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lunes, 25 de noviembre de 2013

Wanderlust

Bueno, este blog casi cierra el año con una sola entrada. Y sí, parece que la vida nos atrapó y nos quitó el espacio para escribir. Lo bueno del Manual, es que siempre está ahí. Y de vez en cuando uno encuentra un espacio para liberar las tensiones y dejar un par de palabras por ahí, en el espacio electrónico para cualquier desprevenido que se quiera topar con ellas.   En esta ocasión, quiero advertirles de los peligros del estado anémona  que se generan cuando se quiere ver televisión, no pensar en nada y relajarse un poco. Una comedia es idea para este estado. Y me ha salvado en más de una ocasión. Es como estar en “the nothing box” con cosquillas frecuentes que te hacen soltar una sonrisa. Sin embargo, como anticipaba, es peligroso. Uno puede toparse con algo como esto: Wanderlust. Ni siquiera recuerdo el nombre que la televisión le dio en español, porque mi cerebro hábilmente ha intentado borrarlo.

Esta dizque comedia, es de lo peorcito que he visto en buen tiempo (había tenido suerte con las películas seleccionadas últimamente). O tal vez, ya no entiendo el sarcasmo gringo. El punto en esta especie de historia, en la que han inventado unos personajes inverosímiles que viven en un mundo (aldea), en el cual se alejan de las cosas materiales, comparten todo, y eliminan los paradigmas sociales, que te apenan, es que toman a un sujeto de New York (en realidad una pareja interpretados por Paul Rudd y Jennifer Aniston) y los someten a esta vida. Inicialmente, se supone que debería ser gracioso, como un tipo con reglas de la gran ciudad no puede defecar privadamente en un baño porque es normal que le charlen al lado y no existan puertas, o que un nudista escritor ande por ahí dándole abrazos. Pero no lo es. Tampoco es molesto o perturbador. Simplemente no genera ninguna emoción. Es probable que el efecto lo haya causado el doblaje al español, pero lo dudo. Creo que la historio es un poco absurda. Hubiera preferido que fuera más una crítica al espíritu consumista norteamericano, o que el personaje principal aprendiera algo y cambiara, o que tal vez fuera muy muy absurda, para reírse de la caída o el golpe.

Pero no. Nada de esto. Definitivamente esta película no es lo suficientemente graciosa para hacerte reír, ni lo suficientemente seria, para tomarla en serio. Menos mal que mi estado anémona me salvó y pude dormitarla a gusto. También viendo mal cine se disfruta.

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miércoles, 14 de marzo de 2012

El Artista


Para no romper las expectativas de los lectores de esta reseña: La historia es sobre un Actor de Cine mudo, que trabaja en Hollywood finalizando la década del veinte. El actor, que es la estrella del momento atraviesa con la industria La Gran Depresión para arrancar una nueva etapa, el cine hablado. Retado por este cambio tecnológico, nuestro Artista se niega a participar de la revolución industrial del cine y poco a poco se va viendo aplastado por la tecnología, perdiendo seguidores, oportunidades, dinero y autoestima. Por otro lado, una joven hermosa se empinaba en la fama ganando el espacio dejado por el actor. Finalmente, no esperarían que les contara el final cierto? Finalmente la película concluye de una muy buena forma :).

Es increíble. Sí, así, increíble. Bueno, hasta que uno se ve la película. Es increíble que en esta época, con todos los adelantos tecnológicos, con la cantidad de posibilidades de incluir efectos, el director, Michel Hazanavicius apueste a una película muda y en blanco y negro. Es increíble que haya encontrado los actores para conseguirlo; es increíble que haya conseguido diez nominaciones al Oscar, premio que a todas luces depende de una gran fuerza de lobby y mercadeo. Es increíble que se haya ganado cinco estatuillas, entre ellas la de mejor película, mejor director y mejor actor principal, y sobre todo es increíble que en realidad sea tan buena.

