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jueves, 19 de enero de 2012

Cortos a la carta


Hoy este jueves del Aleph lo voy a combinar con un Cortos pero sabrosos, y traeré algo especial. El festival 140 Caracteres, que ha tomado la idea de coger los larguísimos Twits (que son máximo de 140 caracteres), y ver como pueden ser interpretados por todo el que quiera en cortometrajes de menos de 140 segundos (o esa era la regla). El resultado es muy interesante. En el canal del festival hay más de cien cortos de tres categorías. Las categorías se pueden identificar al final de cada corto, puesto que otra de las reglas es que debían terminar con el logo del festival, y dependiendo del color del fondo era la categoría en la que participaba (azul para aficionados, verde para estudiantes, y negro para profesionales).

Desde mi opinión personal, salí especialmente decepcionado de los cortometrajes de los estudiantes (que esperaba muy por encima a los aficionados), y en cambio hay algunos de aficionados mucho mejores que la mayoría de los profesionales... en fin, les dejo la ruta del canal por si quieren disfrutar de ellos.

Mientras tanto, también les dejo los dos cortos que envié para el festival, solo para que los vean y me den todas las opiniones que deseen, masacren todo lo que quieran, pero tengan en cuenta que estos fueron hechos con amor y sin plata, no son actores, no hay editores.. todo fue hecho a pulso y con mis amigos.


El primero, cocinando su futuro:



Y el segundo, Scrabble



Espero todos sus comentarios e interpretaciones de lo que quieran.

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martes, 22 de septiembre de 2009

Pharmakon: bálsamo y veneno

I'm taking a ride with my best friend
I know he never lets me down again


Aunque apenas son las 6:30 p.m., varios concordamos en que pareciera ser más tarde.

Luego de ganarle a cabezazos una batalla al sueño, atrincherado entre muchas tazas de café y un acta de reunión gerencial, alisto mis cosas y me preparo para salir de la oficina hacia mi casa sin miramientos, sin más objeto que entregarme a esa práctica necesaria a la que solemos hacerle el quite, ya sea por mero hobby o por un sentido desvelado de la responsabilidad.

Mientras me despido de un par de presencias en mi Messenger, una llamada perdida silenciada por la ocasión me recuerda que estamos de Festival de Arte y que, por no dejar, vale la pena tomar la revista cultural y consultar la programación, para ver qué me voy a perder hoy. Grave error para el cuerpo; gran acierto para el espíritu, admitiría al día siguiente, aún somnoliento. Un año después de enterarme de su existencia y de severo antojo, Pharmakon, la pieza teatral de Sandro Romero, estaba en Cali, a mi alcance.

He knows where he's taking me
Taking me where I want to be
I'm taking a ride with my best friend


Minutos antes de llegar a la estación de La Ermita, medito seriamente sobre la decisión tomada: he concertado encontrarnos en la Casa Proartes, pues no sólo el plan es gratuito, sino que no todos los días tienes a Juan Manuel Roca recitando en la ciudad. Sin embargo, cocaína mata tinto, y luego de hacer la parada, me apresuro a la taquilla del Isaacs a hacerme al par de tiquetes que me dejan apenas con el saldo suficiente en mi móvil para cambiarle el plan a mi acompañante a quien, por suerte, mi persuasión la había alcanzado más pronto que mis palabras y ahora se dirigía hacia acá.

We're flying high
We're watching the world pass us by


Ahora que las luces se van apagando, desde el palco observo unos pies en pantuflas bajo la cortina del montaje y una silueta temblorosa que evidencian el comienzo de una apología a toda una vida agitada en una coctelera llena de drogas y alcohol, de amores, pasiones y genialidades, de familia, amigos y tradición. Es la instantánea de un hombre que destruye su templo para construir una escuela, para quienes lo rodean, lo admiran y admiten con resignación ese viaje sin retorno hacia una inmortalidad dolorosa mediante su obra.

