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miércoles, 16 de noviembre de 2011

El mundo es grande y la salvación está a la vuelta de las esquina

Al igual que con Tiempos Modernos, esta película llegó a mí gracias al Cine Foro de la empresa. Qué buenaventura, porque no me imaginé viéndome una película búlgara en un contexto diferente al Eurocine, el cual hace años tengo descuidado (eso sí me sonroja).

El mundo es grande y la salvación está a la vuelta de la esquina es una obra maestra que nos mantiene entretenidos desde el inicio hasta el final. En ocasiones tiene esos destellos mágicos que transportan, como sucede en Amelie, por ejemplo cuando ocurre el accidente y los abuelos de Sashko se dan cuenta; y en ocasiones es un viaje fotográfico por Europa lleno de imágenes tranquilas que hacen recordar ese viaje del Ché en Diarios de Motocicleta.

Aunque la traducción del título de la película no es igual en todo lado, podríamos decir que ese inusual y largo título sí refleja claramente el espíritu de la película:
la felicidad es metafóricamente un kilo de azúcar y Fidel se lo permite a esta Bulgaria comunista que quiere ser Alemana, o por lo menos parte de su pueblo. La historia es acerca de un muchacho búlgaro que crece en Alemania, luego de que sus padres huyeran de la persecución de los camaradas búlgaros. Éste sufre un accidente en el que pierde la memoria y a sus padres. Su abuelo, sabio, como los abuelos, es quien decide viajar a Alemania y enseñarle el camino a casa usando un tándem y un juego de Backgammon. La historia se cuenta en dos tiempos que a la vez son dos direcciones, una el camino a casa y la otra el éxodo de los padres. De verdad que es una delicia ver esta película. Recomendada para todo momento y cualquier hora del día. Tal vez robe una lágrima, pero seguro robará muchas sonrisas, suspiros y sensaciones de paz.

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sábado, 26 de febrero de 2011

Madame Tutli - Putli (2007)

Para cerrar el ciclo breve de Cortos pero Sabrosos que entre Mauro Z y yo hemos estado compartiéndoles durante cada sábado de nuestro mes de tributo, aquí está este corto canadiense animado, bastante aclamado, el cual vi por primera vez incompleto en la casa de mi novia y que, gracias a ella pude localizar después para disfrutarlo completo.

No es fácil ni inmediato poder sacar una conclusión personal acerca de su significado, sumado al hecho de no ser un corto hablado; sin embargo, desde el momento en que el magnetismo en los ojos poderosamente expresivos de la protagonista lo atrapan (los cuales me recuerdan mucho a los de la actriz Noelle Schönwald), es imposible no abordar este viaje con ella, hasta un final nostálgico, pero que no deja de ser bello.

Puede tomar justo lo que considere necesario.

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martes, 8 de febrero de 2011

Instrucciones para visitar al diablo

No se preocupe, no lo vamos a enviar al infierno. Tampoco lo estamos retando a que venza el miedo a su suegra, o a que aprenda a salir de farra con la suplente, sin dejar evidencia; quizás algún otro de nuestros instructores sí tenga experiencia en ello y le pueda colaborar luego. Por otra parte, tal vez el título de esta publicación no sea el indicado, porque quien va y visita al diablo a la casa, seguramente se le complica el regreso. Es mejor evitarle tan dantesco riesgo e indicarle mejor cómo ir a recibirlo de paso, ya que cada dos años, en el municipio de Riosucio, Caldas, su gente celebra uno de los carnavales más tradicionales y pintorescos de Colombia: el Carnaval del Diablo, al que tuve la suerte de asistir hace unos días.

Recuerdo que dos personas me lo habían referenciado positivamente, advirtiéndome eso sí, la casi imposibilidad de conseguir alojamiento en la ciudad, a menos de que hubiese hecho la reserva con cierta anticipación, digamos, unos dos años antes del evento. Y es que Riosucio no sólo es pequeño, siendo contados los sitios para hospedarse, sino que sus precios pueden llegar a ser altos. Por ejemplo, el alquiler de una sola habitación para tres o cuatro personas durante tres noches, puede llegar a costar $500.000 pesos, es decir unos $40.000 pesos por persona, lo cual es alto considerando los centímetros cúbicos de CO2 que le va a tocar compartir, y si ha estimado que va en un plan 'de combate', buscando el mínimo costo posible.

Otra opción para la estadía es alquilar un espacio para acampar, donde cada persona puede pagar $20.000 la noche, lo cual no resulta tan crítico, de no ser porque le pueden salir con este cuento: "¡Ah! ¡Pero si le pasa algo a su carpa o a lo que contiene, no respondemos!". Siendo así, resulta igual dejar la carpa armada en uno de los parques y cuidarla por turnos; o entretenerse armando y desarmando cada mañana y tarde; o permitir que Baco y Terpsícore lo dejen tendido sobre el césped, con el tibio manto del rocío que deja la bruma en una montaña (...). O mejor aún: se agrega al parche de un buen amigo, y termina habitando un cuarto de San Alejo, junto con él y otros dos buenos sujetos, en un internado para señoritas, bajo el cuidado de una religiosa. Lo mejor de todo, es que no pudimos haber quedado en mejores manos.

Una vez allá, después de un gratificante almuerzo en la galería, puede disfrutar de la programación cultural que le ofrece el Carnaval de Riosucio, que va desde las Alboradas, que son las comparsas que alegres cantan, bailan y abrazan al prójimo, dando el inicio de un nuevo día de carnaval; pasando por el desfile de las Colonias, que son las comparsas de Riosuceños que viven en distintas partes del país y regresan para festejar; así como la presentación de las esplendorosas Cuadrillas de Mayores, las cuales se componen en su mayoría por miembros de una misma familia y que, parodiando ritmos o canciones conocidas, relatan historias sobre personajes, sucesos o tradiciones autóctonas. Como acto principal del segundo día, está la entrada de su majestad, el diablo, a la Plaza de San Sebastián, acompañada de todo un pueblo coreando el himno de Riosucio, así como la lectura de su testamento. De esta manera, añadiendo otros eventos como corralejas, conciertos, desfiles y la quema final y posterior entierro del diablo y su calabazo, transcurren los seis días de carnaval.

En caso de querer entender mejor la idiosincrasia que ha motivado durante casi cien años a su gente para preservarlo, puede visitar el Museo del Carnaval, donde encontrará todo un registro de sus fundadores, sus diseñadores de disfraces, afiches, canciones, e incluso las cabezas de algunos de los diablos más recordados. De igual forma, como buen museo, tiene una tienda donde se podrá antojar de cualquier souvenir que le sirva como prueba de su visita.

Es mucho lo que se vive para lo que se alcanza a describir, así que no queda sino invitarlos a darse la oportunidad de conocer otro de esos eventos únicos y especiales que se realizan en Colombia y que sin duda, nos acercan a conocer más sobre nuestra identidad, ya sea como región o como nación. Como comentario final, una amiga me dijo que el sólo hecho de escuchar que el carnaval era 'del diablo', no le daba buena espina, quizás por el matiz de maldad que a su nombre se puede asociar. Este carnaval, por el contrario, busca acercar a quienes han salido de su tierra natal; busca fomentar, mediante la imagen irreverente del cornudo, la pasión por la música, el baile, la amistad, el jolgorio y la familia. Para no ir más lejos, le permite a cualquier persona subirse en una tarima, disfrazada a su gusto, y poder expresar cantando todo lo que siente por su ciudad y su gente. A fin de cuentas, creo que es lo que todo carnaval en nuestro país pretende y permite alcanzar.

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sábado, 14 de noviembre de 2009

Instrucciones para viajar a Salento II parte

Mucha gente dice que las segundas partes no son buenas. Y puede tener razón, pero en las películas; en los viajes la cosa es diferente. Cada vez que uno recorre un sitio que ya ha recorrido tiene la oportunidad de remembrar el primer momento en que estuvo allí.


En este caso es una segunda parte por dos razones. La primera es que Sama ya nos había regalado unas bonitas y muy útiles instrucciones para realizar el viaje y la otra, es que era la segunda vez que iba a Salento.


Lo primero que debe hacerse para ir allá es tener las ganas. Yo me las había generado desde la primera vez que fui con mis amigos del colegio en el último año y nos tomamos una cantina de piso de tierra y grabadora para armar tremenda rumba. Hoy en día la cantina sigue siendo cantina y es la más visitada del pueblo, pero ya tiene piso baldosa y un sonido poderoso. Pero las ganas se despertaron más cuando leí con cierta envidia el paseo maravilloso que realizó sama. Por otro lado, las ganas de mi novia también venían en crecida desde que visitó el Eje Cafetero y despertó un enamoramiento hacia esa tierra. Dado que el permiso para ausentarme de mi trabajo un par de días y poder realizar un viaje más largo no llegó, pues las ganas se convirtieron en GANAS. Fue un paseo de desquite, hecho con ganas.


Lo segundo que debe hacerse para viajar es leer estas instrucciones. Punto. Lo tienen todo.

