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martes, 12 de mayo de 2009

Instrucciones para bostezar

SatiDe la wikipedia: "Un bostezo es la acción incontrolada de abrir la boca, con separación muy amplia de las mandíbulas, para realizar una inspiración profunda a la que sigue una espiración de algo menos de lo inhalado, con cierre final. Cuando se bosteza, además, se estiran los músculos faciales, se inclina la cabeza hacia atrás, se cierran o entornan los ojos, se lagrimea, se saliva, se abren las trompas de Eustaquio del oído medio y se realizan muchas otras, aunque imprecisas, acciones cardiovasculares, neuromusculares y respiratorias.

Es una acción común entre los animales vertebrados. Los mamíferos y la mayoría del resto de animales dotados de columna vertebral bostezan, incluyendo peces, serpientes, tortugas, cocodrilos y aves.

De la mayoría de los mamíferos, son los machos los que más bostezan; sólo en la especie humana ambos sexos bostezan con igual frecuencia."

Teniendo presente esto, ahora míreme. Mire cómo desencajo la mandíbula hasta el punto de permitir ingresar en ella un mango mariquiteño completo, si quisiera. Mire cómo mientras los labios tensos y estirados hasta el límite comienzan a romperse; la cara se desfigura y los ojos entrecerrados comienzan a dejar escapar un líquido que los humanos llamamos lágrimas. Mire como mientras se ejecuta la acción los músculos que rodean la garganta se estiran formando un liso tobogán que oculta la verdad de la piel. Mire como por ese tobogán se marca un camino salado que inicia en los ojos, serpentea la nariz y rodea los labios sin ingresar a esa cueva oscura que deja salir una especie de vaho somnoliento. Mire que mientras la lengua enroscada, y friolenta busca un refugio mejor que la cueva que ahora permite el ingreso de una corriente de aire abusiva e entrometida, los dientes tensos dejan una mueca graciosa que se fija en su rostro. Mire como las fosas nasales tiemblan al punto de querer estallar; todo por competir con la boca por ser cuevas mejor provistas para el ingreso y salida de aire. Mire como se aparentan o se estiran los dedos de las manos en un intento triste e inútil de detener aquella acción incontrolada que se apodera, ya no solo de la boca, la cueva, la cara, los ojos, la nariz, las fosas, el cuello, el tobogán; sino de todo el cuerpo. Mire como ese bostezo me derrota, y ahora intente no bostezar.

Feliz sueño. Yo, derrotado por aquella acción más fuerte que mi voluntad intentaré con un onírico susurro callar ese grito mudo que no me deja dormir y cerrar la boca hasta el día de mañana, en el que otro grito mudo y arrullador deba ser combatido con una taza de café.

Imagen tomada de la galería de flopisubmarina aprovechando su licencia

PD: Feliz Bostezaños Fer


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martes, 14 de abril de 2009

Instrucciones para viajar a Salento

Esta semana que acaba de pasar fue la ocasión para que algunos de nosotros, días más, días menos, pudiésemos disfrutar de unas merecidas vacaciones; en mi caso, algo inmerecidas por haber entrado a trabajar hace apenas mes y medio, pero qué le vamos a hacer: son cuestiones de la colectividad.

Esta vez, después de un exhaustivo proceso de selección de dos tintos de duración, el destino ganador fue Salento, un pueblo del departamento de Quindío, ubicado a poco menos de una hora de su capital, Armenia, reconocido por su naturaleza turística para quienes disfrutan del clima templado, las artesanías, la arquitectura colorida del Viejo Caldas, las zonas para acampar y las caminatas ecológicas. A continuación, algunos detalles para tener en cuenta para quienes decidan aventurarse a pasarla bueno por allá:

¿Dónde?

Si va a viajar a Salento y no tiene conocidos que le den posada, tiene las dos opciones convencionales: reservar una zona para acampar, la cual está ubicada en el Valle Del Cocora, a media hora de Salento; o alquilar, ya sea una cabaña completa o una habitación para dos o más personas, ya sea en el Parque o en Salento propiamente. En mi caso, se optó por alquilar una habitación, ya que sólo viajamos mi falena nocturna y yo, previa reservación telefónica tres días antes, consignando la mitad del valor total de las noches de estadía. Válgase la cuña, agradeciendo las atenciones que tuvieron con nosotros, les recomiendo el amañador hostal donde nos quedamos: Calle Real, atendidos por doña Ana Cristina, cuya hospitalidad nos dejó con muchas ganas de regresar.

¿Cuánto tiempo?

Salento es un destino que se escoge según varios criterios; uno de ellos, el tiempo del que se disponga para vacacionar. En mi caso, tenía los 3 ó 4 últimos días de la Semana Mayor (jueves a domingo). Ya sea que vaya en un auto particular o en un colectivo, la duración total del viaje desde Cali es de aproximadamente 4 horas, de manera que es preferible madrugar y arrancar tipo 6 a.m. para poder hacer el check-in temprano y aprovechar el resto del día, sin necesidad de haber pagado por una noche anterior.

Para regresar, se recomienda viajar la tarde o noche anterior al día límite de retorno, para evitar las congestiones vehiculares o los contratiempos. Desde luego, este es un consejo que se da cuando se va a viajar a cualquier destino, pero nunca está de sobra recordarlo.

¿Y qué tanto hace uno en Salento?

• Pasear por el pueblo: caminar por las mismas calles fijándose en distintos detalles, respirar aire puro, visitar la plaza principal (y única) y su iglesia, subir al mirador, ir a una de las procesiones y quedar oliendo a incienso, tomar muchas fotos y darse muchos besos en cada esquina a ver cuántos mini-puntos se pueden llegar a acumular. Las horas pasan despacio y cada célula del cuerpo te agradece por cada minuto de descanso y tranquilidad que le das. Claro, hasta que llega el espíritu de la noche y reclama las almas festivas y enamoradas.

