El cine de terror siempre me ha gustado y cuando escojo verme alguna película del género es buscando eso: que me guste, así no logre el cometido de impresionarme. Admito con resignación que hace un buen rato no pasa lo uno, ni lo otro. La última película de terror que me senté a ver juicioso fue Devil (2010), y fue un fiasco. Ahora, con el fin de no dejar de alimentar el morbo por esta corriente, escogí Vanishing On 7th Street (2011) con conocimiento de todos aquellos guiños que se evidenciaban en el tráiler y que se fueron apilando uno a uno, como ceros a la izquierda de la coma, hasta el final de la película, que no es más que otro cero.
Para empezar, esta película cuenta con un reparto de paso; es decir, actores conocidos que, o están en la mala o tienen mucho tiempo libre y una paga segura; para este caso, tenemos a Hayden 'Anakin' Christensen, haciendo el papel de un reportero llamado Luke (¡soy mi padre!) Ryder, quien un día despierta y encuentra que no sólo no hay energía en eléctrica en toda la ciudad, sino un reguero de ropa por todas partes y ni una sola persona, por lo cual empieza a pensar: 1. ¡Woo-hoo! ¡Viejas desnudas!; 2. Cell se los chupó a todos; 3. Esta gente de Improveverywhere ya no sabe cómo vender. Pero no. Todo le indica que en realidad se encuentra atrapado en una evidente y no reconocida segunda parte de Pulse (2006), la cual es a su vez un pésimo reencauche de Kairo (2001), una película de terror japonesa, a la que se le puede encontrar mucho de esa dignidad y respeto con el espectador, que el cine americano no logra tener.
Para rematar, hace aparición nuestro estandarte actoral hollywoodense, John Leguízamo, quien vuelve a quedar mal parado con una producción de este género; la última se la recuerdo en The Happening (2008) (¡y vaya si fue mala!). Cierran el elenco Thandie Newton y un niño al que se le perdió la mamá, todos reunidos en un bar esperando lo peor. Y listo. Lo peor termina pasando en pequeñas dosis de estrés escénico, donde a las sombras que surgen de la oscuridad a veces las ponen a susurrar, mientras que en otras hacen esos sonidos animales que tenían las sombras que se llevaban las almas al infierno en Ghost (1990). Lo admito sin pena: a mí esas escenas me siguen causando un miedo ni el verraco. Para el caso de Vanishing, lo que me causan es pesar.
En contraste, se puede admitir, partiendo de la buena fe que le queda a uno en el fondo del frasco, que el director puso al equipo de edición a entretenerse un rato y a ganarse el sueldo, suavizando la linealidad de la historia con cuatro reminiscencias, una para cada personaje, donde la del niño resulta incluso agradable al oído y a la vista. Pero que la escena de cierre y de salvación sea en una iglesia es imperdonablemente pobre. El final, sin pretender arruinarlo, es el que siempre se ve en estos filmes cataclísmicos: el sobreviviente marchando hacia la ciudad de la esperanza.
Ahí les dejo esta reseña a modo de advertencia, porque de seguro muy pronto esta película se estrene en los cines de la ciudad. Apaguen tranquilos las luces.
lunes, 21 de febrero de 2011
Vanishing On 7th Street (2011)
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lunes, 17 de enero de 2011
Somewhere (2010)
Acompañado por mi novia y unos buenos amigos, con las mejores intenciones de pasar un domingo de enero con buena comida y buen cine, nos dispusimos a disfrutar de la reciente película de Sofia Coppola, Somewhere (2010), ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia. Es una pena decir que nuestra expectativa empezó a desinflarse desde la primera escena, la cual es una de tantas que se ven a lo largo del filme y que, aunque se entiende su significado, no le aportan interés a la historia presentada. En resumen, se puede adelantar que ésta es una versión ligera de Lost In Translation (2003), la cual ya de por sí es ligera, de manera que estamos ante algo que raya en el colmo de la ligereza. Si esto les basta, pueden leer hasta aquí. Si les interesa conocer un poco más de lo bueno y lo malo que tiene Somewhere, prosigamos.Johnny Marco, el prota, es un actor de cine famoso en un gran momento de su carrera profesional, y de quien se entiende que se ha dado de frente y con todas sus fuerzas contra la marea de la fama: es un hombre de unos 40 años, con la fatigada apariencia de uno de 60, y quien aun se comporta como si tuviera unos desordenados 25. A pesar del éxito, es claro que es alguien quien no tiene algo más de lo que se pueda aferrar en su vida, y por lo cual la conduce, como su Ferrari durante los primeros tres minutos introductorios al filme, en un constante circuito sin salida. Esta levedad es bien puesta en escena, tanto que aburre a partir del momento en que se entiende lo que pretende decir, y por lo cual pierde aire y volumen, haciéndose plana y sosa el resto de la hora y cuarenta minutos que dura la película.
