Siguiendo con la selección de "cortos que casi no encuentro", hoy les quiero compartir Emma & The Barista (2005), un corto australiano dirigido por Greg Gozdz, en el cual se muestra cómo a Emma la vida le ofrece detalles pequeños para permear la monotonía de sus días, pero también cómo sólo puede llegar a romperla a partir de su propia voluntad. Una taza caliente de doce minutos de duración en el que te mezclan ilusión y realidad, con un poco de café y creatividad, ambientado por algunas imágenes urbanas de Melbourne.
Aprovecho esta ocasión para saludar especialmente a una buena amiga que está estudiando en Auckland, a quien siempre tengo presente y le deseo los mejores éxitos. Un abrazo caluroso, y mucha luz y color para sus días.
Ahora puedes probar un sorbo, haciendo clic sobre la imagen. No lo dejes enfriar:
sábado, 12 de febrero de 2011
Emma & The Barista (2005)
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lunes, 24 de enero de 2011
Das Weisse Band (2009)
Hace meses me ví esta película en cine con un amigo y al salir, mientras bajábamos en el ascensor con un grupo de personas que venían del mismo sitio, uno de ellos resumió el sentimiento general sobre lo que habíamos presenciado: "Ve, y porqué fue que no nos vimos Shrek?". Tan clara fue la sentencia, que esta reseña me pareció innecesaria en su momento, permaneciendo en el borrador hasta hoy, en vista de que la crítica sigue alabando esta obra de Haneke, tal vez el director de cine alemán de mayor reconocimiento de nuestros días. Es por ello que; haciendo de tripas, corazón; realicé nuevamente el ejercicio de vérmela, esta vez solo, y con todos los sentidos puestos en ella.
¿Qué se puede obtener cuando se combina una buena sinopsis con un destacado director y además se le suma un par de reconocimientos como mejor película en certámenes como Cannes y los Golden Globes? Para este caso, lo mismo o un poco menos. Otra vez, tal y como me pasó ya en otra ocasión, una película se queda corta frente a las críticas hechas por fuentes reconocidas; quizás porque de nuevo, como si se estuviera frente a una mancha Rorschach, los ojos expertos imaginan más de lo que dilucidan. Porque es claro que a veces hay que leer entre líneas lo que se te pone en escena para llegar a lo sustancial, así como conocer un poco mejor el contexto histórico o político en el que se desarrolla todo, te permite confrontar la visión del director con los hechos. Sin embargo, en Das Weisse Band (2009) casi nada subyace tras lo evidente.
Es válido empezar por reconocer que el cine, así como lo ha hecho la literatura, se ha encargado de mostrarnos representaciones de algunos hechos históricos que hemos olvidado, parcial o por completo, de nuestras clases de ciencias sociales; ésto último es quizás porque la academia sigue empeñada en intentar hacernos memorizar fechas, sitios y nombres para cumplir con un currículo, en vez de darnos entender las razones de ser de los logros y fracasos de la humanidad. De cualquier forma, es imposible aprehender toda la historia del mundo, así incluso te vayas a dedicar tu vida plenamente a ello. Por otra parte, las versiones de los hechos suelen ser contadas por quienes posean el poder de los medios que los narran, sin importar lo que haya pasado.
Por lo anterior, adicional a mi gusto por las películas sobre conflictos armados, es gratificante poder apreciar las distintas visiones de un mismo conflicto; tal vez el más popular y atractivo para el cine ha sido la Segunda Guerra Mundial, donde se pueden conocer las perspectivas de otros de sus actores (Ej. Letters From Iwo Jima - 2006 -), historias reales poco o nunca contadas (Ej. Valkyrie - 2008 -) o ficciones, ya sean cercanas a la realidad, o tan descabelladas como entretenidas (Ej. Inglorious Basterds - 2009 -). El punto es que, curiosamente, la Primera Guerra Mundial no ha gozado de las misma popularidad para este medio, y aún menos los sucesos que conllevaron a este suceso.
La historia de Das Weisse Band se desarrolla en la aldea protestante de Eichwald, Alemania, durante los años previos al estallido de la Primera Guerra Mundial, lugar en el que empiezan a acontecer ciertos incidentes en contra de algunos de sus habitantes. El narrador de la historia, profesor de la escuela, cuenta los hechos en retrospectiva, según su conocimiento y sus sospechas de lo ocurrido; éstas involucran a varios de sus alumnos, quienes han sido educados en sus hogares bajo un sentido de la moral religiosa severo. Al final, a pesar de estar convencido de sus suposiciones, cae en la cuenta de que, más allá de tener o no razón, los habitantes no les interesa conocer la verdad; quizás por su crudeza, o quizás porque de alguna manera dan aval a estas acciones como un castigo merecido a quienes lo han recibido. Bajo esta descorazonadora realidad transcurren las dos horas y cuarto de duración, acentuada por un silencio y una monocromía permanente, que hacen que una aldea Amish parezca un centro recreativo.
En resumen, la historia puede ser interesante, pero no entretenida. A pesar de que en la cinta se busca dar ejemplo del sentimiento ultra nacionalista y reaccionario que, junto al asesinato del Archiduque Franz Ferdinand, detonaron la declaración de guerra de los Imperios Germánico y Astro-húngaro, queda la sensación de que la narración le debe enormemente al espectador; sobre todo por lo inexplicable de ciertas tomas eternas a un encuadre fijo; es un tiempo que sin duda pudo haber sido mejor aprovechado.
A Haneke hay que darle el mérito de tocar un tema tan delicado como éste, ya que es una crítica directa al fundamento de las estructuras sociales de su país para ese entonces. Aún así, la película adolece de ser lenta, estática, así sea ésta su intención. Es excluyente, porque no invita a conocer a quien no tiene idea, sino que comparte poco con los pocos que están en verdad involucrados con su contexto. Si alguno de ustedes ya la ha visto y quiere compartirnos su opinión, sea afín o contraria, están cordialmente invitados a hacerlo.
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miércoles, 19 de mayo de 2010
Män som hatar kvinnor (2009)
Sabrán pues nuestros seguidores que por ahora este Manual anda funcionando algo empujado, como si fuera nuestro cacharrito; ese del cual no queremos salir porque, aunque ya no nos transporte cotidianamente, si lo hace para momentos y lugares donde nos sentimos cómodos y tenemos una perspectiva distinta de las cosas. Dicho esto, podríamos hacer una analogía con respecto a la manera como ciertas películas llegan a la cartelera nacional: unas veces por necesidad; otras con ocasión de una oportunidad.
Casi un año después de su estreno mundial, Män som hatar kvinnor (2009), adaptación fílmica de la novela del mismo nombre y que hace parte de la trilogía póstuma Millenium del escritor Stieg Larsson; es estrenada en Ámerica con motivo de su éxito en Europa (más literario que taquillero), así como por ciertas situaciones controversiales que la han rodeado en algunos de sus ámbitos.
Quienes no tengan inconveniente con la acentuación nórdica y con repartos actorales desconocidos, podrán pasar un largo rato agradable con esta película en la cual se destacan, así como su argumento y gran parte de sus personajes, el dinamismo narrativo del que suelen carecer ciertas historias policiacas de carácter investigativo. Junto al protagonista principal, Mikael; del cual no hay más que decir sino que es un periodista en mala racha, involucrado en el caso de una desaparición y presunto asesinato de una joven hace 40 años; se encuentra Lisbeth, uno de esos personajes tipo "gancho promocional" que, por fortuna, no se queda en la apariencia y hasta esta primera parte, luce bien construido. Lisbeth es una hacker introvertida y con un pasado más oscuro que el tinte y las sombras que se echa, quien es contratada en un principio para indagar en profundidad en el pasado de Mikael y que, por cosas del destino y de conexiones ilegales con escritorios virtuales remotos, termina colaborando con su investigación e involucrándose con él.
Durante el desarrollo de la historia, se van ilustrando aspectos interesantes acerca de cómo funciona la sociedad sueca contemporánea y, a partir de modelos propuestos de organización, se van evidenciando sus posibles aciertos y fallas; sus pros y sus contras. Lisbeth, quien a pesar de ser presentada como un personaje secundario, es pieza clave en cada uno de los puntos de desenlace del argumento, se convierte en un ícono por reflejarse como un resultado de ese orden liberal propuesto para cosechar ciudadanos ejemplares.
