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domingo, 23 de noviembre de 2008

Respuesta en un examen de Química


Este correo me llegó por parte de otro integrante de este blog, y pensando que era perfecto para la columna de los domingos... no pude estar más de acuerdo. Así que aquí se los dejo, para que tengan en cuenta como son las cosas. Gracias kxi.


Respuesta en un examen de Química

La siguiente pregunta fue hecha en un examen trimestral de química en la Universidad Complutense de Madrid. La respuesta de uno de los
estudiantes fue tan 'profunda' que el profesor quiso compartirla con sus colegas, vía Internet; razón por la cual podemos todos disfrutar
de ella.

Pregunta: ¿Es el Infierno exotérmico (desprende calor) o endotérmico (lo absorbe)?

La mayoría de estudiantes escribieron sus comentarios sobre la Ley de Boyle (el gas se enfría cuando se expande y se calienta cuando se
comprime). Un estudiante, sin embargo, escribió lo siguiente:
“En primer lugar, necesitamos saber en qué medida la masa total del Infierno varía con el tiempo. Para ello hemos de saber a qué ritmo entran las almas en el Infierno y a qué ritmo salen. Tengo sin embargo entendido que, una vez dentro del Infierno, las almas ya no salen de él. Por lo tanto, no se producen salidas. En cuanto a cuántas almas entran, veamos lo que dicen las diferentes religiones: la mayoría de ellas declaran que si no perteneces a ellas, irás al Infierno. Dado que hay más de una religión que así se expresa y dado que la gente no pertenece a más de una, podemos concluir que todas las almas van al Infierno.

Con las tasas de nacimientos y muertes existentes, podemos deducir que el número de almas en el Infierno crece de forma exponencial.

Veamos ahora cómo varía el volumen del Infierno: según la Ley de Boyle, para que la temperatura y la presión del Infierno se mantengan estables, el volumen debe expandirse en proporción a la entrada de almas. Hay dos posibilidades:

1. Si el Infierno se expande a una velocidad menor que la de entrada de almas, la temperatura y la presión en el Infierno se incrementarán hasta que éste se desintegre.

2. Si el Infierno se expande a una velocidad mayor que la de la entrada de almas, la temperatura y la presión disminuirán hasta que el Infierno se congele.

¿Qué posibilidad es la verdadera? Si aceptamos lo que me dijo Ana en mi primer año de carrera ('hará frío en el Infierno antes de que me acueste contigo'), y teniendo en cuenta que me acosté con ella ayer noche, la posibilidad número 2 es la verdadera y por tanto daremos como cierto que el Infierno es exotérmico y que ya está congelado. El corolario de esta teoría es que, dado que el Infierno ya está congelado, ya no acepta más almas y está, por tanto, extinguido; dejando al Cielo como única prueba de la existencia de un ser divino, lo que explica por qué, anoche, Ana no paraba de gritar '¡Oh, Dios mío!”

Dicho estudiante fue el único que sacó sobresaliente.

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martes, 12 de agosto de 2008

¿Cómo comprar drogas en Bogotá?

Sales un poco ansioso. No hay nadie en el ascensor. El viejo ascensor. Con los botones como teclas. En los pasillos, semiiluminados tampoco. Al abrir la puerta de vidrio templado, pesada y algo oscura el frío viento viento capitalino golpea tu cara, baja por tu cuello y llega a las extremidades. Estás inmerso en el aire. De reojo miras los cerros y te sabes un ave a punto de despegar de las alturas. El terreno se enconge y emprendes el camino. Cada paso que das es un golpe al viejo cemento deteriorado por la naturaleza. La arquitectura es bellísima. Pronto las luces que se cuelan por cada espacio que dejan las construcciones generan un ambiente propicio para la tertulia. Pero no vas a hablar. Con nadie. Ni siquiera con quien te topes de frente. El ceño fruncido y las orejas gachas. La mirada fija en el infinito y las manos dentro de los bolsillos apretando la plata una, y la otra el celular. Estás solo en la selva de concreto.