Lo tercero es comenzar a cambiarlas a su antojo. Por ejemplo, en vez de irse en bus, si tiene la posibilidad puede irse en carro. Si viaja sólo o con un acompañante es más caro, mientras que si llena el carro de gente, pues le sale más barato que ir en bus, porque puede distribuir los costos de la gasolina y los cinco peajes que se va a encontrar. Particularmente, aunque no me gusta manejar, me parece rico ir en carro, y más en plan de paseo. Porque uno se puede parar, tomar una foto, tomar el aire, saltar, gritar y cantar. Porque puede perderse y volverse a encontrar y porque muchas cosas se puede inventar. Además porque salvo que se encuentre con algún trancón, está más seguro de la hora de llegada que cuando tiene que ir a luchar en un terminal la cola de salida en un puente, que es cuando más viaja la gente. Total, máses y menoses (jejeje).


Entre los más y los menos, y las cosas que puede modificar está la hora de salida. Yo decidí (por cuestiones laborales) no tomar la sugerencia de Sama de salir temprano, sabiendo que perdería el primer día. Llegamos en la noche y dando vueltas por las carreteras del Quindío, que aunque tan buenas como las del Valle, poco o nada iluminadas y pobremente demarcadas. En una noche llena de lluvia y disfraces de Halloween, con un poco de aprensión por un lado y espíritu de aventura por el otro, sólo media hora más tarde de lo previsto, aunque recorriendo varias veces el mismo tramo. Gozando un poquito de la hospitalidad del armenio (no tengo claro cómo es el gentilicio) que con vigor le indica a cualquier chinazo* cómo es que se llega a Salento.


En cuanto al hospedaje, si tomamos la recomendación de Sama. Visitamos la bonita hostería Calle Real, gozando de la buena comida y gran hospitalidad de Doña Ana Cristina, su esposo y la gente que trabaja con ella. Es un plácido lugar donde ves entrar extranjeros todo el tiempo y te sientes viajero del mundo. Para una pareja o varias que quieran habitaciones separadas este lugar es ideal. Por parte de la comida, pues me sentía en el paraíso, pues yo podría comer pescado todos los días de mi vida, y siendo la trucha un pez tan sabroso además acompañado de bebidas como el canelazo, los hervidos, cerveza e incluso sangría; era algo soñado. Por parte de mi acompañante que no disfruta el pescado como yo, pues también pudo gozar de algún crep de pollo con champignones o un queso con trucha (trucha gratinada, que sabe más a queso que a trucha) para calmar sus placeres alimenticios.

También seguimos el consejo de Sama de ir al Valle del Cocora. Ah, lugar bello ese. Tiene unos paisajes que lo llenan a uno de paz y armonía. Además, tiene un aire que le renueva a uno el tanque pulmonar para afrontar la contaminación de la ciudad por una semana. Es bellísimo, frío y delicioso estar ahí. Se puede observar cómo crían las truchas y también comer ya sea barato y rico y caro y cómodo. Lo barato no es incómodo, pero no tiene los paisajes, la música y el ambiente que le hacen pasar un rato mucho mejor a uno (tal vez de ahí las cuentas de Sama sobre la comida necesaria y la innecesaria). Lo único que quiero advertirles es tener cuidado con la hora de llegada al restaurante. Esto puede hacer que su momento sea placentero o muy doloroso (por la gastritis que se le puede desarrollar mientras espera).

Finalmente las chucherías (obvio también tomamos muchas fotos y nos ganamos muchos minipuntos). Son estupendas. Hay de todo tipo: baratas, caras, bonitas, feas (que son bonitas a su modo), funcionales, inútiles, asombrosas, iguales a lo ya visto antes. En fin, hay para escoger como niño en juguetería. Tal vez, si tienen mayor fluidez, mi recomendación es llevar buen dinero, puesto que aunque ya muchos reciben tarjeta, la mayoría no lo hace. Y éste puede ser el lugar para mercar los aguinaldos y regalos de cumpleaños atrasados. Eso si, lleve sencillo. Es difícil encontrar quien cambie un billete grande en el pueblo.

Con esto los dejo en Salento, para que lo visiten y lo disfruten.

*Nota: Chino es una expresión de algunas regiones del país para referirse a un niño o un jóven. En Cali no decimos Chino, sino Pelado y en Barranquilla dicen Pelao.

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martes, 25 de agosto de 2009

INSTRUCCIONES PARA BUCEAR GRATIS DOS VECES EN GORGONA

Bueno, como ya es natural en este espacio, el título puede traer un poco de contrariedades. En realidad la idea no es bucear “gratis” en Gorgona, ya que nada es gratis en la vida, la idea es lograr que alguien más asuma el gasto. Es algo bastante sencillo, y no solo es verídico, además es cierto, comprobado (en un gran porcentaje), así que aquí les dejo los pasos a seguir.

Paso 1. Ingresa a la universidad, o algún instituto de educación, en la que puedas estar vinculado por varios años y que cuente con todo tipo de gremios internos, por ejemplo la Universidad del Valle, en Cali. Este paso es muy importante, ya que de él dependen los dos siguientes, aunque con un poco de ingenio te podrías arreglar sin él.

Paso 2. Una vez en la universidad, vincúlate a algún grupo que estimule tu capacidad de escribir cuentos, por ejemplo un grupo de Cuentería como El Perol, y permanece en él por varios años.

Paso 3. Una vez en la universidad, vincúlate a algún tipo de agremiación de tu carrera, pero que sea de carácter nacional y te permita conocer a los demás compañeros de otras universidades, por ejemplo ANEIAP si estudiaste Ingeniería Industrial. También debes quedarte en esta por varios años.

(como se ha de supone, el paso 2 y 3 deben ser paralelos, sino sería muy largo el proceso).

Paso 4. Asegúrate de encontrar, en la agremiación de estudiantes, a unos pocos y selectos amigos de otras universidades que compartan como tu el gusto por las artes (y las locuras), y que sean muy inquietos y curiosos en sus vidas.

Paso 5. También asegúrate de conseguir otros pocos selectos amigos dentro de la institución, que no estén en ninguna de las dos agremiaciones, pero que también sean inquietos en su pensar (ya habrá oportunidad de juntar estos dos grupos de amigos).

Paso 6. Construye un lazo con esas personas a través de una década (años más, años menos), presenta a tus amigos (ellos formarán su propia amistad), estimula su inquietud por la escritura, muéstrales tus escritos y lee los de ellos; en fin, genera toda una dinámica alrededor del asunto.

Paso 7. Si te has conseguido los amigos apropiados, lo suficientemente inquietos, a alguno de ellos (del de otra universidad) le llegará alguna convocatoria de algún concurso de cuentos (esto se puede tomar por una constante), y cuando le llegue, te retará a ti y a algún amigo tuyo (del que ya tiene amistad, aunque no era de los gremios originales) a que participen. Digamos, esto lo puedes manipular un poco, dándole a conocer instituciones como IBRACO que hace este tipo de convocatorias anualmente. Aquí tu acción será aceptar el reto y escribir el cuento según las bases del concurso, y luego compartirlo con tus dos compañeros retados, para que te puedan decir por qué no es tan bueno el cuento y no te llenes de expectativas.

Parágrafo: Para el objetivo de estas instrucciones, sería especialmente útil si uno de los premios (digamos, el segundo) conste de un viaje a Gorgona y unos dos millones de pesos en efectivo (osea, unos mil dólares).

Paso 8. Si se han seguido bien estas instrucciones, el segundo puesto sería el que debes lograr, para eso te debes asegurar que haya alguien realmente bueno concursando, que con certeza se vaya a llevar el primer puesto. Para eso puedes pasarle el concurso a algún escritor octogenario y convencerlo de participar. O bueno, si te sientes con la estrella suficiente, simplemente no hagas nada, y posiblemente el escritor aparecerá por sus medios.

Paso 9. Olvídate del asunto.

Paso 10. Mantén tu celular todo el tiempo contigo, ya que en los momentos más inoportunos (como por ejemplo, en la mitad del almuerzo en una cafetería concurrida) te puede entrar la llamada del jurado anunciando que les gusta tu cuento, y que quedó entre los finalistas.

Paso 11. Sigue manteniendo tu celular al lado, ya que posiblemente algunas horas después se comunicará la directora de la institución que haga el concurso (créeme, será mujer) y te dirá que les gustaría que los acompañaras en la ceremonia que es al día siguiente en una ciudad que no es la tuya, que te pagan pasajes (aunque te toque arreglarte tu estadía). Tu misión aquí es decir “SI” sin titubear, sin preguntarles a tus jefes si te dan permiso, sabiendo que eso es algo que podrás solucionar después.

Paso 12. Mantén a raya tus expectativas. No te vayas seguro de que ganaste algo, aunque todo el mundo le apueste a que si. Ve libre y liviano simplemente a gozarte el paseo que te están ofreciendo a la ciudad de la ceremonia.

Paso 13. Viaja en avión con los tiquetes que te compraron. Gózate el momento sin importar si tu vuelo se retrasa 3 horas y llegas justo para la ceremonia.

Paso 14. Saludo a todo el mundo, siéntate y espera. Escucha las palabras de bienvenida, escucha y disfruta de cada una de las palabras que todos tienen para decir, ríete un poco de las bromas.

Paso 15. Cuando expliquen que son 10 los finalistas, de los cuales son 8 menciones de honor y 2 ganadores, y empiecen a nombrar a los merecedores de las 8 menciones, empieza a contar con los dedos, siéntete un niño de nuevo, aplaude a cada persona que salga adelante pero nunca pierdas el conteo, para que te puedas maravillas y hacer una sonrisa que no se puede contener cuando te das cuenta que tienes 8 dedos levantados y aun no han mencionado tu nombre.

