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miércoles, 23 de noviembre de 2011

MEDIANERAS – Festival de Cine de Cali


El Domingo pasado se terminó el Festival De Cine de Cali, un festival que estuvo oficialmente cancelado por falta de presupuesto, pero que tras el clamor de toda una ciudad ante la pérdida, y el espíritu de sus organizadores, se logró revivir de sus burocráticas cenizas y se llevó a cabo en cortos 4 días de proyecciones escogidas.

Tuve la grata oportunidad de quedarme por fuera de una película que me quería ver. Y aunque nunca es grato quedarse por fuera, si es grato saber que la convocatoria se cumplió al punto de llenar las salas de proyección (si claro, eran minúsculas, pero incluso las salas minúsculas se ven tristes cuando están vacías).

Aun así estuve en varias de las proyecciones (ya que me parecía el colmo haberme indignado cuando lo cancelaron, y que cuando llego el momento no haber asistido), pero entre lo poco a lo que alcancé a asistir, hubo una película que me pareció sencillamente genial, la película argentina “Medianeras”.

El trailer que les dejo más abajo hace un buen resumen de la película. Se trata de un par de personas (chico y chica) llenos de los más exóticos defectos, traumas, miedos, tristezas… en fin, dos personas iguales a todos los demás, y que a pesar de vivir a un edificio de distancia pues no se conocen, y (obviamente) toda la película está volcada de todas las circunstancias que se les podrían presentar para conocerse.

Hasta ahí podemos descubrir que no es un tema novedoso. Chico y chica en la misma ciudad, compartiendo sueños, que no se conocen pero que no podrán eludir los lazos del amor… si, si, historia como miles que hay en el cine.

Pero como casi todo en la vida, lo importante, más allá del “qué”, es el “cómo”. Y es justamente en eso donde esta película realmente sobresale. Es una película de un extensísimo guión, tiene muchas, muchas palabras, diálogos en cantidad, monólogos abundantes, pero todos son bien formados, bien construidos, bien pronunciados. Pero lo mejor, es que a pesar de lo abundante del lenguaje hablado, la película no solo habla con las palabras. Tiene una narrativa visual que no solo apoya los parlamentos, sino que te cuentan la historia directamente, llenando el momento de detalles. La música y la edición estuvieron a la altura del resto, simplemente debo decir que me “sentí” realmente bien viendo esta película.

Se podría decir que Medianeras huele a cine francés, por la gran cantidad de atención que se le prestan a los pequeños detalles que solos pueden parecer insignificantes. También huele a Nueva York en la forma en que Woody Alen nos ha acostumbrado a conocerlo. Pero en especial huele a Buenos Aires, ya que es justamente la ciudad la que hace posible la película.

Por supuesto, el final es el que tenía que ser, no será una sorpresa para nadie. Pero hay algo no tanto en el final, sino más en la circunstancia que permitió el final, que puedo decir que es uno de los “detalles de fina coquetería” mas bacanos que he visto en una peli (y que por supuesto, fue construido lentamente a lo largo de la película).

En fin, si tienen la oportunidad, véansela, lleguen de forma desprevenida a que les de lo que les tenga que entregar. No esperen que les solucione el enigma de la existencia, o les de soluciones para una vida mejor, pero si les hará pasar un momento muy agradable.

Y para terminar, como les prometí, les dejo el Trailer:


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martes, 21 de abril de 2009

¿Cómo se entra a la Bombonera? (parte 2)

Como lo prometido es deuda y como el que persevera alcanza, y como tanto va el cántaro al agua hasta que al fin se rompe (je je, redundancia de dichos, aunque el último está acomodado), les traigo la segunda parte: Lo logré, entré a la Bombonera.

Paso 0: Primer intento
Creo que lo puedo resumir en el artículo que ya vieron, aunque este paso es totalmente omisible.

Paso 1: La fila y la hora de la taquilla
Es indispensable asegurarse con fuentes confiables, como el periódico o la taquilla misma, el horario y la fecha de la venta de las boletas. Esto, claro está, porque no es agradable ir a hacer fila tarde, o más temprano de la cuenta, o un día que no venden las boletas, o cuando ya las han vendido antes:

Te despiertas a las 5:30 de la mañana en un país que está dos horas antes que el tuyo en la organización meridional que Londres ganó. Es decir que son las 3:30 de la mañana en tu país de origen. Con todas las expectativas y la adrenalina, por alguna circunstancia, en un nivel alto sales de hostel en una fría mañana de otoño rumbo a la Bombonera. Te aseguras de tener monedas para la ida, y partes rumbo a la "peligrosa" Boca. Al llegar hay sólo siete personas antes que vos en la fila y hablan cordialmente sobre las historias pasadas. Sobre cómo se quedaron dormidos después de la celebración de un partido en Caminito, tirados en la calle y un gendarme los levantó a patadas por estar boquiabiertos, trasnochados y medio borrachos en un sitio turístico. Un sitio que no debe ser manchado, para que los hermanos sudacas y europeos sigan visitando el barrio. Hace esa fila, sin preguntar nada, para no mostrar que no eres de allí, pero con los oídos bien abiertos, atentos a cualquier información. Cuando ellos beben gaseosa en dos litros tú desayunas el emparedado del día anterior que paseo por todo Buenos Aires. Cuando llega alguien y pregunta por la fila y las boletas tú anotas todas las respuestas. Ante la inequívoca existencia de una única fila, tú sabes que no te has equivocado. Mientras atento registras todo, la gente se levanta de sus puestos, se endereza, busca un árbol retirado para orinar y vuelve, puedes ver como un informado que trae el periódico llega a transmitir su novísimo conocimiento a los demás. "Ayer abrieron a las diez de la mañana, y aquí dice que hoy abren la boletería a las doce del día" - "¿en serio?" - "aquí lo dice papa, si quieres mira". Como una patada en el estómago, te das cuenta que vas a pasar cinco horas de tu tiempo de vacaciones haciendo fila para ver a un equipo con el que simpatizas, pero que no es realmente tu equipo. Allí, decides irte. No sin antes hacer unas cuentas rápidas. Porque igual quieres ver el partido. Debes decidir si vuelves a la fila a las doce del día (cuando ya no hayan veinte personas sino ochenta o cien, o cuando ya no hayan boletas), o si pagas por el tour, que no sólo es 7 veces más caro, sino que también, ya te quedó mal una vez). Lo piensas, caminas, sales de la fila, vas a la taquilla, buscas un anuncio. Y decides marcharte.
Paso 2: El tour
Hay varios tours, que prestan el servicio. Realmente no se el nombre del que me llevó. Es probable que fuera el mismo que me recomendó Er. No lo sé. Sólo sé que la primera vez, todos dijeron no comprometerse, y el único que lo hizo quedó mal. En esa ocasión había problemas porque la barra brava (La doce) había peleado en el torneo local. Ahora era copa. El hostel aseguró que con la gente que trabajan siempre, y que por seriedad, no se habían comprometido la vez pasada, en esta ocasión sí lo hacían. Así que confié:

Puntualmente, te recoge una camioneta, con un conductor con alma de conductor de Papa Gayo, y una rubia muy entusiasta, que habla español, inglés e italiano con increíble fluidez. Una porteña, muy porteña. Subida, y creída como la mayoría de los porteños, pero cálida, amable y risueña. Se hacía querer. Ella, explica en los dos idiomas (inglés y español), y usando bromas en qué consistía el tour: Ir a un lugar, el cual no recuerdo el nombre que ella le daba, a comer Choripan con chimichurri. Un chorizo metido en un pan francés, nada del otro mundo. Pero rico, y mágico, al fin y al cabo. Y el chimichurri, no sabes por qué no preguntas la receta. Después, entrarían temprano al estadio y se acomodarían cerca unos de los otros en popular, pero en frente de La Doce. "Estás loco, si querés estar con ellos. Bueno salvo que les pagués 300 dólares, ahí hasta te cuidan y te miman". Ves el partido, se te pone la carne de gallina (pero no como los de River) y salen todos juntos para el hostel. Un carro con un Guatemalteco, unos españoles, una italiana, una londinense y unos amables gringos completan el tour.

Cuando entras a la Bombonera, todo es mágico. Los cánticos no se hacen esperar. La gente paciente, se anima y anima al equipo. El estadio medio vacío ya retumba. Todo es fiesta, todo es alegría. Hay tiempo para las fotos. Escuchas muchos acentos que balbucean, mientras se aprenden los pegajosos coros y se unen a la masa. También escuchas otros acentos más comunes, los argentinos en su constante argumento-discusión "pelean" por la falta de espacio, por el que llega temprano, por el que llega tarde, porque sí y porque no. En fin los equipos salen a la cancha, y entre silbatinas y alegres sensaciones el partido comienza y justo cinco minutos después La Doce entra. La gente no para de cantar antes de su llegada, pero ahora lo hace con más fuerza, con más organización, con más ánimo. Es un momento mágico. Cuando hace un gol Boca, y más cuando lo hace el rival, porque es entonces cuando el estadio empinado canta más duro y ensordece y ahorca al rival. La noche termina con un tres uno a favor y la euforia colectiva se ahoga en las calles felices y colmadas de hinchas que van a dormir a sus casas o a tomarse una cerveza.
Paso 3: Dormir
Uno puede celebrar, e irse a tomar una cerveza antes de este paso. De hecho es recomendable, para expresar la inmensa alegría de un sueño cumplido, pero si está muy cansado, por la extensa jornada (no incluida en estas instrucciones), dormir placenteramente con la barriga llena de mariposas felices (como si estuviera enamorad) y con la piel todavía erizada, con los cantos todavía en la cabeza, es cercano a lo que se siente parado en frente de una catarata.