Never want to come down
Never want to put my feet back down on the ground


Alejandra no se transforma en Mayolo. En un acto de nigromancia en sí misma, Alejandra le permite a Mayolo abrirse paso entre su carne, romper sus huesos y estirar su piel hasta mostrarse crudo, visceral, como una criatura que quedó pendiente por mostrar en alguna obra póstuma, frente a una terminal Videodrome, donde se puede contemplar al mutante hacer comunión con sus logros y sus temores, que vienen siendo casi la misma vaina. Con el devenir de los actos, va quedando en el ambiente ese miedo a admitir que toda reacción corporal de la artista es más que natural o aprendida; es el certificado de asistencia a un encuentro compartido con los excesos, del que ella y pocos saben regresar indemnes para darnos testimonio.

Never let me down
Never let me down


Una hora y un grutazo después, de regreso a casa, retumban todavía en mi cabeza mis propios aplausos y ovaciones, de aquel momento final en que Alejandra levanta sus brazos y sus ojos hacia el cielo, agradecida con el verdadero protagonista de permitirle atracar de nuevo en el puerto de la cordura. Una experiencia que te coge por sorpresa un lunes por la noche y te manda a la cama satisfecho, con unas horas menos de sueño para descansar, pero con una experiencia teatral más que vale la pena compartir con ustedes.

See the stars, they're shining bright
Everything's alright tonight...

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sábado, 13 de junio de 2009

Con mirada de artista

A principios de este año, mientras buscábamos dar valor adicional a la callada quietud de los días ociosos, un amigo y yo estuvimos conversando sobre las interpretaciones surgidas durante nuestra visita al pasado Salón Nacional de Artistas. Fue entonces cuando, proponiéndole la idea de practicar un sencillo ejercicio de creatividad literaria que había aprendido en la universidad, surgieron unas cuantas producciones interesantes. Para su degustación y crítica, hoy les comparto una de ellas:

Con mirada de artista

Como asomar la cabeza hacia el cielo a través de una nube de alfileres fue su despertar dicha mañana, semejante a otras numerosas mañanas de domingo que habían martirizado gustosas su cerebro, reprochándole por haber empinado de nuevo el codo más de la cuenta. El calor de un incidente rayo de sol sobre su brazo así como el roce de la ondulante cortina sobre sus dedos extendidos pusieron en marcha su reloj consciente del nuevo día. Mientras Henry se desperezaba, la humedad adherente de su espalda contra su sábana confirmaba la llegada del verano; echando su cabeza hacia atrás, percibió la ausencia entre las partículas de polvo flotantes en el cuarto de ese olor femenino penetrante legado por una noche de sexo fortuito y convencional, lo cual sacudía en parte la penumbra sobre los hechos recientes. Al parecer será uno de esos desayunos con menos huevos en la sartén y más café en mi taza, pensó. Sonriendo con vaguedad ante esta idea, se incorporó de su cama con dificultad.

Henry arrastró descalzo sus pies entre el caos que yacía sobre el suelo maldiciendo la necesidad de tener que llamar a la señora Delgado antes del mediodía para que no se comprometiera con la limpieza de un apartamento diferente al suyo. Aquel mar entretejido de bocetos, botellas vacías, video casetes, periódicos y yeso sería insoportable durante la semana siguiente; considerando la creciente actitud neurótica de su agente, era indispensable la presencia del aseo y el orden en su estudio para lograr engendrar algo relativamente bello, al menos para cerrarle la boca a esa frígida ojirasgada por un rato, mientras durase la bienal.

Solía prometerse a si mismo conseguirse otra persona menos fastidiosa para hacerle la limpieza, recordando al instante que, siendo ésta hermana de su casera, era una ventaja menor, dado el acuerdo implícito que le permitía atrasarse con el pago de la renta por unos cuantos días. Lo que no lograba ser cubierto por dicho costo era la forma como ella se detenía a posar su mirada con extrañeza durante minutos incontables sobre sus esculturas para luego preguntarle con indiscreción, como quien parece desentenderse del asunto, sobre su creencia en dios, si era conservador o apartidista, si había querido estudiar algo más provechoso, si había pensado en volver a casarse pronto, entre otras tantas particularidades absurdas que adoctrinaban el mundo reducido en el que pastaban ella y su rebaño de familiares y amigas, que le rodeaban y ejemplificaban cada una de sus bienintencionadas apreciaciones. Empero, Henry debía admitir que a ratos lo entretenía escuchar su rumiante voz; incluso eso le permitía encontrar una manera de trabajar mejor, obligándolo a ensordecerse y poder concentrarse con plenitud en el punto de partida para sus concepciones.