Muy pronto llegas a la carrera séptima y la concurrida calle te aborda como un río lleno de torbellinos. Las diferencias entre los transeúntes te embrujan. Pierdes la concentración y el ceño deja de estar fruncido. No puedes evitar ver el contraste de colores de las bufandas, de los peinados, de los estilos, de los que te parecen inocentes y los que te parecen peligrosos. Peligrosos. Hay algunos que te parecen peligrosos. Así que vuelves a fruncir el ceño y continúas tu camino. De vez en cuando mirando al suelo, fingiendo distracción. Sin embargo, no pierdes de vista cada detalle. Procurando que el río que avanza en tu contra no se de cuenta de ello, de que no pertences a él.

Justo antes de llegar al Museo Nacional, cruzas la calle. Entre oficinas abandonas el embrujo de la noche que la otra acera te daba. Las calles ya no están custodiadas por casas de colores y su composición ya no es más de grandes piedras coloniales. La luz ya no es amarilla y escasa y la ropa del río que ahora parece más un remanso se ha mudado a otras formalidades. El primer expendio de drogas está cerrado. Con una seña que más parecería indicar que alguien ha muerto, la encargada te anuncia que tu suerte no te acompañó ese día para garantizar la transacción con ella. Miras para un lado y para el otro y entre bancos vacíos encuentras mágicos cafés llenos de oficinistas y yuppies modernos que debaten sobre el futuro del país y cruzan la pierna como señoritas o como artistas (los cuales suelen ser delgados y pueden hacerlo). Miras a lo lejos el otro expendio y lo encuentras abierto. En la línea de visión está el Museo Nacional. Como si fuera un castillo que impacta con su belleza iluminada de amarillo. Hay unos cuantos jugando frisby en sus jardines. La policía se para imponente en la entrada y un deseo inminente te apura a entrar en él. Recuperas sin entender cómo, el sentido y miras de nuevo el expendio. "Necesito dinero" piensas. Entras a una pastelería hermosamente adornada y decides que cuando hayas comprado la mercancía también comprarás un postre para que no sea tan amarga la experiencia. Preguntas si conoce la ubicación de un cajero de tu preferencia cercano al lugar. Recibes la indicación y partes en busca de tu objetivo obviando todo lo demás. Está abierto y apenas entras una mujer aproximadamente de cuarenta años te saluda y te pregunta si puede atenderte. Le pides una amoxicilina de 500 miligramos. Ella te dice que sólo te puede vender el medicamente con fórmula médica. Sabes que no la tienes así que describes la enfermedad preguntando al mismo tiempo por otro medicamente de venta libre que pueda ayudarte. Ella te lo ofrece, pero no te gusta la marca. Preguntas por tu marca y descubres que no está y que la ponderación que ella tiene hacia ella no es la misma. Finalmente compras su sugerencia y te vas. En el camino recorres tus mismos pasos, pero ahora mirando todo diferente. Como si le hubieras dado la vuelta a una moneda. El edificio, el gran edificio de Colpatria palpita. Sus colores cambian a cada palpitación y le agregan magia a la noche. El frío te invade de nuevo y apuras el paso. Decides no cruzar por la pastelería sino dar la vuelta para llegar al cajero. Un militar lo custodia, pero aún así lo cierras con llave. El dinero que sacas no es prudente. Así que ahora te vuelves mucho más cauto alerta y rápido en tu paso. Un hombre de nombre italiano grita con una corbata colgada en su nuca a un cliente que le tendrá listo el traje para el miércoles. La pastelería está sola y un hombre solitario bebe café. Te recuerda al sicótico de Amelie que grababa las acciones de la mesera. Compras maracuyá y lulo. Son diferentes estos pasteles. Elegantes. Por el camino masticas un poco de la prueba que te dieron del pastel de amapola. Las pepitas negras, que no tienes claro a qué parte de la integridad de la planta corresponden estallan crujientes entre tus dientes.