Por otra parte, por ahí hay rumores de que Columbia Pictures ya tiene negociados los derechos para una adaptación hollywoodense y le ha ofrecido la dirección a David Fincher, hombre ya experimentado con este asunto de combinar el suspenso con lo detectivesco. Habría que ver si ésta se haría sobre el guión de la película o sobre la novela misma, ya que la censura podría afectar la interpretación de algunas escenas cuyo contenido sexual y violento es alto. Como le comentaba a Mauro Z durante el reciente Eurocine, rara vez una película sueca no termina con un asesinato, un suicidio o una violación. Ésta, aunque tiene mucho de esto y más, podría decirse que concluye en términos algo más constructivos.
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miércoles, 29 de julio de 2009
The Fine Art Of Love (2005)
En la alborada del siglo pasado se sitúa la historia de esta película sobre un grupo de niñas que, ante un aparente abandono a temprana edad, han sido internadas en un orfanato con el fin de ser convertidas en mujeres de sociedad, de acuerdo con los cánones morales contradictorios que regían a Alemania y otros países europeos, en la antesala hacia la Primera Guerra Mundial.
La secuencia introductoria en la que se muestra un primer plano de los pies de una bailarina de ballet, la cual ejecuta perfectamente su acto sin permitirse inmutarse por la sangre que empieza a brotar de sus dedos y a manchar sus zapatillas y el escenario, desmiente al paradójico título y nos promete tarde o temprano escenas del mismo impacto, con una teatralidad que por momentos raya en lo absurdo; como si las tablas de la tarima se extendieran más allá del recinto.
El argumento es sencillo, venido a complicar por los sentimientos encontrados de institutrices y alumnas que; motivadas por vencer la represión y buscando una realidad del mundo que trasciende las rejas del claustro; van desdibujando todo ese montaje y se entregan a experimentar a través de su sexualidad, su amor, su orgullo y su rencor. Se destaca la vehemencia de personajes como el de Irene (la amante de la prima ballerina) o el de Lady Helena; extraña un poco ver a la siempre bella Jacqueline Bisset, tan poco exigida dentro de su papel como directora del internado, con una introversión que impide al espectador entender suficientemente sus acciones.
De entrada, The Fine Art Of Love resulta fácil de comparar con Innocence (2004), cuyo concepto es exactamente el mismo, pero esta última con una visión esperanzadora ante la vida impositiva dentro de un internado de este tipo. En lo referente a lo técnico, se evidencian una buena fotografía e iluminación, contrastando con una malograda edición entre episodios que por momentos nos hacen a un lado del camino y nos recuerdan que es tan sólo una película.
Es posible que para quienes les interese verla aún puedan ir a las salas de cine de Royal Films en su ciudad, para darle un poco de carne al morbo y apostar unas monedas por el bien, pero quedan advertidos: la desazón hará presencia en el camino de cualquiera de sus protagonistas, en cualquier momento.
sábado, 9 de mayo de 2009
¿A usted lo educaron así?
Después de llegar de vacaciones me he dado cuenta, por la emoción tan grande que han mostrado muchos amigos y conocidos, que no sólo cumplí un sueño propio que tenía atrasado (el de conocer la capital gaucha), sino que también cumplí un sueño ajeno. También descubrí que mucha gente simplemente siente una cosquillita (no mencionemos la palabra envidia, de la mala o de la buena, que igual suena feo) por no haber sido ellos que viajaron. Pero entre todos los descubrimientos, noté que hay personas que directamente preguntan por el costo del viaje, mientras que otras, aunque tal vez también quieran saberlo, se abstienen con cierta vergüenza.
Me puse a hacer conciencia sobre ello, y a partir de ese momento comencé a recopilar información. Alguna de ella en campo, pendiente de las conversaciones propias y ajenas y otra en la vasta biblioteca de recuerdos que se almacena en mi cabeza. Con esta información comencé a hacer análisis. Es algo parecido a lo que hago en mi trabajo. Levantar información, encontrar relaciones y analizar los datos.
La conclusión es simple. Dentro de las muchas categorías que se pueden crear para clasificar a las personas, está esta: Los que demuestran ambición por el dinero y los que no. Abiertamente, yo me ubico en la segunda. Hijo de dos trabajadores de clase media, tirando a pobre que sudaron toda su vida para que yo tuviera educación, salud y alimento (claro, amor también, pero creo que los economistas no clasifican al amor como una necesidad básica), nunca ponderaron en mí el dinero. En cambio si el conocimiento, si estar sano y si estar bien alimentado. Tal vez por eso yo disfruto tanto la comida. La gula es mi pecado capital, incluso por encima de la pereza. Tal vez por eso también, me cuido (mi novia que me ve trasnochar despiadadamente, podría opinar lo contrario), hago deporte, me aseo, me alimento sano, en fin me cuido, como dije antes. Tal vez por eso también mi objetivo no es tener plata sino conocimiento, no es tener objetos sino experiencia, prefiero un viaje a un carro, y cosas por estilo. Tal vez por eso, aunque podría agresivamente dejar en el camino a varios competidores laborales y escalar en la pirámide social y laboral, no me interesa dejar de lado mis principios y me brinda más satisfacciones el aportar al trabajo de equipo. No con esto quiero decir que no me interese liderar empresas, pero sí que mis objetivos son diferentes.
Por otro lado están aquellos que demuestran la ambición por el dinero. Estas personas son especialistas en preguntar los precios de todo. Comparan los precios a los que le salió a alguien un viaje con a los que les saldría a ellos. Ellos regatean en todo lugar. Cuando compran algo están pensando en el faltante de dinero que dejaron y no en el vacío que la compra llenó. Ellos son hábiles para manejar dinero y nunca son lo suficientemente ricos. Es probable que por norma de urbanidad hayan aprendido con el tiempo a no preguntar por el costo de las cosas, y que tal vez algunos de ellos tengan tanto dinero (porque han ido logrando su objetivo) que ya no les sea necesario preguntar, o simplemente han preguntado tanto que ya se saben el costo de las cosas, pero eso no quiere decir que no les interese saber. Todo el tiempo sondean el mercado. Les gusta hacerlo, les gusta estar actualizados. Así nunca ejecuten el gasto, ellos tienen que tener la información. Es muy probable que en este grupo entren aquellas personas que cuando eran niños llevaban plata al colegio para comprar en la tienda (yo llevaba lonchera). Aquellos que vendían cosas. Aquellos que no los recogía la buseta, sino que tomaban transporte público. Aquellos que desde chicos se dieron cuenta que manejar dinero les daba poder para hacer cosas que no tenían sus amigos. Les daba independencia. Les daba libertad. Yo de chico, no tenía eso, ni quería eso. Me gustaba depender de mis padres y no preocuparme por no tener dinero, y si balón, y si comida, y si transporte, y si todo.
En fin, de estas dos clasificaciones, que son abiertamente excluyentes y básicas, se pueden desprender cualquier cantidad de híbridos. Usted me dirá, "noo, pero yo si me preocupo por el dinero, pero no tanto, también por las otras cosas" o al revés. También me podrá decir "Bah! Yo si me preocupo por el dinero. Quiero riqueza, poder, comodidades, en fin. Pero eso no me hace un maleducado que está preguntando todo el tiempo, cuánto te costó ese lapicero!". Y si, podrán tener razón, porque en medio de los dos grupos están todos los que han tenido influencias de un lado y del otro. Yo mismo no me podría clasificar puramente en ninguna de las dos categorías. Pero existen engendros puros de cada una de ellas. Yo los he conocido. Y debo admitir que aquellos que están en la segunda, los que te preguntan cuánto te costó ese jean, el cual no tienes ni idea porque es de tu hermano, logran desesperarme. Me sacan de quicio. Me enferman. Me aburren. Una cosa es que estén haciendo un levantamiento de información para su trabajo. Yo tengo que comprar muchos productos de mi competencia para saber los precios públicos del mercado y poder definir el precio óptimo de venta. Una cosa es que estén pensando en comprarse un jean y hayan encontrado en el mío la opción que querían y quieran saber los detalles. Una cosa es que tengan planeado viajar y estén levantando toda la información para poder pagar el viaje. Pero otra cosa es preguntar por preguntar. Incluso preguntar para juzgar. Yo los pondría a todos en una bolsa y los tiraría a un río. Pero como soy educado, paciente y tranquilo no lo hago. Prefiero jugar con ellos. Cada vez que no encuentro en la pregunta un tono sincero de interés, les miento. Como se me ocurra en el momento. Me quedo con la cara de sorpresa que hacen. Una camiseta de cuarenta mil pesos me pudo costar cuatrocientos mil. O unos tenis de cien mil me pudieron costar quince mil. Un viaje en bus (yo se que quien me pregunta nunca se va a montar en un bus) no cuesta mil quinientos sino para algunos vale quinientos y para otros vale tres mil, dependiendo de mi humor. Es que una cosa es preguntar porque hay que saber el precio antes de llegar a un sitio para no ser estafado, y la otra es preguntar por armar conversación. A los segundos me gusta engañarlos, confundirlos, dañarles su mapa mental de precios. Hacer que por la noche mientras intentan dormir estén pensando, "pero dónde carajos pudo comprar un computador con esas especificaciones en sólo un millón de pesos? debe ser de contrabando o chiviado!".
