de fruta naturales en Estados Unidos, que probablemente conozcan, llamada Snapple, hoy de Dr. Pepper, quien clama por ser la mejor cosa del mundo. El caso Snapple no tiene importancia para este Aleph de tributo de hoy, ni tampoco la serie de televisión que lo trajo a colación, la cual no estoy muy seguro de que haya sido muy popular en Colombia. En cambio la conversación si tiene amplia relevancia para hoy, pues se presta para múltiples interpretaciones.
Las dos primeras, más sencillas y obvias, como lo es la segunda línea. Snapple comenzó con algo hace más de 20 años, apenas explorado en este siglo en Colombia: publicitar su producto dentro de la serie televisiva y no en la franja de los comerciales; y la otra, el productor, el guionista o el director de Chicago Hope era uno tipo de esos de la onda New Age, amante de la marca y le quiso rendir un tributo en su serie por ahí derecho, haciéndole un reclamo por la cantidad de sabores extravagantes que sacaban al mercado, los cuales no siempre le gustaban a su público.
La otra interpretación es que los personajes estuvieran hablando en serio. ¿Ustedes no han pensado que Dios realmente odiaba los 80s? ¿Que estaba disgustado por esos peinados, por esos jeans entubados (que además hoy volvieron), por esa música (digamos que él no miraba mucho por Suramérica para esa fecha, para salvar a algunos de mis favoritos)? ¿No les parece que es algo coherente? Y bueno, Dios, caracterizado siempre por su sed de justicia, de perdón, de amor, y de todas las otras cosas que le dan sed, también tenía sed de Snapple.
También he pensado que el jugo ese debió ser muy bueno para gustarle al altísimo. Era algo innegable. Hasta los médicos (quienes están a veces más cerca de él que los padres, aunque no siempre) lo reconocían. Y claro, después del despliegue de comunicación que tiene la etiqueta, la página web, etc., del producto, pues a ustedes no les provoca uno?
También pienso que el jugo pudo haber sido hecho de una mezcla de frutas y plantas con la capacidad de generar alucinaciones (como le pasó a Homero J), y los personajes de la serie no sólo vieron colores, animales raros, sino a su propia interpretación de Dios bebiendo su maravillosa bebida. ¿A qué no les ha pasado?
Lo otro que pudo pasar es que la demencia senil haya confundido un poco a los personajes, pues es probable que Dios odiara más otra década. Habría que revisar las tasas de mortalidad violenta. Lo que hemos ganado y lo que hemos perdido en cada década. Al fin y al cabo, ¿por qué le habrá dejado de gustar el jugo ese al altísimo?
¿Cómo lo interpretas tú? ¿Por qué crees que odiaba los 80s? ¿Qué sabor no le gustaba? ¿Habrá descargado su ira contra la marca?
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kxi
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martes, 31 de agosto de 2010
Highway to Hell
No podía dejar de contaminarlos a ustedes con lo que me tiene a mí a punto de arrancarme los sesos a través de la naríz.
Y es que desde que lo ví no he podido dejar de buscar más para aumentar mi tortura y mi diversión. Complejo no?
Bueno, ahí les dejo el primer video, y después del salto, otro más.
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Macaco
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jueves, 5 de agosto de 2010
DESESTRELLAR
Hace muchas, muchas semanas que no se escribe un Jueves del Aleph, o en general no se escribe nada en el manual. Lo sé, somos malos, pero que se le va a hacer, así es la vida.
Hoy, para revivirlo, traigo una palabra que escuché por primera vez en mi oficina, pero hace un par de años ya, y que esa primera vez me causó mucha curiosidad. Alguien estaba llamando a otra persona para que le ayudara a “desestrellar” algo.
Desestrellar, sonó raro desde el momento que salió de su boca. Y no es que hablara raro, no tiene una entonación extraña, simplemente que estrellarse es un hecho absoluto en el tiempo, y para desestrellar algo casi que implica devolverse en el tiempo, porque lo estrellado, se repara, pero no se desestrella. Qué tristeza descubrirme con pensamientos tan absolutos, cuando me gusta pregonar que tengo múltiples puntos de vista de todo y me he esforzado años por estimular eso. Para el que tenga la curiosidad, lo de “desestrellar” es un término que usan algunas áreas contables cuando algún documento “se estrella” o se queda atorado por alguna autorización o alguna cosa, y alguien de informática ayuda a desestrellarlo.
En realidad es la segunda vez que me pasaba algo así, aunque la primera vez solo me pareció curioso, porque venía de un artista, y de estos se espera cualquier cosa. Pero recuerdo que esa vez también me descubrí pensando en lo absurdo de la palabra (mas pena me da). Esa vez era Chico Buarque, pidiéndole a alguien que tuviera la fineza de “desinventar” algunas cosas que había inventado. Una vez más en mi cabeza pasaron cosas como que si algo se inventó no se puede ya desinventar. Otra cosa es que se olvide, pero aunque se olvide, no se puede “desinventar” lo inventado. Me causa curiosidad tener pensamientos tan obtusos algunas veces.
Así que ya tenemos dos palabras, la meta es encontrar palabras “que no tienen sentido” por lo imposible que resulta el término, y dar una breve explicación en lo que crees que significa. Ya tenemos “Desestrellar” y “Desinventar”. Podríamos probar con deshacer muchas cosas que son indeshacibles, por ejemplo:
Desdeshacer: Que no es lo mismo que rehacer. Porque rehacer es volver a hacer algo, desdeshacer es deshacer el hecho de haber deshecho algo. El equivalente a quitarle la pedrada que le dieron a la Monalisa para que no quede ese hueco en la pintura.
Desamanecer: Dícese cuando esa chica que toda la vida te ha gustado y por quien ya ni duermes, por fin se fija en ti y se acerca a darte un apasionado beso, solo para darte cuenta que al fulano que estaba mirando con deseo es al pesado que está justo detrás de ti. En ese momento alcanzó a amanecer en tu vida, y no anochece, simplemente desamanece.
Desalimentar: Esta es fácil, es cuando le metes la mano a alguien por la boca, a través de su garganta, hasta llegar a su estómago, para sacar ese pedazo de pollo que se acaba de comer.
Desbesar: ¿Cómo quitas un beso ya dado?, apuesto a que muchas que se creen princesas y que han besado centenas de sapos quisieran saber la fórmula para esto. Lo siento, pero La Nada Madrina me prohibió explicarlo (Cristian y Macaco, creí que la tenían bien amarrada).
Pero bueno, deshacer cosas imposibles de deshacer se vuelve más o menos fácil. A ver si se me ocurre algún otro término del estilo:
Anteposponer… no, muy rebuscada.
Renacer… esta creo que ya la volvieron común (aunque eso de nacer dos veces… en fin).
Remorir: Si se habla de renacimiento, por qué no hablar de un remorimiento (juas). Remorir vendría siendo como cuando ha quedado filmado como ese libro que te demoraste 7 años en escribir a mano, cae por accidente en una trituradora industrial, y tú ves el video una y otra vez. Claro, los más vivos podrán decir que también aplica a lo que le pasa al coyote o al gato Silvestre, que mueren constantemente, pero no aplica, porque son clones y cada clon muere de forma individual (eso me explicó mi mamá).
Exconocido: Un término no usado, pero en realidad suele aplicar a cualquiera persona que dejas de ver por algún tiempo y aunque antes lo conocías ahora sabes que no lo conoces ni un poco. En realidad lo especial son esas personas que cuando pasan los años y te encuentras con ellas no son exconocidas, si tienes un no exconocido, valóralo.
¿Qué palabras se les ocurre a ustedes?
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Mauro Z
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jueves, 13 de mayo de 2010
"Mamá, un camionero me acarició"
“Una caricia viaja a través de la ciudad hasta encontrarte…”
Hoy en el Jueves del Aleph (un Jueves del Aleph que ha sido tristemente abandonado en un blog que está corriendo con la misma suerte) no traigo una fábula para interpretar, tampoco una canción, ni siquiera una frase. Esta vez esta columna se vuelve a lo más básico y solo trae una palabra. Y es básico por el hecho de ser solo una palabra, y también es básico por la palabra en si: Hoy queremos descubrir que tantas cosas puede definir la palabra “Caricia”.
Pero a diferencia de los Aleph pasados, este Aleph no es para todos, es exclusivo, así que por favor absténganse de opinar aquellas personas que nunca han sido acariciadas y que nunca han acariciado a nadie (o a nada).
Ahora si, empecemos con la labor de hoy, que desafortunadamente no consiste en acariciar sino en Definir “Caricia”. Cuando veo la palabra caricia, cuando la digo, cuando la oigo, cuando la huelo, la primera imagen que viene a mi mente es mi mano completamente extendida, o tal vez un poco recogida (pero de manera casi imperceptible) que se posa muy lentamente, muy suavemente, sobre la piel de una espalda que se estremece ante el sutil contacto de la yema de mis dedos, los cuales muy suavemente empiezan un recorrido que sin prisa y sin pausa abarcará toda una mágica extensión.
Posiblemente esto sea lo que se pasa por la cabeza de muchos al contacto con esta palabra, pero como este es un blog serio, me pareció pertinente iniciar con lo que la RAE define como Caricia:“Demostración cariñosa que consiste en rozar suavemente con la mano el cuerpo de una persona, de un animal, etc.”
Al parecer el que escribió la RAE y yo no estamos tan en desacuerdo. Claro, hay que tener en cuenta que la RAE tiene una segunda definición para esta palabra:Halago, agasajo, demostración amorosa
La verdad no se que pensar sobre esta definición, ya que aunque tienen profundos elementos en común, la caricia siempre la he tenido asociada al tacto, al contacto, al acto de tocar y sentir físicamente la presión que ejerce alguna parte de un cuerpo (digamos, un abdomen) sobre la presión en alguna parte de mi cuerpo (digamos, la palma de mi mano). Pero según esta definición, cuando una chica va por la calle y algún técnico conductista (algo asi como un chofer de camión) le grita “Si tus nalgas fueran sartén ahí estrellaría mis huevos”, entonces esa chica podría llegar orgullosa a su casa a contarle a su madre que un camionero la acarició, y que aunque fue un poco guarro la hizo sonreír.