Sin embargo, Henry hoy luce malhumorado. El malestar que le produce la resaca es continuo y el golpeteo constante en el lado izquierdo de su cabeza le recuerda el impacto que su mazo aplica sobre la amorfa masa de yeso y arcilla que está por cobrar vida entre sus dedos. Henry termina su desayuno y se traga de un solo viaje tres analgésicos con media taza de su acostumbrado café cargado; sospecha que pondrá a navegar su estómago en mar de leva, pero ahora le importa un bledo. Lo necesitaba. Por el momento, hay que recoger el periódico y la correspondencia del buzón privado, sacar las bolsas y demás de la cajuela del auto y, si le queda tiempo, llevar el auto a lavar más tarde, aunque es posible que no se anime a hacerlo.

Según Henry, los domingos siempre le han parecido los mejores días de la semana para consolidar una obra. Es ese tipo de días en que la inspiración te agarra por los hombros y te arroja al suelo a componer tu obra, a desarrollarla trazo por trazo; doblega tu voluntad de querer hacer algo distinto e invita a tu orgullo a apuntarle con un arma, de manera que no te queda más remedio que ceder a sus demandas y a vivir en carne propia los caprichos de la vena artística. Habiendo asimilado esto una vez más, Henry se dirige hacia la puerta, toma sus llaves y los lentes de sol Police del recibidor de la entrada y sale hacia el pasillo alfombrado cuya tibieza esculca entre los dedos de sus pies, haciéndolos reclamar una ducha helada y el final pronto de este verano rojo que intensifica la naturaleza orgánica de los olores y adormece otro poco las ya apesadumbradas conciencias.

Mientras va hacia la planta baja, Henry piensa sobre la conveniencia de mudarse a una ciudad de permanente frío. Advierte que la capital estaría bien, y hasta podría servirle para encontrar nuevos elementos de composición para darle forma a sus engendros, como los suele llamar su agente. La sonrisa se asoma por un rato a su semblante, mientras mete la factura del gas dentro del bolsillo de su pantalón de pijama y antepone con tiempo a su rostro el grueso fajo de hojas de su periódico, como quien teme el destello dominical que el nuevo día se dispone a posar sobre su torso desnudo y lampiño.

Aspersores a tope, niños jugando a riesgo entre la banqueta y la calle y el zumbido característico de los insectos que se resisten a abandonar la primavera, fastidian a Henry y a su latente mal humor, cuyo dolor ahora ha adquirido el sonido y el color que debe tener el infierno. Es por ello que arrastra de inmediato sus pies sobre el asfalto reverberante para sumergirlos entre el césped recién mojado del antejardín del edificio; un pequeño placer que apaga por el momento el suplicio veraniego del cual suele escapar año tras año, yendo de viaje a la finca que otrora perteneció a sus padres y que se había convertido en su cuartel de refugio, donde analizaba sus aciertos e infortunios, mientras refrigeraba mente y cuerpo para actuar con destreza durante otra temporada. La calma y la precisión habían sido los garantes de su éxito mediano como escultor, así como de su continuidad. A pesar de ello, este año no necesitó viajar; ya tenía la madera suficiente para encender la llama.

