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lunes, 24 de enero de 2011

Das Weisse Band (2009)

Hace meses me ví esta película en cine con un amigo y al salir, mientras bajábamos en el ascensor con un grupo de personas que venían del mismo sitio, uno de ellos resumió el sentimiento general sobre lo que habíamos presenciado: "Ve, y porqué fue que no nos vimos Shrek?". Tan clara fue la sentencia, que esta reseña me pareció innecesaria en su momento, permaneciendo en el borrador hasta hoy, en vista de que la crítica sigue alabando esta obra de Haneke, tal vez el director de cine alemán de mayor reconocimiento de nuestros días. Es por ello que; haciendo de tripas, corazón; realicé nuevamente el ejercicio de vérmela, esta vez solo, y con todos los sentidos puestos en ella.

¿Qué se puede obtener cuando se combina una buena sinopsis con un destacado director y además se le suma un par de reconocimientos como mejor película en certámenes como Cannes y los Golden Globes? Para este caso, lo mismo o un poco menos. Otra vez, tal y como me pasó ya en otra ocasión, una película se queda corta frente a las críticas hechas por fuentes reconocidas; quizás porque de nuevo, como si se estuviera frente a una mancha Rorschach, los ojos expertos imaginan más de lo que dilucidan. Porque es claro que a veces hay que leer entre líneas lo que se te pone en escena para llegar a lo sustancial, así como conocer un poco mejor el contexto histórico o político en el que se desarrolla todo, te permite confrontar la visión del director con los hechos. Sin embargo, en Das Weisse Band (2009) casi nada subyace tras lo evidente.

Es válido empezar por reconocer que el cine, así como lo ha hecho la literatura, se ha encargado de mostrarnos representaciones de algunos hechos históricos que hemos olvidado, parcial o por completo, de nuestras clases de ciencias sociales; ésto último es quizás porque la academia sigue empeñada en intentar hacernos memorizar fechas, sitios y nombres para cumplir con un currículo, en vez de darnos entender las razones de ser de los logros y fracasos de la humanidad. De cualquier forma, es imposible aprehender toda la historia del mundo, así incluso te vayas a dedicar tu vida plenamente a ello. Por otra parte, las versiones de los hechos suelen ser contadas por quienes posean el poder de los medios que los narran, sin importar lo que haya pasado.

Por lo anterior, adicional a mi gusto por las películas sobre conflictos armados, es gratificante poder apreciar las distintas visiones de un mismo conflicto; tal vez el más popular y atractivo para el cine ha sido la Segunda Guerra Mundial, donde se pueden conocer las perspectivas de otros de sus actores (Ej. Letters From Iwo Jima - 2006 -), historias reales poco o nunca contadas (Ej. Valkyrie - 2008 -) o ficciones, ya sean cercanas a la realidad, o tan descabelladas como entretenidas (Ej. Inglorious Basterds - 2009 -). El punto es que, curiosamente, la Primera Guerra Mundial no ha gozado de las misma popularidad para este medio, y aún menos los sucesos que conllevaron a este suceso.

La historia de Das Weisse Band se desarrolla en la aldea protestante de Eichwald, Alemania, durante los años previos al estallido de la Primera Guerra Mundial, lugar en el que empiezan a acontecer ciertos incidentes en contra de algunos de sus habitantes. El narrador de la historia, profesor de la escuela, cuenta los hechos en retrospectiva, según su conocimiento y sus sospechas de lo ocurrido; éstas involucran a varios de sus alumnos, quienes han sido educados en sus hogares bajo un sentido de la moral religiosa severo. Al final, a pesar de estar convencido de sus suposiciones, cae en la cuenta de que, más allá de tener o no razón, los habitantes no les interesa conocer la verdad; quizás por su crudeza, o quizás porque de alguna manera dan aval a estas acciones como un castigo merecido a quienes lo han recibido. Bajo esta descorazonadora realidad transcurren las dos horas y cuarto de duración, acentuada por un silencio y una monocromía permanente, que hacen que una aldea Amish parezca un centro recreativo.

En resumen, la historia puede ser interesante, pero no entretenida. A pesar de que en la cinta se busca dar ejemplo del sentimiento ultra nacionalista y reaccionario que, junto al asesinato del Archiduque Franz Ferdinand, detonaron la declaración de guerra de los Imperios Germánico y Astro-húngaro, queda la sensación de que la narración le debe enormemente al espectador; sobre todo por lo inexplicable de ciertas tomas eternas a un encuadre fijo; es un tiempo que sin duda pudo haber sido mejor aprovechado.

