Mostrando entradas con la etiqueta abuso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta abuso. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de enero de 2011

Das Weisse Band (2009)

Hace meses me ví esta película en cine con un amigo y al salir, mientras bajábamos en el ascensor con un grupo de personas que venían del mismo sitio, uno de ellos resumió el sentimiento general sobre lo que habíamos presenciado: "Ve, y porqué fue que no nos vimos Shrek?". Tan clara fue la sentencia, que esta reseña me pareció innecesaria en su momento, permaneciendo en el borrador hasta hoy, en vista de que la crítica sigue alabando esta obra de Haneke, tal vez el director de cine alemán de mayor reconocimiento de nuestros días. Es por ello que; haciendo de tripas, corazón; realicé nuevamente el ejercicio de vérmela, esta vez solo, y con todos los sentidos puestos en ella.

¿Qué se puede obtener cuando se combina una buena sinopsis con un destacado director y además se le suma un par de reconocimientos como mejor película en certámenes como Cannes y los Golden Globes? Para este caso, lo mismo o un poco menos. Otra vez, tal y como me pasó ya en otra ocasión, una película se queda corta frente a las críticas hechas por fuentes reconocidas; quizás porque de nuevo, como si se estuviera frente a una mancha Rorschach, los ojos expertos imaginan más de lo que dilucidan. Porque es claro que a veces hay que leer entre líneas lo que se te pone en escena para llegar a lo sustancial, así como conocer un poco mejor el contexto histórico o político en el que se desarrolla todo, te permite confrontar la visión del director con los hechos. Sin embargo, en Das Weisse Band (2009) casi nada subyace tras lo evidente.

Es válido empezar por reconocer que el cine, así como lo ha hecho la literatura, se ha encargado de mostrarnos representaciones de algunos hechos históricos que hemos olvidado, parcial o por completo, de nuestras clases de ciencias sociales; ésto último es quizás porque la academia sigue empeñada en intentar hacernos memorizar fechas, sitios y nombres para cumplir con un currículo, en vez de darnos entender las razones de ser de los logros y fracasos de la humanidad. De cualquier forma, es imposible aprehender toda la historia del mundo, así incluso te vayas a dedicar tu vida plenamente a ello. Por otra parte, las versiones de los hechos suelen ser contadas por quienes posean el poder de los medios que los narran, sin importar lo que haya pasado.

Por lo anterior, adicional a mi gusto por las películas sobre conflictos armados, es gratificante poder apreciar las distintas visiones de un mismo conflicto; tal vez el más popular y atractivo para el cine ha sido la Segunda Guerra Mundial, donde se pueden conocer las perspectivas de otros de sus actores (Ej. Letters From Iwo Jima - 2006 -), historias reales poco o nunca contadas (Ej. Valkyrie - 2008 -) o ficciones, ya sean cercanas a la realidad, o tan descabelladas como entretenidas (Ej. Inglorious Basterds - 2009 -). El punto es que, curiosamente, la Primera Guerra Mundial no ha gozado de las misma popularidad para este medio, y aún menos los sucesos que conllevaron a este suceso.

La historia de Das Weisse Band se desarrolla en la aldea protestante de Eichwald, Alemania, durante los años previos al estallido de la Primera Guerra Mundial, lugar en el que empiezan a acontecer ciertos incidentes en contra de algunos de sus habitantes. El narrador de la historia, profesor de la escuela, cuenta los hechos en retrospectiva, según su conocimiento y sus sospechas de lo ocurrido; éstas involucran a varios de sus alumnos, quienes han sido educados en sus hogares bajo un sentido de la moral religiosa severo. Al final, a pesar de estar convencido de sus suposiciones, cae en la cuenta de que, más allá de tener o no razón, los habitantes no les interesa conocer la verdad; quizás por su crudeza, o quizás porque de alguna manera dan aval a estas acciones como un castigo merecido a quienes lo han recibido. Bajo esta descorazonadora realidad transcurren las dos horas y cuarto de duración, acentuada por un silencio y una monocromía permanente, que hacen que una aldea Amish parezca un centro recreativo.

En resumen, la historia puede ser interesante, pero no entretenida. A pesar de que en la cinta se busca dar ejemplo del sentimiento ultra nacionalista y reaccionario que, junto al asesinato del Archiduque Franz Ferdinand, detonaron la declaración de guerra de los Imperios Germánico y Astro-húngaro, queda la sensación de que la narración le debe enormemente al espectador; sobre todo por lo inexplicable de ciertas tomas eternas a un encuadre fijo; es un tiempo que sin duda pudo haber sido mejor aprovechado.

