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lunes, 21 de febrero de 2011

Vanishing On 7th Street (2011)

El cine de terror siempre me ha gustado y cuando escojo verme alguna película del género es buscando eso: que me guste, así no logre el cometido de impresionarme. Admito con resignación que hace un buen rato no pasa lo uno, ni lo otro. La última película de terror que me senté a ver juicioso fue Devil (2010), y fue un fiasco. Ahora, con el fin de no dejar de alimentar el morbo por esta corriente, escogí Vanishing On 7th Street (2011) con conocimiento de todos aquellos guiños que se evidenciaban en el tráiler y que se fueron apilando uno a uno, como ceros a la izquierda de la coma, hasta el final de la película, que no es más que otro cero.

Para empezar, esta película cuenta con un reparto de paso; es decir, actores conocidos que, o están en la mala o tienen mucho tiempo libre y una paga segura; para este caso, tenemos a Hayden 'Anakin' Christensen, haciendo el papel de un reportero llamado Luke (¡soy mi padre!) Ryder, quien un día despierta y encuentra que no sólo no hay energía en eléctrica en toda la ciudad, sino un reguero de ropa por todas partes y ni una sola persona, por lo cual empieza a pensar: 1. ¡Woo-hoo! ¡Viejas desnudas!; 2. Cell se los chupó a todos; 3. Esta gente de Improveverywhere ya no sabe cómo vender. Pero no. Todo le indica que en realidad se encuentra atrapado en una evidente y no reconocida segunda parte de Pulse (2006), la cual es a su vez un pésimo reencauche de Kairo (2001), una película de terror japonesa, a la que se le puede encontrar mucho de esa dignidad y respeto con el espectador, que el cine americano no logra tener.

Para rematar, hace aparición nuestro estandarte actoral hollywoodense, John Leguízamo, quien vuelve a quedar mal parado con una producción de este género; la última se la recuerdo en The Happening (2008) (¡y vaya si fue mala!). Cierran el elenco Thandie Newton y un niño al que se le perdió la mamá, todos reunidos en un bar esperando lo peor. Y listo. Lo peor termina pasando en pequeñas dosis de estrés escénico, donde a las sombras que surgen de la oscuridad a veces las ponen a susurrar, mientras que en otras hacen esos sonidos animales que tenían las sombras que se llevaban las almas al infierno en Ghost (1990). Lo admito sin pena: a mí esas escenas me siguen causando un miedo ni el verraco. Para el caso de Vanishing, lo que me causan es pesar.

En contraste, se puede admitir, partiendo de la buena fe que le queda a uno en el fondo del frasco, que el director puso al equipo de edición a entretenerse un rato y a ganarse el sueldo, suavizando la linealidad de la historia con cuatro reminiscencias, una para cada personaje, donde la del niño resulta incluso agradable al oído y a la vista. Pero que la escena de cierre y de salvación sea en una iglesia es imperdonablemente pobre. El final, sin pretender arruinarlo, es el que siempre se ve en estos filmes cataclísmicos: el sobreviviente marchando hacia la ciudad de la esperanza.

Ahí les dejo esta reseña a modo de advertencia, porque de seguro muy pronto esta película se estrene en los cines de la ciudad. Apaguen tranquilos las luces.

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viernes, 13 de noviembre de 2009

Para qué sirvió el día sin carro?

Hace poco más de un año nos preguntabamos aquí en el Manual para que era el día sin carro?, y en aquella ocasión tuvimos más preguntas que respuestas.

Esta vez confirmé mis sospechas. No sirve para nada.

Lo único que esperaba es que lloviera, así como amenazó durante parte de la mañana para que pasara de ser el día para las bicicletas y vehículos alternativos a ser el festival del taxi.

No solo la gran cantidad de taxis no permiten la movilidad a las bicicletas como debieran, sino que se aprecia (sin ruido de fondo) que son estos mismos los que superpoblan a la ciudad. Al menos en el centro, donde trabajo, la diferencia fué mínima.

Estuve algún tiempo de testigo presencial del ajetreo del mío, y aunque se notaba "un poquito" el aumento de buses articulados, la gente desbordaba la capacidad, al mejor estilo del papagayo* en su peor época.

Al menos, el año pasado se tenían unos objetivos claros (o eso creían), esta vez era solo sacar a los carros particulares de la ecuación, pero igual, había trancones, no había movilidad para los peatones y las ciclorutas no estaban organizadas. O sería solo en el centro que se vivió este martirio?