Henry, algo encartado entre su maletín de herramientas y un par de bolsas negras, cerró con dificultad la cajuela de su Taurus, para observar entonces por un instante jugar a los niños de enfrente con los patines que posiblemente les habían regalado la navidad pasada, disfrutando sus vacaciones, madrugando a percibir los tesoros banales que el verano y su fecunda policromía ofrecían por tan corto tiempo, antes de que el otoño llegase a hundirlos de un soplo bajo las olas de los meses de estudio. Se mofó de este absurdo, mientras giraba sobre sí mismo y al tiempo veía elevarse sus pies por encima de la altura del capó de su auto, al momento en que su cabeza retumbaba contra la tierra húmeda y las bolsas caían a su alrededor. El sol entonces, con odio inconsciente, se dejó posar sobre su rostro ahora semiprotegido, haciéndole proferir una sonora maldición que encontró pronta respuesta en las risas infantiles de quienes habían alcanzado a presenciar tan ridículo percance. Colérico, aunque prontamente resignado, Henry se colocó de nuevo sus gafas, recogió sus bolsas y su maletín con una mano, mientras que con la otra recogía la factura del gas, el llavero y ese ojo que yacía junto a la cerca de madera, en medio de aquel trío de enormes girasoles que una abeja merodeaba, despistada por el impacto.

Una vez dentro de su apartamento, el agua fría de la ducha, tan reconfortante e inclemente a la vez, recompuso el buen humor de Henry y lo reconcilió con sus cinco sentidos, orientándolo hacia su trabajo; hacia lo que mejor sabía hacer y disfrutaba tanto. Sus críticos habían sido implacables los primeros años, para luego ser sorprendidos por la capacidad inventiva de Henry Vieira, precursor del movimiento de la escultura local contemporánea, de realizadores romances y un par de estrepitosos matrimonios; toda una escandalosa estrella del firmamento de piezas intercambiables del que no se arrepentía de hacer parte.

Condenado verano, se repitió Henry, pensando que quizás ése fuese el precipitador oculto de su ocaso como artista durante los meses recientes. "Hacer siempre lo mismo. Hacerlo siempre distinto", había leído hace un par de semanas en el folleto de una exposición a la que inasistió. Pero eso era algo que sus críticos no llegarían a entender. Al menos hasta ahora. Incluso él no lo llegó a entender por completo hasta ayer, cuando llegó ebrio de licor y soledad a su taller a brindar con la noche y a hacer su pacto personal a sangre y vino con ella.

Empezar para terminar, suspiró con serenidad, dirigiéndose hacia el baño a orinar, seguido de soslayo por unos cuantos frascos asomados tras el espejo de la alacena que estaba encima del lavamanos y que conservaban por pares entre formol y cristal aquellas visiones que habían sido injustas y poco comprometidas con las expresiones directas de su alma.

Empeño más convicción, entendió Henry, mientras lavaba sus manos, que serían las dos herramientas que harían memorable su próxima entrega; tal vez la mejor de todas. Con su destreza en permanente estado de alerta, entendió también que sin reto, no existiría el mérito.

Confío en ti, chico guapo, interpeló Henry a su reflejo en el espejo, al tiempo que chasqueaba su lengua contra su paladar y guiñaba su ojo derecho, el que aún le quedaba, mientras se internaba definitivamente en la penumbra donde guardaba su colección de obsesiones.

Sama
Feb./09


Foto: Tindaro Aplastado (Mitoraj, 1998)

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domingo, 24 de agosto de 2008

Estilos De Cine

Pienso que los Mensajes en Cadena o 'Forwards' son como los chicles: masticables, hasta que pierden su sabor y se tienen que botar a la papelera. En ciertos casos, se pueden tragar y digerir; en otros, son tan políticamente ácidos que pueden llegar a causar agruras. La siguiente es, como suele pasar en esta sección, una de esas pocas excepciones.

Rescatado del buzón de entrada de mi correo electrónico, con casi tres años de haberme llegado, me encontré este mensaje mientras depuraba un poco mis carpetas (algo que ya parece casi obsoleto, en vista de la creciente capacidad de almacenamiento). Como también suele pasar, me ha sido hasta ahora imposible encontrar su fuente original para dar crédito. Tal vez esta publicación permita la aparición de su autor. Da igual.

Esta es una breve idea para una película, vista desde la óptica de diferentes directores, géneros o famosas historias. Con un aire como de lunes del Aleph dominical o algo así, aquí les dejo para que lo disfruten y, porqué no, para que lo miren desde la perspectiva de su óptica favorita. ¡Acción!

Nota: a esta vaina se le nota en ciertos pasajes su origen español, de manera que habrá más de un chiste que ¿?... Fuera de eso, es divertido.