Para descubrir un poco más del asunto, fui a la siempre bien ponderada Wikipedia, y me encontré algo realmente interesante:“Las caricias son en Análisis Transaccional cualquier tipo de manifestación de una persona, ya sea verbal o no verbal, que implique el darse cuenta de la existencia de otra. Son formas de reconocimiento de los demás y son vitales para sobrevivir y vivir, tanto físicamente como psicológicamente, so pena de que, si son insuficientes en cantidad o calidad, se padezcan serios trastornos.”
Que puedo decir más que el Análisis Transaccional siempre me ha parecido interesante, un poco ingenuo, pero interesante. Desde ese punto de vista, cuando ese compañero de colegio que se tomó su tiempo en desbaratar su único kilométrico, rasgar un pedazo de hoja de uno de sus cuadernos y volverlo una pequeña bola, decidió escogerte tu nuca como blanco de su proyectil, en realidad ese compañero te regaló en ese momento una caricia.
No se, no me convenció del todo, así que seguí buscando hasta que encontré la que para mi fue la mejor definición de toda la red, y lo encontré justamente en la Primera Enciclopedia del Beso:“Caricia = Beso Manual”
En realidad no creo poder definirlo mejor. Pero aun así me siento obligado de dejar lo que entiendo por caricia, después de este profundo análisis:“Método efectivo para vestir de Alma un Cuerpo”
Ahora, cuando te cruzas con la palabra “caricia”, ¿que pasa por tu mente?
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Mauro Z
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jueves, 25 de febrero de 2010
Cuestión de enfoque
(Dedicado al hombre que en el fondo es bueno. Que tus puntos acumulables se te hagan efectivos en años vagabundos, de abundante salud).
El pasado 12 de octubre, en Bogotá, durante dos horas, el silencio se rompió.Negra y nocturna, despejada y sin fisuras, fue la celebración de la que unos cuantos hicimos parte cuando Depeche Mode, con un repertorio de éxitos que da como para una semana seguida de conciertos, nos honró con su primera visita después de casi treinta años de vida artística. Siendo el negro la ausencia en la luz de todo color o la superposición de casi todos los pigmentos, son las artes las que suelen definir en él sus matices, según su intención. En este caso, las letras de Martin Gore llegan subyacentes al despliegue de notas electrónicas, giros vertiginosos y voz sugestiva que nos impactan cada vez que le damos play al reproductor.
La lírica musical siempre será un escenario propicio para el ejercicio de la interpretación. Sea, pues, ésta la oportunidad de ponernos un rato la sudadera y salir a la pista a dejar que nuestro entendimiento trote sobre este clásico de 1986, A Question Of Time:
I've got to get to you first / Before they do / It's just a question of time / Before they lay their hands on you / And make you just like the rest / I've got to get to you first / It's just a question of time
Well now you're only fifteen / And you look good / I'll take you under my wing / Somebody should / They've persuasive ways / And you'll believe what they say
It's just a question of time / It's running out for you / It won't be long / Until you'll do / Exactly what they want you to
I can see them now / Hanging around / To mess you up / To strip you down / And have their fun / With my little one
It's just a question of time / It's running out for you / It won't be long / Until you'll do / Exactly what they want you to / It won't be long / Until you'll do / Exactly what they want you to
Sometimes I don't blame them / For wanting you / You look good / And they need something to do / Until I look at you / And then I condemn them / I know my kind / What goes on in our minds
It's just a question of time / (It should be better) / It's just a question of time / (It should be better with you) / It's just a question of time...
Interpretación 1: Tenés el queso manchego y el chocolate belga, la trucha ahumada en frío; las velas y las nenas, encendidas. Sólo necesitas salir a buscarlo y conseguirlo antes que ellos, quienes también lo desean. Es un pequeño que con sus escasos quince años ya es un adulto delicioso que todos esperan poder paladear. Sos un buen vino, mi viejo...
Interpretación 2: Se cuanto esperaste por estar acá; por dejar de estar allá y demostrarte a vos mismo tu señorío sobre las circunstancias. No se compara a los quince meses que esperamos pacientemente por alguien como vos. Los compadezco y no los culpo de querer poseerte. Pero se condenan a sí mismos, por no saber conservarte. Bienvenido, Cardona. Dejame presentarte a tu nuevo Equipo a cargo...
Interpretación 3: Quince semestres siendo quien soy. Quince actores que creyeron en mí. Quince millones luchados para empezar; quince millones que faltan para terminar. Quince pares de palmas que aplaudieron la prueba ante público; quince millones que aplaudirán alrededor del mundo. Quince mil razones para haberte hecho a un lado del camino; una sola para que aún estés aquí. Gracias, muñeca. Luz, cámara, acción...
Las masas ya escucharon y leyeron. Ahora, la selecta y morbosa minoría, puede plasmar sus interpretaciones. Continuar leyendo!
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Sama
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jueves, 1 de octubre de 2009
sayo de velarte
Hace poco hubo en mi ciudad un evento llamado "La Calle del Arte", en el cual habían cosas realmente interesantes. Lo que no me esperaba encontrar fue la primera adquisición que hice, una versión en 4 tomos de "Don Quijote de la Mancha" de hace casi 60 años. Al fin de cuentas pagué una cuota bastante módica para semejante hallazgo y me fui más que contento para mi casa (después de recorrer toooda la calle del arte con ese peso en mis manos).
A pesar de ser un clásico, en el colegio solo me había leído una cuarta parte. Justo había estado hablando que quería leérmelo ahora, ya sabiendo como se debe leer, como un sátira a los libros de caballería, como una burla, una excelente obra de humor. Y bueno, tan bien escrita que se convirtió en el icono de la literatura en español.
Así que en esa tarea estoy. No se por que no había caido en cuenta que si el libro fue escrito hace como 400 años (la primera parte fue publicada en 1605 y la segunda en 1615), el español de la época debía ser diferente al actual. Y vaya que si es diferente, es curioso ver como "el mejor español de esa época" consiste en lo que ahora son cosas relativamente inentendibles. Para la muestra basta el inicio del libro, que lo traigo hoy, un Jueves del Alpeh, para que ustedes me ayuden a develar que significa cada una de las frases:
En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, y algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entre semana se honraba con su vellorí de lo más fino.
Así que ¿qué creen que significa?, digo, cuando te dicen "salpicón las más noches" yo me lo imagino tomando un vaso de salpicón, y si dice "duelos los sábados" para luego decir "lentejas los viernes", entonces ¿"duelo" es alguna comida que no ha llegado a esta tierra?. Y frases como "El resto della concluían sayo de velarte" me hacen quedar completamente por fuera, ¿que opinan ustedes?
Debo decir que lo he seguido leyendo, y en realidad no es difícil de entender, pero si uno se va al detalle de las palabras, suceden estas cosas. Así que espero que con sus comentarios logre obtener alguna luz del asunto. Continuar leyendo!
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Mauro Z
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jueves, 10 de septiembre de 2009
La Sombra de la Mosca
Hace poco escribí un cuento que se llamaba "El Trabajo de la Naturaleza" para un concurso, pero al mandarlo me le hicieron un par de recomendaciones, y uno de esos fue cambiarle el nombre por "La Sombra de la Mosca". Ya hemos hablado de ese cuento y del concurso en este blog, incluso el cuento ya está publicado, pero lo de hoy tiene un objetivo diferente.
Algo que me ha parecido muy bonito es las varias interpretaciones que le han realizado a este cuento, y claro, cuando de interpretaciones se trata, estamos en terreno conocido para nuestro Jueves del Aleph. Al ser un cuento mio, no les daré mi interpretación, y si alguno piensa que la interpretación es básicamente una mosca que entra por la ventana y se para en tu libro, pos no estará muy alejado de lo que pensaba cuando lo escribí (aunque muchas veces ni yo entiendo lo que pienso mientras escribo... o bueno, en general tampoco entiendo lo que pienso cuando no escribo). Pero tres personas me dijeron lo que rescataron del cuento una vez leído, me pareció muy interesante, y se me ocurrió que podría dar para mucho más. Así que a continuación les dejo (nuevamente) el texto, y más abajo las tres interpretaciones que me dieron, para que ustedes, a través de sus comentarios, me escriban que otras cosas pudieron encontrar en él (y espero que algunas sean mas superfluas o banales que las tres mencionadas, pero se recibe de todo).La Sombra de la Mosca
“Cuando se dio cuenta de que la naturaleza de un hombre cualquiera saciaría su deseo, sintió compasión. Extraña compasión, que se dirigía a quien fuera que fuese el escogido. Ya que competía al hombre sucumbir ante las propuestas, sin derecho a rechazarlas…”
Esto fue lo último que ella alcanzó a leer de su cuento favorito “La Naturaleza del Trabajo” de Nélida Piñón, porque justo en ese momento una mosca, que disimuladamente había entrado por la ventana, voló delante de sus ojos y se paró entre las palabras “extraña” y “compasión”. Ella usualmente le tenía un asco impulsivo a estos diminutos seres, pero esta mosca en particular no le pareció tan fea, no le pareció tan sucia, no le pareció tan despreciable. Incluso, le dio la impresión de que la mosca la miraba a los ojos, con sus múltiples ojos, y leía lo que estaba pensando.