A Haneke hay que darle el mérito de tocar un tema tan delicado como éste, ya que es una crítica directa al fundamento de las estructuras sociales de su país para ese entonces. Aún así, la película adolece de ser lenta, estática, así sea ésta su intención. Es excluyente, porque no invita a conocer a quien no tiene idea, sino que comparte poco con los pocos que están en verdad involucrados con su contexto. Si alguno de ustedes ya la ha visto y quiere compartirnos su opinión, sea afín o contraria, están cordialmente invitados a hacerlo.

Continuar leyendo!

lunes, 17 de enero de 2011

Somewhere (2010)

Acompañado por mi novia y unos buenos amigos, con las mejores intenciones de pasar un domingo de enero con buena comida y buen cine, nos dispusimos a disfrutar de la reciente película de Sofia Coppola, Somewhere (2010), ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia. Es una pena decir que nuestra expectativa empezó a desinflarse desde la primera escena, la cual es una de tantas que se ven a lo largo del filme y que, aunque se entiende su significado, no le aportan interés a la historia presentada. En resumen, se puede adelantar que ésta es una versión ligera de Lost In Translation (2003), la cual ya de por sí es ligera, de manera que estamos ante algo que raya en el colmo de la ligereza. Si esto les basta, pueden leer hasta aquí. Si les interesa conocer un poco más de lo bueno y lo malo que tiene Somewhere, prosigamos.

Johnny Marco, el prota, es un actor de cine famoso en un gran momento de su carrera profesional, y de quien se entiende que se ha dado de frente y con todas sus fuerzas contra la marea de la fama: es un hombre de unos 40 años, con la fatigada apariencia de uno de 60, y quien aun se comporta como si tuviera unos desordenados 25. A pesar del éxito, es claro que es alguien quien no tiene algo más de lo que se pueda aferrar en su vida, y por lo cual la conduce, como su Ferrari durante los primeros tres minutos introductorios al filme, en un constante circuito sin salida. Esta levedad es bien puesta en escena, tanto que aburre a partir del momento en que se entiende lo que pretende decir, y por lo cual pierde aire y volumen, haciéndose plana y sosa el resto de la hora y cuarenta minutos que dura la película.

Durante esta constante gabela que le paga Johnny a su monotonía, aparece Cleo, su hija, quien queda a su cuidado mientras su madre regresa de un viaje que aún no tiene fecha de retorno. Es en ese instante cuando Johnny empieza a intentar escapar del acoso de las pasiones que rodean a su trabajo para poder compartir momentos con Cleo quien, aunque sin duda quiere a su padre, no logra acercársele lo suficiente, quizás para evitar hacerse daño con su comportamiento dañino. Finalmente, cuando deben separarse de nuevo, todo lo que rodea su entorno se desvaloriza, pierde color, hasta que finalmente un día decide escapar de todo ello, entendiéndose que deja atrás incluso el medio mediante el cual todo lo consiguió fácil y rápido: el abandono del Ferrari; el fin de su carrera. Fin.

Como aspecto a resaltar, está sin duda la dirección artística del filme, la cual es buena y se hace entender, pero no atrapa, es predecible y no consigue ser emotiva, lo cual decepciona. Incluso, careciendo de una permanente música incidental, el momento de la entrada de la canción del filme pasa por encima y se olvida. Otro punto que no favorece es la repetición de ideas, ya que una de las escenas que pretende ser memorable, cuando admite a su hija su descuido como padre, acallado por el ruido del helicóptero, es algo que simplemente ya se ha visto.

En resumen, no puede recomendarse este filme para quien quiera ver algo diferente. Si llega a sus manos, véala, pero no espere nada nuevo. Es mucha la afinidad que el filme demanda para lograr obtener tan poco. Si al final se atreve a hacerlo, tenga a la mano una buena comedia para levantar el ánimo después. Le Dîner De Cons (1998) siempre será una buena alternativa.

Continuar leyendo!

miércoles, 19 de mayo de 2010

Män som hatar kvinnor (2009)

Sabrán pues nuestros seguidores que por ahora este Manual anda funcionando algo empujado, como si fuera nuestro cacharrito; ese del cual no queremos salir porque, aunque ya no nos transporte cotidianamente, si lo hace para momentos y lugares donde nos sentimos cómodos y tenemos una perspectiva distinta de las cosas. Dicho esto, podríamos hacer una analogía con respecto a la manera como ciertas películas llegan a la cartelera nacional: unas veces por necesidad; otras con ocasión de una oportunidad.