ESTILOS DE CINE

Idea Original

Una viuda está a punto de morir. Su mayor deseo es que su hijo se case y le dé un nieto. El joven es gay, pero su madre no lo sabe. Decide darle una alegría y habla con una amiga para que se haga pasar por su novia. La madre muere feliz y contenta. El hijo se acaba enamorando de la chica y se casa con ella.


Versión 'Priscilla, Reina Del Desierto'

Una viuda está a punto de morir. Su mayor deseo es que su hijo se case y le dé un nieto. El joven es gay, pero su madre no lo sabe. Decide darle una alegría y habla con un amigo para que se vista de mujer y se haga pasar por su novia. La madre muere feliz y contenta pensando que su hijo tiene novia formal. El amigo del hijo se acaba operando y se casan.


Versión 'Walt Disney'

Una viuda está a punto de morir. Cantan una canción. Su mayor deseo es que su hijo se case y le dé un nieto. Cantan una canción. El joven es gay, pero su madre no lo sabe. Cantan una canción. Decide matarla de un disgusto y se lía con un cuarentón. Cantan una canción. La madre contraataca y se ‘cepilla’ al cuarentón. Cantan una canción. El hijo se muere, por maricón, y la madre y el cuarentón se casan y viven felices durante muchos años. Cantan una canción.


Versión 'Romeo y Julieta'

Una viuda está a punto de morir. Su mayor deseo es que su hijo se case y le dé un nieto. El joven es gay, pero su madre no lo sabe. Decide matarla de un disgusto y se lía con un cuarentón. La madre contraataca y se ‘cepilla’ al cuarentón. El hijo se suicida. La madre se suicida. El cuarentón se suicida.

Nota: Si se añadieran canciones, esta versión pasaría a denominarse: 'West Side Story'.


Versión 'La Matanza De Texas'

Una viuda está a punto de morir. Su mayor deseo es que su hijo se case y le dé un nieto. El joven sólo la aguantaba por su dinero. Decide matarla y la mata con una motosierra. Luego se refugia en una cabaña en el bosque y mata a cinco o seis chicas ligeras de ropa.


Versión 'Un Tranvía Llamado Deseo'

Una viuda sureña está a punto de morir. Su mayor deseo es ‘cepillarse’ a su hijo. El joven es gay y está enamorado del aparcero de la finca, aunque su madre no lo sabe. El aparcero es del Ku Klux Klan y se dedica a quemar a negros en sus ratos libres. En un descuido con la gasolina, quema al muchacho. La madre se entera de todo y se enamora del aparcero. Se casan y son muy desgraciados.


Versión 'Woody Allen (de las divertidas)'

Una viuda está a punto de morir. Su mayor deseo es ir a Disneylandia en patinete. El problema es que le falta una pierna y no puede darse impulso. El hijo decide llevarla en coche. Se equivocan de camino y aparecen en medio de una manifestación de trabajadores del metal. Los sindicalistas piensan que es una infiltrada de la patronal y la toman como rehén. El hijo se da a la bebida y acaba en una cafetería de carretera, donde conoce a Molly, una camarera de ciento cincuenta kilos. Se casa con ella y muere aplastado en la noche de bodas.


Versión 'Woody Allen (de las serias)'

Una viuda está a punto de morir. Se muere, y el resto de la película es en blanco y negro, con la madre hablando de cosas serias con la Muerte.

Versión 'Pedro Almodóvar'

Una viuda está a punto de morir. Su mayor deseo es que su hijo se case y le dé un nieto. El joven es gay, pero su madre no lo sabe. Quiere darle una alegría y habla con un amigo para que se vista de mujer y se haga pasar por su novia. La madre sospecha algo (el amigo se olvidó afeitarse el bigote) y decide seguirles. Para pasar desapercibida, simula su muerte, se hace pasar por travesti y participa en un espectáculo de transformismo. Se convierte en la reina de la noche imitando a Betty Misiego e inicia giras por España y Japón. En Yokohama se enamora de un industrial japonés que resulta ser quien introdujo (y nunca mejor dicho) a su hijo en el mundo de la homosexualidad. Despechada, mata al industrial, aunque lo hace de tal forma que parece que se ha hecho el harakiri, y vuelve a España tras haberse hecho la estética. Allí se entera de que su hijo ha abierto un club y pide trabajo. El muchacho la contrata, sin sospechar nada, ya que piensa que un travesti japonés dará clase al espectáculo. Tras un mes de éxito y en medio de una canción de Marisol, la madre lo confiesa todo. El amigo del bigote mata al hijo y se casa con la madre.