Y a usted, cómo lo educaron?
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sábado, 25 de octubre de 2008
Cuando uno tira una papa, da papaya
- Qué importa que todavía no se hayan cumplido los compromisos que hizo el gobierno con las comunidades indígenas (creo que todavía no se han cumplido en su totalidad ninguno de los compromisos que hizo en campaña con el pueblo).
- Qué importa la cantidad de indígenas que marchen.
- Qué importa la cantidad de corteros que los acompañen.
- Qué importa que la causa de los indígenas sea justa o no lo sea.
- Qué importa que el presidente del país salga a decir la cantidad de tierras que le ha entregado sin mencionar que sólo él tiene más que todos ellos.
- Qué importa que el socio comercial más importante de Colombia, ahora en elecciones, esté mirando como un racista a su gobernante por el manejo que le ha dado al conflicto.
- Qué importa que al parecer si no son con disturbios, no se escuche al pueblo en este país.
- Qué importa que la media internacional que sólo huele feo, en vez de apestar como la media local sea quien destape los horribles sucesos del día a día de las marchas, mientras esa media que nos pertenece nos inunde con farándula.
- Qué importa si la policía metió unas instrucciones para armar una papa-bomba entre los indígenas o si fue la marcha indígena manipulada por la guerrilla para desestabilizar el estado colombiano.
Que cuando uno quiere reclamar algo a través de las vías de hecho, pasan
do por encima de las vías de derecho, deslegitima toda protesta. Lo que realmente importa es que cuando uno arma una papa bomba y la ingresa a una manifestación, así la tire o no, lo que hace es dar papaya, no dar papa. Permite que la otra parte incumpla su parte del contrato, con la excusa de que usted también lo hizo. Y darle papaya a un estado tan inteligente y maquiavélico como el actual es muy peligroso. Para ver si los protestantes siguen armando papas... ¡Gracias por nada!
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sábado, 6 de septiembre de 2008
Descomposición social

"En mi época, la gente hacía fila para subirse al bus". "Las mujeres iban primero y las embarazadas no hacían fila". "La gente se paraba de su asiento para cederle el puesto a un anciano o a una mujer que lo necesitar, o a un niño". "Cuando los juegos panamericanos, Cali era conocida como la ciudad cívica".
Bueno, pudo ser. Pero hoy no es. Para mí son y han sido siempre, historias de abuelos; historias de papás. Yo no lo viví. Yo no lo vi. Pero ¿qué vi?
Bombas; traquetos; mujeres operadas exhibiéndose; pandillas ("parches") de jóvenes haciendo daños y matándose entre barrios; lavaperros; corrupción; unos valores diferentes a los inculcados en mi casa y colegio; facilismo; dinero mal habido; enriquecimiento ilícito; personas trabajando duro y viviendo mal; desplazados; mendigos; ladrones; pobreza; violencia.
Si, claro, también vi amistad; rumba; hospitalidad; deporte; buenos sentimientos; empuje; comercio; empresa; gente buena; gente ingenua; competitividad; superación; crecimiento; en algunos casos prosperidad; deseos; construcción.
Pero lo que me pasaba es que mayoritariamente veía más lo primero que lo segundo. Además porque me parecía que lo segundo tenía que ser, y lo otro estorbaba, entonces era más notorio. Es decir, no tenía que felicitar a nadie por ser buena gente. Yo de entrada, esperaba que lo fuera. Yo de entrada lo era.
Hoy con todas estas historias, que para mí son leyendas, yo podría contar las que realmente vivo:
El pasado 1 de septiembre, bueno 2 de septiembre porque fue a las 12 de la noche, los vidrios de mi casa temblaron cuando estaba viendo una serie de televisión. Le abrí los ojos a mi hermano y entre afirmación y duda dije: "Una bomba". Él asintió. Listo, seguimos viendo. Teniendo familiares en la ciudad, que podrían haber muerto, la insensibilidad fue total. Un sólo pensamiento de "qué pesar, hemos vuelto a los noventas" cruzó por mi mente, y sigamos para adelante. No sonaba como un transformador (que a cada rato sacan la mano) ni como una tormenta (ni llovía). Era una bomba. El palacio de justicia. La insignia regional de la justicia (o de la injusticia, como se quiera ver) había sido atacado por un carro bomba. Murieron cinco personas, pero una de ellas fue dada de baja en un tiroteo. Y ya. No pasa nada. Salvo que los oportunistas aprovechan para saquear los locales de los comerciantes que le compraron la idea al alcalde de turno de dejar su ambulatoriedad y organizarse en frente de palacio. Cinco muertos, y veintiseis heridos y la gente saqueando los locales.
Claro, que la gente no tiene que comer, que tiene que aprovechar, que qué pesar. No, no, no, no. Las cosas no son así. La sociedad no está compuesta moralmente hablando. Está descompuesta. Y hace rato que se viene pudriendo. A mí cada día me huele peor. Me duele y me da tristeza.
Ese día, a pocos tres segundos de darse a conocer, el gobierno sale y atribuye el hecho a las FARC* sin prueba alguna ("hay indicios" dice el ministro de defensa), y la gente alimenta más el odio mutuo que se tiene entre compatriotas. Tres o cuatro días después una senadora mediática, que hace contraste con el presidente mediático que tenemos (y yo con mis problemas con la media) , sale ante los medios y dice, entre varias otras cosas, que el gobierno acusa por todo lo que pasa en el país, a las FARC*, y que invita a los estudiantes a la subversión; dándole más odio al pueblo.
Y en medio de todo, yo me pregunto: ¿Quién construye? ¿Quién construye leyendas, como las que me contaban mis papás y profesores? Miro los rostros de quienes me escuchan, enriquecidos con plata mal habida y diciéndome, "relajate ve", y lloro internamente. Claro, me acordé cuando mi primo se fue en el carro a nadar al río Cali y la gente que dormía por ahí en vez de ayudarlo a salir a él y sus amigos, corrían con el botín que habían rescatado del carro. Uno moribundo y peleando porque no lo roben. ¿Duro no?
*FARC: Fuerzas Armadas Revolucionaras de Colombia, es decir, la guerrilla, que desde que tengo memoria es la culpable de todo. Eso dicen los medios. Malos si son, pero no son los únicos malos que nos azotan.
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viernes, 22 de agosto de 2008
Glam Gore: Reseña Literaria Sobre American Psycho
Esta expresión que se me ha ocurrido, ignorando si es o no un seudo – género de algo, pretende resumir lo que el lector puede encontrarse al leer American Psycho (Bret Easton Ellis, 1991), una novela que al parecer fue un best – seller en su momento y que causó estupor y rechazo en ciertos círculos sociales norteamericanos por su contenido explícito que, por lo visto, atentaba contra la moral y las buenas costumbres. Terrible, ¿no?
Tuve la oportunidad de verme su adaptación fílmica hace unos años y, aunque disfruté la actuación del actor principal hasta el inevitable punto de tener presente su imagen durante su personificación en el libro, queda la sensación de que su directora tuvo ese temor entendible hollywoodense de reflejar toda la violencia gráfica contenida en esta obra, tanto en el sadismo del personaje principal, como en el comportamiento sociópata de la mayor parte de sus co – protagonistas.Como sinopsis, tenemos a Patrick Bateman, un joven y promisorio millonario, ejecutivo de cuenta de la firma P & P (perteneciente a su padre) en Wall Street, quien lleva una vida social muy activa con su novia y sus amigos, algunos colegas; otros ex – compañeros de Harvard, encontrándoselos con frecuencia en los clubes, restaurantes, bares y discotecas de la ciudad de New York. Dicho estilo de vida, oculta las acciones del ser maniático que se haya en su interior, quien empieza a cometer de manera serial asesinatos cada vez más despiadados, llegando a atentar incluso contra quienes le rodean y, posiblemente, le tienen afecto. Todo esto, contextualizado a finales de la década de 1980, donde las luces de neón, los estilos retro y vintage, la música Bubblegum, el fin de la Guerra Fría, el síndrome del Sida y los altos niveles de mendicidad están a la orden del día.
