Buenos días.
Se supone, que iba a escribir sobre otra cosa hoy. Un tema parecido (igual tocaba criticar hoy), pero pues, lo que nos pasó anoche (a mi novia y a mí) me hizo cambiar de parecer.
Eran las ocho de la noche, caminábamos por la calle quinta rumbo a Unicentro, en Cali. Justo donde la calle quinta se convierte en carrera cien (para los de afuera, no se preocupen que eso es normal en esta ciudad), se nos acercan dos jóvenes y una muchacha. No me gustó mucho su aspecto. La ropa se veía trajinada, sucia, pero eso no era lo que no me gustaba. Se veían muy flacos, como desgastados por la droga (conozco de primera mano, gente así, desgastada por la droga) y con muchas cicatrices en el cuerpo y la cara.
La pelada se nos acercó y nos preguntó algo, yo no le entendí y sin detenerme le contesté que no con la cara. Ella habló más fuerte y yo reduje un poco el paso, mientras que mi novia lo apuró. Yo seguía sin entender bien lo que preguntaba, pues estaba más preocupado por los dos sujetos que nos cerraban el paso. En ese entonces medio entendí, fundación Libertadores (o algo así). Le grité: "¿Que dónde queda?" y ella me dijo: "si". Le contesté de nuevo: "No se" y seguí. En ese momento ya me había dado cuenta que uno de los tipos nos cerraba el paso para adelante y el otro para atrás. Ella se puso muy violenta, lo cual asustó a mi novia y gritando como una loca nos decía: "Tranquilo papito, nosotros estamos armados. No se vaya a hacer disparar. ¿Estamos?". Los ojos verdes en su piel morena (detalle curioso) y su cara filuda, la hacían parecer más peligrosa. Yo estaba calmado. Pensaba muchas cosas mientras miraba qué grietas habían dejado en su círculo (no encontraba ninguna): "Qué pereza, y ahora qué? ¿Qué clase de robo será? Se ven muy organizados, cuánta plata será para ellos suficiente? ¿Nos harán daño?".
Después se acercó, el que al parecer era el líder. Un muchacho flaco, joven, como de mi estatura (1.74). Él era el que más cicatrices tenía. Lucía una camiseta blanca de cuello en v, como rasgada y dejaba ver más cicatrices en su cuerpo. Algunas parecían recientes por el tono rojizo de la piel. Nos dijo con mucha calma: "Nosotros somos una banda de sicarios de Agua Blanca" (lo cual no me asustó, me hubiera dado lo mismo si fueran de Siloé, Santa Anita, La Merced o Ciudad Jardín. Además los sicarios matan, no roban, para qué exponerse a trabajos que dan poco dinero y pueden llegar a tener el mismo riesgo?). "Estamos armados y si usted se comporta calmado, le vamos a respetar la vida a usted y a su novia". Eso me tranquilizó un poco. No confiaba plenamente en sus palabras, pero al menos sentía que ellos no nos querían a nosotros sino a nuestro dinero. Sin embargo, me intranquilizaba mucho un taxi que estaba parqueado a cinco pasos de nosotros. Había olvidado sacar mi tarjeta de crédito de la billetera y veía venir un paseo millonario con escopolamina, violación y muerte muy muy cerca de mí. Ya a personas muy cercanas a mí les han pasado cosas parecidas, y creía que iba a ser mi hora. Trataba de estar lo más calmado posible, pero no tenía ni idea de cómo iba a sacar a mi novia ilesa de una situación como esa. De todos modos le dije, que sí, que entendía y que iba a seguir sus instrucciones, con varios movimientos de cabeza afirmativos.
El tipo siguió con sus instrucciones mientras la mujer parecía cada vez más tensa (parecía querer salir de eso lo antes posible. Ella ponía muy nerviosa a mi novia). El otro sujeto, un poco más bajo, con la cabeza rapada, mantenía con las manos metidas dentro de la chaqueta mirando toda la situación. Se fijaba en quien pasaba, en quien nos miraba. Parecía un guardaespaldas sin gafas negras. El tipo siguió: "Salúdenos como si fuéramos sus amigos" y nos dio la mano. Yo se la miré, pensando en cómo me iba a dar la escopolamina, pero no vi nada. Se la di. Mi novia también le dio la mano. Nos dijo: "Caminemos todos hacia allá" (en dirección opuesta a la que veníamos). "Háganlo tranquilos que si todo sale bien no les va a pasar nada. Piénselo bien, cualquier decisión mala que tome, nos complicamos y recuerde que usted viene con ella. Cualquier cosa que haga alguien más también nos podemos complicar". Caminamos como diez pasos mientras nos preguntaba: "Cuánto dinero en efectivo llevan?" El otro tipo y la vieja, que parecían más ansiosos y nerviosos, bueno también violentos (aunque realmente no me asustaban tanto, como si el que hacía las preguntas) se apuraban a decirnos, "no nos mientan, que ahora los vamos a requisar y si llevan algo más los pelamos". Mi novia y yo no mentimos. Ellos tenían controlada la situación y no queríamos que se saliera de ese control. "Veinte mil pesos" respondió ella, "como cuarenta mil" dije yo. "De acuerdo, sigan caminando y me dicen qué equipo de comunicación móvil manejan". Me pareció que para el aspecto del individuo su lenguaje era muy claro y cortés (nunca usó la palabra "parce" ni otras degeneraciones del lenguaje. Creo que hasta para robar la decencia en este país ha alcanzado niveles insospechados. Nada más miren la rama ejecutiva y la legislativa de mi país y se darán cuenta). "Un nokia no se qué" le respondimos mi novia y yo. Teníamos el mismo equipo. Uno barato, que en chiste decíamos nos pudieran robar y no nos doliera. Pero sí nos dolió.