Casi un año después de su estreno mundial, Män som hatar kvinnor (2009), adaptación fílmica de la novela del mismo nombre y que hace parte de la trilogía póstuma Millenium del escritor Stieg Larsson; es estrenada en Ámerica con motivo de su éxito en Europa (más literario que taquillero), así como por ciertas situaciones controversiales que la han rodeado en algunos de sus ámbitos.

Quienes no tengan inconveniente con la acentuación nórdica y con repartos actorales desconocidos, podrán pasar un largo rato agradable con esta película en la cual se destacan, así como su argumento y gran parte de sus personajes, el dinamismo narrativo del que suelen carecer ciertas historias policiacas de carácter investigativo. Junto al protagonista principal, Mikael; del cual no hay más que decir sino que es un periodista en mala racha, involucrado en el caso de una desaparición y presunto asesinato de una joven hace 40 años; se encuentra Lisbeth, uno de esos personajes tipo "gancho promocional" que, por fortuna, no se queda en la apariencia y hasta esta primera parte, luce bien construido. Lisbeth es una hacker introvertida y con un pasado más oscuro que el tinte y las sombras que se echa, quien es contratada en un principio para indagar en profundidad en el pasado de Mikael y que, por cosas del destino y de conexiones ilegales con escritorios virtuales remotos, termina colaborando con su investigación e involucrándose con él.

Durante el desarrollo de la historia, se van ilustrando aspectos interesantes acerca de cómo funciona la sociedad sueca contemporánea y, a partir de modelos propuestos de organización, se van evidenciando sus posibles aciertos y fallas; sus pros y sus contras. Lisbeth, quien a pesar de ser presentada como un personaje secundario, es pieza clave en cada uno de los puntos de desenlace del argumento, se convierte en un ícono por reflejarse como un resultado de ese orden liberal propuesto para cosechar ciudadanos ejemplares.

Por otra parte, por ahí hay rumores de que Columbia Pictures ya tiene negociados los derechos para una adaptación hollywoodense y le ha ofrecido la dirección a David Fincher, hombre ya experimentado con este asunto de combinar el suspenso con lo detectivesco. Habría que ver si ésta se haría sobre el guión de la película o sobre la novela misma, ya que la censura podría afectar la interpretación de algunas escenas cuyo contenido sexual y violento es alto. Como le comentaba a Mauro Z durante el reciente Eurocine, rara vez una película sueca no termina con un asesinato, un suicidio o una violación. Ésta, aunque tiene mucho de esto y más, podría decirse que concluye en términos algo más constructivos.

Continuar leyendo!

martes, 22 de septiembre de 2009

Pharmakon: bálsamo y veneno

I'm taking a ride with my best friend
I know he never lets me down again


Aunque apenas son las 6:30 p.m., varios concordamos en que pareciera ser más tarde.

Luego de ganarle a cabezazos una batalla al sueño, atrincherado entre muchas tazas de café y un acta de reunión gerencial, alisto mis cosas y me preparo para salir de la oficina hacia mi casa sin miramientos, sin más objeto que entregarme a esa práctica necesaria a la que solemos hacerle el quite, ya sea por mero hobby o por un sentido desvelado de la responsabilidad.

Mientras me despido de un par de presencias en mi Messenger, una llamada perdida silenciada por la ocasión me recuerda que estamos de Festival de Arte y que, por no dejar, vale la pena tomar la revista cultural y consultar la programación, para ver qué me voy a perder hoy. Grave error para el cuerpo; gran acierto para el espíritu, admitiría al día siguiente, aún somnoliento. Un año después de enterarme de su existencia y de severo antojo, Pharmakon, la pieza teatral de Sandro Romero, estaba en Cali, a mi alcance.

He knows where he's taking me
Taking me where I want to be
I'm taking a ride with my best friend


Minutos antes de llegar a la estación de La Ermita, medito seriamente sobre la decisión tomada: he concertado encontrarnos en la Casa Proartes, pues no sólo el plan es gratuito, sino que no todos los días tienes a Juan Manuel Roca recitando en la ciudad. Sin embargo, cocaína mata tinto, y luego de hacer la parada, me apresuro a la taquilla del Isaacs a hacerme al par de tiquetes que me dejan apenas con el saldo suficiente en mi móvil para cambiarle el plan a mi acompañante a quien, por suerte, mi persuasión la había alcanzado más pronto que mis palabras y ahora se dirigía hacia acá.