A Haneke hay que darle el mérito de tocar un tema tan delicado como éste, ya que es una crítica directa al fundamento de las estructuras sociales de su país para ese entonces. Aún así, la película adolece de ser lenta, estática, así sea ésta su intención. Es excluyente, porque no invita a conocer a quien no tiene idea, sino que comparte poco con los pocos que están en verdad involucrados con su contexto. Si alguno de ustedes ya la ha visto y quiere compartirnos su opinión, sea afín o contraria, están cordialmente invitados a hacerlo.

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miércoles, 19 de mayo de 2010

Män som hatar kvinnor (2009)

Sabrán pues nuestros seguidores que por ahora este Manual anda funcionando algo empujado, como si fuera nuestro cacharrito; ese del cual no queremos salir porque, aunque ya no nos transporte cotidianamente, si lo hace para momentos y lugares donde nos sentimos cómodos y tenemos una perspectiva distinta de las cosas. Dicho esto, podríamos hacer una analogía con respecto a la manera como ciertas películas llegan a la cartelera nacional: unas veces por necesidad; otras con ocasión de una oportunidad.

Casi un año después de su estreno mundial, Män som hatar kvinnor (2009), adaptación fílmica de la novela del mismo nombre y que hace parte de la trilogía póstuma Millenium del escritor Stieg Larsson; es estrenada en Ámerica con motivo de su éxito en Europa (más literario que taquillero), así como por ciertas situaciones controversiales que la han rodeado en algunos de sus ámbitos.

Quienes no tengan inconveniente con la acentuación nórdica y con repartos actorales desconocidos, podrán pasar un largo rato agradable con esta película en la cual se destacan, así como su argumento y gran parte de sus personajes, el dinamismo narrativo del que suelen carecer ciertas historias policiacas de carácter investigativo. Junto al protagonista principal, Mikael; del cual no hay más que decir sino que es un periodista en mala racha, involucrado en el caso de una desaparición y presunto asesinato de una joven hace 40 años; se encuentra Lisbeth, uno de esos personajes tipo "gancho promocional" que, por fortuna, no se queda en la apariencia y hasta esta primera parte, luce bien construido. Lisbeth es una hacker introvertida y con un pasado más oscuro que el tinte y las sombras que se echa, quien es contratada en un principio para indagar en profundidad en el pasado de Mikael y que, por cosas del destino y de conexiones ilegales con escritorios virtuales remotos, termina colaborando con su investigación e involucrándose con él.

Durante el desarrollo de la historia, se van ilustrando aspectos interesantes acerca de cómo funciona la sociedad sueca contemporánea y, a partir de modelos propuestos de organización, se van evidenciando sus posibles aciertos y fallas; sus pros y sus contras. Lisbeth, quien a pesar de ser presentada como un personaje secundario, es pieza clave en cada uno de los puntos de desenlace del argumento, se convierte en un ícono por reflejarse como un resultado de ese orden liberal propuesto para cosechar ciudadanos ejemplares.

Por otra parte, por ahí hay rumores de que Columbia Pictures ya tiene negociados los derechos para una adaptación hollywoodense y le ha ofrecido la dirección a David Fincher, hombre ya experimentado con este asunto de combinar el suspenso con lo detectivesco. Habría que ver si ésta se haría sobre el guión de la película o sobre la novela misma, ya que la censura podría afectar la interpretación de algunas escenas cuyo contenido sexual y violento es alto. Como le comentaba a Mauro Z durante el reciente Eurocine, rara vez una película sueca no termina con un asesinato, un suicidio o una violación. Ésta, aunque tiene mucho de esto y más, podría decirse que concluye en términos algo más constructivos.

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miércoles, 29 de julio de 2009

The Fine Art Of Love (2005)

En la alborada del siglo pasado se sitúa la historia de esta película sobre un grupo de niñas que, ante un aparente abandono a temprana edad, han sido internadas en un orfanato con el fin de ser convertidas en mujeres de sociedad, de acuerdo con los cánones morales contradictorios que regían a Alemania y otros países europeos, en la antesala hacia la Primera Guerra Mundial.