A través de la lectura, nos es posible encontrar frecuentes alusiones directas al racismo, a la homofobia y a la misoginia. El personaje principal, a pesar de su buen gusto, su genealogía y su abierta metrosexualidad, siente que no logra alcanzar la clase social suficiente, más que para ser aceptado, sin lograr destacarse al nivel que desea. Es quizás esta hambre de éxito la que conlleva a tratar de alimentarse mediante la vejación de quienes resulten vulnerables ante sus manos, torturándolos hasta la muerte y regodeándose en su dolor. Sin embargo, y como puede esperarse, Bateman va perdiendo el control de sus acciones y junto con su creciente insatisfacción, descubre atónito como la sociedad que idolatra lo ignora hasta el punto de permitir la impunidad de sus actos.
Cabe anotar que el sencillo estilo narrativo de Easton Ellis se combina en ocasiones con la permanente mención de detalles superfluos, presentes en una notable cantidad de capítulos vacíos de intención y dirección, que adolecen de un desbalance argumental, tal vez con la intención de ilustrar la perspectiva sicológica del protagonista, deteriorada por el vértigo del devenir de una vida sin sentido.Teniendo en cuenta lo anterior, recomiendo esta novela a quienes crean ser capaces y les parezca atractivo poder soportar la presentación de una sociedad sórdida y de su lixiviado ejemplar: un yuppie que intenta encontrar a través de la inhumanidad de sus crímenes, una forma de escapar de esa realidad de la que hace parte funcional, para después tratar de llamar la atención de sus semejantes, adormecidos por el modo como han escogido vivir y alegremente inmunes a todo aquello que les pueda resultar perturbador.
Para terminar, les comparto uno de los pasajes más recordados de la novela; posiblemente, la escena mejor lograda en la película:"El maître se acerca para saludar a McDermott, luego se fija en que no tenemos los preceptivos Bellini y se aleja corriendo antes de que podamos impedírselo [...], pero decido que puedo marcarles un gol enseñándoles mi nueva tarjeta de visita. La saco de mi cartera de piel de gacela (Barney’s, 850 dólares) y la dejo encima de la mesa, esperando su reacción.
– ¿Qué es eso? ¿Un dibujo? – pregunta Price, sin demasiada apatía.
– Mi nueva tarjeta de visita. – Trato de comportarme desenfadadamente, pero me sorprendo muy orgulloso –. ¿Qué os parece?
– Vaya – dice McDermott, recogiéndola auténticamente impresionado –. Muy bonita. Échale un ojo. – Se la tiende a Van Patten.
– Las recogí del impresor ayer – apunto yo.
– Está bien de color – dice Van Patten, estudiando atentamente la tarjeta.
– Es color hueso – señalo –. Y los caracteres se llaman algo así como Silian Rail. [...]
– [...] Está bastante bien, Bateman – dice Van Patten cautamente, el jodido envidioso –, pero eso no es nada… – Saca su cartera y deja una tarjeta de visita junto al cenicero –. Mirad ésta.
Todos nos inclinamos y estudiamos la tarjeta de visita de David, y Price dice tranquilamente.
– Es bonita de verdad.
– Me recorre un breve espasmo de envidia cuando me fijo en la elegancia del color y la evidente clase de los tipos. Aprieto el puño cuando Van Patten dice, afectadamente:
– Cáscara de huevo con tipos Romalian... –. ¿Qué opinas tú?
– Muy bonita – grazno, pero consigo asentir con la cabeza, cuando el mozo trae cuatro nuevos Bellini.
– Dios santo – dice Price, alzando la tarjeta de visita hacia la luz e ignorando las nuevas copas –. Es súper de verdad. ¿Cómo es posible que un idiota como tú tenga algo de tan buen gusto?
Miro la tarjeta de visita de Van Patten y luego la mía, y no puedo creer que a Price le guste de verdad más la de Van Patten. Aturdido, doy un trago a mi copa y respiro a fondo.
– Pero esperad – dice Price –. Todavía no habéis visto nada... – Saca la suya de un bolsillo interior de la chaqueta y lenta, dramáticamente, le da la vuelta para que la admiremos, y anuncia –: la mía.
Hasta yo tengo que admitir que es espléndida".
American Psycho. Easton Ellis, Bret. 1991. Pp. 61 – 63.
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sábado, 16 de agosto de 2008
¡OJO LADRONES!
Bueno, antes de la nota maluca, les cuento que actualicé el artículo del martes, el cual me gustó mucho. Le puse una foto que no había podido descargar que ilustra la belleza de la oscura noche Bogotana y corregí algunos errores tipográficos que se me habían pasado. A los que no lo han leído y a los que sí, los invito de nuevo a que sepan ¿Cómo comprar drogas en Bogotá?

A este otro si no lo había visto nunca, pero también se ve muy malo:
Pensaba escribir hoy sobre otra cosa, pero creo que era justo darle fin (o al menos una continuación) a la historia, con uno de los personajes protagonistas de ella. Buen viento y cuidado cuando caminen.Continuar leyendo!
sábado, 9 de agosto de 2008
Enfermarse no es para los pobres en Colombia
Creo que no estoy descubriendo el agua tibia. Eso ya se sabía. ¿O no? Bueno aquí algunos datos interesantes:
- La regulación para la venta de medicamentos se ha incrementado y los controles y las campañas de conciencia para los dependientes de las farmacias funcionan. Sobre todo en la capital. Esto es bueno, creo yo. Pero, entonces ¿cómo hace la gente para comprar medicamentos si no los atienden en los centros de salud oportunamente? Por ejemplo, uno no se puede enfermar un fin de semana porque las citas son de un día para otro (lo cual quiere decir también que uno tiene que saber el día anterior que se va a enfermar para pedir la cita) por lo que te antenderían el lunes. Confiar en urgencias no es la solución. Siempre está saturado el sistema en cualquier EPS.
- El Seguro Social, después de haber sido creado con capital de la nación, los aportes de los trabajadores obligatorios y los aportes de los empleadores, quebró. Por lo menos salud. O lo quebraron porque el capital de la nación lleva años sin pagarse. Así que hay que buscar otra EPS.
- Otra EPS incluye la Nueva EPS. Es decir el seguro social administrado por las cajas de compensación familiar. Ahora la cosa es indiferente. Uno puede ir a Coomeva, Susalud, Colsanitas, Cajanal, Caprecom, Comfenalo, Compensar, Cruz Blanca, en fin, 246 registros en las páginas amarillas. Y? Todo es lo mismo: Hay que pedir cita el día anterior; urgencias está lleno; a los médicos los miden por planillas donde deben atender cierto número de pacientes en cierta cantidad de tiempo, lo cual hace que si ellos quieren comer, deban pasarlo a uno a la carrera y sin diagnóstico profundo; hay que pagar adicional a lo que ya se te descuenta de tu salario o lo que pagas como independiente; las clínicas son independientes a las EPS, es decir que tienen un P&G que cuidar, son con ánimo de lucro, y lo que les importa realmente es la cantidad de eventos que le puedan cobrar a la EPS: No compiten con servicio sino con contactos y convenios. Así que elegir EPS no debería ser un problema. Debería tenerse en cuenta solamente la cobertura (de IPSs) y si al querer pagar un medicina prepagada te hacen un mejor descuento, y qué tal es la prepagada.
- Ummm, la medicina Prepagada. Después de rehusarme durante tres años a pagar una, creo que debo hacerlo: Hoy no tengo herramientas para pelear contra el sistema. Unos $70.000 pesos mensuales más o menos porque simplemente cuando te enfermes sí puedas acceder al sistema de salud con diligencia. Bueno, y también vas a tener que pagar cosas adicionales. Eso si: Debes ingresar al sistema prepago mientras estes sano. Si de niño fuiste enfermo, estás mal, pues te van a reducir todos los servicios correspondientes a la enfermedad que tuviste. Es decir, es un sistema para gente sana que paga como placebo para no enfermarse. Y si eres enfermo, pues pagas mucha, mucha plata. O si eres viejo. Me dijeron que para ingresar a mi abuela de 60 años debo pagar una mensualidad de $400.000 pesos mínimo, pues primero hay que hacerle exámenes para ver si tengo que pagar más. Claro, y todo eso porque tengo convenios con la empresa donde trabajo, porque sino sería de $600.000 pesos. Figúrsense, $70.000 para alguien sano, en edad productiva con un trabajo de oficina, dieta balanceada, y sin registro de enfermedades previas. Eso sería porque con esos $840.000 anuales en los que no voy a hacer uso del sistema (sin contar con la EPS que me descuentan del salario que tampoco voy a usar) van a subsidiar las enfermedades de?? si de quién? No se, creo que de nadie realmente.