Durante esta constante gabela que le paga Johnny a su monotonía, aparece Cleo, su hija, quien queda a su cuidado mientras su madre regresa de un viaje que aún no tiene fecha de retorno. Es en ese instante cuando Johnny empieza a intentar escapar del acoso de las pasiones que rodean a su trabajo para poder compartir momentos con Cleo quien, aunque sin duda quiere a su padre, no logra acercársele lo suficiente, quizás para evitar hacerse daño con su comportamiento dañino. Finalmente, cuando deben separarse de nuevo, todo lo que rodea su entorno se desvaloriza, pierde color, hasta que finalmente un día decide escapar de todo ello, entendiéndose que deja atrás incluso el medio mediante el cual todo lo consiguió fácil y rápido: el abandono del Ferrari; el fin de su carrera. Fin.
Como aspecto a resaltar, está sin duda la dirección artística del filme, la cual es buena y se hace entender, pero no atrapa, es predecible y no consigue ser emotiva, lo cual decepciona. Incluso, careciendo de una permanente música incidental, el momento de la entrada de la canción del filme pasa por encima y se olvida. Otro punto que no favorece es la repetición de ideas, ya que una de las escenas que pretende ser memorable, cuando admite a su hija su descuido como padre, acallado por el ruido del helicóptero, es algo que simplemente ya se ha visto.
En resumen, no puede recomendarse este filme para quien quiera ver algo diferente. Si llega a sus manos, véala, pero no espere nada nuevo. Es mucha la afinidad que el filme demanda para lograr obtener tan poco. Si al final se atreve a hacerlo, tenga a la mano una buena comedia para levantar el ánimo después. Le Dîner De Cons (1998) siempre será una buena alternativa.
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lunes, 22 de junio de 2009
Gomorra (2008)
Varias veces se ha discernido, incluso aquí en el Manual, sobre el criterio que han tenido los jurados de la Academia para otorgar los controvertidos premios Oscar en sus contadas categorías. Por ejemplo, está la observación sobre cómo hay películas o directores muy buenos que han sido nominados para varios galardones o en numerosas ocasiones, respectivamente, para que al final no ganen nada; o lo hagan por méritos que no les corresponden. En ese sentido, esto nos ha impulsado en su momento a romper la marquesina que recubre lo comercial y elevarnos un poco para buscar las producciones ofertadas por festivales de cine alternativos, como son Cannes, Sundance o la Berlinale.
Paradójicamente, al confiar en el criterio de un jurado que se fija más en lo argumental, lo anecdótico o lo documental, hay ocasiones en donde se topa uno con películas que, por su carga de realismo social y detalle, se pasan de crudas o sencillamente son monótonas. Cabe indicar que tal vez la costumbre de ver o escuchar las atrocidades que se cometen en nuestro entorno a través de la dichosa media, en parte nos insensibiliza y hace que no nos impresione tanto la historia de una pareja de drogadictos que intercambia a su bebé por droga (L’Enfant [2005]), o la historia de un soldado que, atrincherado, ve caer a sus compañeros por el absurdo de demostrar la posición bélica de su país ante los demás (Beaufort [2007]). En el caso de Gomorra [2008], entiendo algunas razones por las cuales fue premiada, mas no las comparto, y es por ello que se reseña con la etiqueta del día lunes.
Según Martin Scorsese, es la película sobre mafia más franca e iluminadora que alguna vez haya visto. A mi parecer, el éxito de este género en el cine no ha estado en el concepto propio de la mafia, sino en la actitud y carácter de los mafiosos alrededor del mundo y las décadas (The Godfather, Scarface, Sonatine, Romanzo Criminale). Precisamente, por ser tan franca y representar hasta cierto punto cómo funciona hoy la maquinaria criminal napolitana; a través de historias paralelas sobre extorsión, narcotráfico, contrabando, e incluso violación de leyes ambientales; es que no se enfoca en desarrollar conflictos personales y se convierte en un cuarto con cuatro ventanas hacia la misma calle, mostrándonos realidades sociales tal y como son, aportando muy poco valor agregado, tanto técnico como artístico.