La verdad le daba un poco de vergüenza que se diera cuenta lo que por su mente estaba pasando, que se diera cuenta que se sentía muy identificada con el texto. Se debatía entre lo ridículo de que se diera cuenta de eso, el ridículo de creer que a una mosca le importara lo que ella pensaba, y el ridículo de que una mosca pudiera leer su mente. Pero la verdad es que esta estaba ahí, con los ojos clavados en los suyos, sin inmutarse, sin mover sus sucias patas como debiera estar haciendo, simplemente ahí, penetrándola con cada uno de sus ojos, casi que cuestionándola por sus pensamientos.
Esto le empezó a desesperar. Ninguna mosca tenía el derecho de cuestionarla, ella podía vivir su vida como quisiera, simplemente no estaba dispuesta a tolerarlo. En ese momento un mórbido pensamiento pasó por su mente ¡qué fácil sería simplemente cerrar el libro de un golpe! Lo pensó con mucho detalle, la mosca, con sus múltiples ojos, observaría como esas dos paredes de celulosa se irían cerrando a sus lados sin alcanzar a reaccionar, se sentiría atrapada, ahogada, aprisionada, mientras las letras y los espacios irían comprimiendo su cuerpo; tal vez cada uno de sus ojos saltaría de sus cuencas y así no la podrían seguir observando, quedaría completamente aplastada, inerme, inerte; incluso tal vez destripada y desparramada por la hoja, cubriendo y cambiando el significado a las palabras que la rodeaban. Eso la estremeció un poco, no quería hacerle eso a ese hermoso texto que tanto disfrutaba y que se vio interrumpido en su lectura.
Pensó en otras alternativas, usar veneno, un matamoscas, un espray de pimienta (con todos esos ojos debería ser efectivo), su máquina de choques eléctricos; pero todo eso podría dejar un rastro en su obra de arte, y era algo que definitivamente no quería hacer. Así que probó otros métodos, dejó el libro en la mesa y empezó a insultar a la mosca, a tratar de ofenderla con toda la jerga que se le ocurría, pero la mosca seguía inmutable, observándola, cuestionándola. Entonces optó por la compasión, y lloró abundantemente delante del libro (cuidando de no mojarlo), pero el minúsculo corazón de la mosca no se conmovió y no se desplazó ni una letra. Incluso intentó con la ley del hielo, y se hizo la fría sin dirigirle la palabra a la mosca por eternos minutos, pero esta era testaruda y ni así logró generar reacción en ella.
Así continuó toda la noche, con un intento frustrado tras otro, hasta que, rendida y sin nada de energías, se quedó dormida en la alfombra donde se encontraba.
La mosca continuó ahí toda la noche, y al despertar, ahí la vio, igual que en la tarde, la noche, y el día siguiente. Ella poco a poco empezó a resignarse y a convivir con aquella mosca. Como supuso que nunca más podría cerrar y guardar su libro, le consiguió un estante solo para él, donde pudiera permanecer abierto sin problemas, y así, poco a poco fue cambiando la decoración de su casa, de su vida, de su ser.
Mauro Z
Interpretación 1. (que me llegó por correo, de los primeros comentarios recibidos)
"Tu cuento me lo acabo de leer, es corto pero muy disiente, se puede aplicar a la vida personal y laboral:
No trates de apartar y de eliminar lo que no te gusta, lo que te asusta, enfrenta tus miedos y reflexiona al respecto y si hay que cambiar, pues cambia."
Interpretación 2. (que me dijo una persona que ha guiado un poco mi espíritu literario actual, durante un almuerzo cuando yo me burlaba porque un jurado llamó al cuento "kafkiano", y yo comentaba que solo lo decía porque aparecía un bicho)
"No creas, en realidad si es un poco kafkiano. Además de la semejanza con el cambio de la cotidianidad a través de un ser que debiera ser insignificante, hay mucho más detrás. Lo que yo veo en él es como muchas personas no saben que hacer con sus miedos, y aunque muchas veces tratan de enfrentarlos, es muy común que terminen poniendo sus miedos en un altar o en un lugar importante y decidan modificar su vida y vivirla de acuerdo a ellos."
Interpretación 3. (que me comentó por messenter una persona que siempre he creído que tiene un espíritu libre, ligero y hermoso como el aire)
"Habla de cosas que uno vive, o por lo menos yo me acabo de identificar.
¿como deshacerse de alguien?
¿de un mal sentimiento?
¿como deshacerse del otro sin hacer daño?
¿de la mirada del otro?
Bueno... yo me imagino que cuando lo escribiste no pensaste en nada de esto (por lo menso conscientemente). Pero está ahí"
Esos son las tres interpretaciones que me llegaron, ¿que ves tu en este texto?
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Mauro Z
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jueves, 13 de agosto de 2009
Los Carbones Voladores
Esta semana me llegó un correo de un gran amigo, con está historia, la cual tiene el perfil perfecto para entrar al Jueves del Aleph. Ya saben la dinámica, les pego la historia, y le encontramos todas las "moralejas", naturales o alternativas, que creamos encontrar en ella. Gracias Pacho.
El saco de carbón
Un día, Jaimito entró a su casa dando patadas en el suelo y gritando muy molesto.
Su padre, lo llamó. Jaimito, lo siguió, diciendo en forma irritada:
- Papá, ¡Te juro que tengo mucha rabia! Pedrito no debió hacer lo que hizo conmigo. Por eso, le deseo todo el mal del mundo, ¡Tengo ganas de matarlo!
Su padre, un hombre simple, pero lleno de sabiduría, escuchaba con calma al hijo quien continuaba diciendo:
- Imagínate que el estúpido de Pedrito me humilló frente a mis amigos. ¡No acepto eso! Me gustaría que él se enfermara para que no pudiera ir más a la escuela.
El padre siguió escuchando y se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa, de donde tomó un saco lleno de carbón el cual llevó hasta el final del jardín y le propuso:
- ¿Ves aquella camisa blanca que está en el tendedero? Hazte la idea de que es Pedrito y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es un mal pensamiento que va dirigido a él. Tírale todo el carbón que hay en el saco, hasta el último pedazo. Después yo regreso para ver como quedó.
El niño lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los carbones pero como la tendedera estaba lejos, pocos de ellos acertaron la camisa.
Cuando, el padre regresó y le preguntó:
- Hijo ¿Qué tal te sientes?
- Cansado pero alegre. Acerté algunos pedazos de carbón a la camisa.
El padre tomó al niño de la mano y le dijo:
- Ven conmigo quiero mostrarte algo.
Lo colocó frente a un espejo que le permite ver todo su cuerpo. ¡Qué susto! Estaba todo negro y sólo se le veían los dientes y los ojos. En ese momento el padre dijo:
- Hijo, cómo pudiste observar la camisa quedó un poco sucia pero no es comparable a lo sucio que quedaste tú. El mal que deseamos a otros se nos devuelve y multiplica en nosotros. Por más que queremos o podamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos y la suciedad siempre queda en nosotros mismos.
Por supuesto, hay una moraleja "objetivo" o natural en esta historia:
Moraleja 1
El desearle el mal a los demás hará que nosotros seamos aun afectado por esos malos pensamientos.
Pero bueeeno. No es que me sienta particularmente reflexivo hoy, así que se me ocurren otro tipo de moralejas
Moraleja 2
Los padres siempre tendrán los métodos más alternativos para hacernos sentir idiotas
Moraleja 3
Si lo que quieres es ensuciar una camisa que está lejos, no le tires carbones, consíguete una pistola de paintball. En resumen, se estratégico para lograr tus objetivos.
Moraleja 4
El padre es un desconsiderado, nunca piensa en los demás. O ¿que creen que pensará la madre al ver la camisa (recien lavada) llena de carbón? ¿y no se infartará al ver la ropa que tenía puesto el niño? y ¿a quien creen que castigará? no será al padre, el cual seguro estará viendo el noticiero.
Moraleja 5
Cuando le cuentas tus problemas a tus padres, de una forma u otra terminaras sintiéndote sucio
Moraleja 6
Jaimito debe ser un debilucho con mala puntería. Siendo así, es normal que se la monten en el colegio.
Moraleja 7
Los carbones son poco denso y aerodinámicamente inapropiados. En resumen, un pésimo proyectil.
Moraleja 8
Si quieres molestar realmente a alguien, jódele un poco la vida, pero antes asegúrate de haberle regalado a su padre un saco de carbones. Con certeza el padre acabará el trabajo que tu empezaste.
Moraleja 9
Si tomamos a Jaimito como un emisor potenciado promedio de mala energía, los carbones como la materialización de estas energías, y a Pedrito como la representación física de nosotros mismos, podremos hacer lo que se nos de la gana, porque siempre que traten de vengarse de nosotros, el vengador llevará la peor parte.
Moraleja 10
Nadie piensa en los sentimientos de la pobre camisa, que estaba orgullosa y "radiante" de estar blanca y recién lavada.
Moraleja 11
No importa que hayas sido concebido para mantener calor y luz en el mundo, y para transformar alimentos en suculentos platos, siempre habrá algún idiota que te utilice para jugar contigo.
Se me ocurrieron algunas otras moralejas, donde el papá de Jaimito representa un plato de espaguetis con albóndigas y los carbones la entropía del universo, pero esta y todas las demás que se les ocurra las dejaré para que ustedes, lectores de este blog, las imaginen y nos las regalen a través de sus comentarios.
¿Que otra moraleja se te ocurre?
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Mauro Z
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miércoles, 12 de agosto de 2009
There Will Be Blood (2007)
Hace un par de fines de semana pretendí ponerme al día con tantas buenas películas que, entre grandes clásicos y medianos éxitos actuales, se le suelen ir quedando a uno pendientes en el 'playlist', con la promesa semi-automática: "Hey, esa ya me han dicho que es buena. Seguro me la voy a ver la próxima vez". Esto, sumado a no perder la costumbre sana de salir a alquilar (la cual disfruto muchísimo), me permitió hacer la siguiente selección: Juno, I'm Not There, y la afortunada ganadora de esta reseña, There Will Be Blood.
