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domingo, 11 de enero de 2009

Dato Científico


En el mundo actual se está invirtiendo cinco veces más en medicamentos para la virilidad masculina y silicona para mujeres, que en la cura del Alzheimer.

De aquí en algunos años tendremos viejas de tetas grandes y viejos con pene duro, pero ninguno de ellos se acordará para qué sirven.

Foto: Mauro Z

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viernes, 28 de noviembre de 2008

La salud de Patrick Swayze empeora

Agencia E.B. - E.E.U.U., Nov. 28

El actor Patrick Swayze se despide de los suyos. El protagonista de Ghost padece un cáncer de páncreas. Su situación ha empeorado desde hace unas semanas y así se lo ha hecho saber a los suyos. Poco a poco se despide de familias y amigos.

El cáncer de páncreas que padece Patrick Swayze se ha extendido a todos sus órganos. El actor ha empezado ya a despedirse de los suyos, según informa la revista 'National Enquirer'. A sus 56 años, el pasado mes de octubre Swayze reconocía que estaba viviendo uno de sus peores momentos porque la quimioterapia era "un infierno".

Ahora los médicos le han confirmado que el cáncer ha llegado al hígado. Él "ya se había dado cuenta porque se notaba mucho más débil". Swayze está enfermo desde enero de 2008 y los doctores le han dado unas cinco semanas de vida.

Hasta hace unos meses, Swayze seguía trabajando a pesar de la enfermedad porque decía que era la mejor manera de luchar y continuar con su vida.

El protagonista de Ghost y Dirty Dancing ya se ha despedido de su mujer, de 33 años, y de su hermano Donny. Se espera que en las próximas horas su representante confirme esta situación. El actor ha estado tratándose con un sistema de quimioterapia pionero que parece no haber dado los resultados esperados.



Extraído de Informativos Telecinco. Foto: Informativos Telecinco.

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martes, 12 de agosto de 2008

¿Cómo comprar drogas en Bogotá?

Sales un poco ansioso. No hay nadie en el ascensor. El viejo ascensor. Con los botones como teclas. En los pasillos, semiiluminados tampoco. Al abrir la puerta de vidrio templado, pesada y algo oscura el frío viento viento capitalino golpea tu cara, baja por tu cuello y llega a las extremidades. Estás inmerso en el aire. De reojo miras los cerros y te sabes un ave a punto de despegar de las alturas. El terreno se enconge y emprendes el camino. Cada paso que das es un golpe al viejo cemento deteriorado por la naturaleza. La arquitectura es bellísima. Pronto las luces que se cuelan por cada espacio que dejan las construcciones generan un ambiente propicio para la tertulia. Pero no vas a hablar. Con nadie. Ni siquiera con quien te topes de frente. El ceño fruncido y las orejas gachas. La mirada fija en el infinito y las manos dentro de los bolsillos apretando la plata una, y la otra el celular. Estás solo en la selva de concreto.


Muy pronto llegas a la carrera séptima y la concurrida calle te aborda como un río lleno de torbellinos. Las diferencias entre los transeúntes te embrujan. Pierdes la concentración y el ceño deja de estar fruncido. No puedes evitar ver el contraste de colores de las bufandas, de los peinados, de los estilos, de los que te parecen inocentes y los que te parecen peligrosos. Peligrosos. Hay algunos que te parecen peligrosos. Así que vuelves a fruncir el ceño y continúas tu camino. De vez en cuando mirando al suelo, fingiendo distracción. Sin embargo, no pierdes de vista cada detalle. Procurando que el río que avanza en tu contra no se de cuenta de ello, de que no pertences a él.