We're flying high
We're watching the world pass us by


Ahora que las luces se van apagando, desde el palco observo unos pies en pantuflas bajo la cortina del montaje y una silueta temblorosa que evidencian el comienzo de una apología a toda una vida agitada en una coctelera llena de drogas y alcohol, de amores, pasiones y genialidades, de familia, amigos y tradición. Es la instantánea de un hombre que destruye su templo para construir una escuela, para quienes lo rodean, lo admiran y admiten con resignación ese viaje sin retorno hacia una inmortalidad dolorosa mediante su obra.

Never want to come down
Never want to put my feet back down on the ground


Alejandra no se transforma en Mayolo. En un acto de nigromancia en sí misma, Alejandra le permite a Mayolo abrirse paso entre su carne, romper sus huesos y estirar su piel hasta mostrarse crudo, visceral, como una criatura que quedó pendiente por mostrar en alguna obra póstuma, frente a una terminal Videodrome, donde se puede contemplar al mutante hacer comunión con sus logros y sus temores, que vienen siendo casi la misma vaina. Con el devenir de los actos, va quedando en el ambiente ese miedo a admitir que toda reacción corporal de la artista es más que natural o aprendida; es el certificado de asistencia a un encuentro compartido con los excesos, del que ella y pocos saben regresar indemnes para darnos testimonio.

Never let me down
Never let me down


Una hora y un grutazo después, de regreso a casa, retumban todavía en mi cabeza mis propios aplausos y ovaciones, de aquel momento final en que Alejandra levanta sus brazos y sus ojos hacia el cielo, agradecida con el verdadero protagonista de permitirle atracar de nuevo en el puerto de la cordura. Una experiencia que te coge por sorpresa un lunes por la noche y te manda a la cama satisfecho, con unas horas menos de sueño para descansar, pero con una experiencia teatral más que vale la pena compartir con ustedes.

See the stars, they're shining bright
Everything's alright tonight...

Continuar leyendo!

miércoles, 29 de julio de 2009

The Fine Art Of Love (2005)

En la alborada del siglo pasado se sitúa la historia de esta película sobre un grupo de niñas que, ante un aparente abandono a temprana edad, han sido internadas en un orfanato con el fin de ser convertidas en mujeres de sociedad, de acuerdo con los cánones morales contradictorios que regían a Alemania y otros países europeos, en la antesala hacia la Primera Guerra Mundial.

La secuencia introductoria en la que se muestra un primer plano de los pies de una bailarina de ballet, la cual ejecuta perfectamente su acto sin permitirse inmutarse por la sangre que empieza a brotar de sus dedos y a manchar sus zapatillas y el escenario, desmiente al paradójico título y nos promete tarde o temprano escenas del mismo impacto, con una teatralidad que por momentos raya en lo absurdo; como si las tablas de la tarima se extendieran más allá del recinto.

El argumento es sencillo, venido a complicar por los sentimientos encontrados de institutrices y alumnas que; motivadas por vencer la represión y buscando una realidad del mundo que trasciende las rejas del claustro; van desdibujando todo ese montaje y se entregan a experimentar a través de su sexualidad, su amor, su orgullo y su rencor. Se destaca la vehemencia de personajes como el de Irene (la amante de la prima ballerina) o el de Lady Helena; extraña un poco ver a la siempre bella Jacqueline Bisset, tan poco exigida dentro de su papel como directora del internado, con una introversión que impide al espectador entender suficientemente sus acciones.

De entrada, The Fine Art Of Love resulta fácil de comparar con Innocence (2004), cuyo concepto es exactamente el mismo, pero esta última con una visión esperanzadora ante la vida impositiva dentro de un internado de este tipo. En lo referente a lo técnico, se evidencian una buena fotografía e iluminación, contrastando con una malograda edición entre episodios que por momentos nos hacen a un lado del camino y nos recuerdan que es tan sólo una película.

Es posible que para quienes les interese verla aún puedan ir a las salas de cine de Royal Films en su ciudad, para darle un poco de carne al morbo y apostar unas monedas por el bien, pero quedan advertidos: la desazón hará presencia en el camino de cualquiera de sus protagonistas, en cualquier momento.