Versión 'Porno (heterosexual)'

Una viuda está a punto de morir. Su mayor deseo es que su hijo se case y le dé un nieto. El joven es gay y su madre lo sospecha. Contrata a cinco o seis mujeres de 'virtud negociable' y se ponen a follar como locos.


Versión 'Porno (homosexual)'

Una viuda está a punto de morir. Su mayor deseo es que su hijo se case y le dé un nieto. El joven es gay, visita el bar 'La Ostra Azul' con unos amigos y se ponen a follar como locos.


Versión 'Destape'

Una viuda está a punto de morir. Su mayor deseo es que su hijo se case y le dé un nieto. El joven es gay, la madre lo sospecha y contrata a Ozores para que haga de psicólogo. Tras enseñarles a varias chicas en ropa interior, el hijo decide probar y se lía con la mujer de Ozores. Ozores se lía con la madre del muchacho. Se casan las dos parejas.



Versión 'Francisco Franco (Ex – dictador)'

Una viuda está a punto de morir. Su mayor deseo es que su hijo se case y le dé un nieto. El joven es gay y muere fusilado.


Versión 'Cine Sobremesa Tele 5'

Una viuda está sana como una rosa. Llega a un hospital a donar sangre y, por un error médico, la operan de la próstata y coge una infección mortal. Su hijo, tras dos intentos de suicidio, rompe con la novia, y sólo encuentra consuelo en ese vecino tan simpático que de pequeño le sentaba en sus rodillas y le hacia cosquillas. La madre se muere, el hijo se suicida y el vecino es detenido por abusos deshonestos.


Versión 'Cinema Verité'

Una viuda muy pobre, muy pobre está a punto de morir. No tienen dinero para medicinas, y su hijo no tiene más remedio que prostituirse para conseguirlo. Conoce a un mecenas rico y empieza a llegar el dinero para las medicinas. La madre sospecha algo y piensa: 'Antes muerta que con un hijo maricón'. Ella dice que ya está bien y deja de tomar las medicinas. Se muere y el hijo abandona al mecenas. "Sólo me querías por mi dinero" dice, antes de quitarse la vida. En la última escena (como en todas las películas italianas) se ve la lluvia y al hijo, andando por la calle, con una maleta vieja atada con un cordel. FINE.


Versión 'Thelma & Louise'

Una viuda está a punto de morir. Como ni su marido, ni su hijo le han dejado nunca salir de casa, decide escaparse. El hijo la persigue por los E.E.U.U. y todos tienen muchas aventuras y emociones. Al final, la madre se sube a un ala delta y se tira por un barranco.



Versión 'David Lynch'

Una viuda está a punto de morir. Una cerilla arde. Un hombre tuerto llega. Un gigante dice cosas raras. La viuda come pastel y bebe café. Un fogonazo de luz. Llega un circo a la ciudad. Un apagón. La viuda sentada al piano, llorando. Se ve un pájaro. El hombre tuerto toma café en el salón de la viuda. El piano aparece en el río, envuelto en plástico, y con una carta debajo de una tecla. Llega un agente del FBI. El payaso del circo aparece asesinado, asfixiado con su propia peluca. El agente del FBI se enamora de una profesora del colegio. Desaparece el microondas de la cafetería. El gigante toma pastel con la maestra. La viuda desaparece. Desaparece el café. Aparece la viuda, que ha perdido la memoria. La maestra tiene una visión, donde una ficha de domino dice "Los microondas no son lo que parecen". Se acaba el capítulo, que ha batido todos los récordes de audiencia.