Recuerdo haber tenido la siguiente conversación: “Yo? Ir a cine a ver una película muda y en blanco y negro hoy en día?, noooo, qué aburrición!” - “Pero Negro, la película es muy buena, está nominada a diez Óscares, debe ser muy buena. Hay que verla” – “Qué va! El Oscar es comercial, eso a mí no me dice nada” – “Yo igual si la voy a ver” Me retiré pensativo hacia mi puesto y examiné la cartelera de cine de las tres empresas que atienden a mi ciudad. Tenía en mi lista una película de Brad Pitt, que aunque no es el mejor actor, suele, salvo algunas excepciones actuar en muy buenas películas, un drama recomendado de George Clooney, que la reseña no me atrapaba, comprar alguna rareza de Martin Scorsese con Hugo, The Help no estaba, que era la que quería ver, había una película de terror que era la que mejor pintaba por el horario (un viernes ya no quiero ver Cine a las diez de la noche) y seguía el Gato con Botas, que ya había visto.

Llamé a un par de amigos a invitarlos al cine y a proponerles la película de Pitt o la de Terror y uno de ellos me dijo, veamos El Artista. “Pero por qué? En serio, no es que no haya disfrutado a Chaplin la vez pasada, pero un viernes en la noche? No creo poder soportarlo” – “Es sólo hora y veinte minutos, además es una comedia. Bueno, tiene drama, suspenso, tiene de todo. La crítica la recomienda. Debe ser muy bacana. Además para estar nominada contras las otras que tienen efectos, algo bueno debe tener” Me desconocí un poco por mi cerrada actitud, después de haber sido un gran defensor del cine Independiente, aunque éste no lo fuera, estaba nominada a mejor película en los Óscares. Cambié de opinión y asistí con mis amigos y esposa a la sala.

Para variar, el que siempre llega tarde, llegó tarde y entramos a la sala sin él y sin cortos (mala señal porque me predispongo). Pero El Artista estaba ahí, como dice un amigo payanés: “Mucho Artista, Soocio”. La película te atrapa desde el primer minuto. La música te mantiene amarrado fuertemente a ella como siguiendo el hilo, y la gesticulación y actos circenses del actor te contagian esa sonrisa que impactó durante toda la película. Más adelanta tu sonrisa se borra lentamente, conforme llegan las desventuras de este no héroe, y cuando el drama te comienza a bajar arranca un desenlace inesperado que te lleva por una corta y no tan inclinada montaña rusa para frenar con un acolchado fin que te hace suspirar, como diciendo “tarea concluida”. Gran película. Recomendadísima.

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miércoles, 30 de noviembre de 2011

El jefe

Desde que vi los cortos, esta película me atrajo. No sé, era el temperamento malaclasudo del personaje el que me llamaba la atención. Sentía como un deseo de meterle su golpe. Es una sensación difícil de explicar, pero poderosa porque hace que toda la energía negativa que uno podría cargar durante el transcurso del día o de la semana sea canalizada hacia el personaje imaginario, bien definido por el director y el actor y sea enviada como un golpe descargador que te libera durante la hora y media que dura la película. Sentí algo parecido con Taken, cada vez que Liam Neeson le daba golpes a los mafiosos, pero era diferente en el sentido que Liam sí descargaba su ira, mientras que en esta película cada vez que pasa el tiempo pareciera que las pequeñas dificultades no son suficientemente malas para castigar a este personaje infeliz.

Carlos Hurtado, representa el papel de un jefe de recursos humanos de una pequeña empresa de mermeladas de un argentino que hace poco ha muerto. En estas circunstancias, Osorio, el papel que hace Hurtado, es un jefe de recursos humanos que aprovechando el tamaño de la acéfala empresa, usa su casi ilimitado poder para oprimir a los trabajadores y liberar a sus anchas el profundo estrés que le ocasiona su vida de pareja, donde claramente se ve que su esposa lo domina con una constante cantaleta, que él prefiere obviar.

La película, que es una comedia, también involucra un pequeño misterio que Osorio quiere resolver, sólo por el hecho de saber todo lo que pasa en el Rioplatense (el nombre de la empresa); varias escenas de cama con Katherine Porto, Ángela, la mejor amiga de la esposa de Osorio, con la cual quiere emprender la fuga y divertidas situaciones en las que Osorio, quien es todo un hijueputa, permitiéndome la coloquial expresión, lo mantendrá entretenido y generando sentimientos de aprobación y odio que se irán entrelazando conforme pasen los minutos. Muy recomendada, y además muy aplaudido el director Jaime Escallón, por introducir una apuesta de una película diferente. Definitivamente no es una comedia parecida al resto de las que he visto en el cine Colombiano, y tampoco se concentra en el conflicto armado como tema central. Bienvenida y lamento no haber aprovechado los, tal vez, dos días en que estuvo en la cartelera nacional. Los dejo con el trailer.