Tras diez pasos de camino, nos hicieron parar, entregarles el dinero y los celulares (hasta unos bonos sodexo que tenía mi novia se llevaron). La vieja tuvo tiempo de burlarse de una estampita de la virgen que tenía mi novia en la billetera, mientras el líder le decía "no le quites la billetera, ella no nos está mintiendo, déjala." El otro tipo, decía, "que te muestre el cuello, saca las manos de los bolsillos" (yo estaba apretando las llaves de la casa, presto a cualquier movimiento violento y rogando porque se fueran ya). El líder le dijo "ya lo vi, no tiene nada más, déjalo. Ellos no nos mentirían". Después, nos dieron más instrucciones: "Caminen hacia la siguiente cuadra mirando hacia el piso. Luego volteen a mano derecha y caminan media cuadra más hacia adentro. No hacia la portería de esa unidad. Después de eso, pueden ir a donde quieran. No les vamos a hacer nada. Eso si, ni se les ocurra mirar las placas de la camioneta, porque se acaba todo." Eso hicimos. Bueno, más o menos. Yo no miré al piso. Esperé todo carro que pasara, y como me lo imaginaba, nunca vi una camioneta. Yo creo que se fueron en el taxi que tanto temor me causaba. Después de eso, quedamos muy aburridos.
De todos modos, y sabiendo que se acababan de tirar mi sábado, pues decidí que no iban a dañar mi viernes (o lo que quedaba de él). Nos devolvimos a la casa. Nos encontramos a una amiga que también tenía Movistar e intentamos bloquear los teléfonos. No pudimos, parece ser que el servicio al cliente sólo existe para los prepagos (lo cual no me extraña de tan mal operador a la hora de prestar servicio al cliente). Cuando llegamos a la casa, nos comunicamos con mi suegra y ella nos hizo el favor de bloquear los teléfonos. Después descubrimos que no sólo habíamos perdido un par de equipos de veinte mil pesos, los cuales mantenemos dejando caer de la cama, sino que además habíamos perdido relojes, agendas, despertadores, y la forma de comunicarnos con toda la gente que teníamos que hacer este fin de semana. "Malditos!" exclamamos.
Después de eso no quisimos caminar de nuevo. Tomamos un taxi y seguimos con nuestro plan. El éxito ya estaba cerrado y no pudimos comprar una bomba de baño que necesitábamos para destapar el lavaplatos, pero si comimos y fuimos a cine. Disfrutamos de Iron man (el hombre plancha, como le dije a la vendedora de boletos). Nos gustó mucho. Nos pareció bien hecha, a pesar o gracias a lo larga. Volvimos. Y ahora, ando buscando una notaría abierta en Cali para poner un denuncio de tal vez 10.000 pesos. Después hacer una fila interminable en la agencia de Movistar. Para maldecirlos todo el día y ver cuánta planta me van a sacar por un teléfono (todavía no se me cumple el año para la reposición).
Así pues si quieren contactarme, por ahora busque mi antiguo número, pues le he pedido prestado por este fin de semana el celular Tigo a mi hermanito.
PS: Mi novia me dijo que era la primera vez en su vida que la atracaban. Pero que le alegraba que hubiera sido conmigo porque estaba muerta del susto. Yo le dije que también era la primera vez en la vida que me atracaban, pero que no me gustó que hubiera sido con ella, porque me sentí muy vulnerable. Con mucho que perder. Débil. Que tal vez sin ella no me hubiera dejado robar. Pero luego pensé bien y le dije. Tal vez fue mejor así, posiblemente solo en este momento estaría en el piso sangrando y sin un teléfono para pedir ayuda. Después con mucha resignación le dije: "Yo creo que entre ellos y los que se roban nuestros impuestos no hay gran diferencia. Nada justifica quitarle a otro lo que es suyo por la fuerza".
PS2: Estoy seguro que la gente que pasó por nuestro lado se dio cuenta de que era un robo. Pero como en Juanito Alimaña, "nadie ha visto nada". Y no se si yo hubiera visto algo si hubiera sido yo el que hubiera pasado. Yo creo que sí.
PS3: Lo que más me duele, es perder este día, que iba a dedicar a mí por estar haciendo vueltas.
PS4: Mauroz y Sama ya han pasado por esto, así que espero sus comentarios.
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