Decides cambiar la ruta en el último momento y con agilidad subes una escaleras altas y rocosas. Entre árboles azules con mariposas de metal cruzas y llegas a un pequeño bosque más oscuro que la oscuridad misma. Lo atraviesas mirando como tres mendigos ahogan el frío entre marihuana. No quieres tener un destino igual. Así que los dejas en su traba y continúas tu rumbo. Te paras un instante para observar la belleza de la plaza de toros de La Macarena iluminada en la noche y el Planetario que le dice al oído que la gente de ahora ya no es como la de antes. Le han puesto un café que lo hace snob y que permanece vacío. Regresas al bosque y con cada paso la respiración se hace más difícil. Recuerdas que aunque tus manos constamente frías indican lo contrario tu sangre es caliente. Del pacífico. No está hecha para caminar la noche Bogotana, mucho menos en subida. Aún así, llegas y respiras profundamente con total irreverencia. Disfrutándolo. Tus pulmones fríos están listos. Regresas al refugio, entregas la mercancía y por la ventana observas de nuevo con nostalgia el palpitar de la torre.

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miércoles, 2 de abril de 2008

Hay cosas que no se comparten

Aún así quiero compartirles que la razón por la cual no les brindé unas suculentas instrucciones el día de ayer fue porque mi cerebro se encontraba cansado.

Después de calificar un examen, en pleno cierre de mes y de trimestre en el trabajo, responsable de la revisión y la reunión de mes y con las clases encima no he dormido el tiempo necesario. Lo único que hice fue expresar mi desahogo en twitter. Y bien, de eso quería hablarles (no de twitter, ya la mayoría que leen este blog saben de qué se trata), sino de lo que vi esta mañana:

Es la primera vez que veo la luna a las cinco de la mañana. Era hermosa, refrescante, creo que crecía, no menguaba, porque era como una C y no como D. Pero lo mejor de todo es que era sólo mía. Pensé en tomarle una foto y compartirla con ustedes, pero no. Hay cosas que no se comparten y esa luna, era una de esas. Y bueno, de todos modos el delicioso egoísmo del regocijante y helado momento que me impulsó a afrontar este día tan complicado con la mejor actitud, duró tan sólo un minuto. Tan pronto como el verde húmedo del parque se asomó a la esquina descubrí un conjunto de viejitos (conjunto no porque estuvieran precisamente juntos) que disfrutaban del momento haciendo gala de deportistas. Y no es que se percataran de la luna, mi luna, sino que ocupan el mismo espacio donde ya la disfrutaba. Bueno, son las cosas por las cuales los intolerantes odian el socialismo. Yo me hice a la idea de que el preciado minuto había sido suficiente para saciar mi egoísmo y caminé resuelto pensando en los viejitos: ¿Cómo seré yo cuando ahora sea viejito? Ellos ahora comprenden que les queda poco tiempo de vida y quiere aprovechar cada momento al máximo. Y yo ahora, también. ¿Será que cuando viejito ya me he cansado? Naaa, seguramente entonces en vez de caminar hacia el parque me quedaré parado aprovechando el momento en que la luna sea solo mía y aprovecharé realmente el momento.

PS: Cuando la luna es de uno, ahí si se puede regalar. Pilas con los farsantes y ladrones de lunas chiviadas.

PS 2: Twitter es una página donde puedes actualizar tu estado y ver el estado de los demás que lo actualizan. ¿No parece muy interesante? Pues si, es cierto, no lo es. Pero qué le vamos a hacer, de vez en cuando actualizo mi estado y algunas veces leo el estado de los demás. Me gusta ser un poco geek para pertenecer a todos los grupos y saber de las cosas antes de crititcarlas. Obviamente hay mayores trasfondos alrededor de Twitter, pero dejo que los descubra cada uno. Y si, ya comencé con las contradicciones (dije que no lo iba a explicar aquí). Ya saben efectos del cansancio.

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