Continuar leyendo!

lunes, 20 de abril de 2009

El Arriero (2009)

Después de verme esta película no supe cómo sentirme: regular, mal o peor. Una cosa es que una película muestre una realidad reprochable de una manera irónica o jactanciosa, y otra notablemente distinta es que la muestre de forma cínica y bufonesca. Me he visto películas amorales, moralistas y con doble moral, pero esta tiene como veinte morales, todas corrompidas e inverosímiles. Con razón es que la mayor parte de las películas producidas por RCN me dan desconfianza, porque es una pena ver tanto billete desperdiciado en historietas que, si duran una hora en la pantalla, es más que suficiente.

El argumento, además de darle palo por cuadripléjica vez a los temas del narcotráfico y la inmigración de colombianos a Europa, es tan plano y unidireccional que con razón los actores mantienen en actividad horizontal tanto tiempo; como será que ya en la segunda desnudada de María Cecilia Sánchez, enganche erótico promocional del filme, ya estás deseando que se vista de nuevo (y que de paso, se quede callada, ¡joder!).

Ya que prácticamente toda mi expectativa estaba dada por el hecho de haberse anunciado la primera película comercial colombiana con un afro-colombiano como protagonista, Julián Díaz, las actuaciones estelares son el principal punto desfavorable de esta película; no sé si tal vez sea porque estén acostumbrados a actuar en teatro ocasionalmente o a salir en realities y en comerciales en la tele, pero aquí sí que se descacharon complicando la representación de unos personajes tan poco definidos. Para rematar, la iluminación es exagerada, los primeros planos casi siempre están mal enfocados y los soliloquios del prota son simplemente decepcionantes. Lo único rescatable es la banda sonora, que no deja de ser algo así como las canciones que no alcanzaron a meter en la de Perro Come Perro.

Para no ir más lejos: un despropósito de cabo a rabo. De modo que les recomiendo guardar sus centavos para ir a verse más bien el estreno de Los Viajes del Viento, de Ciro Guerra, director de la aclamada película La Sombra Del Caminante. Esa sí que se ve que será una verdadera obra de cine colombiano.

Continuar leyendo!

jueves, 9 de octubre de 2008

Instrucciones para vencer a un caracol en su propio juego

Valga recordarlo: la tortuga venció a la liebre, y lo hizo limpiamente. La confiada liebre no esperaba algo de ella y al final, se vio sorprendida. Esto debería aplicar para todos aquellos seres que, pese a la lentitud de sus pasos, se compensan mediante el deseo arraigado de querer recorrer su camino con empeño, serenidad y honestidad. Sin embargo, no con mucha sorpresa hemos sido testigos de la transformación de uno de estos seres, casi imperceptible, pero poseedor progresivo de un inmenso poder, hipnótico como su espiral, mientras nos ha venido prometiendo a diario más compañía y lo mejor para nosotros.

Nuestro baboso amiguito ha aprendido numerosas mañas y empleado ciertas técnicas, desde aumentar el tamaño de sus antenas, hasta pintar de amarillo bilioso la fachada de su mansión a cuestas, lo cual lo ha hecho un hueso difícil de roer, sobre todo para quienes no se lo han tragado entero. Para pensar en derrotarlo se deben tener, además de la astucia y rapidez de una liebre, la convicción de ser capaces de dejar atrás ese pesado lastre que la ética y otros valores sociales colocan sobre nuestros hombros.

Ready, set, go. It's time to run:

1. Rete a su competidor a una carrera sin límites, sobre un camino sin fin, donde el gran premio sea nuestra atención, adornado de su decepción. Selle orgulloso este acuerdo con un brindis, mientras disfrutan juntos de un refajo bien preparado, frío y calculador.

2. Consiga la ropa indicada para emprender esta aventura, sin importar su color o género. Eso si, si quiere vencer a su adversario, recuerde llevar puesta una media oscura, gruesa e impenetrable, que no necesita ir en uno de sus pies, sino en su rostro, ocultando cualquier vestigio inoportuno de verdad.

3. Empiece a correr ya. No hay tiempo para entrenar. El punto de partida no tiene ubicuidad precisa en el tiempo y el espacio, pero no dude que en el instante en que lo encuentre, se dará cuenta de inmediato que su oponente estará pisándole los pasos.