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sábado, 19 de julio de 2008

The Dark Knight: The dawn has just come, and it's darker than the dusk

Creo que la frase que titula esta entrada, inspirada en la esperanzadora promesa que Harvey Dent les hace a sus góticos conciudadanos, le responde y a su vez define la pretensión que Christopher Nolan ha tenido para esta nueva entrega de la saga latente del Caballero Oscuro: 'El amanecer ha llegado, y es más oscuro que el ocaso'.

En la noche de ayer, los cuatro integrantes originales de este blog (por cierto, bienvenido Omar, muchos éxitos y lecturas para el futuro), asistimos al estreno mundial de The Dark Knight y, mediante una irremediable y unánime votación a mano alzada, se determinó que estuviese en mis manos reseñar la mejor adaptación fílmica de un cómic jamás realizada. Teniendo en cuenta lo anterior, es de entender que dicha responsabilidad no es posible tomarla a la ligera, por lo cual procuraré brindarles un texto digno de este merecimiento.

El corazón aún late con furia, y las altas y emotivas notas de Hans Zimmer retumban por oleadas, perturbando cada recodo de mis recuerdos, pero aún así, hay que apretar la brida y las riendas y ser capaz de anotar con suficiencia, las razones que me hacen considerar a esta película una gran obra del séptimo arte.

Antes que todo, deberán olvidarse por un momento del nivel de influencia que los legendarios cómics de Bob Kane o Frank Miller hayan podido tener sobre la caracterización de los personajes, o la contextualización de los hechos, porque Nolan ha logrado cosechar una historia propia y original a partir de su propia visión totalizadora y particular, construyendo a Gotham City, piedra por piedra; y a sus habitantes, célula por célula. Es un premio a la inherente paciencia que por más de quince años tuvimos aquellos quienes crecimos viendo la perspectiva de ese otro gran visionario llamado Tim Burton, quien nos alimentó con la dosis apenas necesaria de oscuridad y decadencia que nuestro lado humano demanda absorber ante tanta belleza alrededor. Entiéndase entonces que The Dark Knight es una película hecha no para añorar una infancia memorable, ni para augurarnos nuevas emociones en camino. Es sencillamente la manera como nos han sabido acercar justo a nuestro lado, sombra con sombra, al héroe por excelencia y a su conspicuo universo.

Su argumento y la manera como es narrado, logran posicionar a esta película cerca de la cima en géneros como son el drama, el cine negro, el gángster, el thriller, entre otros que muchos filmes alguna vez trataron de alcanzar en vano. Con una imponente fotografía, una deslumbrante edición de sonido que deviene armónicamente con una soberbia música incidental, un guión prácticamente perfecto, una magnífica supresión de efectos visuales innecesarios, The Dark Knight se convierte en el impactante Crescendo de una bien intencionada Overture, com lo fue Batman Begins. Consecuentemente, tendremos en unos años una tercera entrega que, de acuerdo con el final de ésta, tendrá el reto de ser un magnífico y orquestal cierre.

Ahora, las actuaciones son tema aparte y prácticamente se definen en dos palabras: Heath Ledger. Este actor ha dejado una obra póstuma merecedora de cuanto reconocimiento pueda ser dado, porque ha logrado personificar a The Joker como un antagonista de culto, a un ser que actúa sin reglas y vive solamente para ver morir a la sociedad, a quienes la componen y a quienes tratan de darle un orden, correcto o incorrecto. Las demás actuaciones son excelentes, algunas realmente sorprendentes, como la de Aaron Eckhart como Harvey Dent / Two – Face, quien logra llegar a ser en su momento cumbre, el verdadero héroe de la película.

Desde luego, las grandes pasiones suelen ser terreno fértil para cosechar justificadas inconformidades: que dicho personaje debió aparecer más, que éste otro menos, que éste no debió morir así ni tan pronto, que la película se extendió más de la cuenta, etcétera. Siendo válidas o no, estas subjetividades sólo consiguen demostrar la perturbación y desequilibrio que The Dark Knight logra incubar en la mente de quien incluso es capaz de esperarlo todo.