Paso 16. Escucha lo bien que suena tu nombre cuando es mencionado como ganador del segundo puesto, pasa adelante, estrecha las manos de los jurados, permítele al orador decir todo lo que quiera sobre tu cuento, y trata de creer que es verdad que acabas de ganar.

Paso 17. Termínate de gozar el evento, habla con los otros participantes, baila la samba que estará sonando aunque nadie más lo haga, toma vino, prueba los pasabocas. Este punto es completamente irrelevante para el objetivo que se busca, pero ya estando allá, no está de más.

Paso 18. Ve a la institución al día siguiente, recibe el premio, cuadra la logística. Justo en este momento tienes lo que necesitas.


Paso 19. Con el dinero ganado podrías pagarte el curso de buceo, incluyendo el primer viaje de certificación. Y el viaje ganado te serviría para la segunda vez, en la cual te tocará pagar un excedente ya que el premio no contemplaba las actividades de buceo, pero si administraste apropiadamente el dinero ganado, aun te alcanzará para esto.

Parágrafo: Sin confías plenamente en estas instrucciones, podrías realizar el curso dos o tres meses antes del concurso, así podrás ganar algo de tiempo.

Y listo, fuiste dos veces a bucear a Gorgona, y no sacaste un peso de tu dinero. El único paso que no ha sido confirmado vivencialmente es el 19, pero en un par de semanas ya se verificará la primera parte de ese punto y en unos meses la segunda.

ANEXO

Como muestra del tipo de cuentos mencionados en estas instrucciones, dejo el texto “La Sombra de la Mosca”, en donde debía ser escrito a partir de un párrafo del texto “La Naturaleza del Trabajo” de Nélida Piñon, que es justamente el párrafo inicial del cuento.

La Sombra de la Mosca

“Cuando se dio cuenta de que la naturaleza de un hombre cualquiera saciaría su deseo, sintió compasión. Extraña compasión, que se dirigía a quien fuera que fuese el escogido. Ya que competía al hombre sucumbir ante las propuestas, sin derecho a rechazarlas…”

Esto fue lo último que ella alcanzó a leer de su cuento favorito “La Naturaleza del Trabajo” de Nélida Piñón, porque justo en ese momento una mosca, que disimuladamente había entrado por la ventana, voló delante de sus ojos y se paró entre las palabras “extraña” y “compasión”. Ella usualmente le tenía un asco impulsivo a estos diminutos seres, pero esta mosca en particular no le pareció tan fea, no le pareció tan sucia, no le pareció tan despreciable. Incluso, le dio la impresión de que la mosca la miraba a los ojos, con sus múltiples ojos, y leía lo que estaba pensando.

La verdad le daba un poco de vergüenza que se diera cuenta lo que por su mente estaba pasando, que se diera cuenta que se sentía muy identificada con el texto. Se debatía entre lo ridículo de que se diera cuenta de eso, el ridículo de creer que a una mosca le importara lo que ella pensaba, y el ridículo de que una mosca pudiera leer su mente. Pero la verdad es que esta estaba ahí, con los ojos clavados en los suyos, sin inmutarse, sin mover sus sucias patas como debiera estar haciendo, simplemente ahí, penetrándola con cada uno de sus ojos, casi que cuestionándola por sus pensamientos.

Esto le empezó a desesperar. Ninguna mosca tenía el derecho de cuestionarla, ella podía vivir su vida como quisiera, simplemente no estaba dispuesta a tolerarlo. En ese momento un mórbido pensamiento pasó por su mente ¡qué fácil sería simplemente cerrar el libro de un golpe! Lo pensó con mucho detalle, la mosca, con sus múltiples ojos, observaría como esas dos paredes de celulosa se irían cerrando a sus lados sin alcanzar a reaccionar, se sentiría atrapada, ahogada, aprisionada, mientras las letras y los espacios irían comprimiendo su cuerpo; tal vez cada uno de sus ojos saltaría de sus cuencas y así no la podrían seguir observando, quedaría completamente aplastada, inerme, inerte; incluso tal vez destripada y desparramada por la hoja, cubriendo y cambiando el significado a las palabras que la rodeaban. Eso la estremeció un poco, no quería hacerle eso a ese hermoso texto que tanto disfrutaba y que se vio interrumpido en su lectura.

Pensó en otras alternativas, usar veneno, un matamoscas, un espray de pimienta (con todos esos ojos debería ser efectivo), su máquina de choques eléctricos; pero todo eso podría dejar un rastro en su obra de arte, y era algo que definitivamente no quería hacer. Así que probó otros métodos, dejó el libro en la mesa y empezó a insultar a la mosca, a tratar de ofenderla con toda la jerga que se le ocurría, pero la mosca seguía inmutable, observándola, cuestionándola. Entonces optó por la compasión, y lloró abundantemente delante del libro (cuidando de no mojarlo), pero el minúsculo corazón de la mosca no se conmovió y no se desplazó ni una letra. Incluso intentó con la ley del hielo, y se hizo la fría sin dirigirle la palabra a la mosca por eternos minutos, pero esta era testaruda y ni así logró generar reacción en ella.

Así continuó toda la noche, con un intento frustrado tras otro, hasta que, rendida y sin nada de energías, se quedó dormida en la alfombra donde se encontraba.

La mosca continuó ahí toda la noche, y al despertar, ahí la vio, igual que en la tarde, la noche, y el día siguiente. Ella poco a poco empezó a resignarse y a convivir con aquella mosca. Como supuso que nunca más podría cerrar y guardar su libro, le consiguió un estante solo para él, donde pudiera permanecer abierto sin problemas, y así, poco a poco fue cambiando la decoración de su casa, de su vida, de su ser.

Mauro Z

PD: Sama, gracias por enviarme la convocatoria, por retarme a escribir el cuento, y por hacer la reseña en este blog apenas te enteraste del resultado publicado en IBRACO

PD2: Macaco, aqui queda el cuento como lo solicitaste

PD3: kxi, pues ya que no contaminas el espacio de las instrucciones, pos lo hago yo. Y lo del viaje, solo es que me digan para cuando lo pueden cuadrar (en temporada baja) y yo lo programo para esa fecha.

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domingo, 26 de julio de 2009

Conversación Lunar

Hola lectores de este blog. Para hoy, de domingo de cosas curiosas que nos llegan, les adjunto un correo que me llegó a través de un listado de distribución en el que estoy, llamado godmakers, usualmente hay cosas interesantes, y esta vez es les muestro una de esas.

Hoy la NASA ha desclasificado unas cintas de audio inéditas hasta ahora que contienen una conversación mantenida entre Neil Armstrong y la base de Houston, minutos antes del famoso primer paso lunar, cuando el astronauta aún estaba en el módulo.

Reproducimos aquí la traducción íntegra de este valiosísimo documento.

20 de julio de 1969.
23:58:20 UTC.
Mar de la Tranquilidad, la Luna.

ARMSTRONG: ¿Houston? ¿Me recibe?

HOUSTON: Aquí, Houston. Le recibimos perfectamente, Neil.

A: Estoy a punto de abrir la compuerta y salir a la superficie lunar.

H: Perfecto. Las cámaras están emitiendo.

A: Ya. Lo único, que he pensado una cosa.

H: Adelante, Neil, le escuchamos.

A: Es sobre las vacaciones.

H: ¿Cómo?

(Fragmento incomprensible.)

H: Repita, Neil, hay muchas interferencias.

A: Que digo que no entiendo por qué siempre me dais las vacaciones en septiembre y a Aldrin en agosto, pero, cuando hay que salir al vacío cósmico, voy yo el primero.

(Silencio.)

A: ¿Houston?

H: Sí, Neil, estamos aquí, solo que... No estamos seguros de entender lo que dice.

A: Ya, por supuesto, cada vez que hablo de las vacaciones no entendéis lo que digo. Parece mentira que seáis todos ingenieros, joder.

H: Neil, por favor, las cámaras están emitiendo, el mundo espera a que salga.

A: Bueno, el mundo ha esperado 4.500 millones de años, creo que podrá esperar hasta que yo aclare el tema de mis días libres.

H: Neil, en Houston... No creemos que sea el momento de hablar de esto.

A: No, ya, por supuesto, es que nunca es el momento.

(Fragmento incomprensible.)

H: ¿Cómo dice, Aldrin?

A: ¡Que yo lo quería hablar el mes pasado! Pero me dijeron no pienses en eso, me dijeron piensa en la Luna. Y yo, okey, sí, tiene razón, tengo que concentrarme en la misión. Pero, claro, luego voy a casa, mi mujer me pregunta por las vacaciones, ¿y qué? ¿Qué le digo? ¿Que estoy pensando en la Luna? No nos va bien últimamente, ¿sabes?, lo nuestro se ha enfriado, y vosotros no ayudáis una puta mierda.

H: Neil, escuche...

A: ¿Y el plus de peligrosidad?

H: ¿Qué plus de peligrosidad?

A: Quedamos en que aquí arriba podía haber criaturas asesinas, ya sabéis, lunáticos, criaturillas, marcianitos asesinos de la Luna.

H: Neil, no hay vida en la Luna.

A: ¿Y cómo puedo fiarme de vosotros? Me dijisteis: Neil, tranquilo, en enero te subiremos el IPC, es julio y todavía estoy esperando. ¿Por qué tengo que creeros ahora, cómo sé que no voy a salir ahí y me va a atacar un alienígena histérico?