En adición, Gomorra tiene otro problema: es muy larga para lo que nos pretende contar. Dura casi dos horas y media, lo cual hace que en ciertos momentos a uno se le caiga la atención en la película por el letargo. Con un mejor trabajo de edición, se le hubiese podido quitar casi una hora de duración y haberla hecho más dinámica, por el estilo de Alejandro González I. Por otra parte, hay escenas en donde pareciera que no hubiese coordinación entre la intención del director de enfocar lo que es relevante para sí, y la atención del camarógrafo en ponerle interés a lo sucedido delante suyo.
Lastimosamente, muy pesar de la Palma que el público le otorgó en Cannes, al final uno siente que fueron más los minutos y minutos de atención derrochados que los momentos disfrutados. Hasta la paciencia de un buen cinéfilo tiene un límite, y si usted es de las personas que, por más que se le advirtió y se atrevió a intentarlo, no sobrevivió siquiera con el mensaje visual de Los Viajes Del Viento, es mejor que reserve su tiempo de cine para películas menos extensas, que contengan elementos que capten y mantengan su atención.
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lunes, 9 de febrero de 2009
¿En qué demonios está pensando ahora Oliver Stone?
"On any given sunday you're gonna win or you're gonna lose. The point is: ¿Can you win or lose like a man?"
Tony D'Amato – Any Given Sunday (1999)
Pues resulta que hoy ya es lunes y es de mal cine y, a mi pesar, dudo que Oliver Stone esté ganando, y si está perdiendo, no sé si lo hace de la manera indicada.
Aprecio muchísimo y soy seguidor de la obra de Stone como director, productor y libretista, la cual le ha proporcionado ya tres premios Oscar, y es por ello que declaro mi preocupación por los que a mi parecer han sido desaciertos en cuanto a lo que nos tiene acostumbrados. Puede ser que se encuentre en el ocaso prematuro de su carrera; puede ser que esté necesitando dinero y le importe muy poco el qué dirán; puede ser que finalmente esté haciendo lo que le gusta y su nutrida antología haya sido producto de otros factores ajenos a su ingenio. O tal vez pueda estar equivocado, y se me hace necesario compartir mi opinión con ustedes, asiduos lectores.
William Oliver Stone nació en New York, E.E.U.U. hace 62 años y ha sido influenciado definitivamente por los hechos históricos contemporáneos que han involucrado a su país como protagonista, incluyendo su participación como soldado en la guerra con Vietnam, en la que resultó herido en combate. Como resultado de esta experiencia, Stone dirige tres películas contextualizadas en dicho escenario las cuales, unas mejor que las otras, exponen las consecuencias del conflicto armado sobre el accionar moral, político y sociológico que compone a quienes han tomado parte en él:
Platoon (1986), en donde un soldado presencia los abusos y crímenes de su sargento, no sólo contra los vietnamitas sino contra sus propios compañeros. Born In The Fourth Of July (1989), donde un soldado orgulloso desde pequeño por prestar servicio por su nación, regresa parapléjico a su hogar, donde el transcurrir de los días postrado en una silla de ruedas transforma drásticamente sus convicciones hacia las razones de la guerra. Heaven & Earth (1993) es una película sencilla donde se hace énfasis en las dificultades que debe enfrentar el amor entre un alto mando del ejército estadounidense y una mujer vietnamita. Desde luego, Stone tiene películas de ficción más impactantes en su narrativa y puesta audiovisual, marcadas por la perspectiva alucinante de quien está bajo el efecto del alcohol y las drogas, como son Natural Born Killers (1994) o la tenebrosa U-Turn (1997).Pero como el asunto que nos concierne hoy es criticar lo actual, hago un recuento de las películas más recientes de este director, donde la construcción particular de sus protagonistas parece estar hecha a partir de intereses personales absorbentes, que sesgan la visión del personaje y no dan cabida a cuestionarlo en otros ámbitos de su vida:
Alexander (2004), es una superproducción que vino a derramarse sobre el ya saturado lustro de películas épicas (Gladiator, Kingdom Of Heaven, LOTR, Troy), ofreciendo muy poco convencimiento en lo actoral a pesar de su costoso reparto, así como un enfoque exacerbado en las obsesiones y los gustos personales de nada menos que Alejandro Magno, un personaje de tanta riqueza histórica, que resulta impensable sintetizar el impacto de sus acciones en las antiguas civilizaciones occidentales y orientales con unas cuantas batallas, cuidadas en los detalles pero congestionadas como un todo.Por otro lado, World Trade Center (2006), es una película con buenas y claras intenciones del director y de todo el elenco de representar el drama de un par de policías rescatistas que quedan atrapados bajo los escombros de las torres gemelas. En esta ocasión Stone, tal vez por respeto a las familias de las víctimas y por lo reciente de los hechos, se reserva toda la crudeza visual que suele imprimir, además del contexto político. Pero son esas buenas intenciones las que hacen que la película luzca pesada y aburridora durante sus dos horas. Así es el cine, y así quienes lo vemos y opinamos sobre él.