La secuencia introductoria en la que se muestra un primer plano de los pies de una bailarina de ballet, la cual ejecuta perfectamente su acto sin permitirse inmutarse por la sangre que empieza a brotar de sus dedos y a manchar sus zapatillas y el escenario, desmiente al paradójico título y nos promete tarde o temprano escenas del mismo impacto, con una teatralidad que por momentos raya en lo absurdo; como si las tablas de la tarima se extendieran más allá del recinto.

El argumento es sencillo, venido a complicar por los sentimientos encontrados de institutrices y alumnas que; motivadas por vencer la represión y buscando una realidad del mundo que trasciende las rejas del claustro; van desdibujando todo ese montaje y se entregan a experimentar a través de su sexualidad, su amor, su orgullo y su rencor. Se destaca la vehemencia de personajes como el de Irene (la amante de la prima ballerina) o el de Lady Helena; extraña un poco ver a la siempre bella Jacqueline Bisset, tan poco exigida dentro de su papel como directora del internado, con una introversión que impide al espectador entender suficientemente sus acciones.

De entrada, The Fine Art Of Love resulta fácil de comparar con Innocence (2004), cuyo concepto es exactamente el mismo, pero esta última con una visión esperanzadora ante la vida impositiva dentro de un internado de este tipo. En lo referente a lo técnico, se evidencian una buena fotografía e iluminación, contrastando con una malograda edición entre episodios que por momentos nos hacen a un lado del camino y nos recuerdan que es tan sólo una película.

Es posible que para quienes les interese verla aún puedan ir a las salas de cine de Royal Films en su ciudad, para darle un poco de carne al morbo y apostar unas monedas por el bien, pero quedan advertidos: la desazón hará presencia en el camino de cualquiera de sus protagonistas, en cualquier momento.

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jueves, 9 de octubre de 2008

Instrucciones para vencer a un caracol en su propio juego

Valga recordarlo: la tortuga venció a la liebre, y lo hizo limpiamente. La confiada liebre no esperaba algo de ella y al final, se vio sorprendida. Esto debería aplicar para todos aquellos seres que, pese a la lentitud de sus pasos, se compensan mediante el deseo arraigado de querer recorrer su camino con empeño, serenidad y honestidad. Sin embargo, no con mucha sorpresa hemos sido testigos de la transformación de uno de estos seres, casi imperceptible, pero poseedor progresivo de un inmenso poder, hipnótico como su espiral, mientras nos ha venido prometiendo a diario más compañía y lo mejor para nosotros.

Nuestro baboso amiguito ha aprendido numerosas mañas y empleado ciertas técnicas, desde aumentar el tamaño de sus antenas, hasta pintar de amarillo bilioso la fachada de su mansión a cuestas, lo cual lo ha hecho un hueso difícil de roer, sobre todo para quienes no se lo han tragado entero. Para pensar en derrotarlo se deben tener, además de la astucia y rapidez de una liebre, la convicción de ser capaces de dejar atrás ese pesado lastre que la ética y otros valores sociales colocan sobre nuestros hombros.

Ready, set, go. It's time to run:

1. Rete a su competidor a una carrera sin límites, sobre un camino sin fin, donde el gran premio sea nuestra atención, adornado de su decepción. Selle orgulloso este acuerdo con un brindis, mientras disfrutan juntos de un refajo bien preparado, frío y calculador.

2. Consiga la ropa indicada para emprender esta aventura, sin importar su color o género. Eso si, si quiere vencer a su adversario, recuerde llevar puesta una media oscura, gruesa e impenetrable, que no necesita ir en uno de sus pies, sino en su rostro, ocultando cualquier vestigio inoportuno de verdad.

3. Empiece a correr ya. No hay tiempo para entrenar. El punto de partida no tiene ubicuidad precisa en el tiempo y el espacio, pero no dude que en el instante en que lo encuentre, se dará cuenta de inmediato que su oponente estará pisándole los pasos.

4. Una vez en marcha, haga uso de sus irreprochables tretas: encuentre aquel oscuro objeto del deseo que lo guiará hacia el atajo: un atentado terrorista, un rescate militar, un infanticidio, un paro laboral, etcétera; podrá encontrar una gama tan amplia que le permitirá escoger.

Advertencia: si cree que alguna de estas opciones compromete en algún momento la imagen burbujeante y descompuesta de sus patrocinadores, piénselo mejor. Al final, encontrará la adecuada.

5. Mientras viaja por ese atajo que eligió, preste mucha atención en tomar aquellos atajos similares que se encuentre durante el trayecto, los cuales suelen estar ocultos a la vista de los ojos de su corazón. Desde luego, son sólo atajos, así que no se vaya a distraer con detalles innecesarios.