Desde que vi el tráiler de esta película, la cual en Latinoamérica fue conocida también ocurrentemente como Petróleo Sangriento o Pozos De Ambición, me sentí atraído por la ambientación y el contexto, puesto que el género western me gusta, y más aún cuando tiene un trasfondo histórico explicativo, no necesariamente didáctico, a lo cual si casi que le huyo.
Como aspecto importante para destacar, de los tres importantes premios Óscar para los que esta película fue nominada, Daniel Day – Lewis obtuvo el de Mejor Actor Principal. Aunque merecido, no es más que el reconocimiento tardío a través de una actuación que sustrae apenas lo mejor de su personaje 'The Butcher' de Gangs Of New York (2002). La manera como Daniel Plainview, este autodenominado oil-man respira, repta, nada, galopa y ataca en cada ambiente es fenomenal. En la cuesta hacia abajo de su cordura, cuando su éxito es cada vez mayor pero menos aprehensible, Daniel atenta contra sus creencias y sus afectos de manera delirante, sumando amores con odios, llevándolo todo hacia una destrucción en la que parece encontrar esa tranquilidad que ha buscado. En adición, vale la pena nombrar también a Paul Dano, una joven promesa estadounidense de la actuación, a quien hasta ahora todos los papeles que le he visto representar, complejos o sencillos, le han quedado muy bien representados.
Por otra parte, la dirección de Paul Thomas Anderson acierta en la puesta en escena de la mayor parte de los pasajes de la película, destacando por ejemplo la continuidad de la escena en la torre petrolífera, donde se accidenta el hijo del protagonista: la cámara sigue de cerca a Daniel con su hijo en brazos, sin perder detalle de lo que ocurre en el entorno, como si se estuviese registrando un desastre natural verdadero, acompañado de una música exasperante, pero indicada. Además, la escena final es una confrontación casi claustrofóbica, con tomas de planos cerrados y estáticos, y con una musicalización de cierre que recuerdan a la adaptación de Barry Lyndon de Kubrick.
A pesar de sus casi dos horas y media de duración, There Will Be Blood no deja de ser llamativa y no requiere un nivel superior de atención a los detalles argumentales, así que pueden tener este drama biográfico al alcance de sus opciones para la próxima ida a la video tienda.
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Sama
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jueves, 30 de julio de 2009
La Cigarra y la Hormiga
Hace algunos días publicamos la fábula de la hormiga y la cigarra en versión Colombiana. Hoy el Jueves del Aleph les trae otra versión alternativa de esta fábula. Y ya saben, es un Aleph, así que vamos a mirarla un poco con detalle.
Había una vez una Hormiguita y una Cigarra que eran muy amigas. Durante todo el otoño la Hormiguita trabajó sin parar, almacenando comida para el invierno. No aprovechó el sol, la brisa suave del atardecer, ni charló con los amigos tomando una cervecita después de un día de trabajo.
Mientras, la Cigarra solo andaba cantando con los amigos en los bares de la ciudad, sin desperdiciar ni un solo minuto. Cantó durante todo el otoño, bailó, aprovechó el sol y disfrutó muchísimo sin preocuparse por el mal tiempo que iba a llegar.
Pasados unos días empezó el frío, la Hormiguita, exhausta de tanto trabajar se metió en su pobre guarida repleta hasta el techo de comida. Pero, alguien la llamó por su nombre desde fuera y cuando abrió la puerta tuvo una sorpresa cuando vio a su amiga Cigarra dentro de un Ferrari y con un valioso abrigo de pieles.
La Cigarra le dice:
-Hola amiga! Voy a pasar el invierno en Paris. ¿Podrías cuidar de mi casa?
La Hormiguita respondió:
-Sí claro! Desde luego. Pero ¿qué ocurrió? ¿Dónde conseguiste el dinero para ir a Paris, comprar este Ferrari, y ese abrigo tan bonito y caro?
Y la Cigarra respondió:
-Imagínate que yo estaba cantando en un bar la semana pasada y a un productor le gustó mi voz. Firmé un contrato para hacer shows en París.
A propósito, ¿necesitas algo de allí?
Si, dijo la Hormiguita.
Si te encuentras con La Fontaine (autor de la fábula original),
MÁNDALO DE MI PARTE A TOMAR POR EL CULO!!!!
Esta interesante fábula, me llegó con dos moralejas principalmente:
Moraleja 1
Aprovecha la vida, dosifica el trabajo y la diversión, pues trabajar demasiado solo trae beneficios en las fábulas de La Fontaine.
Moraleja 2
¡Y recuerda: vivir para trabajar solo hace feliz al patrón!
Pero como este es un jueves del Aleph, aun queremos asumir que hay muchas moralejas más. Algunas podrían ser:
Moraleja 3
Cada quien le apuesta al rol para el que está capacitado. Ya que por mucho que hubiera cantado la hormiga, no la hubieran contratado en ningún lado.
Moraleja 4
Las cigarras van contra el medio ambiente, pues usan abrigos de piel
Moraleja 5
En París tienen muy mal gusto, pues no me imagino pagar por escuchar cantar a una cigarra.
Moraleja 6
Ferrari está incursionando en los autos a escala, ya que es la única forma en que una cigarra lo podría manejar
Moraleja 7
Los insectos están aprendiendo a leer y escribir (y entre eso, a firmar), que Dios se apiade de nuestro futuro.
¿Que otra moraleja se les ocurre?
Continuar leyendo!
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Mauro Z
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jueves, 2 de julio de 2009
Blanco y Negro
Bueno, ya saben, este es un Aleph, así que hay dos preguntas: ¿De qué carajo se está hablando? ¿Cómo continuarias la conversación?
Blanco y Negro
La distancia no impedía que sus cálidos susurros llegaran hasta sus oídos. Su enorme empatía los hacía navegar entre un tema y otro con la mayor naturalidad, y así llegaron a hablar de las dualidades en cada una de sus formas. La conversación era fluida:
Siempre hay dos lados en la moneda.
Si, en eso está el equilibrio y la diversión.
El equilibrio es una palabra poderosa, y la diversión es el gran motor de la vida. ¿te quieres divertir conmigo en alguna dualidad?
¡Suena interesante!
Aunque imagino que nos tocará alternar entre dualidades, podría ser jugar un tiempo entre la luz y la oscuridad, luego entre lo tierno y lo salvaje, tal vez entre subir y bajar
Mmmm y si corremos o caminamos o hablamos en silencio podemos llegar a un acuerdo desacuerdo, en la estadía del movimiento
Y en una alocada tranquilidad podremos mirarnos con los ojos cerrados mientras disfrutamos del dulce amargo del momento
En una euforia calmada agónica y viviente en el infinito finito del sol naciente y muriente, estando juntos pero separados en un acorde de tonalidades silentes, seguimos parando de pie y sentados
Mientras permitimos que nuestras carnales almas se tranquilicen turbadamente en el derecho recodo de un insensible y profundo sentimiento, hasta que tras un único y múltiple encuentro de calmada y enérgica pasión lleguemos a ese suave y atronador estallido que por fin nos dejara en el esquivo equilibrio
En la profundidad de la superficie gemela y diferente, inmersos en el aire de la corriente estuaria de lo inverosímil conocido, descubriendo lo incierto en un mar de aire seco igualmente húmedo y acido, en la conciencia de lo inconsciente, donde finalmente los polos opuestos se atraen
Para seguir despiertos en ese hermoso sueño que la interesante unidad puede generar.
Y sin más palabras, se fundieron en un mudo beso que la distancia no les permitía dar.
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Mauro Z
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jueves, 18 de junio de 2009
Me gusta cuando callas
Para nadie es un secreto que a mí no me gusta la poesía, de ningún tipo, ni genero, ni escritor ni nada. Simplemente no me la aguanto.
Cada vez que escucho un "Oh", mi sangre hierve y desea salirse por cualquier poro (excepto en el himno nacional, que lo canto a desgarrar garganta). Es cierto, ya casi ningún tipo de poesía actual lo usa, pero ya saben a lo que me refiero.
Y sin embargo aún, hay un pedazo que uso constantemente:
"Me gusta cuando callas porque estás como ausente"
Obviamente esto siempre lo he usado a mi amaño y antojo, mas o menos de las siguientes maneras:
Y a uds, ¿cuándo les gusta que callen?
P.D. La foto no tiene nada que ver, pero me aparecio en google cuando hice la búsqueda con la frase "Me gusta cuando callas" en la segunda página, y ya saben, siendo macaco, pues... La tomé de De todos un poco"
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Macaco
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jueves, 11 de junio de 2009
Mis Gafas
La idea de este cuento la tuve en pasto en enero, cuando me botaron mis gafas:
Odio haber botado mis anteojos,
porque ahora, dolorosamente,
la veo en cada indefinida mujer a la distancia.
¿Que te parece, como lo interpretas? Continuar leyendo!
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Mauro Z
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jueves, 14 de mayo de 2009
120mil visitas
Para hacer el jueves del Aleph, hoy combino dos temas, las interpretaciones con una excelente noticia. Ahora, tras año y medio de existencia del blog, ya hemos llegado a las 120mil visitas en nuestro blog, un número nada despreciable.
Recuerdo cuando estábamos empezando, que no llevábamos ni 15 días de colectivo (y el blog llevaba poco más un mes desde que kxi lo había creado), asistimos a lo que sería nuestro primer encuentro con la comunidad blogger, el primer "Blog Al Parque" realizado en Cali :P. En esa ocasión nos hablaban de revisar las visitas, de que estrategias seguir, de que tenían 8 visitas al día, otros eran 80 visitas al día, y nosotros ni idea, sin tener un marco de referencia. También algunos ostentaban mas de mil visitas diarias (si, si, la crítica a la política suele hacer eso). Y algunos estaban bastante preocupados por saber como aumentar eso, mientras otros les tenía completamente sin cuidado si solo entraban un par de personas, mientras a ese par les gustara lo que escribían. Otras discusiones se centraron en los comentarios (en calidad y cantidad), y temas por el estilo.