Justo antes de llegar al Museo Nacional, cruzas la calle. Entre oficinas abandonas el embrujo de la noche que la otra acera te daba. Las calles ya no están custodiadas por casas de colores y su composición ya no es más de grandes piedras coloniales. La luz ya no es amarilla y escasa y la ropa del río que ahora parece más un remanso se ha mudado a otras formalidades. El primer expendio de drogas está cerrado. Con una seña que más parecería indicar que alguien ha muerto, la encargada te anuncia que tu suerte no te acompañó ese día para garantizar la transacción con ella. Miras para un lado y para el otro y entre bancos vacíos encuentras mágicos cafés llenos de oficinistas y yuppies modernos que debaten sobre el futuro del país y cruzan la pierna como señoritas o como artistas (los cuales suelen ser delgados y pueden hacerlo). Miras a lo lejos el otro expendio y lo encuentras abierto. En la línea de visión está el Museo Nacional. Como si fuera un castillo que impacta con su belleza iluminada de amarillo. Hay unos cuantos jugando frisby en sus jardines. La policía se para imponente en la entrada y un deseo inminente te apura a entrar en él. Recuperas sin entender cómo, el sentido y miras de nuevo el expendio. "Necesito dinero" piensas. Entras a una pastelería hermosamente adornada y decides que cuando hayas comprado la mercancía también comprarás un postre para que no sea tan amarga la experiencia. Preguntas si conoce la ubicación de un cajero de tu preferencia cercano al lugar. Recibes la indicación y partes en busca de tu objetivo obviando todo lo demás. Está abierto y apenas entras una mujer aproximadamente de cuarenta años te saluda y te pregunta si puede atenderte. Le pides una amoxicilina de 500 miligramos. Ella te dice que sólo te puede vender el medicamente con fórmula médica. Sabes que no la tienes así que describes la enfermedad preguntando al mismo tiempo por otro medicamente de venta libre que pueda ayudarte. Ella te lo ofrece, pero no te gusta la marca. Preguntas por tu marca y descubres que no está y que la ponderación que ella tiene hacia ella no es la misma. Finalmente compras su sugerencia y te vas. En el camino recorres tus mismos pasos, pero ahora mirando todo diferente. Como si le hubieras dado la vuelta a una moneda. El edificio, el gran edificio de Colpatria palpita. Sus colores cambian a cada palpitación y le agregan magia a la noche. El frío te invade de nuevo y apuras el paso. Decides no cruzar por la pastelería sino dar la vuelta para llegar al cajero. Un militar lo custodia, pero aún así lo cierras con llave. El dinero que sacas no es prudente. Así que ahora te vuelves mucho más cauto alerta y rápido en tu paso. Un hombre de nombre italiano grita con una corbata colgada en su nuca a un cliente que le tendrá listo el traje para el miércoles. La pastelería está sola y un hombre solitario bebe café. Te recuerda al sicótico de Amelie que grababa las acciones de la mesera. Compras maracuyá y lulo. Son diferentes estos pasteles. Elegantes. Por el camino masticas un poco de la prueba que te dieron del pastel de amapola. Las pepitas negras, que no tienes claro a qué parte de la integridad de la planta corresponden estallan crujientes entre tus dientes.

Decides cambiar la ruta en el último momento y con agilidad subes una escaleras altas y rocosas. Entre árboles azules con mariposas de metal cruzas y llegas a un pequeño bosque más oscuro que la oscuridad misma. Lo atraviesas mirando como tres mendigos ahogan el frío entre marihuana. No quieres tener un destino igual. Así que los dejas en su traba y continúas tu rumbo. Te paras un instante para observar la belleza de la plaza de toros de La Macarena iluminada en la noche y el Planetario que le dice al oído que la gente de ahora ya no es como la de antes. Le han puesto un café que lo hace snob y que permanece vacío. Regresas al bosque y con cada paso la respiración se hace más difícil. Recuerdas que aunque tus manos constamente frías indican lo contrario tu sangre es caliente. Del pacífico. No está hecha para caminar la noche Bogotana, mucho menos en subida. Aún así, llegas y respiras profundamente con total irreverencia. Disfrutándolo. Tus pulmones fríos están listos. Regresas al refugio, entregas la mercancía y por la ventana observas de nuevo con nostalgia el palpitar de la torre.