- Con el desmantelamiento del seguro social, el único que le daba cobertura real a todo el país (criticar es fácil cuando se tiene con que pagar la prepagada, pero me gustaría saber qué se piensa cuando la prepagada ni la EPS te cubren una operación de alto costo y el seguro sí lo hacía), la EPS más grande del país es Colsánitas. Deberían urgar entre los accionistas de la compañía a ver a qué personajes interesantes de la vida pública encuentran.
Para todos los que leen esto les deseo salud, porque sino... Continuar leyendo!
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sábado, 2 de agosto de 2008
Mr Altru vs Mr Ego
La idea me ronda en la cabeza hace varias semanas y el problema para mí, era que no encontraba una forma ordenada y armónica de ponerla en palabras que me satisficiera. Y aún no lo hace. Lo que pasa es que realmente necesito dejar de pensar en eso, y creo que la mejor forma es exponiéndolo ante todos para que se lo tomen a manera de foro. Y aún si no se lo toman, el sacarlo de mi cabeza y ponerlo por escrito aquí me liberará por un tiempo. Digamos que hago de este artículo un "pensadero", tal y como lo definió en su fantástico y popular mundo mágico J.K. Rowling, para retomarlo más tarde.
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sábado, 19 de julio de 2008
The Dark Knight: The dawn has just come, and it's darker than the dusk
Creo que la frase que titula esta entrada, inspirada en la esperanzadora promesa que Harvey Dent les hace a sus góticos conciudadanos, le responde y a su vez define la pretensión que Christopher Nolan ha tenido para esta nueva entrega de la saga latente del Caballero Oscuro: 'El amanecer ha llegado, y es más oscuro que el ocaso'.
En la noche de ayer, los cuatro integrantes originales de este blog (por cierto, bienvenido Omar, muchos éxitos y lecturas para el futuro), asistimos al estreno mundial de The Dark Knight y, mediante una irremediable y unánime votación a mano alzada, se determinó que estuviese en mis manos reseñar la mejor adaptación fílmica de un cómic jamás realizada. Teniendo en cuenta lo anterior, es de entender que dicha responsabilidad no es posible tomarla a la ligera, por lo cual procuraré brindarles un texto digno de este merecimiento.
El corazón aún late con furia, y las altas y emotivas notas de Hans Zimmer retumban por oleadas, perturbando cada recodo de mis recuerdos, pero aún así, hay que apretar la brida y las riendas y ser capaz de anotar con suficiencia, las razones que me hacen considerar a esta película una gran obra del séptimo arte.Antes que todo, deberán olvidarse por un momento del nivel de influencia que los legendarios cómics de Bob Kane o Frank Miller hayan podido tener sobre la caracterización de los personajes, o la contextualización de los hechos, porque Nolan ha logrado cosechar una historia propia y original a partir de su propia visión totalizadora y particular, construyendo a Gotham City, piedra por piedra; y a sus habitantes, célula por célula. Es un premio a la inherente paciencia que por más de quince años tuvimos aquellos quienes crecimos viendo la perspectiva de ese otro gran visionario llamado Tim Burton, quien nos alimentó con la dosis apenas necesaria de oscuridad y decadencia que nuestro lado humano demanda absorber ante tanta belleza alrededor. Entiéndase entonces que The Dark Knight es una película hecha no para añorar una infancia memorable, ni para augurarnos nuevas emociones en camino. Es sencillamente la manera como nos han sabido acercar justo a nuestro lado, sombra con sombra, al héroe por excelencia y a su conspicuo universo.
Su argumento y la manera como es narrado, logran posicionar a esta película cerca de la cima en géneros como son el drama, el cine negro, el gángster, el thriller, entre otros que muchos filmes alguna vez trataron de alcanzar en vano. Con una imponente fotografía, una deslumbrante edición de sonido que deviene armónicamente con una soberbia música incidental, un guión prácticamente perfecto, una magnífica supresión de efectos visuales innecesarios, The Dark Knight se convierte en el impactante Crescendo de una bien intencionada Overture, com lo fue Batman Begins. Consecuentemente, tendremos en unos años una tercera entrega que, de acuerdo con el final de ésta, tendrá el reto de ser un magnífico y orquestal cierre.Ahora, las actuaciones son tema aparte y prácticamente se definen en dos palabras: Heath Ledger. Este actor ha dejado una obra póstuma merecedora de cuanto reconocimiento pueda ser dado, porque ha logrado personificar a The Joker como un antagonista de culto, a un ser que actúa sin reglas y vive solamente para ver morir a la sociedad, a quienes la componen y a quienes tratan de darle un orden, correcto o incorrecto. Las demás actuaciones son excelentes, algunas realmente sorprendentes, como la de Aaron Eckhart como Harvey Dent / Two – Face, quien logra llegar a ser en su momento cumbre, el verdadero héroe de la película.
Desde luego, las grandes pasiones suelen ser terreno fértil para cosechar justificadas inconformidades: que dicho personaje debió aparecer más, que éste otro menos, que éste no debió morir así ni tan pronto, que la película se extendió más de la cuenta, etcétera. Siendo válidas o no, estas subjetividades sólo consiguen demostrar la perturbación y desequilibrio que The Dark Knight logra incubar en la mente de quien incluso es capaz de esperarlo todo.Es realmente improductivo tratar de referenciarles esta brillante obra sin sugerirles algún destello de sus acontecimientos. Por ahora me resta decirles a todos quienes ahora han dedicado su tiempo para leer estas líneas que deben darse la oportunidad de ver y disfrutar de The Dark Knight tan pronto como les sea posible, para adquirir sus propias impresiones. Nunca fue tan divertido viajar dos horas y media en la oscuridad, con las luces apagadas, con la confianza de tomar de la mano a una mente tan lúcida como la de un director como este. Déjense llevar, que para el verdadero amanecer aún hay tiempo de sobra.
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viernes, 18 de julio de 2008
Juul

No tengo claro quien nos hizo llegar este correo, pero decidí dejarlo tal y como nos llegó. Pues creo que incluso la introducción y la dedicatoria final le dan mucha riqueza:
Hola chicos me gustaría proponerles este texto para el viernes de lectores que escriben: les adjunto las ilustraciones.
Este cuento lo propusieron unas compañeras mías, como herramienta principal en una propuesta para trabajar el abuso infantil (conocido como el «bullying» ) cabe la pena anotar que no me lo leí, me lo leyeron y fue una compañera de bonitos ojos, una interesante entonación y una sonrisa maliciosa en sus labios. Ahora quiero compartirlo con ustedes por que como son lectores sensibles sabrán apreciarlo.
JUUL
Juul tenía rizos, rizos rojos como hilos de cobre, eso gritaban todos: ¡hilos de cobre! ¡tienes sangre en el pelo! ¡Caca roja! Un día Juul cogió unas tijeras y rizo a rizo se los cortó.
Juul tenía la cabeza pelada y todos le decían: ¡bola de billar! ¡cara de huevo! Por eso se puso un gorro. Al no tener pelo, el gorro le caía encima de las orejas y éstas se le salían un poco, '¡orejas de soplillo! ¡Dumbo! ¡echa a volar!', le llamaban ahora. Eso le hubiese gustado a Juul, volar muy lejos de allí. De dos rabiosos tirones Juul se arrancó las orejas. Como no tenía orejas el gorro le caía encima de los ojos impidiéndole ver, y empezó a chocarse contra las paredes, contra los otros chicos, contra las sillas, Juul veía las estrellas y empezó a bizquear. Entonces los niños empezaron a llamarle: ¡bizco! ¡Cegatón! ¡Juul es un cegatón! Juul cerró fuertemente los ojos hasta que se le salieron de las órbitas, cayeron al suelo como dos canicas calientes, pero no botaron. Tenía tanto, pero tantísimo dolor, que apenas podía pronunciar una palabra, gemía, babeaba y balbuceaba mientras los otros le decían: ¡tartaja! ¡Baboso! ja, ja, ja ¡miren, Juul no sabe hablar! Juul metió su lengua en un enchufe de la luz, se quemó media boca y su lengua, desapareció.
El dolor era tan insoportable que Juul apenas podía caminar, las piernas se le torcían y le fallaban y los chicos le decían: ¡Juul el patizampo! ¡Juul piernas torcidas! Juul se fue al tren, puso las piernas sobre las vías, cuando éste pasó dejó un gran reguero rojo.
Alguien encontró a Juul, alguien lo sentó en una silla de ruedas, y mientras Juul empujaba y empujaba para escapar los niños seguían gritándole: ¡Juul el ruedas! ¡Juul el ruedas! cuando le alcanzaron, le mancharon de porquería las ruedas y ahí donde él tenía que agarrarse para escapar. De la rabia que le dió metió sus manos en agua hirviendo, para tenerlas siempre limpias, pero estaba tan caliente, que se quemó; y le salieron ampollas y llagas que le supuraban. El médico las mandó amputar y los chicos le decían: ¡brazos de salchicha! ¡Desgraciado! Juul se hizo llevar al zoo, a la jaula de los leones, metió los brazos por los barrotes y un león se los comió.