6. Siéntase tranquilo e ignore los millones de ojos posados sobre usted. Así mismo, no haga caso a quienes lo juzguen por estar haciendo trampa. Si el morbo ayuda, la publicidad negativa no desampara, de tal manera que no se dará cuenta del momento en que dichos artificios lo acercaron un poco más a su destino.

7. Si se está viendo alcanzado, no olvide que tiene gente que lo apoya, así que sume adeptos a sus espaldas para que lo escolten, como en una gran marcha o manifestación; de esta manera obtendrá un mayor distanciamiento de su contrincante, o al menos así se lo hará creer.

8. Si al cruzar la línea de meta, persisten dudas de su triunfo, opte por reunir firmas y someterlo a votación. No se preocupe: las reglas de la competencia son modificables y sus organizadores lo avalan. Una vez validado su veredicto, súbase a lo alto del podio y celebre. Tómese muchas fotos y bese muchos bebés, mientras ondea la bandera que lo acompañó envuelto durante el recorrido. Sus manchas de barro y rasgaduras no son más que las huellas que reflejan su tenacidad. Logrará al final captar la atención de todos, y muchos lo aplaudirán, con excepción de esos tantos molestos y escatológicos apátridas que nunca faltan.

Estas han sido algunas indicaciones para quienes, a pesar de todo, tengan como anhelo competir contra este recio invertebrado. Ahora, si estas instrucciones aparentan ser algo engorrosas para ser llevadas a cabo, tal vez baste con que ReCeN a los Santos de su devoción para que todo les salga a pedir de boca. Los demás, lo echaremos a suertes, por lo menos hasta que realmente nos incumba.

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viernes, 22 de agosto de 2008

Glam Gore: Reseña Literaria Sobre American Psycho

Esta expresión que se me ha ocurrido, ignorando si es o no un seudo – género de algo, pretende resumir lo que el lector puede encontrarse al leer American Psycho (Bret Easton Ellis, 1991), una novela que al parecer fue un best – seller en su momento y que causó estupor y rechazo en ciertos círculos sociales norteamericanos por su contenido explícito que, por lo visto, atentaba contra la moral y las buenas costumbres. Terrible, ¿no?

Tuve la oportunidad de verme su adaptación fílmica hace unos años y, aunque disfruté la actuación del actor principal hasta el inevitable punto de tener presente su imagen durante su personificación en el libro, queda la sensación de que su directora tuvo ese temor entendible hollywoodense de reflejar toda la violencia gráfica contenida en esta obra, tanto en el sadismo del personaje principal, como en el comportamiento sociópata de la mayor parte de sus co – protagonistas.

Como sinopsis, tenemos a Patrick Bateman, un joven y promisorio millonario, ejecutivo de cuenta de la firma P & P (perteneciente a su padre) en Wall Street, quien lleva una vida social muy activa con su novia y sus amigos, algunos colegas; otros ex – compañeros de Harvard, encontrándoselos con frecuencia en los clubes, restaurantes, bares y discotecas de la ciudad de New York. Dicho estilo de vida, oculta las acciones del ser maniático que se haya en su interior, quien empieza a cometer de manera serial asesinatos cada vez más despiadados, llegando a atentar incluso contra quienes le rodean y, posiblemente, le tienen afecto. Todo esto, contextualizado a finales de la década de 1980, donde las luces de neón, los estilos retro y vintage, la música Bubblegum, el fin de la Guerra Fría, el síndrome del Sida y los altos niveles de mendicidad están a la orden del día.


A través de la lectura, nos es posible encontrar frecuentes alusiones directas al racismo, a la homofobia y a la misoginia. El personaje principal, a pesar de su buen gusto, su genealogía y su abierta metrosexualidad, siente que no logra alcanzar la clase social suficiente, más que para ser aceptado, sin lograr destacarse al nivel que desea. Es quizás esta hambre de éxito la que conlleva a tratar de alimentarse mediante la vejación de quienes resulten vulnerables ante sus manos, torturándolos hasta la muerte y regodeándose en su dolor. Sin embargo, y como puede esperarse, Bateman va perdiendo el control de sus acciones y junto con su creciente insatisfacción, descubre atónito como la sociedad que idolatra lo ignora hasta el punto de permitir la impunidad de sus actos.