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miércoles, 16 de noviembre de 2011

El mundo es grande y la salvación está a la vuelta de las esquina

Al igual que con Tiempos Modernos, esta película llegó a mí gracias al Cine Foro de la empresa. Qué buenaventura, porque no me imaginé viéndome una película búlgara en un contexto diferente al Eurocine, el cual hace años tengo descuidado (eso sí me sonroja).

El mundo es grande y la salvación está a la vuelta de la esquina es una obra maestra que nos mantiene entretenidos desde el inicio hasta el final. En ocasiones tiene esos destellos mágicos que transportan, como sucede en Amelie, por ejemplo cuando ocurre el accidente y los abuelos de Sashko se dan cuenta; y en ocasiones es un viaje fotográfico por Europa lleno de imágenes tranquilas que hacen recordar ese viaje del Ché en Diarios de Motocicleta.

Aunque la traducción del título de la película no es igual en todo lado, podríamos decir que ese inusual y largo título sí refleja claramente el espíritu de la película:
la felicidad es metafóricamente un kilo de azúcar y Fidel se lo permite a esta Bulgaria comunista que quiere ser Alemana, o por lo menos parte de su pueblo. La historia es acerca de un muchacho búlgaro que crece en Alemania, luego de que sus padres huyeran de la persecución de los camaradas búlgaros. Éste sufre un accidente en el que pierde la memoria y a sus padres. Su abuelo, sabio, como los abuelos, es quien decide viajar a Alemania y enseñarle el camino a casa usando un tándem y un juego de Backgammon. La historia se cuenta en dos tiempos que a la vez son dos direcciones, una el camino a casa y la otra el éxodo de los padres. De verdad que es una delicia ver esta película. Recomendada para todo momento y cualquier hora del día. Tal vez robe una lágrima, pero seguro robará muchas sonrisas, suspiros y sensaciones de paz.

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lunes, 14 de noviembre de 2011

Las edades de Lulú

Animado por una reseña que leí en algún listado de películas y por la aparición de Javier Bardem, conseguí esta película. Un domingo en la noche, como último acto lúdico y relajante antes de las labores de la semana la pusimos.

La película era relativamente corta (una hora y media), así que era perfecta porque ese fin de semana nos dejó más cansancio físico que recuperación. Al pasar los primeros 30 minutos habíamos descubierto que la película hacía honor a su nombre.Las edades de Lulú” nos retrataba cada edad de la protagonista, Lulú (una belleza, por cierto), mostrando algún momento importante en su vida, desde el momento en que perdió la virginidad. Pero (siempre hay un pero), no era suficiente. Es decir, la simplicidad de la trama presentaba un sonoro aburrimiento que ni siquiera las imágenes sexuales, inconexas lograban apaciguar. Comprendí entonces que me encontraba ante una película porno de Bigas Luna de los años 80. Era como ver el siguiente diálogo: - M: “Hola, vine a entregar el paquete” – E: “Puedo verlo antes?” – M: “Claro señora”. Música, y directo a la acción. En fin, en una menor proporción y con una voz de fondo narrando, proveniente de la protagonista, la película carecía de un fuerte argumento que amarrara al espectador y se quedaba en las “retorcidas situaciones”, para la época, porque hoy no lo serían y un frío, no esperado e incompleto final. Tan incompleto como la misma película.

Javier Bardem aparece casi entre el nudo y el desenlace (si se puede decir que la historia tenía nudo) haciendo un papel de homosexual fornido que se tira (como dicen los españoles) todo lo que se le atraviesa, siendo el líder de varias orgías. Me recordó las primeras apariciones de Arnold Schwarzenegger, no por lo gay, sino porque inició como físico culturista. Debo decir que a pesar de la corta aparición y del básico guión de la película su actuación estuvo a la altura de los otros papeles que ha mostrado. Versátil el sujeto.
Luego me di cuenta que él y Lulú (Francesca Neri) habían actuado juntos en Carne Trémula, en el 97. Qué buena película esa sí.