Ahora, 120mil visitas después, ya hemos discutido este tema abundantemente, y sabemos que podemos hay forma de tener "cantidad de visitas" y también hay forma de tener "calidad de visitas".
Y aquí es donde empieza el Aleph, describiré algunas de las cosas que hemos descubierto, y ustedes serán los encargados de contarnos que otras estrategias han seguido o creen que se pueden seguir:
1. Para tener buena "cantidad" de visitas, es efectivo tener nombres atractivos o engañosos. Por ejemplo, tener nombres como "Te sientes deseable" son efectivos (el sexo siempre llama), aunque si sabes de un problema que mucha gente tiene, puedes aprovecharte de eso y poner un título como "Instrucciones para instalar-cambiar Windows Vista a Windows XP" es especialmente efectivo (actualmente nuestro post ganador, con casi 10mil visitas el solito). Otro ejemplo es el de "Instrucciones para abrir una puerta", que aun recibe comentarios de los incautos que urgidos de entrar o salir, llegan a nuestro blog y se alteran más o se distensionan un poco.
2. Hablar de política y de actualidad siempre traerá mucha gente. Nosotros le hemos huido a ese tema, no nos gusta mucho hablar de política, pero el día que más visitas tuvimos (más de mil) fue cuando hablamos de la marcha del 4 de febrero, combinación de política y actualidad.
3. Otra forma es descubrir una de esas dinámicas sociales que está cambiando clandestina y aceleradamente, hasta que deje a muchas personas con preguntas que resolver. Eso se vió reflejado en el artículo "Reglas de tránsito para motos", que ha sido otro de los más visitados, y asumimos que es porque el incremento de motos fue indiscriminado en los últimos tiempos, y la formación para esto es bastante deficiente.
4. Hay una publicación que si me ha dejado un poco extrañado. Otro de los artículos que está en el top 5 es "¡Los pasos del Mapalé!". Pero era algo que no me esperaba, porque tratar de aprender Mapalé por la red, es como cuando Sheldon (el de Big Bang Theory) intentó aprender a nadar por Internet, una idea tan ridícula que lo parodian en una serie de nerdos inadaptados. ¿A alguien se le ocurre algo?
5. Pero si se quiere tener visitas de calidad, si se quiere construir fidelidad entre los lectores, eso requiere otros componentes. Uno de esos componentes es tener una temática clara. La nuestra son muchas temáticas, pero muy bien estructuradas, y cada una va adquiriendo sus propios seguidores. Tener un perfil claro logra que las los visitantes se vuelvan recurrentes.
6. Otra forma de lograr fidelidad es la constancia. Si se logra publicar todos los días, y en los mismos horarios, las personas pueden incluir la lectura del blog en sus hábitos. En los casos (como hace un par de semanas) que pasamos una semana sin publicar nada, las visitas no disminuyeron, pero si recibimos bastantes comentarios (personales, por msn y cosas de esas) donde nos "reclamaban" por dejar quieto el blog tanto tiempo.
7. Por supuesto la temática y la constancia no pueden funcionar si el material que se entrega no es de calidad. Así que un trabajo serio, de producción propia, pero escrito a conciencia y con estilo es algo vital para que den ganas de leer de nuevo. En este caso el tamaño si importa, e implícitamente hemos acordado un tamaño similar en nuestros artículos, donde no son demasiado cortos ni demasiado largos, y se vuelve apropiado para el tipo de lectura que se busca en un blog.
8. Podría asegurar que el hecho de estructurar los días y los temas como están, con diferentes escritores, pero todos unidos por un marco global (en este caso, el arte), ha sido un enorme acierto. Además que al ser 4.5 los escritores regulares (con algunos aportes puntuales externos) logra que los lectores no se cansen de siempre leer el mismo estilo, pero más importante aun, logra mantener vivo el blog, ya que esta tarea a manos de un solo escritor hubiera sido titánica y desgastante, al punto que ya hubiéramos tirado la toalla.
9. Y ese es otro punto. Posiblemente si estuviéramos solos, ya hubiéramos abandonado en algunos momentos de debilidad. Pero al ser un colectivo, primero sabemos que nos podemos apoyar en otras personas, y segundo, hay un compromiso con estas personas que nos obliga a seguir, y a producir textos de calidad.
Bueno, estas son algunas cosas. Pero se que hay muchas más, tanto que aplicamos (consciente e inconscientemente), como que no aplicamos y les es efectivo a otros bloggers o en otros espacios. ¿Nos quieres compartir tu percepción, tanto de tu experiencia personal, como de lo que hayas notado de este blog?
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Mauro Z
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jueves, 30 de abril de 2009
¿Quién tiene la culpa de la gripe porcina?
Buen día lectores del Aleph. En el día de hoy, y para poder analizar las diferentes opciones a las que solemos llegar, primero es necesario analizar un poco algo que está en la boca (y esperemos que no en la nariz) de todos, la Gripe Porcina.
No creo que sea necesario explicar que la gripe porcina es un nuevo virus que empezó hace pocos días, que mata personas, que empezó en México donde además tiene la tasa de mortalidad más alta, y que ya hay muchos países con algunos casos confirmados, para eso solo es necesario ver el noticiero, o hacer una breve búsqueda en google. Lo que me empecé a preguntar sobre la gripe porcina fue “¿y como carajo saben que viene de los cerditos?”, ya que yo poco veo noticieros (no me gustan, así de simple), pero en lo poco que había visto no decían nada al respecto, así como de los artículos que leí, y a los que les pregunte no lo sabían (tampoco personas muy versadas en el tema en realidad).
Leyendo un poco del tema, me di cuenta que la mayoría de las enfermedades humanas vienen de los animales, y que son relativamente recientes, básicamente desde que empezamos con esos vicios de dejar el nomadismo y empezamos a criar animales domésticos, y esto lo sabemos por unas simples pruebas moleculares que rastrea la procedencia y características de los diferentes virus. Con eso nos dimos cuenta que el Sarampión viene del Tifus Bovino, la tuberculosis y la viruela del Ganado Vacuno, la malaria de las aves, y en general todas las variedades de gripa viene de las aves y cerdos en términos generales. Incluso, al parecer, la gripa es un tema netamente animal, hasta que llega a los marranos, los cuales tienen una semejanza genética con los humanos (creo que especialmente con los varones, por eso muchos son tan cerdos), y ahí es donde empezamos a padecer.
Pero bueno, si típicamente es un paso de una gripa de pajaritos, y salta a través de los cerdos hasta nosotros, ¿por qué alguna se llamó “gripe aviar”, otra fue “el abrazo del pato” y en este caso es “gripe porcina”?. Bueno, imagino que en general es por la necesidad que tenemos de echarles la culpa a los demás. Pero al parecer esta gripa tiene un componente adicional, que no se había encontrado en ninguna otra. Al parecer esta gripa tiene “segmentos genéticos” (lo que sea que eso signifique) provenientes de aves y humanos típicos de Europa y Asia, y otros elementos de cerdos americanos de diferentes tipo. Al parecer esta mezcla intercontinental de segmentos genéticos es sumamente extraña, y en eso proviene gran parte del riesgo. Pero claro, como se dio en América (ya saben, México es de América, no está de más especificar), entonces los más cercanos a echarle la culpa pos fueron los pobres porcinos, que todos deben estar mirándolos feo en este momento.
Y bueno, tras esta breve contextualización, vamos al punto de hoy. ¿Quién tiene la culpa de este virus?, ¿Quién está conspirando para que nos enfermemos y nos muramos?. Y justo aquí es donde empieza la diversión de nuestro Aleph, encontrando las diferentes posibles respuestas.
Respuesta 01/ Darwin. Ya que en sus teorías de evolución y de supervivencia del más fuerte, siempre contemplo la aparición de estas cosas para “acabar” con los más débiles y dejar solo los más aptos para el planeta. Y claro, como ya llevamos un buen rato sin que algo así ocurra puede que la gente le estuviera dejando de creer, y desde donde sea que esté puede que esté manipulando las cosas para que este virus llegara a existir.
Respuesta 02/ La Sociedad Anónima de Virus. Se dieron cuenta que como virus, la gripa está poco respetada, y al único virus que realmente se le está temiendo es al de la Inmunodeficiencia Humana, por lo que decidieron que se debía hacer algo al respecto. Convocaron una reunión mundial, dejaron en una misma habitación justamente a virus americanos, europeos y asiáticos, les dieron tequila y tras una noche de juerga se gestó lo que ahora conocemos como Gripe Porcina… aunque sus virus padres le querían poner “Pedrito”.
Respuesta 03/ Los Animales. Aunque en realidad es una venganza, tras ver no solamente que nos los comemos indiscriminadamente, sino que además jugamos sádicamente con ellos a través de denigrantes espectáculos como caza de patos, peleas de perros, galleras, tauromaquias, etc. Se llegó a la conclusión que algo tenían que hacer. En ese momento llegó tarde a la reunión una mocosa perdis, que no se había podido levantar más temprano del nido porque esa gripa la estaba “matando”. Ahí se les iluminó el rostro a todos (osea, prendieron la luz, ya estaba anocheciendo), y se consiguieron a un cerdo expiatorio para que se encargara de los detalles.
Respuesta 04/ Los ambientalistas. Usualmente se vuelven radicales, y se ofenden profundamente por la visión antropocéntrica en que vemos nuestras vidas. Así que se llevaron unos cerdos mexicanos (ojo, no confundir con unos mexicanos cerdos) de tour por el viejo continente, y cuando los vieron bien enfermos los devolvieron a su tierra y dejaron que “la naturaleza” siguiera con su plan.