H: Todos los científicos del mundo llevan décadas observando la Luna, créenos, Neil, no hay nada ahí arriba.

A: ¡¿Entonces qué cojones hago aquí?! ¿Era sólo para joderme el verano? ¿Me estáis castigando o algo así?

H: Neil, éste es uno de los momentos más importantes de la historia de la Humanidad.

A: ¡Díselo a mi mujer! Os he dado cientos de horas extras, fines de semana, incluso he hecho llamadas de trabajo desde casa y nunca, ¿me oyes?, NUNCA os he pasado la factura. Y así me lo pagáis.

H: Damos unos minutos, por favor.

(7 minutos de silencio. Armstrong jura varias veces, sin respuesta.)

H: Neil, ¿sigues ahí?

A: No, me he ido a Marte.

H: Acabamos de hablar con el presidente Nixon. Dice que te subirá la base cotizable y que te garantiza 15 días en agosto.

A: Lo quiero por escrito.

H: Neil, estás en la Luna.

A: Joder, no sé cómo os lo montáis, siempre os salís con la vuestra. Espero que el presidente sea sincero.

H: Es Nixon, Neil, sabes que es sincero.

A: Bueno, acabemos con esto cuanto antes.

H: Una cosa, Neil, cuando pises la luna, di: "Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la Humanidad".

A: ¿Pero qué cojones...? ¿Ahora también soy actor? ¡¿Soy un puto actor?! Porque no he leído nada de eso en mi contrato.

H: Neil, es un gesto para los niños.

A: Sois unos cabrones. Esto no estaba hablado. Siempre hacéis lo mismo. En cuanto vuelva, me largo. Que os jodan a vosotros y a vuestros asteroides.

H: ¿Cómo dices?, te estamos perdiendo.

A: Nada, que sí, que voy. Anda, dadle a la moviola. Esto es un paso grande... Mierda puta, ¿cómo era la mierda esa del salto?

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sábado, 9 de mayo de 2009

¿A usted lo educaron así?

Después de llegar de vacaciones me he dado cuenta, por la emoción tan grande que han mostrado muchos amigos y conocidos, que no sólo cumplí un sueño propio que tenía atrasado (el de conocer la capital gaucha), sino que también cumplí un sueño ajeno. También descubrí que mucha gente simplemente siente una cosquillita (no mencionemos la palabra envidia, de la mala o de la buena, que igual suena feo) por no haber sido ellos que viajaron. Pero entre todos los descubrimientos, noté que hay personas que directamente preguntan por el costo del viaje, mientras que otras, aunque tal vez también quieran saberlo, se abstienen con cierta vergüenza.

Me puse a hacer conciencia sobre ello, y a partir de ese momento comencé a recopilar información. Alguna de ella en campo, pendiente de las conversaciones propias y ajenas y otra en la vasta biblioteca de recuerdos que se almacena en mi cabeza. Con esta información comencé a hacer análisis. Es algo parecido a lo que hago en mi trabajo. Levantar información, encontrar relaciones y analizar los datos.

La conclusión es simple. Dentro de las muchas categorías que se pueden crear para clasificar a las personas, está esta: Los que demuestran ambición por el dinero y los que no. Abiertamente, yo me ubico en la segunda. Hijo de dos trabajadores de clase media, tirando a pobre que sudaron toda su vida para que yo tuviera educación, salud y alimento (claro, amor también, pero creo que los economistas no clasifican al amor como una necesidad básica), nunca ponderaron en mí el dinero. En cambio si el conocimiento, si estar sano y si estar bien alimentado. Tal vez por eso yo disfruto tanto la comida. La gula es mi pecado capital, incluso por encima de la pereza. Tal vez por eso también, me cuido (mi novia que me ve trasnochar despiadadamente, podría opinar lo contrario), hago deporte, me aseo, me alimento sano, en fin me cuido, como dije antes. Tal vez por eso también mi objetivo no es tener plata sino conocimiento, no es tener objetos sino experiencia, prefiero un viaje a un carro, y cosas por estilo. Tal vez por eso, aunque podría agresivamente dejar en el camino a varios competidores laborales y escalar en la pirámide social y laboral, no me interesa dejar de lado mis principios y me brinda más satisfacciones el aportar al trabajo de equipo. No con esto quiero decir que no me interese liderar empresas, pero sí que mis objetivos son diferentes.

Por otro lado están aquellos que demuestran la ambición por el dinero. Estas personas son especialistas en preguntar los precios de todo. Comparan los precios a los que le salió a alguien un viaje con a los que les saldría a ellos. Ellos regatean en todo lugar. Cuando compran algo están pensando en el faltante de dinero que dejaron y no en el vacío que la compra llenó. Ellos son hábiles para manejar dinero y nunca son lo suficientemente ricos. Es probable que por norma de urbanidad hayan aprendido con el tiempo a no preguntar por el costo de las cosas, y que tal vez algunos de ellos tengan tanto dinero (porque han ido logrando su objetivo) que ya no les sea necesario preguntar, o simplemente han preguntado tanto que ya se saben el costo de las cosas, pero eso no quiere decir que no les interese saber. Todo el tiempo sondean el mercado. Les gusta hacerlo, les gusta estar actualizados. Así nunca ejecuten el gasto, ellos tienen que tener la información. Es muy probable que en este grupo entren aquellas personas que cuando eran niños llevaban plata al colegio para comprar en la tienda (yo llevaba lonchera). Aquellos que vendían cosas. Aquellos que no los recogía la buseta, sino que tomaban transporte público. Aquellos que desde chicos se dieron cuenta que manejar dinero les daba poder para hacer cosas que no tenían sus amigos. Les daba independencia. Les daba libertad. Yo de chico, no tenía eso, ni quería eso. Me gustaba depender de mis padres y no preocuparme por no tener dinero, y si balón, y si comida, y si transporte, y si todo.

En fin, de estas dos clasificaciones, que son abiertamente excluyentes y básicas, se pueden desprender cualquier cantidad de híbridos. Usted me dirá, "noo, pero yo si me preocupo por el dinero, pero no tanto, también por las otras cosas" o al revés. También me podrá decir "Bah! Yo si me preocupo por el dinero. Quiero riqueza, poder, comodidades, en fin. Pero eso no me hace un maleducado que está preguntando todo el tiempo, cuánto te costó ese lapicero!". Y si, podrán tener razón, porque en medio de los dos grupos están todos los que han tenido influencias de un lado y del otro. Yo mismo no me podría clasificar puramente en ninguna de las dos categorías. Pero existen engendros puros de cada una de ellas. Yo los he conocido. Y debo admitir que aquellos que están en la segunda, los que te preguntan cuánto te costó ese jean, el cual no tienes ni idea porque es de tu hermano, logran desesperarme. Me sacan de quicio. Me enferman. Me aburren. Una cosa es que estén haciendo un levantamiento de información para su trabajo. Yo tengo que comprar muchos productos de mi competencia para saber los precios públicos del mercado y poder definir el precio óptimo de venta. Una cosa es que estén pensando en comprarse un jean y hayan encontrado en el mío la opción que querían y quieran saber los detalles. Una cosa es que tengan planeado viajar y estén levantando toda la información para poder pagar el viaje. Pero otra cosa es preguntar por preguntar. Incluso preguntar para juzgar. Yo los pondría a todos en una bolsa y los tiraría a un río. Pero como soy educado, paciente y tranquilo no lo hago. Prefiero jugar con ellos. Cada vez que no encuentro en la pregunta un tono sincero de interés, les miento. Como se me ocurra en el momento. Me quedo con la cara de sorpresa que hacen. Una camiseta de cuarenta mil pesos me pudo costar cuatrocientos mil. O unos tenis de cien mil me pudieron costar quince mil. Un viaje en bus (yo se que quien me pregunta nunca se va a montar en un bus) no cuesta mil quinientos sino para algunos vale quinientos y para otros vale tres mil, dependiendo de mi humor. Es que una cosa es preguntar porque hay que saber el precio antes de llegar a un sitio para no ser estafado, y la otra es preguntar por armar conversación. A los segundos me gusta engañarlos, confundirlos, dañarles su mapa mental de precios. Hacer que por la noche mientras intentan dormir estén pensando, "pero dónde carajos pudo comprar un computador con esas especificaciones en sólo un millón de pesos? debe ser de contrabando o chiviado!".

Y a usted, cómo lo educaron?

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martes, 21 de abril de 2009

¿Cómo se entra a la Bombonera? (parte 2)

Como lo prometido es deuda y como el que persevera alcanza, y como tanto va el cántaro al agua hasta que al fin se rompe (je je, redundancia de dichos, aunque el último está acomodado), les traigo la segunda parte: Lo logré, entré a la Bombonera.

Paso 0: Primer intento
Creo que lo puedo resumir en el artículo que ya vieron, aunque este paso es totalmente omisible.