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miércoles, 9 de noviembre de 2011

Tiempos Modernos

Yo sé que la característica de esta columna ha sido la de reseñar películas recientes (aunque no siempre se ha cumplido). Sin embargo, dado que hace mucho rato no voy a las salas de cine, por diversas razones quise traerles esta película que dista mucho de ser “moderna” (bueno a menos que se considerara la Edad Moderna, pero en realidad no aplica tampoco).

Debo admitir que es la primera vez que vi una película del maestro Charles Chaplin. No me avergüenzo de ello. Más bien me despierto como un niño asombrado ante la majestuosidad de su obra, dándole la razón a tantas personas que alguna vez me dijeron: “Ey! Tienes que ver a Chaplin”, “Ey! Tienes que ver la obra de Leonardo”, “Ey! Tienes que escuchar a Beethoven”. En fin, es algo que está ahí, que sabes que es muy bueno, pero que es un clásico ajeno a tu época que te podría llenar de mucho regocijo, pero que igual no te atrae tanto como ver lo que hace la nueva tecnología. Lo dejas para después, hasta que en algún momento te atrapa. Igual no es tu área de estudio, así que tienes la ventaja (o desventaja) de que no sea un paso obligado, sino que llegue con la buenaventura.

A mí me llegó así: Hicieron un cine foro en la empresa, lo cual me tiene muy feliz y la primera película presentada fue ésta. Aunque había visto muchos cortos de Chaplin, ver una película completa de él fue una aventura deliciosa. Sí es cierto que el hombre es grande porque tiene la capacidad de hacer que su obra, sin diálogo, en blanco y negro y con otra cantidad de limitantes comparados con la actualidad, sea visto 75 años después, y genere tal cantidad de sensaciones.

Tiempos Modernos, película, escrita, dirigida, producida y protagonizada por Chaplin (además de la dirección musical) es la única película donde se escucha su voz. Está posicionada cronológicamente, luego de la depresión de 1929, y hace una crítica social a la situación trabajadora de la época, sin quedarse en el trasfondo político, nos muestra una bonita historia de un peculiar sujeto que pasa por la fábrica, el hospital psiquiátrico, la cárcel, la calle, el trabajo, se enamora, vive, nos hace reír y nunca deja de soñar. Por cierto, sueña acompañado por una belleza de coprotagonista.

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martes, 29 de marzo de 2011

Instrucciones para prender un fósforo

Lo primero que debe hacer cuando vaya a prender un fósforo, es obtenerlo. Para esto inspeccione con cuidado la caja. Trate de identificar la dirección del arte del empaque. Si la imagen que está en la caja está mirando hacia abajo puede correr el riesgo de botar los fósforos cuando intente abrirla. Este paso parece obvio, pero no lo es, muchas veces personajes siniestros y malvados hacen bromas. No basta con revisar el arte del empaque, también puede intentar deslizar suavemente la caja interna para verificar la orientación que tiene y evitar terminar contando fósforos en el suelo, cual si usted fuera Rain Man.

Cuando usted tenga una caja sin imagen o arte, ya sea porque ha re-empacado los fósforos, porque usa un empaque diferente, siga la misma recomendación: revise la forma de abrir el empaque con cuidado y verifica la forma de sacar el fósforo.

Ya abierta la caja, tome un fósforo con su mano más hábil (este paso puede realizarse con la otra mano, pero el alcance de las presentes instrucciones no lo contempla) e inspecciónelo. ¿El fósforo es de papel o de madera? Registre esta información en su memoria. Si usted sufre de Alzheimer o simplemente tiene mala memoria, anote en un papel esta información (estas instrucciones tampoco tienen dentro de su alcance los pasos necesarios para anotar la información). ¿La cabeza del fósforo es de un químico que requiere de otro químico para encenderse o no? Si usted no puede identificar esta clase de químico revise la caja de los fósforos. Si ésta tiene al costado una lámina lisa del mismo color que la cabeza de su fósforo probablemente sea de esta clase. Siga las instrucciones como si lo fuera. Si la lámina es rugosa, siga las instrucciones como si no lo fuera. También en caso de no poder recordar la información, anótela en una papel, en caso contrario, use su memoria.