Juul sólo era cabeza y torso y los niños decían: ¡qué pena de torso! ¡si no lo tuviese podríamos jugar al fútbol con su cabeza! Así que entre todos tiraron y tiraron hasta que le separaron la cabeza del tronco. Pero resultó que la cabeza, aunque se podía chutar, no botaba bien; y los niños, cansados, dejaron a Juul abandonado en la zona de penalti. Alguien pasó por allí, lo recogió, le dió de comer, lo mimó, le pusó un lápiz en la boca, le ofreció un papel y le preguntó: -¿pero qué te ha pasado? A lo que Juul contestó:
Yo tenía rizos rojos, como hilo de cobre
Eso me gritaban todos: ¡hilos de cobre!
¡Tienes sangre en el pelo! ¡Caca roja!
Por eso rizo a rizo, me los corté...
Gregie de Maeyer
Lindo ¿no?¡¡¡..., bueno la docente encargada del curso no pensaba así, de hecho su cara de angustia al escucharlo era algo tan deleitante como el cuento; pero bueno ese no es el caso, en fin, el caso es que el cuento es en sí es una forma de abuso y de la misma manera en que mis compañeras abusaron de mi, yo he querido abusar de ustedes (recuerden que el abusado se convierte en abusador tarde que temprano) este abuso es posible porque, cuando leemos casi siempre nos identificamos con la lectura (si aun leyendo una instrucción por simple que sea nos identificamos con ella, cuando nos visualizamos llevándola a cabo) y en este cuento tenemos dos opciones claras, identificarnos con el protagonista o con sus abusadores y en ambos sentidos podemos ser susceptibles de vernos reflejados de una manera que no nos gusta y que de hecho nos puede hacer sentir mal. Esto es claramente una posición, no es que quiera dármelas aquí de gran teórico de la lectura, pero el efecto del cuento sobre sus lectores es innegable.
¿Ustedes que opinan?
psd. En efecto la docente encargada del curso puso a mis compañeras a replantear su propuesta (esa fue su forma de abusar de ellas)
Dedicado a Z cuyos cuentos sórdidos aun me retumban en la cabeza
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sábado, 17 de mayo de 2008
"Quien ignora el detalle, ignora la realidad" Hans Kehrl
Creo que hace rato no divago. Y es que la situación no da para otra cosa: Hay demasiadas cosas trascendentales en qué pensar. Bueno, pero tal vez precisamente por eso es que hay que divagar. Siempre han habido demasiadas cosas trascendentales en qué pensar, y divagando las he sobrellevado. ¿Ahora me las voy a dar de existencialista puro? Pues no. Pensaba hoy hablarles sobre un tema urbano, pero mejor les cuento algo que me pasó ayer.
Salí ayer en la mañana rumbo al trabajo y no tenía nada en la nevera para desayunar. Cosas que pasan. En fin, decidí que mientras esperaba el bus podría comerme una arepa que vende una señora cerca a la casa. O me la podía comer en el bus. O me la podía comer en el trabajo. Eso dependía de si el hambre le ganaba o no al remordimiento que me genera el no darme tiempo para comer en calma, por evitar perder el tiempo (que ya saben es un recurso valioso para mí).
Siempre he pensado que el tiempo es muy importante, y por eso hacer varias cosas a la vez (bien hechas) es una habilidad que reconozco. También, por eso, no me gusta mucho dormir (creo que pierdo el tiempo consciente). Sin embargo, cuando vi en Londres a la gente comiendo mientras caminaba cosas que ni alimentan, volviendo sus colon, literalmente una mierda, pensé que no era justo que por el afán de ganarme unos segundos sacrificara uno de mis más grandes placeres: Comer. Y comer bien, y de buena forma.
Decidí, entonces, pedir la arepa para llevar. Por cierto, para quienes no sean de Colombia, y no conozcan este delicioso alimento hecho de maíz, y que permite una variedad casi ilimitada de presentaciones, una arepa es maíz cocido, triturado y amasado en forma circular para después ser asado en una parrilla y deleitado con acompañantes, solo o como acompañante. Esta mañana, yo pedí una arepa rellena con jamón y queso y mantequilla, que la señora vende en mil pesos colombianos.
Ya casi llegamos a la parte importante. Mientras la señora abría la arepa para meter en ella el jamón y el queso y la ponía a calentar de nuevo, un muchacho se acercó a ella y miró las arepas. El joven tenía una gorra que ocultaba su pelo en la parte frontal, pero que dejaba asomar en la parte trasera unas mechas que en Cali, en algunas sectores de la sociedad, degenerando el lenguaje, llaman gatas (y no tengo idea del porqué). Usaba una camiseta verda, tenía un bigote virgen (también conocido como boso o bozo? nunca supe cómo se escribía de lulo). Usaba tenis blancos, sin medias y un pantalón que le daba a la mitad de las pantorrillas. Descaderado, claro está. Mirándolo, pensé que se parecía un poco a uno de los asaltantes que nos robó hace quince días, pero que su ropa era un poco más fina, él era más joven y tenía menos cicatrices en su cuerpo (lo que se veía, pues ni el asaltante ni él estaban desnudos). Me previne un poco, pues si había llamado la atención la vez pasada por usar pantalón y camisa, pues esta vez, además llevaba puesta una corbata. Siempre he pensado que en esta sociedad la misma ropa que te hace poderoso, te hace vulnerable, dependiendo de dónde te encuentres.
Decidí, prevenirme lo suficiente para estar alerta, pero no tanto como para ofender a alguien inocente. Siempre he pensado que los prejuicios no son muy buenos, aunque sean difícilmente evitables. Además, me gusta confiar en la gente (hasta cierto punto). Igual, el joven me sorprendió cuando me preguntó: "¿El mazda dos es el nuevo modelo de la mazda?" La verdad me sorprendió. Primero porque no me lo esperaba, y segundo porque ya había dejado de detallarlo para comenzar a detallar el proceso de preparación de mi arepa (no porque no sepa como se hace sino porque me gusta detallar los procesos. Tal vez se deba a mi naturaleza de ingenerio). Incluso pensé que no me hablaba a mí sino a la señora. Y dado que antes había visto como cruzaban miradas, abandoné más fácilmente mis prevenciones, pues pensé que podría ser el hijo de ella. Le contesté que si, pensando que seguramente me había preguntado porque pensaba equivocadamente que una corbata me haría conocedor de automóviles. Él también hace prejuicios, pensé. Y además equivocados, pues yo no se mucho de carros. Me aburren un poco. Estaba esperando el bus (transporte que me gusta más. Incluso de eso iba a hablar hoy). "¿Por qué alguien que espera el bus sabría de autos?". Pero bueno, le contesté. Y él preguntó de nuevo, "y... ¿cómo cuánto podría costar?". A mí esa pregunta no me gusta, en ninguna clase social. Y bien, tal vez por eso me siento incómodo en mercadeo, porque la definición de precios no es lo mío. Incluso, cuando alguien, al que he prejuzgado como lo había hecho con ese muchacho me pregunta algo como eso, lo primero que pienso es: "y este por qué cree que yo sabría eso! acaso cree que me compro dos cada fin de semana? o que mantengo cotizando?". Es una actitud, que reconozco, está a la defensiva. Una actitud que me defiende un poco del potencial resentimiento que pudiera tener alguien porque yo tenga más bienes, cuando ni siquiera fuera cierto. Es algo complicado de explicar, pero intentaré ejemplificarlo:
Yo no tengo muchos bienes materiales comparado con muchas personas que conozco, y con la mayoría de personas que estudiaron en la misma universidad que yo estudié. Sin embargo, tengo los suficientes bienes materiales para vivir cómodamente y no me trasnocha el no tener la misma cantidad de bienes materiales que tienen los que tienen más que yo. Por otra parte, me he encontrado en la vida con individuos que les atormenta no tener la misma cantidad de bienes materiales que tengo yo, creyendo que esos bienes me dan la felicidad que tengo. Sin entender que son los bienes espirituales que sobran en mi casa los que me dan esa felicidad. Y comienzan a preguntar que cuánto me costó una u otra cosa, y que cuánto dieran ellos por tenerlas. Pero no se esfuerzan en absoluto, desprecian el estudio, el trabajo duro (cosas que no hicieron mis padres). Así pues, cuando alguien comienza con esas preguntas, a mí, y sobre todo de un bien tan costoso como un carro, pues me digo a mi mismo. Qué carajo importa. Uno pregunta cuánto vale, si lo va a comprar. Después me siento algo incómodo por ese pensamiento, porque creo que la gente tiene derecho a soñar. Pero el punto es que esas preguntas me incomodan.