Paso 1: La fila y la hora de la taquilla
Es indispensable asegurarse con fuentes confiables, como el periódico o la taquilla misma, el horario y la fecha de la venta de las boletas. Esto, claro está, porque no es agradable ir a hacer fila tarde, o más temprano de la cuenta, o un día que no venden las boletas, o cuando ya las han vendido antes:

Te despiertas a las 5:30 de la mañana en un país que está dos horas antes que el tuyo en la organización meridional que Londres ganó. Es decir que son las 3:30 de la mañana en tu país de origen. Con todas las expectativas y la adrenalina, por alguna circunstancia, en un nivel alto sales de hostel en una fría mañana de otoño rumbo a la Bombonera. Te aseguras de tener monedas para la ida, y partes rumbo a la "peligrosa" Boca. Al llegar hay sólo siete personas antes que vos en la fila y hablan cordialmente sobre las historias pasadas. Sobre cómo se quedaron dormidos después de la celebración de un partido en Caminito, tirados en la calle y un gendarme los levantó a patadas por estar boquiabiertos, trasnochados y medio borrachos en un sitio turístico. Un sitio que no debe ser manchado, para que los hermanos sudacas y europeos sigan visitando el barrio. Hace esa fila, sin preguntar nada, para no mostrar que no eres de allí, pero con los oídos bien abiertos, atentos a cualquier información. Cuando ellos beben gaseosa en dos litros tú desayunas el emparedado del día anterior que paseo por todo Buenos Aires. Cuando llega alguien y pregunta por la fila y las boletas tú anotas todas las respuestas. Ante la inequívoca existencia de una única fila, tú sabes que no te has equivocado. Mientras atento registras todo, la gente se levanta de sus puestos, se endereza, busca un árbol retirado para orinar y vuelve, puedes ver como un informado que trae el periódico llega a transmitir su novísimo conocimiento a los demás. "Ayer abrieron a las diez de la mañana, y aquí dice que hoy abren la boletería a las doce del día" - "¿en serio?" - "aquí lo dice papa, si quieres mira". Como una patada en el estómago, te das cuenta que vas a pasar cinco horas de tu tiempo de vacaciones haciendo fila para ver a un equipo con el que simpatizas, pero que no es realmente tu equipo. Allí, decides irte. No sin antes hacer unas cuentas rápidas. Porque igual quieres ver el partido. Debes decidir si vuelves a la fila a las doce del día (cuando ya no hayan veinte personas sino ochenta o cien, o cuando ya no hayan boletas), o si pagas por el tour, que no sólo es 7 veces más caro, sino que también, ya te quedó mal una vez). Lo piensas, caminas, sales de la fila, vas a la taquilla, buscas un anuncio. Y decides marcharte.
Paso 2: El tour
Hay varios tours, que prestan el servicio. Realmente no se el nombre del que me llevó. Es probable que fuera el mismo que me recomendó Er. No lo sé. Sólo sé que la primera vez, todos dijeron no comprometerse, y el único que lo hizo quedó mal. En esa ocasión había problemas porque la barra brava (La doce) había peleado en el torneo local. Ahora era copa. El hostel aseguró que con la gente que trabajan siempre, y que por seriedad, no se habían comprometido la vez pasada, en esta ocasión sí lo hacían. Así que confié:

Puntualmente, te recoge una camioneta, con un conductor con alma de conductor de Papa Gayo, y una rubia muy entusiasta, que habla español, inglés e italiano con increíble fluidez. Una porteña, muy porteña. Subida, y creída como la mayoría de los porteños, pero cálida, amable y risueña. Se hacía querer. Ella, explica en los dos idiomas (inglés y español), y usando bromas en qué consistía el tour: Ir a un lugar, el cual no recuerdo el nombre que ella le daba, a comer Choripan con chimichurri. Un chorizo metido en un pan francés, nada del otro mundo. Pero rico, y mágico, al fin y al cabo. Y el chimichurri, no sabes por qué no preguntas la receta. Después, entrarían temprano al estadio y se acomodarían cerca unos de los otros en popular, pero en frente de La Doce. "Estás loco, si querés estar con ellos. Bueno salvo que les pagués 300 dólares, ahí hasta te cuidan y te miman". Ves el partido, se te pone la carne de gallina (pero no como los de River) y salen todos juntos para el hostel. Un carro con un Guatemalteco, unos españoles, una italiana, una londinense y unos amables gringos completan el tour.

Cuando entras a la Bombonera, todo es mágico. Los cánticos no se hacen esperar. La gente paciente, se anima y anima al equipo. El estadio medio vacío ya retumba. Todo es fiesta, todo es alegría. Hay tiempo para las fotos. Escuchas muchos acentos que balbucean, mientras se aprenden los pegajosos coros y se unen a la masa. También escuchas otros acentos más comunes, los argentinos en su constante argumento-discusión "pelean" por la falta de espacio, por el que llega temprano, por el que llega tarde, porque sí y porque no. En fin los equipos salen a la cancha, y entre silbatinas y alegres sensaciones el partido comienza y justo cinco minutos después La Doce entra. La gente no para de cantar antes de su llegada, pero ahora lo hace con más fuerza, con más organización, con más ánimo. Es un momento mágico. Cuando hace un gol Boca, y más cuando lo hace el rival, porque es entonces cuando el estadio empinado canta más duro y ensordece y ahorca al rival. La noche termina con un tres uno a favor y la euforia colectiva se ahoga en las calles felices y colmadas de hinchas que van a dormir a sus casas o a tomarse una cerveza.
Paso 3: Dormir
Uno puede celebrar, e irse a tomar una cerveza antes de este paso. De hecho es recomendable, para expresar la inmensa alegría de un sueño cumplido, pero si está muy cansado, por la extensa jornada (no incluida en estas instrucciones), dormir placenteramente con la barriga llena de mariposas felices (como si estuviera enamorad) y con la piel todavía erizada, con los cantos todavía en la cabeza, es cercano a lo que se siente parado en frente de una catarata.

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martes, 14 de abril de 2009

Instrucciones para viajar a Salento

Esta semana que acaba de pasar fue la ocasión para que algunos de nosotros, días más, días menos, pudiésemos disfrutar de unas merecidas vacaciones; en mi caso, algo inmerecidas por haber entrado a trabajar hace apenas mes y medio, pero qué le vamos a hacer: son cuestiones de la colectividad.

Esta vez, después de un exhaustivo proceso de selección de dos tintos de duración, el destino ganador fue Salento, un pueblo del departamento de Quindío, ubicado a poco menos de una hora de su capital, Armenia, reconocido por su naturaleza turística para quienes disfrutan del clima templado, las artesanías, la arquitectura colorida del Viejo Caldas, las zonas para acampar y las caminatas ecológicas. A continuación, algunos detalles para tener en cuenta para quienes decidan aventurarse a pasarla bueno por allá:

¿Dónde?

Si va a viajar a Salento y no tiene conocidos que le den posada, tiene las dos opciones convencionales: reservar una zona para acampar, la cual está ubicada en el Valle Del Cocora, a media hora de Salento; o alquilar, ya sea una cabaña completa o una habitación para dos o más personas, ya sea en el Parque o en Salento propiamente. En mi caso, se optó por alquilar una habitación, ya que sólo viajamos mi falena nocturna y yo, previa reservación telefónica tres días antes, consignando la mitad del valor total de las noches de estadía. Válgase la cuña, agradeciendo las atenciones que tuvieron con nosotros, les recomiendo el amañador hostal donde nos quedamos: Calle Real, atendidos por doña Ana Cristina, cuya hospitalidad nos dejó con muchas ganas de regresar.

¿Cuánto tiempo?

Salento es un destino que se escoge según varios criterios; uno de ellos, el tiempo del que se disponga para vacacionar. En mi caso, tenía los 3 ó 4 últimos días de la Semana Mayor (jueves a domingo). Ya sea que vaya en un auto particular o en un colectivo, la duración total del viaje desde Cali es de aproximadamente 4 horas, de manera que es preferible madrugar y arrancar tipo 6 a.m. para poder hacer el check-in temprano y aprovechar el resto del día, sin necesidad de haber pagado por una noche anterior.

Para regresar, se recomienda viajar la tarde o noche anterior al día límite de retorno, para evitar las congestiones vehiculares o los contratiempos. Desde luego, este es un consejo que se da cuando se va a viajar a cualquier destino, pero nunca está de sobra recordarlo.

¿Y qué tanto hace uno en Salento?

• Pasear por el pueblo: caminar por las mismas calles fijándose en distintos detalles, respirar aire puro, visitar la plaza principal (y única) y su iglesia, subir al mirador, ir a una de las procesiones y quedar oliendo a incienso, tomar muchas fotos y darse muchos besos en cada esquina a ver cuántos mini-puntos se pueden llegar a acumular. Las horas pasan despacio y cada célula del cuerpo te agradece por cada minuto de descanso y tranquilidad que le das. Claro, hasta que llega el espíritu de la noche y reclama las almas festivas y enamoradas.

• Comer trucha como loco: esta variedad de pez (aunque más bien es el mismo pez en distintas variedades) parece ser que es la base de la alimentación de quienes habitan este pueblo y, en consecuencia, de quienes lo visitan. Por supuesto, hay más opciones alimenticias, aunque inevitablemente terminarás comiendo trucha al menos un par de veces. Hay varios restaurantes en la plaza y en la calle principal, donde puedes encontrar otros platos (carnes, pastas, tapas, patacones, postres), un par de puestos de frutas para los más degenerados y, para no olvidar, el poderosísimo desayuno con 'calentao' de fríjoles para medírsele a la intensa jornada de descanso.

• Beber en buena compañía: este pueblo bien podría llamarse Salentown, porque es notable la cantidad de angloparlantes que lo visitan; no sé si es por esto o por el hecho de no poner música tropical por respeto a los días religiosos, que hasta en la cantina más autóctona del pueblo puede uno jugar billar y tomar cerveza al compás de la música andina, Carlos Gardel, Louis Amstrong o The Rolling Stones. Un sitio de visita obligatoria es el restaurante-bar Pasaje Real, con precios relativamente altos, pero de un ambiente agradable de contraste urbano-rural, que hace que valga la pena la inversión.