Respuesta 05/ El Grupo Bilderberg. Ya que estos tienen numerosas acciones en las empresas farmacéuticas, en especial de la productora de la vacuna Tamiflu, que ahora se proyecta como la única medida medianamente aceptable. Ya saben, todas estas empresas han elevado el valor de sus acciones en una pendiente vertiginosa. Así que contrataron a los mejores y más malvados científicos, les pidieron una alteración genética de la gripa aviar o alguna del estilo para que si se propagara de persona en persona (el gran problema de la supervivencia de la gripe aviar era justamente que no se contagiaba de esa forma), y que le diera un poquitín de músculo. Luego no sería sino soltarlo en algún lugar no muy lejano ni muy cercano, y empezar a recoger las ganancias de sus empresas.
Respuesta 06/ Dios. Que se lo había dicho a alguien a través de alguna swinglea ardiente, y que esta persona tras tatar de advertir la encerraron en algún manicomio donde murió ahogada en su propio vómito tras una reacción adversa a alguna de las n píldoras que le proporcionaron.
Respuesta 07/ La media. En realidad el virus no existe, no ha habido enfermos ni muertos, pero como la realidad no está formada por lo que realmente sucede, sino por lo que los medios de comunicación nos dice que está sucediendo, entonces ellos crearon este virus en sus cámaras y reportajes para mantenernos en un estado de terror, subir el rating, poderle subir al costo de su publicidad y así ganar aun más dinero.
Respuesta 08/ El Gobierno. A través de la media, exactamente igual que el caso anterior, solo que con fines aun más macabros.
Respuesta 09/ Chuck Norris. Tras incubar deliberadamente cientos de virus en su cuerpo, sin que ninguna se atreviera a presentar síntomas, todos se unieron y lograron hacerle estornudar una sola vez. Tras esto Chuck Norris desplazó los virus de su cuerpo a través de auto darse patadas voladoras (eso es algo que quisiera saber como se hace), y ahora el virus tiene tanto miedo de volver a su huésped original que decidió migrar a México a encontrar una mejor vida para si.
¿Alguien sabe una respuesta diferente?
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Mauro Z
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jueves, 16 de abril de 2009
Manuscrito hallado en un bolsillo
Buen día lectores del Aleph. Hoy, dado mi ausencia de tiempo (y de ideas) les traigo algo un poco particular. Como muchos lo habrán notado, uno de los personajes que más a inspirado a este blog es el escritor Julio Cortazar. En esta oportunidad les dejo un cuento de él, completo, lo que significa que su extensión es un poco mayor a lo que los he acostumbrado.
Pero la verdad, es uno de esos textos que cuando le leí me cayó como un golpe en el rostro, contundente e interesante, una de las mejores cosas que le he leido a Cortazar. Y por supuesto tiene un final que amerita todo un despliegue en esta columna. Así que ahí quedan las preguntas:
- ¿Como creen que termina?
- ¿Que les parece el juego?
- ¿Han jugado algo de este estilo?
- ¿Jugarian algo así, con algo real en su vida, como en este caso?
- ¿Adan y Eva tenian Ombligo?
Espero que en sus comentarios podamos hacer un despliegue interesante de estos temas. Les dejo el texto:
MANUSCRITO HALLADO EN UN BOLSILLO
Ahora que lo escribo, para otros esto podría haber sido la ruleta o el hipódromo, pero no era dinero lo que buscaba, en algún momento había empezado a sentir, a decidir que un vidrio de ventanilla en el metro podía traerme la respuesta, el encuentro con una felicidad, precisamente aquí donde todo ocurre bajo el signo de la más implacable ruptura, dentro de un tiempo bajo tierra que un trayecto entre estaciones dibuja y limita así, inapelablemente abajo. Digo ruptura para comprender mejor (tendría que comprender tantas cosas desde que empecé a jugar el juego) esa esperanza de una convergencia que tal vez me fuera dada desde el reflejo en un vidrio de ventanilla. Rebasar la ruptura que la gente no parece advertir aunque vaya a saber lo que piensa esa gente agobiada que sube y baja de los vagones del metro, lo que busca además del transporte esa gente que sube antes o después para bajar después o antes, que sólo coincide en una zona de vagón donde todo está decidido por adelantado sin que nadie pueda saber si saldremos juntos, si yo bajaré primero o ese hombre flaco con un rollo de papeles, si la vieja de verde seguirá hasta el final, si esos niños bajarán ahora, está claro que bajarán porque recogen sus cuadernos y sus reglas, se acercan riendo y jugando a la puerta mientras allá en el ángulo hay una muchacha que se instala para durar, para quedarse todavía muchas estaciones en el asiento por fin libre, y esa otra muchacha es imprevisible, Ana era imprevisible, se mantenía muy derecha contra el respaldo en el asiento de la ventanilla, ya estaba ahí cuando subí en la estación Etienne Marcel y un negro abandonó el asiento de enfrente y a nadie pareció interesarle y yo pude resbalar con una vaga excusa entre las rodillas de los dos pasajeros sentados en los asientos exteriores y quedé frente a Ana y casi enseguida, porque había bajado al metro para jugar una vez más el juego, busqué el perfil de Margrit en el reflejo del vidrio de la ventanilla y pensé que era bonita, que me gustaba su pelo negro con una especie de ala breve que le peinaba en diagonal la frente.
No es verdad que el nombre de Margrit o de Ana viniera después o que sea ahora una manera de diferenciarlas en la escritura, cosas así se daban decididas instantáneamente por el juego, quiero decir que de ninguna manera el reflejo en el vidrio de la ventanilla podía llamarse Ana, así como tampoco podía llamarse Margrit la muchacha sentada frente a mí sin mirarme, con los ojos perdidos en el hastío de ese interregno en el que todo el mundo parece consultar una zona de visión que no es la circundante, salvo los niños que miran fijo y de lleno en las cosas hasta el día en que les enseñan a situarse también en los intersticios, a mirar sin ver con esa ignorancia civil de toda apariencia vecina, de todo contacto sensible, cada uno instalado en su burbuja, alineado entre paréntesis, cuidando la vigencia del mínimo aire libre entre rodillas y codos ajenos, refugiándose en France-Soir o en libros de bolsillo aunque casi siempre como Ana, unos ojos situándose en el hueco entre lo verdaderamente mirable, en esa distancia neutra y estúpida que iba de mi cara a la del hombre concentrado en el Figaro. Pero entonces Margrit, si algo podía yo prever era que en algún momento Ana se volvería distraída hacia la ventanilla y entonces Margrit vería mi reflejo, el cruce de miradas en las imágenes de ese vidrio donde la oscuridad del túnel pone su azogue atenuado, su felpa morada y moviente que da a las caras una vida en otros planos, les quita esa horrible máscara de tiza de las luces municipales del vagón y sobre todo, oh sí, no hubieras podido negarlo, Margrit, las hace mirar de verdad esa otra cara del cristal porque durante el tiempo instantáneo de la doble mirada no hay censura, mi reflejo en el vidrio no era el hombre sentado frente a Ana y que Ana no debía mirar de lleno en un vagón de metro, y además la que estaba mirando mi reflejo ya no era Ana sino Margrit en el momento en que Ana había desviado rápidamente los ojos del hombre sentado frente a ella porque no estaba bien que lo mirara, al volverse hacia el cristal de la ventanilla había visto mi reflejo que esperaba ese instante para levemente sonreír sin insolencia ni esperanza cuando la mirada de Margrit cayera como un pájaro en su mirada. Debió durar un segundo, acaso algo más porque sentí que Margrit había advertido esa sonrisa que Ana reprobaba aunque no fuera más que por el gesto de bajar la cara, de examinar vagamente el cierre de su bolso de cuero rojo; y era casi justo seguir sonriendo aunque ya Margrit no me mirara porque de alguna manera el gesto de Ana acusaba mi sonrisa, la seguía sabiendo y ya no era necesario que ella o Margrit me miraran, concentradas aplicadamente en la nimia tarea de comprobar el cierre del bolso rojo.
Como ya con Paula (con Ofelia) y con tantas otras que se habían concentrado en la tarea de verificar un cierre, un botón, el pliegue de una revista, una vez más fue el pozo donde la esperanza se enredaba con el temor en un calambre de arañas a muerte, donde el tiempo empezaba a latir como un segundo corazón en el pulso del juego; desde ese momento cada estación del metro era una trama diferente del futuro porque así lo había decidido el juego; la mirada de Margrit y mi sonrisa, el retroceso instantáneo de Ana a la contemplación del cierre de su bolso eran la apertura de una ceremonia que alguna vez había empezado a celebrar contra todo lo razonable, prefiriendo los peores desencuentros a las cadenas estúpidas de una causalidad cotidiana. Explicarlo no es difícil pero jugarlo tenía mucho de combate a ciegas, de temblorosa suspensión coloidal en la que todo derrotero alzaba un árbol de imprevisible recorrido. Un plano del metro de París define en su esqueleto mondrianesco, en sus ramas rojas, amarillas, azules y negras una vasta pero limitada superficie de subtendidos seudópodos: y ese árbol está vivo veinte horas de cada veinticuatro, una savia atormentada lo recorre con finalidades precisas, la que baja en Chatelet o sube en Vaugirard, la que en Odeón cambia para seguir a La Motte-Picquet, las doscientas, trescientas, vaya a saber cuántas posibilidades de combinación para que cada célula codificada y programada ingrese en un sector del árbol y aflore en otro, salga de las Galeries Lafayette para depositar un paquete de toallas o una lámpara en un tercer piso de la rue Gay-Lussac.
