El 2 de febrero pasado se celebró, como todos los años, el Día de la Marmota en diferentes ciudades de Norteamérica. Para quien no lo sepa (y si aún no se ha visto Groundhog Day [1993], réstese también 50 mini-puntos de poder) este día se celebra la retirada o no del invierno, dependiendo de la actitud que tome la marmota según el clima que haya ese día. Por lo visto, los gringos llevan más de un siglo confiando en esta tradición, sin dejar que el bajo porcentaje de acierto en los pronósticos (30% - 40%) los desmotive. De hecho, en Wikipedia encontré un poema escocés muy bacano, que es toda una oda a la ambigüedad (y aquí en el Manual, valoramos ese tipo de detalles coquetos):
(Mientras la luz se prolonga)
The cold grows stronger
(El frío se hace más fuerte)
If Candlemas be fair and bright
(Si la Candelaria es clara y brillante)
Winter will have another flight
(El invierno volverá a coger vuelo)
If Candlemas be cloud and rain
(Si la Candelaria es turbia y lluviosa)
Winter will be gone and not come again
(El invierno se irá y no volverá)
A farmer should on Candlemas day
(Un granjero obtendrá el Día de la Candelaria)
Have half his corn and half his hay
(La mitad del maíz y la mitad de su heno)
On Candlemas day if thorns hang a drop
(Si durante ese día, el rocío cuelga de las espinas)
You can be sure of a good pea crop
(Tendrás la certeza de una buena cosecha)
De manera que, siendo esta una versión subterránea y mamífera de la pregunta ¿Por qué el pollo cruzó la carretera?, nos cuestionamos hoy en este tributo al Aleph con dos preguntas:
2. ¿Por qué si hay tormenta, la marmota se atreve a salir?
Podría ser por algunas de estas razones:
De cualquier forma, los inviernos seguirán pasando y la marmota seguirá saliendo o no de su madriguera, creyendo que no ha salido antes, sin recordar cuando entró; impulsada por su instinto animal sobre un mismo continuo que parece distinto, como en una Cinta de Möbius, sin necesidad de ser un fatídico limbo cortazariano (aunque durante casi dos horas, a Bill Murray se le ha debido asemejar bastante).
¿Usted qué piensa, apreciado lector? ¿Qué otras razones pueden ser la que mantienen a nuestro esciúrido amigo en esta antinomia? Puede comentar.
jueves, 24 de febrero de 2011
La marmota de Möbius
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Sama
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sábado, 26 de abril de 2008
Cuadro vivo
Estoy cansado. Son las 5:21 pm y no quiero mover un dedo más. Estoy levantado desde las 6:00 am, y siento que ha sido en vano el día de trabajo. No es cierto. Sólo estoy cansado y quiero parar. Con algo de desespero, veo que todavía me falta mucho. Entonces giro la cabeza porque el susurro de las hojas voladoras me llama la atención. Y helo ahí: Un cuadro vivo.
El marco de la ventana delinea perfectamente un cuadro típico. Uno que yo quisiera tener en la pared de mi cuarto. Hay un Saman que impávido observa la gente. En su base circular los anturios blancos crecen asomándose a recibir a cada incauto que se quiera sentar con ellos. Toda la zona está perfectamente enmarcada por la simetría de una fría construcción naranja (por los ladrillos) que se abre en cuadros negros perfectamente alineados. Allí, en el espacio que deja el Samán mudo, que de vez en cuando llora unas hojas, hay unas sillas cubiertas con sombrillas azules y verdes. Y adornando el cuadro, pequeños, y aparentemente, inocentes humanos deambulan por el lugar. Algunos con papeles, algunos con comida.
El cuadro, lo completa un hermoso cielo gris, que grita de vez en cuando, dejando ver las gritas de dolor de un color incandescente. Y entre las hojas del Samán, caen con mayor velocidad gotas de agua que el cielo adolorido deja escurrir por entre sus ojos. Incluso, si me acerco más al cuadro de la venta siento como si el cuadro de verdad estuviera vivo, como si no fuera una pintura.
Todo parece más real cuando veo que son ya las 5:30 y las luces parpadean. Un relámpago aislado se deja venir y el amarillo intenso de las lámparas intermitentes compite con él por zurcar las gotas de agua y las hojas danzantes. Finalmente, el relámpago, es más fuerte y un corto apaga la vida de las luces artificiales. Unas cuantas réplicas del relámpago, expresan el gozo de la victoria. Giro otra vez y veo que la gente pasa a mi alrededor con cosas por hacer. Con algo de culpa y algo de vergüenza, regreso a mis labores y dejo de contemplar el cuadro. A cambio, imagino que éste es capaz de producir sonidos (como si los cuadros pudieran) y me arrullo con la música de las gotas, las hojas que vuelan, los relámpagos triunfantes, la nevera del fondo, que hace las veces de chicharra y me concentro en los números que antes lograron agotarme.
A veces hace falta ver más cuadros vivos por más de 30 minutos para llenarse de vitalidad y volver a la vida productiva.
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kxi
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