4. Una vez en marcha, haga uso de sus irreprochables tretas: encuentre aquel oscuro objeto del deseo que lo guiará hacia el atajo: un atentado terrorista, un rescate militar, un infanticidio, un paro laboral, etcétera; podrá encontrar una gama tan amplia que le permitirá escoger.

Advertencia: si cree que alguna de estas opciones compromete en algún momento la imagen burbujeante y descompuesta de sus patrocinadores, piénselo mejor. Al final, encontrará la adecuada.

5. Mientras viaja por ese atajo que eligió, preste mucha atención en tomar aquellos atajos similares que se encuentre durante el trayecto, los cuales suelen estar ocultos a la vista de los ojos de su corazón. Desde luego, son sólo atajos, así que no se vaya a distraer con detalles innecesarios.

6. Siéntase tranquilo e ignore los millones de ojos posados sobre usted. Así mismo, no haga caso a quienes lo juzguen por estar haciendo trampa. Si el morbo ayuda, la publicidad negativa no desampara, de tal manera que no se dará cuenta del momento en que dichos artificios lo acercaron un poco más a su destino.

7. Si se está viendo alcanzado, no olvide que tiene gente que lo apoya, así que sume adeptos a sus espaldas para que lo escolten, como en una gran marcha o manifestación; de esta manera obtendrá un mayor distanciamiento de su contrincante, o al menos así se lo hará creer.

8. Si al cruzar la línea de meta, persisten dudas de su triunfo, opte por reunir firmas y someterlo a votación. No se preocupe: las reglas de la competencia son modificables y sus organizadores lo avalan. Una vez validado su veredicto, súbase a lo alto del podio y celebre. Tómese muchas fotos y bese muchos bebés, mientras ondea la bandera que lo acompañó envuelto durante el recorrido. Sus manchas de barro y rasgaduras no son más que las huellas que reflejan su tenacidad. Logrará al final captar la atención de todos, y muchos lo aplaudirán, con excepción de esos tantos molestos y escatológicos apátridas que nunca faltan.

Estas han sido algunas indicaciones para quienes, a pesar de todo, tengan como anhelo competir contra este recio invertebrado. Ahora, si estas instrucciones aparentan ser algo engorrosas para ser llevadas a cabo, tal vez baste con que ReCeN a los Santos de su devoción para que todo les salga a pedir de boca. Los demás, lo echaremos a suertes, por lo menos hasta que realmente nos incumba.

Continuar leyendo!

sábado, 19 de abril de 2008

¡¡¡¿¿¿La ley del embudo no???!!!

"¡¡¡Claaaaro!!! ¡¡¡¿¿¿la ley del embudo no???!!!" Así, con triple admiración y triple interrogación me decía en ocasiones mi madre, en ocasiones mi abuela cuando era niño y abusaba de mi poder de hermano mayor contra mi hermanito (en ese entonces, ahora es más grande que yo).

Inteligentemente, y pensando en mi supervivencia no preguntaba a qué se refería esa frase que entonces no entendía, pues sentía que hacer preguntas en el momento de ira en que se me decía esa frase podría ocasionar algo más que un regaño, tal vez pasar al castigo físico. Y yo apreciaba mucho (y aún lo hago) mi integridad.

Sólo cuando estuve un poco más grande y perdí el miedo al castigo físico me atreví a preguntar. "¿Qué quieren decir con la ley del embudo?" (y es curioso como los padres creen que usando frases populares que generalmente son metafóricas o análogas a otras situaciones un niño puede entender el regaño) - pregunté yo un día -. "Pues que la parte más gorda para ti, y la más flaca para tu hermano" - contestó mi mamá-. O sea que siempre me aprovechaba, a mi conveniencia de tomar la tajada más gorda. Que siempre abusaba del poder que tenía. Que cuando se trataba de él, él tenía que tolerar toda molestia, pero cuando se trataba de mí, yo no tenía que hacerlo igual. Y claro, otro montón de derivaciones del dicho, que hasta ahora lo único que tenía claro es que me ponía a mí en la parte del embudo de arriba disfrutando de todo la sustancia, mientras el otro a gotas esperaba que yo la aprovechara toda y se la fuera soltando de a poquitos.