Como les fué a ustedes en el día sin carro?


* el "papagayo" además de ser un ave de incomparable belleza, es una empresa de buses de Cali de una generación anterior, que solía sobrepasar su capacidad de pasajeros de forma cuántica, llegando a unos límites del 250% de capacidad.

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sábado, 11 de abril de 2009

Lecciones aprendidas

Hola. Hoy es mi último día de vacaciones y la verdad es que me duele bastante que lo sea. Me ha gustado muchísimo esta ciudad y todas las cosas que tiene para ofrecerme. Claro, la verdad es que ha sido muy cómoda porque está "vacía" a causa de la semana santa y eso la ha hecho más placentera para mí. Sin embargo, creo que tiene muchas de las cosas que me enamoran de una ciudad: Muchas de verdad, más de las que ya sabía cuando decidí venir para acá, a pesar de lo mucho que se incrementó el presupuesto del viaje en el último año.

Aparte (como dicen acá), cuando yo viajo, no sólo me gusta visitar los sitios típicamente turísticos y comportarme con un típico turista. Me gusta, vivir un poco (dentro de lo que puedo, puesto que jamás será igual) como un habitante de la ciudad. Esto es, comer corrientazos, viajar en el transporte público, entrar a las bibliotecas, bancos, oficinas, habitar los parques, si es posible jugarme un partidito de fútbol con los locales, en fin, ustedes me entienden. Pues bien, teniendo esto como punto de partida, les cuento que hoy estuve visitando a unas amigas que viven en la ciudad y una de ellas, me contó sobre la tesis de su maestría. Algo bellísimo, fenómeno. Es acerca de unas personas que se han encargado de recuperar el patrimonio cultural de su ciudad sin ninguna clase de pago, tan sólo por la satisfacción de saber que lograron defender aquello que es suyo. Esa, es la simple lección aprendida:

Para dar un sólo ejemplo de los que me contó mi amiga, está el caso de un arquitecto que decidió emprender él solo la lucha porque en su barrio no se construyeran edificios, puesto que éstos atentaban contra el diseño de todas las edificaciones del barrio, que tenían, no sé cuántos años de estar ahí construidos, generando un patrimonio histórico invaluable. Con sus conocimientos, creó un mapa de la ciudad mostrando las zonas que deberían estar protegidas por la ley encargada y desarrolló toda una propuesta que fue llevada como proyecto de ley para redistribuir las zonas protegidas por la ley. Él solo. Insisto en esto, pues muchas veces somos derrotistas para defender nuestras causas cuando no encontramos un respaldo. Creemos que solos no podemos hacer nada. Y por el otro lado, no tomamos posiciones antes nuestra ciudad para defender aquello que consideramos nuestro. Es más, muchas veces no lo consideramos nuestro. Sino de otro. Del político? Del rico? No sé, de otro? Por qué no nuestro? No lo sé, pero acá si lo consideran de ellos. Y cómo lo hacen saber a todo aquel que se les cruza!!

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sábado, 10 de enero de 2009

Se nos creció el enano y no nos dimos cuenta

Cali, Colombia¿A alguno de ustedes le ha pasado que deja de ver a un familiar o a un amigo por un tiempo (tal vez algunos meses o incluso años) y cuando lo vuelve a ver ha crecido de una forma sorprendente?

¿A alguno de ustedes le ha pasado que después de convivir mucho tiempo con alguien hace conciencia de cuánto ha envejecido y usted no lo había notado por estar viéndolo todos lo días?

Se podría decir que es el efecto de la rana en la caldera o la rana en la bañera. Al cual lamentablemente no se a quién atribuir como autor, pero si como relator: Mi profesor de química del colegio. El efecto es sencillo, aunque esconda una complejidad mayor que tenga que ver con las tasas de cambio de temperatura en el tiempo y cómo se perciben estas en muy pequeños intervalos: Si se intenta meter una rana en una caldera con agua hirviendo, ésta saltará despavorida por el calor que percibirá, mientras que si se mete en una caldera con agua fría y se prende el fuego en bajo aumentándolo lentamente durante un tiempo prudente, la rana nadará plácidamente sin darse cuenta en qué momento quedó cocinada. Supongo que se puede hacer con otro animal en nuestra cultura sea más comúnmente aceptado como plato, pero la rana es acuática y ese no es el punto en cuestión.