El caso, es que haciendo uso de la cortesía que me caracteriza, con toda la amabilidad del caso, hice el ejercicio sincero de tratar de recordar los precios que había dado un amigo en la mesa del almuerzo del trabajo, pues él estaba interesado en comprar uno, y lo estaba comparando con un Chevrolet Aveo 5, creo. "Como treinta millones", le contesté, pensando que tal vez serían cinco o seis más. Él reacción abriendo los ojos y soltando entre dientes un "uff". "Le dije que sabía porque alguien del trabajo había averiguado". Después me sentí bastante tonto, pues él no me había pedido explicaciones, y además esa no era la mejor. También podría haberlo leído en el periódico. Pues si mi motivación era hacerle entender que yo, al igual que él, tampoco tenía acceso a un carro como ese. Sí, tenía razones para sentirme tonto.
De todos modos, la señora me dio la arepa, yo le pagué, el bus pasó y yo me fui. Claro, antes me di cuenta que sí existía una relación entre el muchacho y la señora, pues ella, que no vendía huevos, tenía una cacerola con unos huevos revueltos calentándose en la parrilla, la cual le dio al muchacho para que se la comiera con el concho del chocolate que había vendido.
En el bus, decidí comerme la arepa, porque ya tenía hambre, y hasta destapé mi revista de El Malpensante que acababa de llegarme, y que hace mucho rato no leo. Pasé por el Iceberg, haciendo caso omiso de mi consciencia que me gritaba: "Tarado! Tras de que pasas montones de horas en frente de un computador al día, ahora te da por leer de nuevo en un carro en movimiento! ¿Hasta cuándo crees que podrás alardear de tu vista 20/20?". Durante todo el día me ardieron los ojos. Pero como desde que me levanté tuve mucho sueño y cansancio, atribuido a las horas de fútbol nocturno de la noche anterior, dije que era por eso, y no por el computador, o la lectura de la mañana. A pesar de la molestia en los ojos, el día fue muy provechoso. Avancé bastante en todas la tareas que tenía pendientes. Pero no acabé.
Cuando salía para la casa, recordé que iba a dejar la revista que con todo entusiasmo había comenzado a leer de nuevo. La tomé, la guardé en su funda plástica y me dispuse a marcharme. Y fue entonces cuando lo entendí todo. El firmar mis correos personales con una frase que me encontré hace cinco años no me sirvió para darme cuenta de la realidad:"Quien ignora el detalle, ignora la realidad" Hans Kehrl
El muchacho amable y soñador, que seguramente tenía una relación con la señora que me vendió la arepa, me había preguntado por el mazda 2 porque había visto que en la parte posterior de la revista que yo tenía en mis manos había un comercial del novedoso vehículo. Ahí, no sólo me sentí torpe de nuevo. También me burlé mucho de mí mismo.
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miércoles, 30 de abril de 2008
¿Te has creído disfuncional?
Después de unos cuantos días sin publicar en el blog, le propuse a Macaco que me permitiera reseñar una película hoy, miércoles del buen cine, buscando no perder pues la buena costumbre de escribir para quienes son asiduos lectores nuestros. La experiencia de haber hecho este ejercicio durante nuestro mes de tributo, además de mi gusto por las buenas e inusuales películas, son motivos suficientes para hacerle una buena digestión a una opípara sesión fílmica, como la que tuve el domingo pasado en Eurocine. Aunque sólo asistí ese último día, creo haber tenido la suerte de ver una de sus mejores proyecciones: Entre Dos Veranos (Sommaren).
Esta es una película sueca no pornográfica (¿van a creer?), cuyo género podría estar desplazándose continuamente entre el drama y la comedia negra espontánea, unidos ambos de una manera simbiótica, aportándole cada uno al otro un poco de miel e hiel que necesitan entre sí para despertar en el espectador interesantes reacciones. Como sinopsis se puede presentar a una familia europea algo convencional y de buenas costumbres, cuyo ritmo normal de vida y sus actividades se ven alterados por la pérdida de uno de sus seres queridos, es decir, el hijo menor de la joven pareja de casados. Dicha muerte, ocasionada por motivos meramente casuales, detona el sentimiento de culpa en quienes creyeron tener pleno control de todas las situaciones; lo cual a su vez comienza a liberar otros sentimientos y deseos ocultos, agradables o no, a la vista; reprimidos tal vez por efecto de la normalidad de los días.
A partir de ello, cada uno de sus personajes empieza a buscar respuesta a estos impulsos, tratando de expiar un pecado inexistente pero a su vez, permitiendo encontrar ciertos rasgos de la personalidad que suelen ser públicamente condenados, incluso en las sociedades europeas con mayor libre-pensamiento. Como puede intuirse a partir de su título, el argumento es desarrollado durante una línea cronológica de un año, terminando en un punto donde sus protagonistas pueden confrontar de nuevo el espacio-tiempo del incidente y cosechar su experiencia para afrontar el camino vital por recorrer aún.
Como dato curioso, Entre Dos Veranos es una película del año 1995. No estoy en contra del anacronismo en los festivales o ciclos de cine. No todo lo nuevo es bueno, ni todo lo viejo es malo. Este tipo de historias no necesitan tener presente un referente histórico que la contextualice, por lo cual se puede disfrutar, sin tener que pensar que de alguna manera estoy impidiéndome ver algo "moderno" o "vanguardista". Como alguna vez me dijo el camarada Mauro Z, "el sentido común es el menos común de los sentidos". Esta película nos muestra una manera más de recorrer un camino que, aunque lo hayamos visto y tengamos idea de cómo emprender el viaje, nunca sabemos cómo colocaremos en él nuestros pasos hasta que nos toque hacerlo.
Bueno, como pueden notar, me gustó mucho y se las recomiendo. Como Eurocine ya terminó, tengan en cuenta ir a buscarla a videotiendas especializadas en cine independiente o extranjero, en su respectiva ciudad, o "pedírsela prestada" al mejor de sus amigos corsarios.
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Sama
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sábado, 19 de abril de 2008
¡¡¡¿¿¿La ley del embudo no???!!!
"¡¡¡Claaaaro!!! ¡¡¡¿¿¿la ley del embudo no???!!!" Así, con triple admiración y triple interrogación me decía en ocasiones mi madre, en ocasiones mi abuela cuando era niño y abusaba de mi poder de hermano mayor contra mi hermanito (en ese entonces, ahora es más grande que yo).
Inteligentemente, y pensando en mi supervivencia no preguntaba a qué se refería esa frase que entonces no entendía, pues sentía que hacer preguntas en el momento de ira en que se me decía esa frase podría ocasionar algo más que un regaño, tal vez pasar al castigo físico. Y yo apreciaba mucho (y aún lo hago) mi integridad.
Sólo cuando estuve un poco más grande y perdí el miedo al castigo físico me atreví a preguntar. "¿Qué quieren decir con la ley del embudo?" (y es curioso como los padres creen que usando frases populares que generalmente son metafóricas o análogas a otras situaciones un niño puede entender el regaño) - pregunté yo un día -. "Pues que la parte más gorda para ti, y la más flaca para tu hermano" - contestó mi mamá-. O sea que siempre me aprovechaba, a mi conveniencia de tomar la tajada más gorda. Que siempre abusaba del poder que tenía. Que cuando se trataba de él, él tenía que tolerar toda molestia, pero cuando se trataba de mí, yo no tenía que hacerlo igual. Y claro, otro montón de derivaciones del dicho, que hasta ahora lo único que tenía claro es que me ponía a mí en la parte del embudo de arriba disfrutando de todo la sustancia, mientras el otro a gotas esperaba que yo la aprovechara toda y se la fuera soltando de a poquitos.
Bueno, hoy, varios años después, algunos regaños, algunas palizas (que en el momento justo y en la adecuada proporción, no son malas), más maduro y analítico, menos egoísta y pensando en que la sociedad es uno y no una aglutinación de individuos. Pienso que si la gente usara menos la ley del embudo, que yo le llamo ahora "la ley de la conveniencia" o "ley del ni güevón que yo fuera", nos iría mejor. Es un poco utópico solicitarle al prójimo que piense en el prójimo, pero no conozco otra forma de subsistencia. La verdad es que vivo asombrado cómo el ser humano ha sobrevivido en el planeta tantos años, usufructuando sus recursos, depredando todo, incluyéndose a él mismo y pensando sólo individualmente (cada vez que alguien hace una conceptualización que implique pensar colectivamente y la intenta aplicar, la solución a este "inconveniente acto" para algunos ha sido matarlo).