Finalmente, W (2008) es una película hecha con furia, con ansia, con un extraño dolor de patria, ya que muestra de manera práctica ese costumbrismo norteño que ha sido escenario de la familia Bush. Las actuaciones son buenas y la narración se acomoda al objeto de la historia, que es poner en evidencia a un desorientado con poder a través uno de sus renombrados desaciertos: la guerra en Irak. Otra vez Stone simplifica la vida de un personaje histórico en uno o dos hechos de impacto público, con una sátira tan poco común en él, que parece por momentos un capítulo de una serie de tv de Michael Moore.
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viernes, 22 de agosto de 2008
Glam Gore: Reseña Literaria Sobre American Psycho
Esta expresión que se me ha ocurrido, ignorando si es o no un seudo – género de algo, pretende resumir lo que el lector puede encontrarse al leer American Psycho (Bret Easton Ellis, 1991), una novela que al parecer fue un best – seller en su momento y que causó estupor y rechazo en ciertos círculos sociales norteamericanos por su contenido explícito que, por lo visto, atentaba contra la moral y las buenas costumbres. Terrible, ¿no?
Tuve la oportunidad de verme su adaptación fílmica hace unos años y, aunque disfruté la actuación del actor principal hasta el inevitable punto de tener presente su imagen durante su personificación en el libro, queda la sensación de que su directora tuvo ese temor entendible hollywoodense de reflejar toda la violencia gráfica contenida en esta obra, tanto en el sadismo del personaje principal, como en el comportamiento sociópata de la mayor parte de sus co – protagonistas.Como sinopsis, tenemos a Patrick Bateman, un joven y promisorio millonario, ejecutivo de cuenta de la firma P & P (perteneciente a su padre) en Wall Street, quien lleva una vida social muy activa con su novia y sus amigos, algunos colegas; otros ex – compañeros de Harvard, encontrándoselos con frecuencia en los clubes, restaurantes, bares y discotecas de la ciudad de New York. Dicho estilo de vida, oculta las acciones del ser maniático que se haya en su interior, quien empieza a cometer de manera serial asesinatos cada vez más despiadados, llegando a atentar incluso contra quienes le rodean y, posiblemente, le tienen afecto. Todo esto, contextualizado a finales de la década de 1980, donde las luces de neón, los estilos retro y vintage, la música Bubblegum, el fin de la Guerra Fría, el síndrome del Sida y los altos niveles de mendicidad están a la orden del día.
A través de la lectura, nos es posible encontrar frecuentes alusiones directas al racismo, a la homofobia y a la misoginia. El personaje principal, a pesar de su buen gusto, su genealogía y su abierta metrosexualidad, siente que no logra alcanzar la clase social suficiente, más que para ser aceptado, sin lograr destacarse al nivel que desea. Es quizás esta hambre de éxito la que conlleva a tratar de alimentarse mediante la vejación de quienes resulten vulnerables ante sus manos, torturándolos hasta la muerte y regodeándose en su dolor. Sin embargo, y como puede esperarse, Bateman va perdiendo el control de sus acciones y junto con su creciente insatisfacción, descubre atónito como la sociedad que idolatra lo ignora hasta el punto de permitir la impunidad de sus actos.