Pues bien, muchos como yo, parece que hemos sufrido el segundo efecto y hoy nos cocinamos en una ciudad que se creció sin darnos cuenta. Santiago de Cali hoy tiene más casas y más carros; más gente y más violencia; pero los espacios no se prepararon para semejante explosión demográfica. La gente tiene afán y atropella los ríos de gente con su afán porque no puede llegar al sitio que quiere en el tiempo que su imaginario le dice. Hay nuevas normas, como el pico y placa, como las zonas de respeto, pero la mentalidad del ciudadano no está para acatar normas, pues su pueblo no las tenía (o al menos no tantas). Las calles soportan cada vez más tráfico y como una medida desesperada ante el estrés que esto les provoca simplemente dejan brotar unos granos que algunos desprevenidos creen acné. Las motos se multiplican como conejos y cada vez hay que cuidarse más de no quedar en el suelo estampillado por una de ellas o de dejar uno estampillado en el suelo a alguno de los imprudentes motociclistas que las conducen.

Todos los días que ando por las calles, entendiendo que el tiempo que tengo que permanecer en ellas para llegar de un punto A a un punto B es cada vez mayor, me voy pensando cómo puedo hacer algo para contribuir a que la gente entienda que la ciudad cambió; que es más grande, más compleja; que debe actuar diferente para vivir mejor. Entonces cedo el paso a algún peatón o a otro conductor, evito hacer mal a alguien con mi actuación. Claro, es difícil no hacerlo cuando las motos y los buses conducen por donde no deben a velocidades que no debe; cuando los taxis y los particulares hacen lo mismo y cuando para evitar un hueco que dañe tu vehículo sin bajar la velocidad termines invadiendo el espacio del otro, que prevenido querrá luego cobrar venganza. Cre que es difícil. Pero creo entendiendo que nos estamos cocinando, podremos asomar la cabeza y salir de la sopa. Incluso si somos más tenaces podremos salir de la olla y apagar el fuego. Pero hay que darse cuenta.

¿Usted amigo lector, lo ha notado?

PS: La foto es de Dan Brooke, al cual le agradezco.

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jueves, 27 de noviembre de 2008

Circuitos cerrados de televisión que predicen el crimen

Reino Unido, 27 nov.

Los circuitos cerrados de televisión están un paso más cerca del concepto de ciencia ficción de Minority Report(1), mediante un sistema predictivo que está siendo instalado por primera vez en una ciudad británica.

Este sistema CCTV se ha implementado en diversos lugares de Portsmouth y ayudará oportunamente a predecir crímenes antes de que estos puedan llegar a ocurrir.

El concejo de la ciudad ha instalado esta red de cámaras 'inteligentes' que pueden alertar a un operador sobre comportamientos sospechosos.

El sistema es capaz de indicar sucesos 'inusuales' tales como un merodeador o un vehículo viajando a gran velocidad. Es entonces cuando éste alerta a los operadores del CCTV para que puedan ponerse al tanto de la situación y decidan si es necesario tomar cartas en el asunto.

Este sistema está siendo instalado para la vigilancia de áreas solitarias tales como parqueaderos, escaleras o corredores, así como algunas calles durante las horas nocturnas.

Lo anterior le permite a un operador monitorear más cámaras sin tener que vigilar cada pantalla simultáneamente.

"Aunque estamos lejos del concepto de Minority Report, éste es un paso que nos acerca", dijo Nick Hewinston, uno de los fabricantes de cámaras del sistema Smart CCTV.

"El sistema es capaz de alertarnos sobre algo que puede ser relevante, como un tipo dando vueltas por ahí o alguien corriendo. Sin embargo, lo que no puede decirse es si ese sujeto está esperando a su novia, o está a punto de cometer un crimen".

"Esto es lo que nos permite a los operadores realizar una interpretación humana y subjetiva, para poder responder de una manera apropiada".

"Su lenguaje de programación es capaz de filtrar toda aquella información sin importancia y alertar al operador de seguridad sobre asuntos de verdadera relevancia".


El sistema, el cual ha estado en funcionamiento en varias ciudades de Estados Unidos, como son Nueva York, Washington y Chicago, está siendo actualmente proporcionado a Portsmouth sin costo alguno.



(1) El actor Hollywoodense Tom Cruise fue protagonista la película Minority Report (Sentencia Previa), en la cual unos psíquicos predecían crímenes, de tal manera que la gente podía ser arrestada antes de cometer un delito.


Extraído y traducido de Sky News. Foto: Sky News.