Mi regla del juego era maniáticamente simple, era bella, estúpida y tiránica, si me gustaba una mujer, si me gustaba una mujer sentada frente a mí, si me gustaba una mujer sentada frente a mí junto a la ventanilla, si su reflejo en la ventanilla cruzaba la mirada con mi reflejo en la ventanilla, si mi sonrisa en el reflejo de la ventanilla turbaba o complacía o repelía al reflejo de la mujer en la ventanilla, si Margrit me veía sonreír y entonces Ana bajaba la cabeza y empezaba a examinar aplicadamente el cierre de su bolso rojo, entonces había juego, daba exactamente lo mismo que la sonrisa fuera acatada o respondida o ignorada, el primer tiempo de la ceremonia no iba más allá de eso, una sonrisa registrada por quien la había merecido. Entonces empezaba el combate en el pozo, las arañas en el estómago, la espera con su péndulo de estación en estación. Me acuerdo de cómo me acordé ese día: ahora eran Margrit y Ana, pero una semana atrás habían sido Paula y Ofelia, la chica rubia había bajado en una de las peores estaciones, Montparnasse-Bienvenue que abre su hidra maloliente a las máximas posibilidades de fracaso. Mi combinación era con la línea de la Porte de Vanves y casi enseguida, en el primer pasillo, comprendí que Paula (que Ofelia) tomaría el corredor que llevaba a la combinación con la Mairie d'Issy. Imposible hacer nada, sólo mirarla por última vez en el cruce de los pasillos, verla alejarse, descender una escalera. La regla del juego era ésa, una sonrisa en el cristal de la ventanilla y el derecho de seguir a una mujer y esperar desesperadamente que su combinación coincidiera con la decidida por mí antes de cada viaje; y entonces -siempre, hasta ahora- verla tomar otro pasillo y no poder seguirla, obligado a volver al mundo de arriba y entrar en un café y seguir viviendo hasta que poco a poco, horas o días o semanas, la sed de nuevo reclamando la posibilidad de que todo coincidiera alguna vez, mujer y cristal de ventanilla, sonrisa aceptada o repelida, combinación de trenes y entonces por fin sí, entonces el derecho de acercarme y decir la primera palabra, espesa de estancado tiempo, de inacabable merodeo en el fondo del pozo entre las arañas del calambre. Ahora entrábamos en la estación Saint-Sulpice, alguien a mi lado se enderezaba y se iba, también Ana se quedaba sola frente a mí, había dejado de mirar el bolso y una o dos veces sus ojos me barrieron distraídamente antes de perderse en el anuncio del balneario termal que se repetía en los cuatro ángulos del vagón. Margrit no había vuelto a mirarme en la ventanilla pero eso probaba el contacto, su latido sigiloso; Ana era acaso tímida o simplemente le parecía absurdo aceptar el reflejo de esa cara que volvería a sonreír para Margrit; y además llegar a Saint-Sulpice era importante porque si todavía faltaban ocho estaciones hasta el fin del recorrido en la Porte d'Orléans, sólo tres tenían combinaciones con otras líneas, y sólo si Ana bajaba en una de esas tres me quedaría la posibilidad de coincidir; cuando el tren empezaba a frenar en Saint-Placide miré y miré a Margrit buscándole los ojos que Ana seguía apoyando blandamente en las cosas del vagón como admitiendo que Margrit no me miraría más, que era inútil esperar que volviera a mirar el reflejo que la esperaba para sonreírle.
No bajó en Saint-Placide, lo supe antes de que el tren empezara a frenar, hay ese apresto del viajero, sobre todo de las mujeres que nerviosamente verifican paquetes, se ciñen el abrigo o miran de lado al levantarse, evitando rodillas en ese instante en que la pérdida de velocidad traba y atonta los cuerpos. Ana repasaba vagamente los anuncios de la estación, la cara de Margrit se fue borrando bajo las luces del andén y no pude saber si había vuelto a mirarme; tampoco mi reflejo hubiera sido visible en esa marea de neón y anuncios fotográficos, de cuerpos entrando y saliendo. Si Ana bajaba en Montparnasse-Bienvenue mis posibilidades era mínimas; cómo no acordarme de Paula (de Ofelia) allí donde una cuádruple combinación posible adelgazaba toda previsión; y sin embargo el día de Paula (de Ofelia) había estado absurdamente seguro de que coincidiríamos, hasta último momento había marchado a tres metros de esa mujer lenta y rubia, vestida como con hojas secas, y su bifurcación a la derecha me había envuelto la cara como un latigazo. Por eso ahora Margrit no, por eso el miedo, de nuevo podía ocurrir abominablemente en Montparnasse-Bienvenue; el recuerdo de Paula (de Ofelia), las arañas en el pozo contra la menuda confianza en que Ana (en que Margrit). Pero quién puede contra esa ingenuidad que nos va dejando vivir, casi inmediatamente me dije que tal vez Ana (que tal vez Margrit) no bajaría en Montparnasse-Bienvenue sino en una de las otras estaciones posibles, que acaso no bajaría en las intermedias donde no me estaba dado seguirla; que Ana (que Margrit) no bajaría en Montparnasse-Bienvenue (no bajó), que no bajaría en Vavin, y no bajó, que acaso bajaría en Raspail que era la primera de las dos últimas posibles; y cuando no bajó y supe que sólo quedaba una estación en la que podría seguirla contra las tres finales en que ya todo daba lo mismo, busqué de nuevo los ojos de Margrit en el vidrio de la ventanilla, la llamé desde un silencio y una inmovilidad que hubieran debido llegarle como un reclamo, como un oleaje, le sonreí con la sonrisa que Ana ya no podía ignorar, que Margrit tenía que admitir aunque no mirara mi reflejo azotado por las semiluces del túnel desembocando en Denfert-Rochereau. Tal vez el primer golpe de frenos había hecho temblar el bolso rojo en los muslos de Ana, tal vez sólo el hastío le movía la mano hasta el mechón negro cruzándole la frente; en esos tres, cuatro segundos en que el tren se inmovilizaba en el andén, las arañas clavaron sus uñas en la piel del pozo para una vez más vencerme desde adentro; cuando Ana se enderezó con una sola y limpia flexión de su cuerpo, cuando la vi de espaldas entre dos pasajeros, creo que busqué todavía absurdamente el rostro de Margrit en el vidrio enceguecido de luces y movimientos. Salí como sin saberlo, sombra pasiva de ese cuerpo que bajaba al andén, hasta despertar a lo que iba a venir, a la doble elección final cumpliéndose irrevocable.
Pienso que está claro, Ana (Margrit) tomaría un camino cotidiano o circunstancial, mientras antes de subir a ese tren yo había decidido que si alguien entraba en el juego y bajaba en Denfert-Rochereau, mi combinación sería la línea Nation-Etoile, de la misma manera que si Ana (que si Margrit) hubiera bajado en Châtelet sólo hubiera podido seguirla en caso de que tomara la combinación Vincennes-Neuilly. En el último tiempo de la ceremonia el juego estaba perdido si Ana (si Margrit) tomaba la combinación de la Ligne de Sceaux o salía directamente a la calle; inmediatamente, ya mismo porque en esa estación no había los interminables pasillos de otras veces y las escaleras llevaban rápidamente a destino, a eso que en los medios de transporte también se llamaba destino. La estaba viendo moverse entre la gente, su bolso rojo como un péndulo de juguete, alzando la cabeza en busca de los carteles indicadores, vacilando un instante hasta orientarse hacia la izquierda; pero la izquierda era la salida que llevaba a la calle.
No sé cómo decirlo, las arañas mordían demasiado, no fui deshonesto en el primer minuto, simplemente la seguí para después quizá aceptar, dejarla irse por cualquiera de sus rumbos allá arriba; a mitad de la escalera comprendí que no, que acaso la única manera de matarlas era negar por una vez la ley, el código. El calambre que me había crispado en ese segundo en que Ana (en que Margrit) empezaba a subir la escalera vedada, cedía de golpe a una lasitud soñolienta, a un gólem de lentos peldaños; me negué a pensar, bastaba saber que la seguía viendo, que el bolso rojo subía hacia la calle, que a cada paso el pelo negro le temblaba en los hombros. Ya era de noche y el aire estaba helado, con algunos copos de nieve entre ráfagas y llovizna; sé que Ana (que Margrit) no tuvo miedo cuando me puse a su lado y le dije: "No puede ser que nos separemos así, antes de habernos encontrado".
En el café, más tarde, ya solamente Ana mientras el reflejo de Margrit cedía a una realidad de cinzano y de palabras, me dijo que no comprendía nada, que se llamaba Marie-Claude, que mi sonrisa en el reflejo le había hecho daño, que por un momento había pensado en levantarse y cambiar de asiento, que no me había visto seguirla y que en la calle no había tenido miedo, contradictoriamente, mirándome en los ojos, bebiendo su cinzano, sonriendo sin avergonzarse de sonreír, de haber aceptado casi enseguida mi acoso en plena calle. En ese momento de una felicidad como de oleaje boca arriba de abandono a un deslizarse lleno de álamos, no podía decirle lo que ella hubiera entendido como locura o manía y que lo era pero de otro modo, desde otras orillas de la vida; le hablé de su mechón de pelo, de su bolso rojo, de su manera de mirar el anuncio de las termas, de que no le había sonreído por donjuanismo ni aburrimiento sino para darle una flor que no tenía, el signo de que me gustaba, de que me hacía bien, de que viajar frente a ella, de que otro cigarrillo y otro cinzano. En ningún momento fuimos enfáticos, hablamos como desde un ya conocido y aceptado, mirándonos sin lastimarnos, yo creo que Marie-Claude me dejaba venir y estar en su presente como quizá Margrit hubiera respondido a mi sonrisa en el vidrio de no mediar tanto molde previo, tanto no tienes que contestar si te hablan en la calle o te ofrecen caramelos y quieren llevarte al cine, hasta que Marie-Claude, ya liberada de mi sonrisa a Margrit, Marie-Claude en la calle y el café había pensado que era una buena sonrisa, que el desconocido de ahí abajo no le había sonreído a Margrit para tantear otro terreno, y mi absurda manera de abordarla había sido la sola comprensible, la sola razón para decir que sí, que podíamos beber una copa y charlar en un café.