Bajar al Valle Del Cocora: estando tan cerca, las caminatas ecológicas son una excelente elección para ir a chupar frío en su estado más primigenio: cruzar ríos y neblinas. Se puede hacer el recorrido a pie o a caballo, cuya trayectoria es de unos 9 km aproximadamente hasta la Estrella De Agua. Eso sí, a pesar de haber un sendero delimitado, la altura y la inclinación hacen que sea una caminata de varias horas, así que es recomendable hacerla con relativo buen clima y desde temprano, ya que si no están acampando en el Parque o tienen carro, los jeeps que regresan al pueblo, sólo lo hacen hasta las 6 p.m. Obviamente, hay que ir bien abrigados, alimentados, hidratados y con la voluntad bien lustradita.

Antojarse y comprar chucherías: como ya mencioné, las artesanías son uno de los pilares económicos de Salento, ya sea para el hogar o para uso personal. Si usted es de los que suele acordarse de la mamá o de la suegra mientras la está pasando bien, pues este es el momento de comprarles algo bueno, bonito y a buen precio, incluso negociable.

¿Y con cuánto billete me defiendo?

Bueno, mi presupuesto individual para los 2 ½ días, levemente inflado, fue más o menos el siguiente:

$70K (estadía) + $10K (taxis) + $50K (buses y jeeps) + $70K (alimentación necesaria) + $30K (alimentación deliciosa e innecesaria) + $ 50K (licor) + $30K (chucherías) + 5% para imprevistos = $325,5K pesos colombianos.

Finalmente, aunque debo decir que la pasé de lujo, es posible que haya mejores épocas menos lluviosas y sacrosantas para ir; la verdad quedé antojado de volver en un parche más bien guerrero y de acampar. Así que ahí les dejo los datos y ojalá agenden este destino para una de sus próximas vacaciones breves.

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sábado, 11 de abril de 2009

Lecciones aprendidas

Hola. Hoy es mi último día de vacaciones y la verdad es que me duele bastante que lo sea. Me ha gustado muchísimo esta ciudad y todas las cosas que tiene para ofrecerme. Claro, la verdad es que ha sido muy cómoda porque está "vacía" a causa de la semana santa y eso la ha hecho más placentera para mí. Sin embargo, creo que tiene muchas de las cosas que me enamoran de una ciudad: Muchas de verdad, más de las que ya sabía cuando decidí venir para acá, a pesar de lo mucho que se incrementó el presupuesto del viaje en el último año.

Aparte (como dicen acá), cuando yo viajo, no sólo me gusta visitar los sitios típicamente turísticos y comportarme con un típico turista. Me gusta, vivir un poco (dentro de lo que puedo, puesto que jamás será igual) como un habitante de la ciudad. Esto es, comer corrientazos, viajar en el transporte público, entrar a las bibliotecas, bancos, oficinas, habitar los parques, si es posible jugarme un partidito de fútbol con los locales, en fin, ustedes me entienden. Pues bien, teniendo esto como punto de partida, les cuento que hoy estuve visitando a unas amigas que viven en la ciudad y una de ellas, me contó sobre la tesis de su maestría. Algo bellísimo, fenómeno. Es acerca de unas personas que se han encargado de recuperar el patrimonio cultural de su ciudad sin ninguna clase de pago, tan sólo por la satisfacción de saber que lograron defender aquello que es suyo. Esa, es la simple lección aprendida:

Para dar un sólo ejemplo de los que me contó mi amiga, está el caso de un arquitecto que decidió emprender él solo la lucha porque en su barrio no se construyeran edificios, puesto que éstos atentaban contra el diseño de todas las edificaciones del barrio, que tenían, no sé cuántos años de estar ahí construidos, generando un patrimonio histórico invaluable. Con sus conocimientos, creó un mapa de la ciudad mostrando las zonas que deberían estar protegidas por la ley encargada y desarrolló toda una propuesta que fue llevada como proyecto de ley para redistribuir las zonas protegidas por la ley. Él solo. Insisto en esto, pues muchas veces somos derrotistas para defender nuestras causas cuando no encontramos un respaldo. Creemos que solos no podemos hacer nada. Y por el otro lado, no tomamos posiciones antes nuestra ciudad para defender aquello que consideramos nuestro. Es más, muchas veces no lo consideramos nuestro. Sino de otro. Del político? Del rico? No sé, de otro? Por qué no nuestro? No lo sé, pero acá si lo consideran de ellos. Y cómo lo hacen saber a todo aquel que se les cruza!!

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martes, 7 de abril de 2009

¿Cómo se entra a la Bombonera?

De nuevo es otro día acá, pero en Colombia aún es Martes de Instrucciones y Pasos.

El domingo pasado, íbamos a ir a ver jugar a Boca a la Bombonera. Boca siempre juega los domingos, así que cuando llegamos y nos dijeron eso nos pareció fenómeno (como dicen acá) porque ese día íbamos a estar en Buenos Aires. Compramos un tour que incluía el transporte al estadio, las boletas en popular y un choripan. El tour costaba 190 pesos argentinos, que son más o menos 143.000 pesos colombianos. Una salvajada de plata, pero como no se sabe cuándo más íbamos a tener la oportunidad, decidimos pagarlos y apretarnos en otros gastos. El día del partido, cuando llegamos corriendo a toda de San Telmo para que no nos dejara el transporte, nos dimos cuenta que habían cancelado, y no se les había ocurrido llamar al hostel a avisar (y bueno, es que de servicio al cliente no es que sepan mucho los argentinos, a decir verdad). Algo confundidos, e indignados, decidimos ir por nuestra cuenta a La Boca, para ver el partido. Eso sí, a pesar de las muchísimas recomendaciones y advertencias que nos hacían sobre lo peligroso del barrio.

Paso 1: Tome el bus.
Muchos buses en Bueno Aires van a la Boca, averigüe cuál pasa por donde usted está y tómelo. Al llegar verá la bombonera fácilmente y además se dará cuenta que debe bajarse porque medio bus llevará la camiseta de Boca e irá a ver el partido.

Paso 2: Consiguiendo Boletas.
Ya estás mal pibe. Se consiguen en la semana. Si vas el domingo y no tienes carné del club estás muerto, ché. Guarda tus cosas personales, no dejes ver la guita, no seas despistado. Cuidado. Qué te roban te digo.

Paso 3: Buscando la reventa.
Dado que no teníamos boleta, y que pasamos "muertos" por el paso 2, decidimos preguntar con cautela y prudencia a uno que cuidaba los carros. Él nos indicó el camino a la boletería, pero al llegar nos dijeron que ya no había (claro, hago un resumen del paso 2), así que salimos a buscar el "compro boleta que sobre" al cual estamos acostumbrados en Colombia, y nada. Nadie revendiendo boletas. La gente seguía llegando, y mostrando o su boleta o su carné de socio. Y nosotros con los 10 sentidos alertas, para evitar cualquier situación desagradable (debo decir que me pareció un poco exagerado. Es decir, no me pareció TAN peligroso, sólo estar alerta, es todo. Igual había mucha policía cerca). Mientras esperábamos llegaron las barras bravas, caminando como un sólo ser agresivo y demandante de sangre. Una cosa fuerte. Entraron todos mostrando su carné, y siguieron muy seguros de ser los dueños del juego.

Paso 4: Encontrando la reventa.
Como en todo lado, los vendedores ambulantes tienen la información. Nos dedicamos a observar a uno que en especial se movía bastante y hablaba en susurros con la gente. Vendía collares y pulseras. Nos dirigimos a él, y nos dijo que esperáramos (notó con facilidad que no estábamos interesados en su mercancía). Fue a enviar a una gente de un lugar, en el cual se encontraban, hacia otro al sol, de fácil identificación, y regresó. En medio de susurros y moviendo los collares nos dijo que nos podía hacer entrar por 150 pesos (a los dos). Que sólo teníamos que pararnos, donde había llevado a los otras personas y que luego arreglábamos con el tipo de la remera (camiseta) amarilla. Un tipo que rayaba los cuarenta con una energía enorme. De ojos verdes, barba de tres días, gafas de sol en la cabeza y la camiseta oficial del Boca, amarilla brillante, que alguna vez tuvieron. El tipo, caminaba de un lado a otro juntando la gente en pequeños grupos. Le pasaban plata y los movía a un grupo donde estaban los pagos. Yo fui a separar la plata (porque tenía lo que me habían devuelto del tour, o sea 380 pesos) y ahora me iba a salir en 150 y en reventa.

Paso 5: Concretando la reventa
Cuando el tipo se acercó a unos hinchas que estaban al lado de nosotros, para concretar el negocio, nos dimos cuenta que les cobró 150 pesos a cada uno y que no les entregó nada. ¿Dónde estaba la boleta? (la cual podría ser falsa, pero la boleta). Nada. No les entregó nada. Sólo los movió unos pasos hacia donde estaban otros que ya habían pagado (pienso que como eran más de treinta personas simplemente, me debí colar ahí y no lo hubieran notado, pero bah, con esta cara de turistas...). En fin, esto se nos hizo muy sospechoso, y acostumbrados a malpensar, optamos por desertar y movernos hacia algún lado donde pudiéramos ver la conclusión de la operación.