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jueves, 9 de octubre de 2008

Velocidad en Perspectiva

Hoy jueves, en el Aleph, una historia se mostró, como siempre, desde muchos puntos diferentes.

Perspectiva 1

La historia inicia con una toma a mitad de la mañana por una calle del centro de la ciudad, la luz del sol se ve opacada por lo que sería un lente oscurecido y se escucha el típico sonido de los carros, los pitos, la urbe. Aunque la toma inicia a una cuadra de un semáforo en rojo, este se acerca vertiginosamente mientras vehículos encendidos pero aparcados pasan hacia atrás cuando la toma los va rebasando. Rápidamente se llega hasta el semáforo, aún en rojo, que sale de la visión, pero justo por la esquina derecha alcanza a aparecer una mancha blanca por una fracción de segundo, y a continuación la toma deja de avanzar hacia adelante y empieza a avanzar hacia la izquierda en un movimiento parabólico hasta que queda una toma del horizonte, pero en vertical, con un primer plano del pavimento, que lentamente se empieza a pintar de rojo. De ahí en adelante las demás tomas son incoherentes, inconexas, irreales. Se ve una corbata de rayas, un joven barbado y peludo, un mono mostrando su mano y su dedo, voces de gritos, una mujer pidiendo a los gritos que rece, preguntas idiotas de donde viene y para donde va, una cara conocida, oscuridad, mas gente con guantes, el techo interior de un vehículo… inconciencia.

Perspectiva 2

La historia inicia con un primer plano de un gran timón, y más allá una trompa blanca de un vehículo bastante grande y luego la calle mucho más abajo, todo esto enmarcado en el sonido estridente de un fuerte motor. El vehículo está en movimiento y observa como el semáforo al que ya está llegando cambia de verde a amarillo, por lo cual acelera para no tener que frenar en el inevitable rojo. En el momento en que el semáforo es rebasado se observa una mancha, posiblemente de una moto a alta velocidad, que aparece por el lado izquierdo de la imagen, y se pierde por un segundo frente a la parte delantera del vehículo. Este detiene su marcha, pero no lo suficientemente rápido como para observar como el cuerpo y la moto aparecen nuevamente alejándose por los aires y terminando cuatro metros más adelante.

Se observa como la imagen pasa a la puerta, luego al exterior del vehículo, y se queda clavado en el tumulto de gente que empieza a aparecer, y se queda ahí, observando por muchos minutos, las personas no permiten ver que es lo que realmente está sucediendo, pero la cámara no se mueve hasta que una ambulancia llega y después de un rato se vuelve a ir de nuevo. Termina observando como un par de policías se empiezan a acercar con una libreta en la mano.

Perspectiva 3

La historia inicia sonando salsa dentro de un carro que tiene los vidrios arriba y el aire acondicionado prendido. Está en primera fila en un semáforo en rojo y llega una conversación de una mujer con acento paisa. Por la izquierda entra una moto que a una gran velocidad rebasa el vehículo e ignora el semáforo en rojo, en el mismo momento que un camión de basura avanza rápidamente por la vía perpendicular a dicho semáforo, y con toda la masa que semejante monstruo puede ejercer impacta al motociclista haciéndolo volar por los aires, con partes de su moto. La mujer paisa que aparece en escena pone cara de terror, se ve una mano al final de una manga de una camisa, la cual suelta un cinturón de seguridad, levantando el seguro de la puerta, se escucha un “Martha, ya vengo”, y la imagen recorre los pocos metros que separa el vehículo hasta donde está el cuerpo tendido de lado del motociclista, mientras un charco de sangre empieza a formarse alrededor de su cabeza.

Las mismas manos desnudas que soltaron el cinturón y el seguro del vehículo, tratan de sostener al hombre en lugares que identifica sin sangre, mientras llega un hombre de cabello mono, de unos 32 años, que se va poniendo unos guantes mientras pregona “YO SOY PARAMÉDICO”. De detrás de la cámara sale un “excelente, yo también”, y con cara de satisfacción se ponen manos a la obra, a sostener al hombre, hablarle, pedirle que se quede quieto porque está tratando de moverse mientras gesticula inteligiblemente.

Tras un forcejeo el hombre accidentado se voltea boca arriba a la fuerza, mientras el rostro del mono y los gestos de las manos desnudas muestran resignación por no lograr mantenerlo en su posición inicial. El hombre no está dilatando pupila y esto le preocupa al hombre de cabello mono mientras lo empieza a revisar. Se le encuentra un carné que en primer plano muestra el nombre de Alejandro, nombre que las dos voces reinantes empiezan a usar para tranquilizar y mantener alerta al sujeto acostado en el pavimento, que ya empieza a responder a las preguntas que le realizan.