Es realmente improductivo tratar de referenciarles esta brillante obra sin sugerirles algún destello de sus acontecimientos. Por ahora me resta decirles a todos quienes ahora han dedicado su tiempo para leer estas líneas que deben darse la oportunidad de ver y disfrutar de The Dark Knight tan pronto como les sea posible, para adquirir sus propias impresiones. Nunca fue tan divertido viajar dos horas y media en la oscuridad, con las luces apagadas, con la confianza de tomar de la mano a una mente tan lúcida como la de un director como este. Déjense llevar, que para el verdadero amanecer aún hay tiempo de sobra.

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martes, 13 de noviembre de 2007

Manual para apasionados

Hace como dos meses mi papá me recomendó un artículo que escribió Héctor Abad Faciolince en la revista Semana, titulado Menos pasión. En él, este señor aburrido con la violencia de este país pedía menos pasión. ¿Por qué? Bueno él veía claramente en el origen de la palabra (padecimiento) que nosotros deberíamos padecer menos. Y bueno, puede que tenga razón en su argumento, pero yo creo que la pasión es necesaria. Y me gusta más la definición: “Apetito o afición vehemente a algo”.

Y me tiene sin cuidado la buena campaña que se han inventado de Colombia es Pasión. Tal vez para las personas poco apasionadas o para que los demasiado apasionados se apasionen con otra cosa. Yo en realidad me refiero a la necesidad de hacer las cosas con apetito con vehemencia, de alguna forma con sentido. Con una motivación inherente a la acción. Yo creo que mis papás me inculcaron eso desde la gestación y se los agradezco, porque no me imagino haciendo las cosas de otra forma. Tal vez sería un uno más. Este corto manual es un homenaje a los compañeros que entre chanzas y juegos se apasionaron durante todo el torneo para obtener ese título tan deseado: ¡Gracias muchachos!

1. Para ser un apasionado, usted debe buscar esa motivación absoluta que lo impulsa a correr un metro más cuando las piernas le fallan.

2. También debe tomar un partido. Elegir una camiseta, un color, una insignia y defenderla con el alma. Nadie se puede meter con ese bando que eligió. No se negocia. Miren nada más a los Ingleses, a los Argentinos, a los Norteamericanos, a los Brasileros, y así, a muchos países. No se matan actualmente entre ellos, pero eso no los hace ser menos apasionados a la hora de defender sus ideales.

3. Con la camiseta puesta y la motivación andando analice con cabeza fría cada situación y plantee la estrategia antes de empezar. ¿Quién dijo que para ser apasionado hay que ser un caballo sin riendas corriendo por un potrero rumbo a un barranco? Reconozca sus fortalezas y debilidades y las mismas en su rival, para que pueda aprovechar mejor la situación.

4. Convoque. Siempre habrá unos menos apasionados que usted. Pero cuando son llamados a la acción responden. Llámelos, y cuando estén a su lado, presénteles una zona de confort. Se dará cuenta cómo vuelven solos después y hasta lo llamarán.

5. Ya en el campo de juego, caliente, grite, corra, estimule. Sus compañeros se contagiarán y su rival se asustará al ver a 11 guerreros respaldados por otros que se ven igual de aguerridos parados justo a en la línea.

6. Después del pitazo de inicio, cuando sienta el viento pasar por su cara, el césped intentar atravesar sus medias, la magia, el balón rodar (sí claro, es posible sentirlo), sus músculos dispuestos al choque, la ansiedad de romper la red. Pare un segundo. Respire. Cierre los ojos dos segundos, concéntrese y listo: A disfrutar! No hay mejor forma de sentirse apasionado que cuando se está disfrutando de lo que se hace.

7. No pierda ni un segundo esa actitud que si importar las capacidades de su rival lo hace mejor que él. Se dará cuenta que al final del partido esa pasión será recompensada y usted podrá gritar más fuerte que nunca: “Hispano campeón!”. Podrá disfrutar las mieles del triunfo, aquellas mieles que tanto nos gustan a los apasionados, y la razón por la cual no nos importa soportar la “Acción de padecer” ya que al final el jugo sabe mejor cuando se han exprimido las naranjas.

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