Cabe anotar que el sencillo estilo narrativo de Easton Ellis se combina en ocasiones con la permanente mención de detalles superfluos, presentes en una notable cantidad de capítulos vacíos de intención y dirección, que adolecen de un desbalance argumental, tal vez con la intención de ilustrar la perspectiva sicológica del protagonista, deteriorada por el vértigo del devenir de una vida sin sentido.

Teniendo en cuenta lo anterior, recomiendo esta novela a quienes crean ser capaces y les parezca atractivo poder soportar la presentación de una sociedad sórdida y de su lixiviado ejemplar: un yuppie que intenta encontrar a través de la inhumanidad de sus crímenes, una forma de escapar de esa realidad de la que hace parte funcional, para después tratar de llamar la atención de sus semejantes, adormecidos por el modo como han escogido vivir y alegremente inmunes a todo aquello que les pueda resultar perturbador.

Para terminar, les comparto uno de los pasajes más recordados de la novela; posiblemente, la escena mejor lograda en la película:




"El maître se acerca para saludar a McDermott, luego se fija en que no tenemos los preceptivos Bellini y se aleja corriendo antes de que podamos impedírselo [...], pero decido que puedo marcarles un gol enseñándoles mi nueva tarjeta de visita. La saco de mi cartera de piel de gacela (Barney’s, 850 dólares) y la dejo encima de la mesa, esperando su reacción.

– ¿Qué es eso? ¿Un dibujo? – pregunta Price, sin demasiada apatía.

– Mi nueva tarjeta de visita. – Trato de comportarme desenfadadamente, pero me sorprendo muy orgulloso –. ¿Qué os parece?

– Vaya – dice McDermott, recogiéndola auténticamente impresionado –. Muy bonita. Échale un ojo. – Se la tiende a Van Patten.

– Las recogí del impresor ayer – apunto yo.

– Está bien de color – dice Van Patten, estudiando atentamente la tarjeta.

– Es color hueso – señalo –. Y los caracteres se llaman algo así como Silian Rail. [...]

– [...] Está bastante bien, Bateman – dice Van Patten cautamente, el jodido envidioso –, pero eso no es nada… – Saca su cartera y deja una tarjeta de visita junto al cenicero –. Mirad ésta.

Todos nos inclinamos y estudiamos la tarjeta de visita de David, y Price dice tranquilamente.

– Es bonita de verdad.

– Me recorre un breve espasmo de envidia cuando me fijo en la elegancia del color y la evidente clase de los tipos. Aprieto el puño cuando Van Patten dice, afectadamente:

– Cáscara de huevo con tipos Romalian... –. ¿Qué opinas tú?

– Muy bonita – grazno, pero consigo asentir con la cabeza, cuando el mozo trae cuatro nuevos Bellini.

– Dios santo – dice Price, alzando la tarjeta de visita hacia la luz e ignorando las nuevas copas –. Es súper de verdad. ¿Cómo es posible que un idiota como tú tenga algo de tan buen gusto?

Miro la tarjeta de visita de Van Patten y luego la mía, y no puedo creer que a Price le guste de verdad más la de Van Patten. Aturdido, doy un trago a mi copa y respiro a fondo.

– Pero esperad – dice Price –. Todavía no habéis visto nada... – Saca la suya de un bolsillo interior de la chaqueta y lenta, dramáticamente, le da la vuelta para que la admiremos, y anuncia –: la mía.

Hasta yo tengo que admitir que es espléndida".

American Psycho. Easton Ellis, Bret. 1991. Pp. 61 – 63.

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viernes, 18 de julio de 2008

Juul


No tengo claro quien nos hizo llegar este correo, pero decidí dejarlo tal y como nos llegó. Pues creo que incluso la introducción y la dedicatoria final le dan mucha riqueza:

Hola chicos me gustaría proponerles este texto para el viernes de lectores que escriben: les adjunto las ilustraciones.


Este cuento lo propusieron unas compañeras mías, como herramienta principal en una propuesta para trabajar el abuso infantil (conocido como el «bullying» ) cabe la pena anotar que no me lo leí, me lo leyeron y fue una compañera de bonitos ojos, una interesante entonación y una sonrisa maliciosa en sus labios. Ahora quiero compartirlo con ustedes por que como son lectores sensibles sabrán apreciarlo.

JUUL

Juul tenía rizos, rizos rojos como hilos de cobre, eso gritaban todos: ¡hilos de cobre! ¡tienes sangre en el pelo! ¡Caca roja! Un día Juul cogió unas tijeras y rizo a rizo se los cortó.