Constantemente me encuentro con personas tan prestas a juzgar (cuando no saben lo complicado que eso es y la responsabilidad que implica) a los demás y tan poco dispuestas a ser juzgadas. "Uich! Si vieron cómo Rodríguez llega tan tarde al trabajo?" - Dice alguien, que constantemente llega más tarde que Rodríguez, o que llega temprano pero que se la pasa el día en Internet, en vez de trabajando. "¡Es que las motos son lo peor!" - Dice otra que no tiene el peligro de caerse y matarse mientras se transporta a su casa volándose todos los semáforos y echándole el carro encima a cuanto motociclista ve. "¡Es que deberían prohibir todas las motos!" - Añade sin pensar, en que económicamente no todos pueden tener carros, y estúpidamente ignorando que si todos los tuvieran, ella perdería el estatus que cree tener y la ciudad sería imposible de transitar. "A mí no me importa que mi camioneta contamine más, o que ocupe más espacio. Yo la quiero porque así nadie se me puede atravesar y yo impongo las condiciones. Además, si la puedo pagar, qué me importan los demás y el medio ambiente" - Completa el cuadro, otro que tiene la típica actitud de traqueto de pueblo. "Es el colmo que esa vieja se acueste con ese tipo por obtener una mejor posición" - Alegan un par de compañeros que no tienen la capacidad de hacer lo mismo, pero que si la tuvieran también lo harían. "Es el colmo la mogitatería de los que me critican por acostarme con alguien que me va a dar poder" - Piensa la dama que criticaban los otros dos, en vez de ganárse su posición en las mismas condiciones que los demás. Y así podría seguir con infinidad de ejemplos.
Entre ellos, y por incluir un tema político que causa escosor a ver si se arrima la gente por acá, están los Uribistas. Perplejo me quedo como ellos entendieron muy bien la ley de la conveniencia y sin importar que no se esté construyendo una sociedad sostenible, ahora que se sienten protegidos no sólo critican, sino que atacan a cualquiera que quiera establecer posiciones democráticas de participación. Toda opinión ajena a quienes se encuentran en la parte superior del embudo hay que erradicarla (ellos se creen ahí porque nunca han escuchado una plenaria del Senado y porque no tienen ni idea cómo están vulnerando sus derechos. Ellos se creen representados por otros uribistas que sólo piensan en ellos mismos). "No nos conviene que esa gente opine". "Matemos a todo aquel que esté en contra de nuestras ideas." "Justifiquemos todo acto de crueldad en pro del fin bonito que buscamos. Una sociedad linda de gente linda que pueda ir a Cartagena en carro." "Los pobres que se mueran porque todos son unos guerrilleros tira piedras." Y así, y así, y así, también podría seguir.
El punto, es que mientras se esté del lado del embudo de arriba nadie hará nada por cortar la boca del embudo para que la sustancia pase por todos en iguales proporciones. Y el que está abajo pues no tiene tampoco mucho por hacer (carece de poder, y muchas veces ni siquiera sabe que arriba hay más sustancia, cree que la que le llega es toda la que hay). ¡Qué abuso!
Y sinceramente, yo lo que siento, es que cae tanta sustancia sobre la parte gorda del embudo, que ya no se está pudiendo contener. Y cae tanta que el embudo se balancea de lado a lado. Y cae tanta que cuando lo voltee, por la boca pequeña del embudo con podrá pasar ni siquiera la cantidad de sustancia que le llega ahora a los de abajo. Y cuando se voltee, ¡todos, dentro del embudo, sin suficiente sustancia estaremos igual de cagados!
PS: Y bien, si me preguntan, yo me siento del lado gordo del embudo y aún así escribo esto. Es que de verdad no quiero que el embudo se de vuelta y me caiga al fondo donde está la mierda que yo mismo he tirado.
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sábado, 29 de marzo de 2008
¿No sienten envidia por los perversos?
Yo a veces sí. Y creo es algo natural. La envidia. Es natural que cuando uno se ha esforzado mucho por conseguir algo y otro lo obtiene con menor esfuerzo que uno se sienta un poco miserable. Incluso algo tonto. Uno se pregunta si los pilares con los que fue criado son los correctos. ¿Por qué hay entonces tanto perverso por ahí suelto haciendo daño a los demás entonces? Parece que no tuviéramos armas para defendernos de ellos. Entonces es natural envidiarlos un poco (¿Son más poderosos?). Pero algo muy fuerte dentro de mí me dice que mis padres no se equivocaron. Que la envidia no es el sentimiento más apropiado para sentir por un perverso. Divaguemos un poco:
Mi profesor de sociología decía que un perverso, a diferencia de lo que está en el imaginario popular, no era alguien malo (mucho menos alguien muy malo, como se cree). Simplemente era alguien que no reconocía el bien del mal. Mejor dicho, que no sentía culpa cuando hacía el mal. Porque si algo diferencia estos dos conceptos son las sensaciones de satisfacción o culpa que genera cada uno. Eh, sí, el malo siente satisfacción cuando hace mal. Pero el perverso le da lo mismo hacer el bien que el mal. Éste se guía más por el placer y el deseo. Y sabemos por experiencia propia que los motores de placer y deseo son diferentes en cada persona y tienen diferente intensidad. Desde entonces, me cuido muy bien de usar la palabra. Y procuro usarla bien.
Me gusta entonces pensar que la joven y bella que usa su cuerpo para venderle placer al poderoso a cambio de ser también ella poderosa, es más perversa que mala. Que nunca aprendió que su actuar enferma a la sociedad que la rodea. Que hace mal. Que no se da cuenta. Me gusta pensar que no lo sabe, y que por eso no le importa. Me gusta pensar que si lo sabe, no entiende que está haciendo mal a otros. Me gusta pensar que ella piensa que sólo se hace mal a ella, y que hasta altruista se siente.
También me gusta pensar que quien le paga a ella por placer subvalorando el trabajo de los demás es perverso y no malo. Me gusta pensar que el que se vuela la fila no entiende que irrespeta al otro y le genera malestar, incrementando la entropía del mal. Me gusta pensar que quien tiene el poder de matar a otro, de secuéstralo, de drogarlo, de traficar con su vida no entiende que lo que hace destruye la especie (su especie) y transgrede profundamente el balance natural que nos mantiene vivos. Me gusta más pensar que no lo saben, o son cortos de entendimiento. Me gusta pensar que son perversos. Y como perversos están en un estado locura. Al menos en una de sus formas. Son entonces enfermos mentales, en cierta forma, y por lo tanto hay que ayudarlos. Me gusta más pensar esto.
Entonces es natural que sienta un poco de envidia. ¿De los enfermos? ¿Por estar sano? No tanto. Más bien, de no sentir culpas. De no afrontar responsabilidades. De ser un poco ignorante. Así cuando equivocadamente haga el mal, no lo sabría. Alguien tendría la responsabilidad de ayudarme. Alguien que no estuviera enfermo de perversidad. Pero luego reacciono. No quiero que otros sientan lástima por mí, como yo la siento por los perversos. Es mejor hacer algo por ellos. Como educarlos y hacerles entender que lo que hacen está mal. ¿Pero debe ser mi labor? No estoy tan seguro. Tampoco que no la sea. Pero si hay varias cosas que tengo claras: No quiero estar enfermo. Ni aunque así reciba ayuda. De todos modos mi envidia no es tan fuerte. Es pasajera. No me carcome. Quiero ser consciente de mis actos. Buenos o malos. Y responsable de ellos. No quiero vivir en ignorancia como los perversos. Así eso los haga más felices. De todos modos la felicidad está sobrevalorada. Y también quiero seguir pensando que hay mucho perverso por ahí que se puede curar. Y no, que hay mucho malo por ahí que hay que encerrar o matar.
PS: Lo último es más complicado y da para una divagar otro rato. ¿Si se mata a alguien malo no se comete en si mismo otro acto de maldad? En fin, ya habrá su momento para hablar de la pena de muerte, pero no este.
PS 2: Obviamente usar la palabra "perverso" de esta forma me ha traído muchos problemas de comunicación. Dado que el común de la gente no la entiende de esa forma y cuando se lleva a una discusión con argumentos, el primero que salta a relucir es la definición formal de la Real Academia de la Lengua (la cual también da para otro artículo) que la define de esta forma.
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kxi
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geeks se han expresado
Etiquetas: 6. Sábados para Criticar y Divagar, bien, envidia, mal, perveso, sociedad