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martes, 18 de noviembre de 2008

El cine infantil, al servicio de política exterior de E.E.U.U.

Málaga (España), 16 nov.

El cine infantil de animación producido en Hollywood ha sido habitualmente un instrumento al servicio de los intereses de la política exterior de los Estados Unidos, en títulos como "Aladdin", "Mulan" o "Anastasia", sostiene el libro firmado por la profesora argentina Marcela Croce.

Este trabajo, titulado "El cine infantil de Hollywood", se centra en los últimos quince años, en el periodo que se abre con la guerra del Golfo, iniciada por Bush padre, y llega hasta la invasión de Irak por Bush hijo, momento en el que este cine se vuelve claramente "propagandista" de la política exterior estadounidense, afirmó Croce en una entrevista con Efe.

En la introducción del libro, publicado por la editorial española Alfama, la profesora aborda como antecedente la Segunda Guerra Mundial, cuando "se intentó -recordó- seducir a los países latinoamericanos a alinearse con la política estadounidense".

En ese momento, "el embajador más eficaz fue el pato Donald, que, paradójicamente, protagonizó por otro lado unos cortos en los que portaba el brazalete y el birrete con la cruz esvástica (adoptada por el nazismo)", destacó la autora del libro.

Según Croce, en "Aladdin" (1992) aparece un mundo árabe "saturado de rasgos negativos", con "un clima inclemente y una geografía desierta", y personajes como "un árabe astuto que trata de engañar a los turistas vendiéndoles productos típicos que resultan inútiles" o un "sultán tonto con un consejero maquiavélico".

En "Mulan" (1998), "en el contexto de un acuerdo comercial con China, se traslada la acción a la China imperial, se evita cualquier vínculo con el comunismo y se sitúan los hechos en el marco de la invasión de los hunos", según Croce.

Por su parte, "Anastasia" (1997) es a juicio de esta profesora "un filme a destiempo, porque tiene todos los rasgos de una película propia de la Guerra Fría" en la que aparece "el comunismo como la maldición de Rasputín".

Estos mensajes calan en el público infantil, subrayó la especialista, que "es muy vulnerable a los estereotipos", porque los niños "atraviesan una etapa en que el pensamiento crítico no está demasiado desarrollado", a lo que se suma "una estética atractiva y una animación entretenida".

Mientras, en el público adulto se puede distinguir entre quienes ven las películas sólo para acompañar a sus hijos, sin prestarles mayor atención; quienes las ven "con cierta fascinación nostálgica de su propia infancia", y los espectadores críticos, que sí analizan estos aspectos.

Croce destacó que, una vez concluida la proyección de la película, el circuito continúa, porque en el propio cine se ofrecen productos de consumo inmediato como vasos de refrescos con los mismos personajes del filme.

"De esta forma, las películas contribuyen a un folclore infantil y logran en unas semanas lo que a los relatos orales les llevó siglos y a las narraciones escritas, décadas", añadió Croce.

Sin embargo, esta profesora no desaconseja que se vean estas películas, sino que desea "proveer elementos críticos y fomentar un espectador activo que sea consciente de lo que los filmes pretenden inculcarle".

"El modo de contrarrestar los mensajes de las películas no es ignorarlos o suprimirlos, sino desbaratar sus pretensiones", apuntó Croce, profesora de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Buenos Aires.


Extraído de Yahoo! Noticias - José Luis Picón - Agencia EFE.

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sábado, 8 de noviembre de 2008

¿Y tú qué harías en Buenos Aires?

Hola,

Hace rato no divago, me la he pasado criticando últimamente. Y la verdad, es que por motivos laborales en estos días ando, como diría una amiga mía, algo nerviosito; como diría otra amiga, bastante neurótico; y como diría yo, propenso a destruir. Así que no es buen momento para criticar (ni siquiera sobre la conversación que tuvo el presidente con los indígenas el fin de semana pasado). Así que hoy vamos a divagar. Mejor dicho, van a divagar ustedes, y después les cuento. Simplemente tienen que escribir en un comentario, ¿qué harían si tuvieran dos semanas en Buenos Aires, Argentina?

Y es válida cualquier respuesta. Como decir que toman un avión y se van de ahí, hasta que se quedan a vivir por siempre, pasando por cualquier divagación que se les pase por la mente.

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