Juul tenía la cabeza pelada y todos le decían: ¡bola de billar! ¡cara de huevo! Por eso se puso un gorro. Al no tener pelo, el gorro le caía encima de las orejas y éstas se le salían un poco, '¡orejas de soplillo! ¡Dumbo! ¡echa a volar!', le llamaban ahora. Eso le hubiese gustado a Juul, volar muy lejos de allí. De dos rabiosos tirones Juul se arrancó las orejas. Como no tenía orejas el gorro le caía encima de los ojos impidiéndole ver, y empezó a chocarse contra las paredes, contra los otros chicos, contra las sillas, Juul veía las estrellas y empezó a bizquear. Entonces los niños empezaron a llamarle: ¡bizco! ¡Cegatón! ¡Juul es un cegatón! Juul cerró fuertemente los ojos hasta que se le salieron de las órbitas, cayeron al suelo como dos canicas calientes, pero no botaron. Tenía tanto, pero tantísimo dolor, que apenas podía pronunciar una palabra, gemía, babeaba y balbuceaba mientras los otros le decían: ¡tartaja! ¡Baboso! ja, ja, ja ¡miren, Juul no sabe hablar! Juul metió su lengua en un enchufe de la luz, se quemó media boca y su lengua, desapareció.

El dolor era tan insoportable que Juul apenas podía caminar, las piernas se le torcían y le fallaban y los chicos le decían: ¡Juul el patizampo! ¡Juul piernas torcidas! Juul se fue al tren, puso las piernas sobre las vías, cuando éste pasó dejó un gran reguero rojo.

Alguien encontró a Juul, alguien lo sentó en una silla de ruedas, y mientras Juul empujaba y empujaba para escapar los niños seguían gritándole: ¡Juul el ruedas! ¡Juul el ruedas! cuando le alcanzaron, le mancharon de porquería las ruedas y ahí donde él tenía que agarrarse para escapar. De la rabia que le dió metió sus manos en agua hirviendo, para tenerlas siempre limpias, pero estaba tan caliente, que se quemó; y le salieron ampollas y llagas que le supuraban. El médico las mandó amputar y los chicos le decían: ¡brazos de salchicha! ¡Desgraciado! Juul se hizo llevar al zoo, a la jaula de los leones, metió los brazos por los barrotes y un león se los comió.

Juul sólo era cabeza y torso y los niños decían: ¡qué pena de torso! ¡si no lo tuviese podríamos jugar al fútbol con su cabeza! Así que entre todos tiraron y tiraron hasta que le separaron la cabeza del tronco. Pero resultó que la cabeza, aunque se podía chutar, no botaba bien; y los niños, cansados, dejaron a Juul abandonado en la zona de penalti. Alguien pasó por allí, lo recogió, le dió de comer, lo mimó, le pusó un lápiz en la boca, le ofreció un papel y le preguntó: -¿pero qué te ha pasado? A lo que Juul contestó:

Yo tenía rizos rojos, como hilo de cobre

Eso me gritaban todos: ¡hilos de cobre!

¡Tienes sangre en el pelo! ¡Caca roja!

Por eso rizo a rizo, me los corté...

Gregie de Maeyer

Lindo ¿no?¡¡¡..., bueno la docente encargada del curso no pensaba así, de hecho su cara de angustia al escucharlo era algo tan deleitante como el cuento; pero bueno ese no es el caso, en fin, el caso es que el cuento es en sí es una forma de abuso y de la misma manera en que mis compañeras abusaron de mi, yo he querido abusar de ustedes (recuerden que el abusado se convierte en abusador tarde que temprano) este abuso es posible porque, cuando leemos casi siempre nos identificamos con la lectura (si aun leyendo una instrucción por simple que sea nos identificamos con ella, cuando nos visualizamos llevándola a cabo) y en este cuento tenemos dos opciones claras, identificarnos con el protagonista o con sus abusadores y en ambos sentidos podemos ser susceptibles de vernos reflejados de una manera que no nos gusta y que de hecho nos puede hacer sentir mal. Esto es claramente una posición, no es que quiera dármelas aquí de gran teórico de la lectura, pero el efecto del cuento sobre sus lectores es innegable.

¿Ustedes que opinan?

psd. En efecto la docente encargada del curso puso a mis compañeras a replantear su propuesta (esa fue su forma de abusar de ellas)

Dedicado a Z cuyos cuentos sórdidos aun me retumban en la cabeza

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