Con el fósforo en la mano, revise en su memoria la causa o la necesidad que tiene usted para prender el fósforo. ¿Se lo va a lanzar a alguien? ¿Va a prender la estufa? ¿Va a prender una vela? ¿Simplemente va a observar cómo se consume? ¿Quiere alumbrar algún sector oscuro? ¿Quiere disimular un mal olor? ¿Va a fumar? etc. Esto es muy importante, porque en caso de no recordar la razón por la cual deseaba prender el fósforo podrá quemarse los dedos mientras lo recuerda o tener que apagar el fósforo para prender otro después. Esto puede ser problemático cuando quede sólo un fósforo en la caja.

Revise las condiciones ambientales del sitio. Esta puede ser el paso más importante de estas instrucciones. Hay muchas personas que no saben que si uno prende un fósforo cerca a un escape de gas podría causar una explosión y tal vez morir o quedar quemado. Aunque le parezca banal esto que está leyendo, recuerde que seguir este paso cada vez que vaya a prender un fósforo, puede salvarle la vida. No sólo debe revisarse si hay escape de gas. También es importante para que estas instrucciones lo lleven con éxito a lograr su objetivo que verifique si hay corrientes de agua, si usted está bajo el agua, si no se puede ver (en ese caso deberá buscar las instrucciones para prender un fósforo con los ojos cerrados), si hay humo, si está lloviendo, nevando, si hay una lupa gigante sobre usted, si tiene un león en frente, si el piso está jabonoso, si lo está persiguiendo un mandril, si está manejando, en fin, cualquier condición ambiental que pueda poner en riesgo el encendido del fósforo.

Si las condiciones son apropiadas, traiga la información sobre el fósforo que registró en su memoria o en una hoja de papel. Si el fósforo es de madera, disponga su dedo índice sobre al palo, aproximadamente a la mitad, de forma suave, pero firme. Si el fósforo es papel haga la misma operación, pero ponga su dedo sobre la cabeza del fósforo. Con el dedo gordo y el dedo del corazón plegado sostenga el resto del fósforo. Es importante que la cabeza del fósforo apunte hacia afuera de su cuerpo y no hacia adentro para facilitar la operación (hay otros métodos que pueden chequearse en las instrucciones extendidas). Si la cabeza del fósforo era de un material que sólo se enciende de forma química con otro material (como se revisó antes), entonces apoye la cabeza del fósforo sobre la lámina que trae la caja del mismo color de la cabeza que se usará para encenderse. Si la cabeza no requiere esto, también puede apoyarla sobre la lámina o sobre otra superficie rugosa. Tener este conocimiento puede evitarle perder el tiempo, cuando la caja no tenga lámina, por alguna razón.

Suponiendo que la cabeza del fósforo, ni la superficie estén mojadas (en cuyo caso tendría que consultar, instrucciones para secar un fósforo o instrucciones para secar una superficie), deslice suavemente pero con firmeza la cabeza del fósforo sobre la superficie elegida. Trate de no detenerse en la casi milagrosa desintegración de las partículas que componen la cabeza del fósforo, las cuales generan una reacción en cadena que no puede ser percibida con los ojos. Intente no desviar su atención en la forma como la llama crece de un momento a otro en una aparición casi espontánea y se busca espacio entre las partículas de oxígeno que remolinean ofreciendo calor y alimento a este nuevo ser en potencia. Por favor no deje que su concentración se vea interrumpida por el jugueteo de los colores y los remolinos de humo casi invisibles que rodean la llama en forma de remolino y se abren paso por el aire buscando sus fosas nasales, para entorpecerlas y cegar un objetivo de oler todo lo que lo rodea. Y no haga nada de estas cosas, no porque no causen placer. Tan sólo evítelas, porque pueden hacerle olvidar el penúltimo paso que se hace cuando el fósforo no es de madera: Mientras la llama busca espacio entre la superficie y su dedo, para apoderarse como una antorcha del papel enrollado que conforma el fósforo, por favor retire velozmente pero sin miedo, su dedo pulgar de la cabeza del fósforo. Esto le dará más oxígeno al pequeñín cabeza amarilla, y evitará que usted se queme.