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sábado, 9 de agosto de 2008

Enfermarse no es para los pobres en Colombia

Creo que no estoy descubriendo el agua tibia. Eso ya se sabía. ¿O no? Bueno aquí algunos datos interesantes:

  • La regulación para la venta de medicamentos se ha incrementado y los controles y las campañas de conciencia para los dependientes de las farmacias funcionan. Sobre todo en la capital. Esto es bueno, creo yo. Pero, entonces ¿cómo hace la gente para comprar medicamentos si no los atienden en los centros de salud oportunamente? Por ejemplo, uno no se puede enfermar un fin de semana porque las citas son de un día para otro (lo cual quiere decir también que uno tiene que saber el día anterior que se va a enfermar para pedir la cita) por lo que te antenderían el lunes. Confiar en urgencias no es la solución. Siempre está saturado el sistema en cualquier EPS.
  • El Seguro Social, después de haber sido creado con capital de la nación, los aportes de los trabajadores obligatorios y los aportes de los empleadores, quebró. Por lo menos salud. O lo quebraron porque el capital de la nación lleva años sin pagarse. Así que hay que buscar otra EPS.
  • Otra EPS incluye la Nueva EPS. Es decir el seguro social administrado por las cajas de compensación familiar. Ahora la cosa es indiferente. Uno puede ir a Coomeva, Susalud, Colsanitas, Cajanal, Caprecom, Comfenalo, Compensar, Cruz Blanca, en fin, 246 registros en las páginas amarillas. Y? Todo es lo mismo: Hay que pedir cita el día anterior; urgencias está lleno; a los médicos los miden por planillas donde deben atender cierto número de pacientes en cierta cantidad de tiempo, lo cual hace que si ellos quieren comer, deban pasarlo a uno a la carrera y sin diagnóstico profundo; hay que pagar adicional a lo que ya se te descuenta de tu salario o lo que pagas como independiente; las clínicas son independientes a las EPS, es decir que tienen un P&G que cuidar, son con ánimo de lucro, y lo que les importa realmente es la cantidad de eventos que le puedan cobrar a la EPS: No compiten con servicio sino con contactos y convenios. Así que elegir EPS no debería ser un problema. Debería tenerse en cuenta solamente la cobertura (de IPSs) y si al querer pagar un medicina prepagada te hacen un mejor descuento, y qué tal es la prepagada.
  • Ummm, la medicina Prepagada. Después de rehusarme durante tres años a pagar una, creo que debo hacerlo: Hoy no tengo herramientas para pelear contra el sistema. Unos $70.000 pesos mensuales más o menos porque simplemente cuando te enfermes sí puedas acceder al sistema de salud con diligencia. Bueno, y también vas a tener que pagar cosas adicionales. Eso si: Debes ingresar al sistema prepago mientras estes sano. Si de niño fuiste enfermo, estás mal, pues te van a reducir todos los servicios correspondientes a la enfermedad que tuviste. Es decir, es un sistema para gente sana que paga como placebo para no enfermarse. Y si eres enfermo, pues pagas mucha, mucha plata. O si eres viejo. Me dijeron que para ingresar a mi abuela de 60 años debo pagar una mensualidad de $400.000 pesos mínimo, pues primero hay que hacerle exámenes para ver si tengo que pagar más. Claro, y todo eso porque tengo convenios con la empresa donde trabajo, porque sino sería de $600.000 pesos. Figúrsense, $70.000 para alguien sano, en edad productiva con un trabajo de oficina, dieta balanceada, y sin registro de enfermedades previas. Eso sería porque con esos $840.000 anuales en los que no voy a hacer uso del sistema (sin contar con la EPS que me descuentan del salario que tampoco voy a usar) van a subsidiar las enfermedades de?? si de quién? No se, creo que de nadie realmente.
  • Con el desmantelamiento del seguro social, el único que le daba cobertura real a todo el país (criticar es fácil cuando se tiene con que pagar la prepagada, pero me gustaría saber qué se piensa cuando la prepagada ni la EPS te cubren una operación de alto costo y el seguro sí lo hacía), la EPS más grande del país es Colsánitas. Deberían urgar entre los accionistas de la compañía a ver a qué personajes interesantes de la vida pública encuentran.
Por mi parte, como pobre, iré a una sala de urgencias de una EPS, mientras salen mis papeles de registro de la prepagada y entonces seré menos pobre (ante el sistema de salud claro, pero en mi balance mensual tendré $70.000 pesos menos).

Para todos los que leen esto les deseo salud, porque sino...

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