Cabe anotar que el sencillo estilo narrativo de Easton Ellis se combina en ocasiones con la permanente mención de detalles superfluos, presentes en una notable cantidad de capítulos vacíos de intención y dirección, que adolecen de un desbalance argumental, tal vez con la intención de ilustrar la perspectiva sicológica del protagonista, deteriorada por el vértigo del devenir de una vida sin sentido.Teniendo en cuenta lo anterior, recomiendo esta novela a quienes crean ser capaces y les parezca atractivo poder soportar la presentación de una sociedad sórdida y de su lixiviado ejemplar: un yuppie que intenta encontrar a través de la inhumanidad de sus crímenes, una forma de escapar de esa realidad de la que hace parte funcional, para después tratar de llamar la atención de sus semejantes, adormecidos por el modo como han escogido vivir y alegremente inmunes a todo aquello que les pueda resultar perturbador.
Para terminar, les comparto uno de los pasajes más recordados de la novela; posiblemente, la escena mejor lograda en la película:"El maître se acerca para saludar a McDermott, luego se fija en que no tenemos los preceptivos Bellini y se aleja corriendo antes de que podamos impedírselo [...], pero decido que puedo marcarles un gol enseñándoles mi nueva tarjeta de visita. La saco de mi cartera de piel de gacela (Barney’s, 850 dólares) y la dejo encima de la mesa, esperando su reacción.
– ¿Qué es eso? ¿Un dibujo? – pregunta Price, sin demasiada apatía.
– Mi nueva tarjeta de visita. – Trato de comportarme desenfadadamente, pero me sorprendo muy orgulloso –. ¿Qué os parece?
– Vaya – dice McDermott, recogiéndola auténticamente impresionado –. Muy bonita. Échale un ojo. – Se la tiende a Van Patten.
– Las recogí del impresor ayer – apunto yo.
– Está bien de color – dice Van Patten, estudiando atentamente la tarjeta.
– Es color hueso – señalo –. Y los caracteres se llaman algo así como Silian Rail. [...]
– [...] Está bastante bien, Bateman – dice Van Patten cautamente, el jodido envidioso –, pero eso no es nada… – Saca su cartera y deja una tarjeta de visita junto al cenicero –. Mirad ésta.
Todos nos inclinamos y estudiamos la tarjeta de visita de David, y Price dice tranquilamente.
– Es bonita de verdad.
– Me recorre un breve espasmo de envidia cuando me fijo en la elegancia del color y la evidente clase de los tipos. Aprieto el puño cuando Van Patten dice, afectadamente:
– Cáscara de huevo con tipos Romalian... –. ¿Qué opinas tú?
– Muy bonita – grazno, pero consigo asentir con la cabeza, cuando el mozo trae cuatro nuevos Bellini.
– Dios santo – dice Price, alzando la tarjeta de visita hacia la luz e ignorando las nuevas copas –. Es súper de verdad. ¿Cómo es posible que un idiota como tú tenga algo de tan buen gusto?
Miro la tarjeta de visita de Van Patten y luego la mía, y no puedo creer que a Price le guste de verdad más la de Van Patten. Aturdido, doy un trago a mi copa y respiro a fondo.
– Pero esperad – dice Price –. Todavía no habéis visto nada... – Saca la suya de un bolsillo interior de la chaqueta y lenta, dramáticamente, le da la vuelta para que la admiremos, y anuncia –: la mía.
Hasta yo tengo que admitir que es espléndida".
American Psycho. Easton Ellis, Bret. 1991. Pp. 61 – 63.
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miércoles, 30 de abril de 2008
¿Te has creído disfuncional?
Después de unos cuantos días sin publicar en el blog, le propuse a Macaco que me permitiera reseñar una película hoy, miércoles del buen cine, buscando no perder pues la buena costumbre de escribir para quienes son asiduos lectores nuestros. La experiencia de haber hecho este ejercicio durante nuestro mes de tributo, además de mi gusto por las buenas e inusuales películas, son motivos suficientes para hacerle una buena digestión a una opípara sesión fílmica, como la que tuve el domingo pasado en Eurocine. Aunque sólo asistí ese último día, creo haber tenido la suerte de ver una de sus mejores proyecciones: Entre Dos Veranos (Sommaren).