El paso final, que será omitido en caso de haber tenido éxito en el primer intento se ejecuta cuando la cabeza del fósforo, consumida se queda esparcida sobre la superficie y la llama no nace. En ese caso deberá girar el fósforo de forma que la cabeza restante vuelva a quedar apoyada sobre la superficie y usted pueda repetir todos los pasos previos, exceptuando los que se refieren a la obtención del fósforo. Si se llegara a dar el caso de que al repetir este paso varias veces se quedara el fósforo sin la cabeza completa, deberá repetirse todos los pasos desde el comienzo. Y si al repetirlos todos se siguiera fallando, habría que consultar las instrucciones para secar un fósforo o las instrucciones para secar una superficie. Si pese a todo esto se siguiera fallando, habría que repetir todas las instrucciones hasta agotar todos los fósforos de la caja o lograr encender uno. Después sería importante anotar lo sucedido para comprar una marca diferente de fósforos o mejorar las condiciones ambientales.

Con todo gusto, espero que estas instrucciones sean útiles para su vida práctica :)

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martes, 1 de marzo de 2011

Juego de estrategia

De haber sabido que la noche de juerga terminaría en esa discoteca del centro de la ciudad, me hubiese marchado temprano, despidiéndome con la excusa perfecta para quien busca evadir un contubernio de ocasión. Para mi desgracia, decir ahora que debía madrugar para ir a la mañana siguiente a la oficina sería un disparate, frente al hecho de que quienes hacían la fila conmigo para comprar las entradas al sitio eran compañeros de trabajo. A diferencia de lo que deducía de ellos, no era el licor el que dinamitaba el dique contenedor de mi elocuencia o de mi euforia; solía permanecer reservado en mi silla, sin perder mi lucidez, aunque esta noche me sentía y comportaba con la contradicción desde el deseo mismo, y la imprudencia palpitando doblada dentro de un bolsillo de mi saco. No había otra razón que explicara mi sometimiento vertical, con mis manos hacia arriba, mientras un monigote calvo y fornido me metía la mano en mi entrepierna, requisándome de una manera que invitaba a salir corriendo a tomar un baño de lejía con estropajo.

Mientras descendíamos hacia el ruido rojo de vapores cenizos, vino a mi presente la imagen mental que mi memoria mejor preservó del lugar: ascendiendo por un taburete alto, unos tacones negros, atados a unos tobillos delgados y firmes, preludiando un par de torneadas columnas entrecruzadas en una línea que se perdía y luego volvía insinuante bajo un manto azul eléctrico. Una espalda larga y desnuda como la espera desvelada de un amanecer a través de una ventana, que vertebra a vertebra escalaba hasta su cuello aceitunado y brillante, a su pelo corto y oscuro y a sus ojos negros, con pestañas de las que podrías descolgarte y caer hecho trizas al acantilado de su escote. Fue esa misma imagen la que siete meses después, me recibía de regreso en aquel lugar, donde el baile sólo perdona a los ignorantes o a los incapaces que van de paso; en cambio, es inclemente con la arritmia y la mediocridad de quienes son vencidos en la arena de la pista. Fue sentir todo eso de nuevo, en su expresión carente de saludo pero con la sonrisa insidiosa de quien fuera entonces mi ejecutora, que me llevó a buscar refugio inmediato en el baño del sitio, arrebatándole el pomo de la puerta a quien fuera que le tocara su turno de usar el servicio.

Una vez adentro, mientras abría el grifo y tapaba el desagüe, comprendí que pagaría caro la renuncia a mi voluntad, pero también que no había algo que pudiera hacerme desistir de este propósito. Con el pequeño sobre en la mano, tracé sobre el lavamanos la ruta blanca inicial para dar rienda suelta a mí mismo, sumergiendo mi rostro en ella y luego en la improvisada pila bautismal que daría nombre a este renacer, al final de la cuenta regresiva. 10, 9, 8...

El golpeteo sobre la madera se intensificó, trayéndome de regreso, mientras el agua se escurría como un remanso entre el cuello de mi camisa. Decidí tomar la ruta del exceso para acercarme a tu estación, a la cual la razón y mis predecibles buenas maneras antes sólo consiguieron dejarme varado y sin rumbo. El insulto del ebrio tras la puerta fue el gatillo que disparó hacia mí una segunda línea sobre la porcelana, para sentir entonces como dos rocas salían de mis muñecas y de un golpe mandaban a aquel bulto alicorado contra una mesa infortunada, sin importarme en verdad. Ahora bailarías conmigo, y eso sería para empezar.