Un plano general muestra como ya se ha arremolinado muchas personas, cerrando un círculo muy cercano al accidente, incluso con policías curioseando, y vehículos pasando muy lento a ver como pueden satisfacer su morbo. Por primera vez se ve que el hombre de las manos desnudas está de camisa morada y corbata a rayas, es peludo y barbado y a un gesto y una voz hace que las personas se alejen unos metros para dar aire… pero por solo unos segundos porque el morbo puede mas y las personas vuelven a acercarse para ver que pedazo de ceso pueden registrar con sus ojos. Una mujer está gritando “Alejandro, di El Señor es mi pastor y nada me pasará” una y otra vez. Un celular suena desde el bolsillo de la camisa del accidentado, el hombre de las manos desnudas lo toma y contesta, es del trabajo donde ya están enterados, piden la dirección del accidente, y reportan un nombre que le dan al accidentado para que sepa que alguien conocido viene en camino.

Después de muchos minutos, el hombre de corbata está sentado en el suelo ayudando a sostener la cabeza del motociclista, hasta que por fin llega una ambulancia (la segunda que llega, la primera es una que anuncia no tener paramédicos). De esta desciende un conductor con rostro de no querer tocar sangre, y una paramédica que a una señal del hombre de corbata trae un cuello ortopédico y una camilla rígida. Mientras el encorbatado se pone unos guantes que sacan de la ambulancia, la paramédica y el hombre mono colocan el cuello ortopédico. Posteriormente, y con una coordinación digna de un equipo que lleva años trabajando juntos, entre los 4 desconocidos suben al hombre a la camilla rígida, la cual levantan a una voz y es introducida en la ambulancia.

Todos se quitan los guantes, los botan en la caneca de la ambulancia. Los dos paramédicos se estrechan la mano, el encorbatado habla con la policía mientras el mono lo hace con el hombre de la empresa del accidentado y un momento después, la ambulancia y cada uno de los paramédicos toman un camino diferente.

FIN

Por supuesto, hay muchas más perspectivas, pero este artículo hubiera quedado mucho más largo.

Para los que se lo pregunten, esto sucedió ayer miércoles 8 de octubre a las 9:30 a.m. (aproximadamente) en alguna calle de la ciudad de Cali, y la tercera perspectiva corresponde justamente a la de este narrador.

Foto: Mauro Z

Mauro Z.

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sábado, 4 de octubre de 2008

¿Y para qué es que era el día sin carro?

Me he estado preguntando esto, porque de verdad siento que los objetivos no han sido claros, que no se han transmitido bien y que la inercia nos ha arrastrado. Trasladándolo al entorno organizacional, que es donde me desempeño, se necesitan algunos elementos básicos para determinar el éxito de cualquier operación:

1. Unos objetivos claros, alcanzables, los suficientemente retadores y en un marco de tiempo establecidos.
2. Una estrategia o plan para lograrlos.
3. Unos indicadores que puedan medirlos. Si no se pueden medir, no se sabe si se cumplieron.
4. Un comunicación asertiva para que quienes ejecuten los planes, en realidad estén ejecutando los planes y no otros planes que no tienen que ver con los objetivos.
5. Medir con los indicadores pactados, no con otros indicadores.
6. Tomar acciones sobre lo evaluado, respecto a lo que se había presupuestado inicialmente hacer o lograr.

Son seis pasos que, con variaciones, encontrarán en diferentes filosofías organizacionales; en algunas serán cuatro, en otras diez, en otras, otro número, pero
en general el ciclo está cubierto en lo que he expresado.

Entonces, antes de continuar con la lectura, usted querido conciudadano (perdón a los lectores que no viven en Cali; aún así pueden opinar si han tenido jornadas sin carro en algún momento en sus ciudades), puede contestar, ¿para qué fue que dejó su carro en la casa? ¿Sabe usted si nos fue bien o mal en la jornada? ¿Sabe para qué la hicieron?