Esta es una película sueca no pornográfica (¿van a creer?), cuyo género podría estar desplazándose continuamente entre el drama y la comedia negra espontánea, unidos ambos de una manera simbiótica, aportándole cada uno al otro un poco de miel e hiel que necesitan entre sí para despertar en el espectador interesantes reacciones. Como sinopsis se puede presentar a una familia europea algo convencional y de buenas costumbres, cuyo ritmo normal de vida y sus actividades se ven alterados por la pérdida de uno de sus seres queridos, es decir, el hijo menor de la joven pareja de casados. Dicha muerte, ocasionada por motivos meramente casuales, detona el sentimiento de culpa en quienes creyeron tener pleno control de todas las situaciones; lo cual a su vez comienza a liberar otros sentimientos y deseos ocultos, agradables o no, a la vista; reprimidos tal vez por efecto de la normalidad de los días.
A partir de ello, cada uno de sus personajes empieza a buscar respuesta a estos impulsos, tratando de expiar un pecado inexistente pero a su vez, permitiendo encontrar ciertos rasgos de la personalidad que suelen ser públicamente condenados, incluso en las sociedades europeas con mayor libre-pensamiento. Como puede intuirse a partir de su título, el argumento es desarrollado durante una línea cronológica de un año, terminando en un punto donde sus protagonistas pueden confrontar de nuevo el espacio-tiempo del incidente y cosechar su experiencia para afrontar el camino vital por recorrer aún.
Como dato curioso, Entre Dos Veranos es una película del año 1995. No estoy en contra del anacronismo en los festivales o ciclos de cine. No todo lo nuevo es bueno, ni todo lo viejo es malo. Este tipo de historias no necesitan tener presente un referente histórico que la contextualice, por lo cual se puede disfrutar, sin tener que pensar que de alguna manera estoy impidiéndome ver algo "moderno" o "vanguardista". Como alguna vez me dijo el camarada Mauro Z, "el sentido común es el menos común de los sentidos". Esta película nos muestra una manera más de recorrer un camino que, aunque lo hayamos visto y tengamos idea de cómo emprender el viaje, nunca sabemos cómo colocaremos en él nuestros pasos hasta que nos toque hacerlo.
Bueno, como pueden notar, me gustó mucho y se las recomiendo. Como Eurocine ya terminó, tengan en cuenta ir a buscarla a videotiendas especializadas en cine independiente o extranjero, en su respectiva ciudad, o "pedírsela prestada" al mejor de sus amigos corsarios.
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Sama
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miércoles, 5 de marzo de 2008
¿Qué pasa el 6? ¿Quién marchará?
Hace un mes y dos días, el pueblo Colombiano marchó como uno solo por las calles del mundo. En ese entonces, algunos integrantes de los diferentes partidos políticos dijeron que todo estaba amañado y que se estaba defendiendo al gobierno y ocultando sus propias culpas.
Entonces se programó una marcha para el 6 de marzo, en contra de todas las masacres del estado, de los paramilitares y de los demás actores de la guerra en la que estamos.
Pero porqué será que no veo el mismo entusiasmo en la cara de la gente de la calle para salir a marchar? aquí una posible lista de razones:- Las empresas no van a dar permiso a sus trabajadores para ausentarse otra vez.
- Los organizadores no son tan mediáticos, o al menos no les han dado el espacio en los medios (aunque he visto entrevistas y propagandas en tv).
- Estamos en la mitad de un conflicto con Venezuela y Ecuador, que le quita importancia a todo lo demás.
- La gente del común cree que esta marcha no es de la misma importancia que la del 4 de febrero.
- Se piensa que la marcha del 4 fue organizada por un conjunto de personas, no por políticos, y que después fue acogida por el mundo político. En cambio se cree que esta está organizada políticamente.
- Estamos esperando los resultados definitivos de la marcha del 4, y hasta no saber que pasa, no se entrará a ninguna otra.
- La marcha del 6 fue organizada como respuesta a la del 4, por lo que algunos que marcharon el 4 se sienten ofendidos, por lo que no marcharan.
- Ya no hay plata para comprar camisetas, y con las de la anterior marcha no se podría marchar esta vez.
- Aún duelen los juanetes.
Hay muchas otras razones seguramente y tu debes tener unas muy buenas.
Tal ves si marche mucha gente, tal ves mucha más que el 4 de febrero, pero si no es así, me gustaría que opinaran por qué no saldrán a marchar.