No me importó tu rechazo inicial; a pesar de mis buenas maneras de costumbre, tomé tu mano con fuerza y te halé hacia mí con una controlada violencia. Parecía que el cuerpo alicorado no fuera el que yacía en el suelo, sino el reflejo de él en mi cuerpo. Pero no estaba ebrio; sólo un poco excitado y sacudido por la carga de adrenalina que recorría mi cuerpo. Fue genial, que pese a mis predicciones, te gustara ese trato violento y te aferraras con fuerza a mi cuerpo moviendo tus caderas al compás de la música, clavando tu mentón en mi hombro y apretando mi pierna con las tuyas. Y eso sería para empezar, me repetí con determinación, cuando bajaba mi mano con firmeza sobre tu espalda, sentí como un estallido de cristal verde ensordecedor y una gota caliente que recorría mi cara, bajando desde mi cabeza me mareaban. Los pasos no coordinaban con la música y no podía entender tu voz en eco y tu cara de angustia.

Diez pares de botas entraron destruyendo cristales y rompiendo puertas, demasiado rápido para el nivel de consciencia que tú y el nivel de alcohol me permitía entender, a pesar que vociferabas lo obvio, yo aún traté de ver a mi alrededor y entender.

Creo que ahí fue cuando decidiste arrancar sin mí, o al menos sin que me diera cuenta que saliste corriendo agarrada de mi mano arrastrándome como si yo no pesara el doble que tú.

Aún así, alcancé a ver a varios amigos ahora presas del pánico, con caras igual de descompuestas que la tuya, pero en actitudes muy diferentes, gritando, pero no para huir, sino para enfrentarse; no agarrando manos sino agarrando palos, corriendo, pero en el sentido contrario a nosotros. Algo hizo "clic" en mi cabeza.

En ese momento fue que decidí detenerme. Al plantar mis pies, tu caíste, pues aún estabas agarrada; sin percatarme de mi mano, empecé a caminar de vuelta, con el pecho henchido, como tantas veces había soñado, como tantas veces había practicado, pero aún con la mente en blanco.

Ya que aunque siempre creí que en ese momento llegarían todas las epifanías de un solo golpe, el momento en si mismo era más que abrumador, más que contundente en sí mismo, y cualquier idea hubiera arrebatado la sincronía, aunque era justamente una idea la que me hubiera podido salvar, o la que nos hubiera podido salvar. Y así seguí caminando, esperando la idea que no llegaba, pero con el brillo en los ojos de un ganador que sabe que tiene vencida la batalla, sabiendo que detrás de mi seguías tu completamente indecisa de la dirección a seguir.

Lo increíble fue que con esa decisión bastó, en eso consistía toda la prueba que en realidad era ese momento, ya que ninguna idea era la necesaria (justamente en eso es que siempre se había fallado), que aún sin saber que no era más que una prueba, plantar la cara y mostrar el honor y la valentía (¿Honor y valentía? Nunca hubiera pensado en ellas) era toda la estrategia necesaria, como lo fue, para un final memorable.

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De cadáveres, musas y dobles: cierre del mes de tributo

Temo que Macaco lo ha dicho con acierto: no sabemos cómo hacer un mes de tributo.

Sin embargo, poder gozarnos el intento, justificó nuestra inversión.

Este tributo se constituyó en sí, casi como el mes de febrero en su origen: a punta de días sobrantes, armándolos uno por uno con las horas en las que sentimos de nuevo el canto de sirena de la musa instructora, invitándonos a chocar las naves de la rutina y permanecer varados en nuestras propias divagaciones por un buen rato.

Durante este mes, ofrecimos un poco de la sustancia que cada semana propulsó nuestra escritura y motivó la lectura casual en nuestros lectores. Hoy, aunque el tanque no está tan lleno como quisiéramos, el Manual de Instrucciones lleva su impulso propio y lo siguen moviendo ustedes con sus comentarios y sugerencias.