No me acuerdo de lo que pude contarle de mí, tal vez todo salvo el juego pero entonces tan poco, en algún momento nos reímos, alguien hizo la primera broma, descubrimos que nos gustaban los mismos cigarrillos y Catherine Deneuve, me dejó acompañarla hasta el portal de su casa, me tendió la mano con llaneza y consintió en el mismo café a la misma hora del martes. Tomé un taxi para volver a mi barrio, por primera vez en mí mismo como en un increíble país extranjero, repitiéndome que sí, que Marie-Claude, que Denfert-Rochereau, apretando los párpados para guardar mejor su pelo negro, esa manera de ladear la cabeza antes de hablar, de sonreír. Fuimos puntuales y nos contamos películas, trabajo, verificamos diferencias ideológicas parciales, ella seguía aceptándome como si maravillosamente le bastara ese presente sin razones, sin interrogación; ni siquiera parecía darse cuenta de que cualquier imbécil la hubiese creído fácil o tonta; acatando incluso que yo no buscara compartir la misma banqueta en el café, que en el tramo de la rue Froidevaux no le pasara el brazo por el hombro en el primer gesto de una intimidad, que sabiéndola casi sola -una hermana menor, muchas veces ausente del departamento en el cuarto piso- no le pidiera subir. Si algo no podía sospechar eran las arañas, nos habíamos encontrado tres o cuatro veces sin que mordieran, inmóviles en el pozo y esperando hasta el día en que lo supe como si no lo hubiera estado sabiendo todo el tiempo, pero los martes, llegar al café, imaginar que Marie-Claude ya estaría allí o verla entrar con sus pasos ágiles, su morena recurrencia que había luchado inocentemente contra las arañas otra vez despiertas, contra la transgresión del juego que sólo ella había podido defender sin más que darme una breve, tibia mano, sin más que ese mechón de pelo que se paseaba por su frente. En algún momento debió darse cuenta, se quedó mirándome callada, esperando; imposible ya que no me delatara el esfuerzo para hacer durar la tregua, para no admitir que volvían poco a poco a pesar de Marie-Claude, contra Marie-Claude que no podía comprender, que se quedaba mirándome callada, esperando; beber y fumar y hablarle, defendiendo hasta lo último el dulce interregno sin arañas, saber de su vida sencilla y a horario y hermana estudiante y alergias, desear tanto ese mechón negro que le peinaba la frente, desearla como un término, como de veras la última estación del último metro de la vida, y entonces el pozo, la distancia de mi silla a esa banqueta en la que nos hubiéramos besado, en la que mi boca hubiera bebido el primer perfume de Marie-Claude antes de llevármela abrazada hasta su casa, subir esa escalera, desnudarnos por fin de tanta ropa y tanta espera.
Entonces se lo dije, me acuerdo del paredón del cementerio y de que Marie-Claude se apoyó en él y me dejó hablar con la cara perdida en el musgo caliente de su abrigo, vaya a saber si mi voz le llegó con todas sus palabras, si fue posible que comprendiera; se lo dije todo, cada detalle del juego, las improbabilidades confirmadas desde tantas Paulas (desde tantas Ofelias) perdidas al término de un corredor, las arañas en cada final. Lloraba, la sentía temblar contra mí aunque siguiera abrigándome, sosteniéndome con todo su cuerpo apoyado en la pared de los muertos; no me preguntó nada, no quiso saber por qué ni desde cuándo, no se le ocurrió luchar contra una máquina montada por toda una vida a contrapelo de sí misma, de la ciudad y sus consignas, tan sólo ese llanto ahí como un animalito lastimado, resistiendo sin fuerza al triunfo del juego, a la danza exasperada de las arañas en el pozo.
En el portal de su casa le dije que no todo estaba perdido, que de los dos dependía intentar un encuentro legítimo; ahora ella conocía las reglas del juego, quizá nos fueran favorables puesto que no haríamos otra cosa que buscarnos. Me dijo que podría pedir quince días de licencia, viajar llevando un libro para que el tiempo fuera menos húmedo y hostil en el mundo de abajo, pasar de una combinación a otra, esperarme leyendo, mirando los anuncios. No quisimos pensar en la improbabilidad, en que acaso nos encontraríamos en un tren pero que no bastaba, que esta vez no se podría faltar a lo preestablecido; le pedí que no pensara, que dejara correr el metro, que no llorara nunca en esas dos semanas mientras yo la buscaba; sin palabras quedó entendido que si el plazo se cerraba sin volver a vernos o sólo viéndonos hasta que dos pasillos diferentes nos apartaran, ya no tendría sentido retornar al café, al portal de su casa. Al pie de esa escalera de barrio que una luz naranja tendía dulcemente hacia lo alto, hacia la imagen de Marie-Claude en su departamento, entre sus muebles, desnuda y dormida, la besé en el pelo, le acaricié las manos; ella no buscó mi boca, se fue apartando y la vi de espaldas, subiendo otra de las tantas escaleras que se las llevaban sin que pudiera seguirlas; volví a pie a mi casa, sin arañas, vacío y lavado para la nueva espera; ahora no podían hacerme nada, el juego iba a recomenzar como tantas otras veces pero con solamente Marie-Claude, el lunes bajando a la estación Couronnes por la mañana, saliendo en Max Dormoy en plena noche, el martes entrando en Crimée, el miércoles en Philippe Auguste, la precisa regla del juego, quince estaciones en las que cuatro tenían combinaciones, y entonces en la primera de las cuatro sabiendo que me tocaría seguir a la línea Sèvres-Montreuil como en la segunda tendría que tomar la combinación Clichy-Porte Dauphine, cada itinerario elegido sin razón especial porque no podía haber ninguna razón, Marie-Claude habría subido quizá cerca de su casa, en Denfert-Rochereau o en Corvisart, estaría cambiando en Pasteur para seguir hacia Falguière, el árbol mondrianesco con todas sus ramas secas, el azar de las tentaciones rojas, azules, blancas, punteadas; el jueves, el viernes, el sábado. Desde cualquier andén ver entrar los trenes, los siete u ocho vagones, consintiéndome mirar mientras pasaban cada vez más lentos, correrme hasta el final y subir a un vagón sin Marie-Claude, bajar en la estación siguiente y esperar otro tren, seguir hasta la primera estación para buscar otra línea, ver llegar los vagones sin Marie-Claude, dejar pasar un tren o dos, subir en el tercero, seguir hasta la terminal, regresar a una estación desde donde podía pasar a otra línea, decidir que sólo tomaría el cuarto tren, abandonar la búsqueda y subir a comer, regresar casi enseguida con un cigarrillo amargo y sentarme en un banco hasta el segundo, hasta el quinto tren. El lunes, el martes, el miércoles, el jueves, sin arañas porque todavía esperaba, porque todavía espero en este banco de la estación Chemin Vert, con esta libreta en la que una mano escribe para inventarse un tiempo que no sea solamente esa interminable ráfaga que me lanza hacia el sábado en que acaso todo habrá concluido, en que volveré solo y las sentiré despertarse y morder, sus pinzas rabiosas exigiéndome el nuevo juego, otras Marie-Claudes, otras Paulas, la reiteración después de cada fracaso, el recomienzo canceroso. Pero es jueves, es la estación Chemin Vert, afuera cae la noche, todavía cabe imaginar cualquier cosa, incluso puede no parecer demasiado increíble que en el segundo tren, que en el cuarto vagón, que Marie-Claude en un asiento contra la ventanilla, que haya visto y se enderece con un grito que nadie salvo yo puede escuchar así en plena cara, en plena carrera para saltar al vagón repleto, empujando a pasajeros indignados, murmurando excusas que nadie espera ni acepta, quedándome de pie contra el doble asiento ocupado por piernas y paraguas y paquetes, por Marie-Claude con su abrigo gris contra la ventanilla, el mechón negro que el brusco arranque del tren agita apenas como sus manos tiemblan sobre los muslos en una llamada que no tiene nombre, que es solamente eso que ahora va a suceder. No hay necesidad de hablarse, nada se podría decir sobre ese muro impasible y desconfiado de caras y paraguas entre Marie-Claude y yo; quedan tres estaciones que combinan con otras líneas, Marie-Claude deberá elegir una de ellas, recorrer el andén, seguir uno de los pasillos o buscar la escalera de salida, ajena a mi elección que esta vez no transgrediré. El tren entra en la estación Bastille y Marie-Claude sigue ahí, la gente baja y sube, alguien deja libre el asiento a su lado pero no me acerco, no puedo sentarme ahí, no puedo temblar junto a ella como ella estará temblando. Ahora vienen Ledru-Rollin y Froidherbe-Chaligny, en esas estaciones sin combinación Marie-Claude sabe que no puedo seguirla y no se mueve, el juego tiene que jugarse en Reuilly-Diderot o en Daumesnil; mientras el tren entra en Reuilly-Diderot aparto los ojos, no quiero que sepa, no quiero que pueda comprender que no es allí. Cuando el tren arranca veo que no se ha movido, que nos queda una última esperanza, en Daumesnil hay tan sólo una combinación y la salida a la calle, rojo o negro, sí o no. Entonces nos miramos, Marie-Claude ha alzado la cara para mirarme de lleno, aferrado al barrote del asiento soy eso que ella mira, algo tan pálido como lo que estoy mirando, la cara sin sangre de Marie-Claude que aprieta el bolso rojo, que va a hacer el primer gesto para levantarse mientras el tren entra en la estación Daumesnil.
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Mauro Z
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