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Macaco
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martes, 22 de enero de 2008
Unas instrucciones muy cortas
Inspirado en el Aleph de la semana pasada y en el cansancio que tengo esta semana finalmente le hice caso a Macaco y publiqué estas instrucciones:
Brevísimas, prácticas, obvias y poco útiles instrucciones para prender un computador portátil Dell Inspiron 640m que ha sido enviado desde Estados Unidos, en un período menor a veintiún días, hacia Cali y al cual se le ha sustituido el errático sistema operativo que traía de fábrica por otro menos pero igual errático.
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kxi
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martes, 1 de enero de 2008
La feria de Cali
Manual para colores insatisfechos
Para leer este manual no hay que ser un color ni vestirse como tal, y mucho menos, pensar como uno de ellos. Pero para usarlo, estoy convencido que sí.
Para que los pasos que encontrará a continuación tengan sentido usted deberá estar, como el título lo indica, insatisfecho. Ya sea con su tono de piel, con su olor característico o con el contexto en el que le tocó vivir. Un rojo enamorado, un azul profundo, o tal vez un azul libertad, un verde esperanza, un negro dueño de la noche tal vez no le encuentren mucho sentido a este manual. ¿Por qué cambiar? Eso es cuestión de humanos. Son ellos los que se sienten en frente de sus computadores y dicen: “Hoy me siento como gris” y puff, sin ninguna compasión disfrazan el azul original con que habían nacido por defecto los pixeles de su monitor por otros de tonos diferentes.
Cali, un color triste por naturaleza, que nadie usa solo, porque tiende a ser opaco. Siempre necesitaba de la ayuda de sus primos, colores más vivos o más pasteles para sobresalir en la ternura de alguna niña o en casos de suerte en una adolescente. Repudiado por muchos hombres el codificado E500A8 en hexadecimal habló conmigo y me dejó los pasos que realizó en su feria para cualquiera de sus amigos insatisfechos.
- Inaugure una feria. Al igual que a las personas, a los colores les encantan las ferias. Allí pueden deslumbrar a otros colores con su belleza. También pueden conocer colores interesantes, charlar un rato y hasta si la suerte y la intención lo permiten, combinarse con otros colores. Este proceso, que sería equivalente a la reproducción en los humanos es algo diferente, según Cali y sería indescriptible, en el lenguaje humano, las sensaciones que llegan a tener los colores cuando se encuentran a su “media naranja” (esta descripción se la inventaron los colores, porque al naranja, tal vez por su ascendencia traviesa del rojo pasión y el amarillo belleza, le encanta combinarse con muchos colores) es una cosa que no se puede poner en palabras.
- No se preocupe si inicialmente no llega nadie a la feria. Los colores se han vuelto algo desconfiados, pues en las ferias humanas los usan sin discriminación para atraer a otros humanos y degradan sus usos cotidianos. Los combinan a la fuerza, con otros colores con los que ni siquiera congenian, e incluso los regalan como trofeos luminosos a los humanos, que en su borrachera los dejan morir de tristeza en el piso frío y mojado de cualquier avenida. La feria de Cali tuvo éxito porque el anfitrión invitó a dos (muy amigos suyos) colores con más fama y credibilidad (C44DFF y 7A33FF). En eso consiste el segundo paso. En invitar como anfitriones amigos a colores más famosos.
- Algo que rompe la monotonía, y que cumple con el objetivo de satisfacer a los colores no contentos con su esencia natural, es darle un buen tema la feria. Uno en especial, que le funcionó a Cali, fue uno interactivo. “En la feria de Cali, cada color puede ser el color que quiera. En la entrada, encontrará tonalidades para mezclar con su ser en la búsqueda del tono adecuado”. Muchos colores le tienen miedo a esto de graduar su tonalidad sin combinarse naturalmente con otro color. Lo consideran algo artificial, medio contra natura. Sin embargo, las demostraciones en vivo son lo mejor para perder el miedo y Cali lo hizo con decoro.
- Tome parte activa de la feria participando usted mismo de las actividades e invitando. Para esto Cali, tomó unos cuantos tonos y los guardó en sus bolsillos. Flotando entre la muchedumbre comenzó a sacar uno a uno y con el tiempo y la paciencia adecuados, los tonos que dejó chorrear en su cuerpo. Cuando Cali tomó el mismo matiz de sus amigos anfitriones (C44DFF y 7A33FF, que en realidad se llaman, Cilo y Axo) sin perder su esencia, los invitados se vieron con la confianza para probar los tonos temporales.