Paso 6: Viendo la entrada.
Una vez nos el tipo acomodó a las casi cuarenta personas pagas (todas según el marrano o su capacidad de negociación), otro que estaba adelante con un radio, les entregó a cada uno un carné de socio. Upa. Jodida la cosa. Cómo hacen para tener tantos carnés de socio? En tan poco tiempo? Son falsos? Los devuelven luego de entrar? Qué se yo. El caso es que les dieron carnés, no boletas. Y por supuesto, entraron.

Paso 7: Cambiando de planes.
Por supuesto, muy aburridos, por no haber entrado, decidimos caminar hasta Caminito. Preguntando a un policía cómo llegar, nos indicó. No sin antes advertirnos de nuevo que camináramos por la acera derecha, porque por la izquierda robaban. A mí la verdad, me parecieron absolutamente iguales. Y si, vi gente no tan agradable, pero con la paranoia que tengo incorporada, jamás me sentí más inseguro de lo que me siento al caminar las dos cuadras que tengo que caminar para tomar el bus al salir de mi trabajo cualquier día a las seis de la tarde. En fin, el día cerró bien. Conocí al primo de Riquelme en Caminito, me tomé una foto con él, y me contó que el jueves jugaba Boca por Copa Libertadores. Me explicó cómo comprar las boletas por tan sólo 30 pesos, que es su valor en taquilla, y me dijo que si no las conseguía, él me las podía conseguir revendidas, por tal vez 80 o 100 pesos. Todo más barato que los 190 iniciales. Vermos qué pasa el jueves y les cuento. Un abrazo.

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sábado, 4 de abril de 2009

¿Dónde carajo están las monedas?

Muy bien, hoy llegué a Buenos Aires (acá ya es domingo, pero dado que falta media hora para que lo sea en Colombia, todavía es válida esta columna un sábado), de Iguazú a eso de las 7.30 pm, hora local. Eso es unas dos horas más que en Colombia, en esta época del año. Dado que no llevábamos más que un morral y estábamos cansados de pagar transfers, es un pueblo como Iguazú, donde las opciones de transporte no son tan variadas como en Buenos Aires, decidimos estrenarnos en el micro.

Un par de averiguaciones bastaron, para llegar a la casa, pero decidimos dar unas vueltas antes por la costanera (costa del Río de la Plata, en frente del aeropuerto) antes de tomar el micro (bus). El clima delicioso, nos llevó hasta un parque donde niños y padres jugaban y los pescadores pasaban el tiempo (no nos queda claro si en ese tiempo lograban algo de pesca).

Antes de subir al micro, yo desconfiado, por todas las cosas que nos pasan cuando viajamos, por la hora, por cargar un portátil en mi espalda, pregunto una vez más a un trabajador del aeropuerto que también esperaba el micro. Él me confirma que el micro pasa por Av Corrientes con Maipú, y que de ahí hay sólo tres cuadras a la Av 9 de Julio, la cual le di como referencia. Una satisfacción enorme atraviesa mi mente, puesto que yo no iba para la 9 de Julio, sino para precisamente Maipú. Excelente, el micro pasa por la puerta de mi hostel. Qué maravilla pensé, y me alejé, asintiendo a su recomendación de que debía tener monedas para pagar.

Cinco minutos después pasó el micro, y subimos. Un peso con veinticinco centavos. Vaya, sólo tengo dos pesos con veinticinco en monedas. La desesperación se apodera de mí. Dónde voy a conseguir monedas ahora? Y el micro no acepta billetes. El mismo trabajador de la recomendación, sin juzgarme por no haberle hecho caso, nos salva cambiándome un billete de dos pesos por monedas. Al fin puedo pagar y sentarme tranquilo. Bueno, no tan rápido; primero hay que decirle al chofer para dónde vamos, para que él active la máquina y las monedas dejen de seguir derecho. Todo bien, el recorrido tardó como veinte minutos, y estábamos en "casa". Claro, ahora no teníamos monedas y al otro día era domingo. Les digo cómo se consiguen? Pues bien, se compran chucherías que obliguen a la gente a devolverte monedas, o pases del subte, o se va a un banco y se cambian máximo cinco pesos. En decir, el pobre bonaerense está jodido. Cómo hace para movilizarse en sus micros sin monedas? Es bastante frustrante. Hasta he oído que existe un mercado negro de monedas que venden a mayor costo. Terrible. Espero que lo que dijo el chico del hostel sea cierto, y en un mes tengan tarjetas con las que puedan pagar sus buses. Para eso, yo ya estaré en Cali montando en el mío y pagando con tarjetas, o pagando los mil quinientos pesos colombianos que vale el pasaje de bus. Y que si el chofer no tiene cambio (lo cual casi nunca pasa) siempre te lo puede dar después o regalarte la montada.

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martes, 31 de marzo de 2009

¿Cómo se empaca una maleta?

Poner aquíEran las 10.15 pm. Después de una agitada jornada, Walter llega a su casa y se recuesta en la cama. Con un suspiro, toma aliento y se dirige al armario. Encuentra una maleta llena de polvo, en la que todavía hay unas medias viejas del viaje anterior. Vuelve a suspirar y se sienta de nuevo en su cama. ¿Cómo es posible que faltando tan sólo 8 horas para su viaje no tenga la maleta lista? Tenía planeado el viaje con tanta anticipación, había planeado todos los detalles, pero la maleta. No, la maleta era algo que siempre dejaba para el final. Cuando estaba niño armaba su maleta del colegio justo media hora antes de salir de la casa para el colegio y no por la noche como las sanas costumbres de su casa indicaban.

Esa noche en particular la poderosa fuerte de la pereza estaba encima de él y le impedía ejercer cualquier movimiento que permitiera armar su maleta. Walter, aún así, con ansiosos deseos de conocer el mar, sabía que no podía viajar sin su maleta. Su condición económica y el tiempo disponible para disfrutar no le permitirían comprar y desechar cada cosa que necesitara en el viaje (como lo hacían en las películas que tanto lo entretenían).

Comenzó con la pantaloneta de baño y las chanclas para la playa. Siguió con las gafas, pero en el camino se encontró que las tenía en el carro. Sabía que tenía que empacarlas pues si no se le iban a quedar. Así que fue al carro, y en ese momento se acordó del bloqueador solar que estaba en el cuarto de su hermana. Cuando entró vio un flotador que le encantaba. Le podría ocupar más espacio, pero valía la pena. Así que lo tomó con el bloqueador y volvió a la maleta. Sacó los interiores que iba a usar para cada día, pero le faltaban. Pensó que podrían estarse secando, así que fue al patio, pero en el camino recordó que no había recogido las gafas. Entonces salió a buscarlas al carro. Un vecino lo saludó y le puso conversa, en la cual le reclamaba un alicate que le había prestado hace un mes, y por causas que aún no entendía, siempre olvidaba devolverlo. Así que entró a buscarlo, pero en el camino sonó el teléfono. Era su abuela que quería despedirse de él. Habló con un profundo amor con ella, mientras le recordaba que debía llevarle unos quesos a la tía que vive en la costa (lo cual era algo ridículo, pero era mejor no discutir con la abuela). Fue a revisar si tenía los quesos en la nevera, y se encontró con la toalla preferida. La que se usa en la playa. La tomó y la llevó a la maleta. Entonces comenzó a doblar las camisas cuando el timbre sonó. Caramba, había olvidado al vecino y ni siquiera había buscado el alicate. Salió a disculparse con él y retornó a la caja de herramientas a buscarlo. No estaba ahí. Eso era grave, la cara se le estaba cayendo de la vergüenza. Llamó, a hermano, para saber si él lo había cogido. Al teléfono, le dijo que no olvidara enviar un correo electrónico con unos documentos a un amigo suyo antes de irse, y que el alicate estaba en el carro. Prefirió no enviar el correo de una por pena con el vecino y fue a buscar el alicate al carro. Lo encontró, pero olvidó recoger las gafas. Al devolverlo miró la hora y se dio cuenta que eran las 11.30 pm, y que estaba agotadísimo. Llevaba levantándose durante un mes a las 5 am y acostándose a las 12 am. Sabía que si no dormía lo suficiente, podría quedarse dormido y perder el vuelo que lo llevaría a descansar de tan duro trabajo. Fue entonces a terminar la maleta, hecho casi una piltrafa, y se dio cuenta que en tal desorden, ésta no cerraba, así que con esmero acomodó las cosas, como lo haría una persona normal. Una que no odiara hacer maletas y la dejó lista. A las 12.30 am se acostó cansadísimo.

A las tres de la mañana se despertó y fue al carro a recoger las gafas. Luego durmió tranquilo y viajó para disfrutar de unas maravillosas vacaciones. Las vacaciones del trabajo de armar una maleta.

Nota: La foto de http://www.flickr.com/photos/srgblog/

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sábado, 28 de marzo de 2009

¿Qué habla la gente en New York?

Yo considero que hablo bien inglés, al fin y al cabo me veo las series de tv y las películas sin subtitulos, pero cuando me encontré en la mitad del metro de NewYork, tratando de entender el inglés que hablaba el del al lado, me sentí completamente perdido.