La comunicación que recibí por medio de la empresa, de la radio, de la televisión y del periódico fueron diferentes, pero en general coincidían en que el día sin carro era un día ambiental. Y lo digo así, de forma imprecisa, porque así me llegó la comun
icación: variada e imprecisa. Incluso en el voz a voz, voces de protesta y otras alentando a la jornada expresaban argumentos cada vez más diferentes; definitivamente no todos sabíamos para qué es que íbamos a dejar el carro en nuestras casas. Es más, ni siquiera tuve las mismas respuestas cuando pregunté a diferentes personas qué pasaba si uno sacaba el carro ese día, ¿tendría una multa? ¿Se lo llevarían a los patios? ¿Me señalarían? No, la gente no sabía, o al menos todos creían cosas diferentes. Es decir, si había objetivos claros, la comunicación de ellos fracasó.

Supuse, entonces que lo mejor era recurrir a la página oficial de la Alcaldía (quien promovía la
actividad) y verificar para qué era. En la parte inferior de la pantalla todavía había una encuesta (a la cual le tomé una foto, porque seguro si lee esto en una semana ya lo habrán quitado) que dice: "La ciudad opina ¿Está de acuerdo con brindarle a la ciudad 18 horas de oxígeno?". Es decir, la jornada del día sin carro tenía un objetivo ambiental. Pero con intranquilidad, pienso que esto no es suficiente, así que hago uso de las herramientas de búsqueda de la página y me encuentro con un artículo que presenta el balance de la jornada titulado "CERO ACCIDENTES DE TRÁNSITO Y EXCELENTE COMPORTAMIENTO CIUDADANO, ARROJA LA JORNADA '18 HORAS DE OXÍGENO PARA CALI'. ¿Cómo así? ¿La jornada no era ambiental???? ¿Por qué accidentes? ¿Por qué comportamiento ciudadano? ¿Qué es lo que estamos midiendo?

En mi humilde opinión, tengo varias formas para argumentar que la jornada sin carro, no debió ser y además, no fue ambiental. Que tiene más un objetivo educativo y de medición del sistema de transporte urbano de la ciudad. Que no era para que los transportadores ganaran más plata. Que posiblemente esté más relacionada con mostrarle a la comunidad con ayudar a disminuir los problemas de transporte que la ciudad soporta. Que serviría para identificar las falencias del sistema. Pero que definitivamente, aunque ayuda a los problemas ambientales, ese no es el objetivo que debe perseguir, ni que persigue la administración local. Y podría continuar, pero lo que quiero dejar claro aquí, es que para definir si algo fue exitoso o no (ver los seis pasos que dejé al inicio del artículo) debe haber claridad en los objetivos, los debe saber todo el mundo y debe haber una forma de medirlos.

Si ustedes leen completo el artículo, les podrá generar la misma gracia que a mí los resultados y las posibles acciones a tomar:

1. Cancelación de tarjetas de operación: Creo que no era necesaria una jornada sin carro para esto. Basta con que la secretaría de transporte haga su trabajo y visite las empresas de transporte para que se de cuenta del mal estado de muchos vehículos. Basta con que haya una regulación que no se pasen por la galleta con sobornos. Basta con que inmovilicen los vehículos que no cumplen.

2. Aumento de pico y placa para los taxis: ¿Y esto qué tiene que ver con el medio ambiente? Sacamos a los particulares. Vemos muchos taxis y ¿les aumentamos el pico y placa? ¿Y lo que medimos no fue el impacto de los particulares? ¿Cómo así? El pico y placa entonces ¿no es para los que les medimos el impacto? Me perdí.

3. En cuanto a lo ambiental: Se dieron los porcentajes de reducción respecto al día anterior donde si habían carros. ¿Y? Listo, sigamos con el MIO. También me perdí. Si el objetivo era ambiental, ¿cuáles va a ser las acciones ambientales? Ya. Ahí quedó todo lo ambiental. Sólo sirvió para moverle la vena al pueblo y que se motivara a dejar el carro en su casa, pero nada más.

Por mi cuenta el balance fue positivo (yo había escrito otros objetivos para ese día). Me gustaría tener más días sin carros en las calles, que la gente usara el sistema de transporte urbano, que se invirtiera en él y en las calles y nos quedaran los impuestos en el margen de los empresarios. Me gustaría que el sistema fuera confiable, seguro y oportuno y que como vi en otra ciudad que un día visité, a los carros parqueados les salieran telarañas mientras la gente usaba el sistema de transporte masivo y había más espacio para transitar y más aire para respirar. Incluso el benéfico día dejó un movimiento en la oficina de empleados con ganas de tener una ruta diaria por parte de la empresa, el cual espero que logre su objetivo (el cual si es muy claro y lo conoce todo el que está haciendo algo para que se ejecute el plan para lograrlo).

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