Bueno, hoy, varios años después, algunos regaños, algunas palizas (que en el momento justo y en la adecuada proporción, no son malas), más maduro y analítico, menos egoísta y pensando en que la sociedad es uno y no una aglutinación de individuos. Pienso que si la gente usara menos la ley del embudo, que yo le llamo ahora "la ley de la conveniencia" o "ley del ni güevón que yo fuera", nos iría mejor. Es un poco utópico solicitarle al prójimo que piense en el prójimo, pero no conozco otra forma de subsistencia. La verdad es que vivo asombrado cómo el ser humano ha sobrevivido en el planeta tantos años, usufructuando sus recursos, depredando todo, incluyéndose a él mismo y pensando sólo individualmente (cada vez que alguien hace una conceptualización que implique pensar colectivamente y la intenta aplicar, la solución a este "inconveniente acto" para algunos ha sido matarlo).

Constantemente me encuentro con personas tan prestas a juzgar (cuando no saben lo complicado que eso es y la responsabilidad que implica) a los demás y tan poco dispuestas a ser juzgadas. "Uich! Si vieron cómo Rodríguez llega tan tarde al trabajo?" - Dice alguien, que constantemente llega más tarde que Rodríguez, o que llega temprano pero que se la pasa el día en Internet, en vez de trabajando. "¡Es que las motos son lo peor!" - Dice otra que no tiene el peligro de caerse y matarse mientras se transporta a su casa volándose todos los semáforos y echándole el carro encima a cuanto motociclista ve. "¡Es que deberían prohibir todas las motos!" - Añade sin pensar, en que económicamente no todos pueden tener carros, y estúpidamente ignorando que si todos los tuvieran, ella perdería el estatus que cree tener y la ciudad sería imposible de transitar. "A mí no me importa que mi camioneta contamine más, o que ocupe más espacio. Yo la quiero porque así nadie se me puede atravesar y yo impongo las condiciones. Además, si la puedo pagar, qué me importan los demás y el medio ambiente" - Completa el cuadro, otro que tiene la típica actitud de traqueto de pueblo. "Es el colmo que esa vieja se acueste con ese tipo por obtener una mejor posición" - Alegan un par de compañeros que no tienen la capacidad de hacer lo mismo, pero que si la tuvieran también lo harían. "Es el colmo la mogitatería de los que me critican por acostarme con alguien que me va a dar poder" - Piensa la dama que criticaban los otros dos, en vez de ganárse su posición en las mismas condiciones que los demás. Y así podría seguir con infinidad de ejemplos.

Entre ellos, y por incluir un tema político que causa escosor a ver si se arrima la gente por acá, están los Uribistas. Perplejo me quedo como ellos entendieron muy bien la ley de la conveniencia y sin importar que no se esté construyendo una sociedad sostenible, ahora que se sienten protegidos no sólo critican, sino que atacan a cualquiera que quiera establecer posiciones democráticas de participación. Toda opinión ajena a quienes se encuentran en la parte superior del embudo hay que erradicarla (ellos se creen ahí porque nunca han escuchado una plenaria del Senado y porque no tienen ni idea cómo están vulnerando sus derechos. Ellos se creen representados por otros uribistas que sólo piensan en ellos mismos). "No nos conviene que esa gente opine". "Matemos a todo aquel que esté en contra de nuestras ideas." "Justifiquemos todo acto de crueldad en pro del fin bonito que buscamos. Una sociedad linda de gente linda que pueda ir a Cartagena en carro." "Los pobres que se mueran porque todos son unos guerrilleros tira piedras." Y así, y así, y así, también podría seguir.

El punto, es que mientras se esté del lado del embudo de arriba nadie hará nada por cortar la boca del embudo para que la sustancia pase por todos en iguales proporciones. Y el que está abajo pues no tiene tampoco mucho por hacer (carece de poder, y muchas veces ni siquiera sabe que arriba hay más sustancia, cree que la que le llega es toda la que hay). ¡Qué abuso!

Y sinceramente, yo lo que siento, es que cae tanta sustancia sobre la parte gorda del embudo, que ya no se está pudiendo contener. Y cae tanta que el embudo se balancea de lado a lado. Y cae tanta que cuando lo voltee, por la boca pequeña del embudo con podrá pasar ni siquiera la cantidad de sustancia que le llega ahora a los de abajo. Y cuando se voltee, ¡todos, dentro del embudo, sin suficiente sustancia estaremos igual de cagados!

PS: Y bien, si me preguntan, yo me siento del lado gordo del embudo y aún así escribo esto. Es que de verdad no quiero que el embudo se de vuelta y me caiga al fondo donde está la mierda que yo mismo he tirado.

Continuar leyendo!