Y es que me pudo más la curiosidad, el chisme, el maldito chisme que mató al gato. Intenté ponerles mucho cuidado, al punto de ser evidente que les estaba viendo, pero ni aún así pude entender nada de lo que decían. Aburrido, cambié de pareja, mire a otra, de la cual estoy seguro que no compartían ni raza, ni credo, ni estrato, pero me llevé la terrible sorpresa que tampoco entendía ni una sola palabra de lo que decían. Repetí el mismo ciclo, cambiando rápidamente y a un extremo otra vez, y otra vez. La cuarta pareja de parlantes, eran hispanoparlantes.

Solo hasta ese momento fue que me dí cuenta, que de las 3 parejas anteriores, elegidas completamente al azar, ninguna estaba hablando inglés, una era rumana (o algo así), la otra era china, los terceros eran de alguna parte del medio oriente, ninguno tenía ni sentía la necesidad de hablar en inglés, en la ciudad más importante de estados unidos.

Mayor fue mi sorpresa, cuando descubrí con gusto, que hay ciudades completas en las que no se habla inglés, bien porque no se sabe, o simplemente porque no se necesita, estuve en Elizabeth, NewJersey, donde todos son hispanos, y el que solo habla inglés está perdido. Eso sí, no compren empanadas ahí, puesto que además de caras, son horribles, existen mejores lugares para comerse una empanada valluna.

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martes, 27 de enero de 2009

¿Y cómo se va a San Cipriano?

Bueno, no puedo decir que esto me pasa desde que comencé a trabajar de nuevo, porque la verdad no he parado de trabajar desde, umm..., julio de 2007 que salí a vacaciones por última vez? Pero sí es cierto que por momentos se aumentan los picos de trabajo y ahí es cuando falta un poco mi presencia en este blog. El artículo de hoy, es precisamente para los que quieren descansar de sus trabajos.

San Cipriano es una comunidad a dos horas y media de Cali, en el municipio de Buenaventura (bueno tengo mis dudas de si pertenece a Buenaventura o a Dagua, pero por la proximidad me aventuro aseverar que se encuentra en la primera). En él hay un río precioso, cristalino, y delicioso y para llegar a él hay que montarse en una bruja. Ok, hasta ahí. Lo demás que viene es sólo mi muy humilde punto de vista de un lugar al cual no entiendo por qué no había ido antes. Es un poco el paraíso en la tierra. Y lo de humilde lo digo porque otras personas ya han registrado la preciosidad del lugar. Sólo miren:

Según Santiago (y la versión que más me gusta); según Vera Carvajal; según Orion137; según ewakulak; según cali.vive.in; según Galería Colombia; según Gustavo Guerrero; y según yo:

A San Cipriano se puede ir y volver, o ir quedarse y volver. O claro, ir y no volver, pero esto ya es otra cosa. En mi caso hablaré de la primera forma. Ir y volver. A veces incluso mi tiempo de ocio es programado. Lo cual suele ser una burla para algunos de mis amigos, pues por definición, el ocio no debería ser programado. Pero esa discusión será para un sábado.

Para ir y volver a San Cipriano usted puede conseguir un vehículo y llenarlo de gente para que pueda distribuir los costos de gasolina y peajes o puede pagar un pasaje de bus. La recomendación es la primera, por comodidad, intimidad y costo. Igual, en cualquier caso, hasta aquí usted no habrá excedido los 10 mil pesos de su presupuesto.

Procure salir temprano de su casa (tipo 7 am) para que pueda disfrutar la mayor cantidad de horas en el río, pero sobre todo para que al llegar al río no le toquen los peores neumáticos. O algún estafador como Yordy que le alquile un neumático que se desinfle en los primeros cien metros de río por el precio de uno que tiene el doble de tamaño.

Usted puede llegar a San Cipriano por Córdoba, después de pasar el quinto y último túnel que hay en la carretera Cali-Buenaventura en cuyo caso se encontrará con un grupo de jóvenes de la zona que lo esperarán con un efusivo saludo: "busca parqueo", "yo lo llevo", "yo le indico", "venga conmigo", en fin, la guerra del centavo. Cual gallinazos lo atacarán. Usted siga derecho, que igual en el pueblo hay más. Eso sí, tranquilidad, puesto que ellos correrán a su lado en incluso se colgarán del carro. Simplemente tranquilidad. Hágale caso al que mejor le caiga, o al que quede vivo, después de la rapiña y parquee donde le digan. Igual, también puede llegar por una entrada que se encuentra después de pasar el segundo túnel en donde no será perseguido por los jóvenes para parquear el carro, pues tendrá que dejarlo a la orilla de la carretera. En el primer caso usted tomará una brujita para devolverse a San Cipriano que pasará por unos puentes y en el segundo caso usted tomará una brujita que irá hasta San Cipriano que pasará por unos túneles.

¿Y qué es la famosa brujita? Pues bien, como se veía en los artículos referenciados, no se trata de una señora ni vieja (ni joven como la describen ahora las nuevas historias infantiles londinenses) con poderes mágicos, sino de un medio de transporte usado por los lugareños. Un tablón con unas ruedas metálicas acuñadas para deslizarse por la vías férreas en las que otrora iría la mercancía hacia el puerto de Buenaventura. El tablón era impulsado hace algunos años por la fuerza de los lugareños usando un palo y así mismo era frenado por la fricción de este, y en algunas ocasiones no era frenado. Conozco casos de personas que perdieron a seres queridos por la colisión de estas brujitas. Hoy en día las brujitas tienen además una moto que las impulsa y las frena, además de alumbrar el camino con su bombilla. Una maravilla. Claro, pierde un poco la magia, pero se ahorra tiempo, se gana seguridad y se pierde un poco la dominación implícita que se ejercía entre el turista y el pobre joven-esclavo que impulsaba la bruja. Debo decir que la experiencia fue muy agradable. Se paga adelantado el viaje ida y vuelta (creo, si mi memoria no me falla que son 8 mil pesos). Si quiere también puede comprar una botella de arrechón en el camino o al llegar al pueblo.

Al llegar a San Cipriano, el ambiente se vuelve mágico. Hay una cancha de fútbol de tierra en el pueblo que de día recibe a los turistas del río y de noche los recibe con fuertes descargas salseras. El lugar se encuentra en una reserva natural cuidada por la CVC, llena de tarros de basura, pulcritud y calor. La recomendación es voltear a la derecha después de la cancha de fútbol y buscar a doña Sinfo. Qué mujer tan amable. Con ella podrán dejar las cosas, cambiarse y dejar cuadrado el almuerzo. Que además cocina delicioso. Posteriormente podrán ir a negociar el neumático. Que claro no es obligatorio, pero si se quiere bajar por todos los charcos, es altamente recomendable. Lo que no es recomendable es alquilarle el neumático a Yordy (como consumidor, mi venganza es hablar mal de quien me presta un mal servicio). El almuerzo podrá costarles entre 7 mil y 10 mil pesos mientras que el flotador alcanzará su valor máximo en 10 mil pesos, pero lo normal es que uno decente les cueste 4 mil pesos (también aumenta su valor con la demanda).

Una vez tenga su neumático flotador (el cual recomiendo compartir con alguien, claro esto depende de su ego-ísmo) la recomendación es caminar hasta el último charco para que pueda disfrutar el recorrido completo. Esto le tomará aproximadamente media hora. Pero si la flojera le puede, tírese donde le venga en gana (todos los charcos son buenos). Como estará todo el tiempo en el río sólo lleve una maleta que pueda mojar en la que pueda llevar agua, para el cansancio y tal vez algo de comer como maní o galletas. El resto una pantaloneta una camiseta y zapatos para caminar en las piedras. Para las mujeres se pueden ir desnudas. Es broma, igual que los hombres, pues es para protegerse del sol y de las posibles alergias que puedan tener a los componentes de los neumáticos. Claro pueden llevar su vestido de baño abajo como es lo normal que se haga.

Después de esto sólo basta dejarse llevar por la corriente y disfrutar de los rápidos. En cada charco aproveche para hacer inmersiones que en ocasiones pueden llegar a los doce metros de profundidad. Lo cual también le permitirá clavar desde los bordes del río. Disfrutar, es la consigna. También puede cerrar los ojos y dejarse llevar en los tramos lentos en una paz única que los cantos de los pájaros y la viveza de la selva le otorgarán. Con los ojos abiertos también podrá observar el firmamento, las hojas bailarinas de los árboles, incluso el juguetear del agua. Todos sus sentidos serán testigos de esta mezcla de placeres que por aproximadamente cuatro horas (si quiere más) usted gozará. Sólo déjese llevar y permita que la lluvia que visita con frecuencia el río, sea con usted y él uno solo. Nade, ríase, cáigase, goce. Al llegar, con hambre, doña Sinfo lo esperará con un suculento pescado frito. Que lo dejará listo para volver en paz a la selva de concreto. Eso si, si quiere se queda a la rumba y en una casa o en una carpa prepárese para un día siguiente libre en el que pueda registrar (si quiere) fotográficamente todos esos momentos que la primera vez no pudo. Igual siempre se quedará corto para lo que realmente disfrutó. Y claro, al pagar el parqueadero, que son 3 mil peso, la bolsita de cinco chontaduro a mil pesos, que en Cali valdría 5 mil pesos, y cualquier otra pendejada usted sólo habrá gastado máximo 40 mil pesos por estar un día en el paraíso.

A propósito: ¡Hoy cumplo años! lo cual siempre me hace muy feliz. Debe ser porque los vivo plenamente. Feliz cumpleaños a mí :)

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