- Controle la euforia colectiva. Para los colores, la confianza es importante. Es por esto que se demoran en participar. Pero también es por esto que cuando toman confianza, se descontrolan un poco, porque se sienten a salvo. En una demostración tan hermosa como la que hizo Cali, cuando los demás colores comiencen a cambiar los tonos, la efervescencia del momento y la embriaguez de los más alegres (como el amarillo que suele dejar hijos regados y olvidados en las ferias y que además tiene la tendencia a brillar más de la cuenta, opacando a los demás), pueden sacar las cosas de control e incitar a orgías aparentemente placenteras, que sólo dejan un pálido blanco totalitario que odia la alegría del color (o más bien la envidia) y que sólo quiere absorberlos a todos en su frío manto. Hay varias formas de contener la euforia. Una de ellas es invitando al muchas veces no tan querido negro y pedirle que con su fortaleza calme los ánimos de vez en cuando. Además a la larga, el negro, que no se combina con los demás sí los hace ver en su esencia natural como seres bellos de la noche. La otra es restringir la cantidad de tonos que se suministren en la feria. También se puede ser más agresivo y tener algo de tiner a la mano, pero creo que para esto se necesita tener licencia. Con ayuda de algo de imaginación también se puede controlar a los colores. Aunque a veces la imaginación sea más difícil de conseguir que la licencia para el uso de tiner.
- Permita e incite al uso de nombres artísticos. Por ser pocas veces al día la frecuencia de las ferias de colores, a éstos no les gusta que se sepa plenamente quienes son. Por eso el uso de tonalidades cambiantes le resultó tan bien a Cali. Sin embargo, el hecho de que puedan cambiar sus nombres, será para los colores algo tan atractivo como el cambio de piel (por así llamarlo). Deje que el amarillo pollito sea cada vez que quiera dorado intenso; que el verde esmeralda pueda camuflar su linaje siendo un azul aguamarina; que el rojo pasión descanse un poco y pueda bailar un poco menos apasionado como si fuera un simple escarlata o un sofisticado ferrari; que el azul profundo cansado por la pesadez de su hondo ser pueda ser un cian alegre. Y en general así. Cali, en un solo segundo pasó por un serio azul, un calmado azul cielo, un verde coqueto, un verde mango viche con sal y limón, un amarillo naranja valenciana, un naranja instruccionesypasos, un rojo sangre y un rosa silvestre. Como las máscaras de Octavio Paz en el Laberinto de la soledad los colores también se disfrazan, pero los motivos para hacerlo son diferentes.
Haga concursos y premie. Así matrimonios tan encopetados como los que habitan en la orquídea cattleya o en otras plantas de menos glamour seguro asistirán. Los colores que habitan en las flores, que generalmente son matrimonios de más de un color (los colores son polígamos o poliandrios, no es muy claro, ya que el sexo en los colores no es como en los humanos, y las reglas de sus matrimonios también diferente a la de los humanos) son muy felices. Nada inconformes. También son muy encopetados. Pero les gusta la rumba y sobre todo los premios. La asistencia de ellos a la feria, le dará un toque más de importancia y elevará la moral de aquellos colores inconformes con su existencia.
Finalmente, a menos que la feria lo haya dejado con hijos regados, o que algún empresario lo haya contratado para iniciar una nueva vida entubado en algún dispositivo para pintar los blancos papeles o los tableros de acrílico que usan los humanos, o a menos que la histeria colectiva lo haya terminado convirtiendo en otro color ahora menos insatisfecho (como le pasó a Cali), gracias a la magia de combinarse con otro, pues es hora de regresar a sus labores. A pintar el mundo. Los seres vivos. En especial los que son capaces de diferenciar la belleza del ser de los colores necesitan camuflarse, verse advertidos ante el peligro, seducir al sexo opuesto y hasta sublimarse con el arte de algún dizque maestro (imagínense un mundo ausente de color). Después de una feria que eleva el espíritu, y le da grandeza a los colores, volver a sentirse insatisfecho será una cosa del pasado
. Cali, famoso organizador de ferias de colores, garantiza que la satisfacción sólo pasará en unos cinco días, y para entonces ya habrán pasado montones de ferias.
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kxi
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12:55
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