• Comer trucha como loco: esta variedad de pez (aunque más bien es el mismo pez en distintas variedades) parece ser que es la base de la alimentación de quienes habitan este pueblo y, en consecuencia, de quienes lo visitan. Por supuesto, hay más opciones alimenticias, aunque inevitablemente terminarás comiendo trucha al menos un par de veces. Hay varios restaurantes en la plaza y en la calle principal, donde puedes encontrar otros platos (carnes, pastas, tapas, patacones, postres), un par de puestos de frutas para los más degenerados y, para no olvidar, el poderosísimo desayuno con 'calentao' de fríjoles para medírsele a la intensa jornada de descanso.

• Beber en buena compañía: este pueblo bien podría llamarse Salentown, porque es notable la cantidad de angloparlantes que lo visitan; no sé si es por esto o por el hecho de no poner música tropical por respeto a los días religiosos, que hasta en la cantina más autóctona del pueblo puede uno jugar billar y tomar cerveza al compás de la música andina, Carlos Gardel, Louis Amstrong o The Rolling Stones. Un sitio de visita obligatoria es el restaurante-bar Pasaje Real, con precios relativamente altos, pero de un ambiente agradable de contraste urbano-rural, que hace que valga la pena la inversión.

Bajar al Valle Del Cocora: estando tan cerca, las caminatas ecológicas son una excelente elección para ir a chupar frío en su estado más primigenio: cruzar ríos y neblinas. Se puede hacer el recorrido a pie o a caballo, cuya trayectoria es de unos 9 km aproximadamente hasta la Estrella De Agua. Eso sí, a pesar de haber un sendero delimitado, la altura y la inclinación hacen que sea una caminata de varias horas, así que es recomendable hacerla con relativo buen clima y desde temprano, ya que si no están acampando en el Parque o tienen carro, los jeeps que regresan al pueblo, sólo lo hacen hasta las 6 p.m. Obviamente, hay que ir bien abrigados, alimentados, hidratados y con la voluntad bien lustradita.

Antojarse y comprar chucherías: como ya mencioné, las artesanías son uno de los pilares económicos de Salento, ya sea para el hogar o para uso personal. Si usted es de los que suele acordarse de la mamá o de la suegra mientras la está pasando bien, pues este es el momento de comprarles algo bueno, bonito y a buen precio, incluso negociable.

¿Y con cuánto billete me defiendo?

Bueno, mi presupuesto individual para los 2 ½ días, levemente inflado, fue más o menos el siguiente:

$70K (estadía) + $10K (taxis) + $50K (buses y jeeps) + $70K (alimentación necesaria) + $30K (alimentación deliciosa e innecesaria) + $ 50K (licor) + $30K (chucherías) + 5% para imprevistos = $325,5K pesos colombianos.

Finalmente, aunque debo decir que la pasé de lujo, es posible que haya mejores épocas menos lluviosas y sacrosantas para ir; la verdad quedé antojado de volver en un parche más bien guerrero y de acampar. Así que ahí les dejo los datos y ojalá agenden este destino para una de sus próximas vacaciones breves.

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sábado, 26 de abril de 2008

Cuadro vivo

Estoy cansado. Son las 5:21 pm y no quiero mover un dedo más. Estoy levantado desde las 6:00 am, y siento que ha sido en vano el día de trabajo. No es cierto. Sólo estoy cansado y quiero parar. Con algo de desespero, veo que todavía me falta mucho. Entonces giro la cabeza porque el susurro de las hojas voladoras me llama la atención. Y helo ahí: Un cuadro vivo.

El marco de la ventana delinea perfectamente un cuadro típico. Uno que yo quisiera tener en la pared de mi cuarto. Hay un Saman que impávido observa la gente. En su base circular los anturios blancos crecen asomándose a recibir a cada incauto que se quiera sentar con ellos. Toda la zona está perfectamente enmarcada por la simetría de una fría construcción naranja (por los ladrillos) que se abre en cuadros negros perfectamente alineados. Allí, en el espacio que deja el Samán mudo, que de vez en cuando llora unas hojas, hay unas sillas cubiertas con sombrillas azules y verdes. Y adornando el cuadro, pequeños, y aparentemente, inocentes humanos deambulan por el lugar. Algunos con papeles, algunos con comida.

El cuadro, lo completa un hermoso cielo gris, que grita de vez en cuando, dejando ver las gritas de dolor de un color incandescente. Y entre las hojas del Samán, caen con mayor velocidad gotas de agua que el cielo adolorido deja escurrir por entre sus ojos. Incluso, si me acerco más al cuadro de la venta siento como si el cuadro de verdad estuviera vivo, como si no fuera una pintura.

Todo parece más real cuando veo que son ya las 5:30 y las luces parpadean. Un relámpago aislado se deja venir y el amarillo intenso de las lámparas intermitentes compite con él por zurcar las gotas de agua y las hojas danzantes. Finalmente, el relámpago, es más fuerte y un corto apaga la vida de las luces artificiales. Unas cuantas réplicas del relámpago, expresan el gozo de la victoria. Giro otra vez y veo que la gente pasa a mi alrededor con cosas por hacer. Con algo de culpa y algo de vergüenza, regreso a mis labores y dejo de contemplar el cuadro. A cambio, imagino que éste es capaz de producir sonidos (como si los cuadros pudieran) y me arrullo con la música de las gotas, las hojas que vuelan, los relámpagos triunfantes, la nevera del fondo, que hace las veces de chicharra y me concentro en los números que antes lograron agotarme.

A veces hace falta ver más cuadros vivos por más de 30 minutos para llenarse de vitalidad y volver a la vida productiva.

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