Durante este mes, cada instructor jugó un rol distinto al acostumbrado; 'dobló' al colega original y, desde su perspectiva y estilo, le dio el alimento del reconocimiento, que nunca indigesta en las dosis indicadas.

Hizo falta más que un bisiesto para alcanzar a darnos todo el gusto. Esperemos que estos meses en espera sean tan motivadores como el que acabamos de despedir, para satisfacernos en pleno y, de paso, darles gusto a ustedes de nuevo.

No queda más que invitarlos a 'doblarse' como nosotros, doppelgängeándose en el garaje de Mauro Z este viernes 4 de marzo, al ritmo de la música, el canto, la cerveza fría y la camaradería a temperatura ambiente, para festejar juntos este feliz arribo a buen puerto.

Para terminar, el colectivo los deja con este último tributo a cuatro bandas: un cadáver exquisito sin fronteras marcadas, para que sean ustedes mismos quienes intuyan la autoría de cada pieza corporal.

¡Feliz exhumación! ¡Hasta pronto, y nos vemos el viernes!

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Instrucciones para vivir (escritas por una gota de agua)


Paso 1: Divagas por el aire medio dormida, medio despierta, dejando que la brise te lleve por ahí. Ves a muchas como tú, pero te importa poco. Carece de importancia lo que piensen o sientan los demás; es más, carece de importancia todo lo que pase. Lo único que importa es sentir. Y lo que sientes es totalmente indescriptible. Las palabras humanas nunca lo han podido hacer, y ya no les interesa intentarlo. Y como antes, eso también carece de importancia.

Paso 2: De pronto, sin que puedas prepararte, el frío salvaje te despierta del letargo. Se acaban las vacaciones, el viento te quema y dejas de sentir al sol. Entre los párpados, todavía dormidos y la oscuridad ves cuerpos borrosos que tienen un parecido a ti. Todas se ven igual de perdidas y fríolentas. Con la poca fuerza que te queda, ya que cada segundo el frío las moléculas de tu redondo y microscópico cuerpo, tomas la iniciativa y comienzas a buscar el abrazo de tus fraternos compañeras casi agónicas.

Paso 3: Cada abrazo frío de tus pares, aumenta tu peso. Te pone lento, pero te calienta. Y comienzas a pensar raro. Un poco atolondrada encuentras un espejo turbio y liso. Sin pensar demasiado te aferras a él y descansas. Con dificultad respiras y notas que otras amigas te buscan, desamparadas, sorprendidas y sedientas.

Paso 4: Poco a poco, se unen a tu abrazo y te marean más. Tu fuerza comienza a ser insuficiente y tu espalda se alarga, tu estómago lo sientes en los pies, y ya no ves a tus amigas. Despiertas y tienes más de cien veces tu tamaño (al menos el que recordabas) y desesperadamente te aferras sin mucho éxito a ese espejo borroso que te sirvió de refugio.

Paso 5: Luchas desesperadamente mientras más compañeras desamparadas se aferran a tu espalda y aumentan tu peso. En un momento de debilidad, resbalas y comienzas a deslizarte a una velocidad insospechada por ese espejo borroso mientras pierdes peso y sientes dolorosamente como partes de tu cuerpo se desprenden y quedan aferradas al espejo.

Paso 6: Mientras el viento te ataca y arranca otras partes de tu cuerpo tu de dejas llevar y vuelves a sentirte mareada, aunque más liviana. Ves pasar la vida por tus ojos y un largo horizonte café comienza a hacerse cada vez más grande. El vértigo es incontrolable y el mareo es tan grande que parece que vas a explotar. En un segundo olvidas todo y la madera que formaba ese horizonte café irrumpe con fuerza en tus entrañas. Estallas, y te das cuenta que hace mucho dejaste de ser gaseosa, que tu estado era líquido y ahora con dolor comienzas a evaporarte mientras parte de tu cuerpo se cuela por los poros de la madera. Por un instante de conciencia te das cuenta cómo es la vida de una gota.

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lunes, 14 de febrero de 2011

La Clase

Es complicado hablar mal de una película que tiene una palma de oro en Canes como mejor película en 2008, y otra cantidad de premios en otros festivales. Pero así es: A mí la La Clase, o en su nombre original “Entre les murs” me pareció mala.

Llegó a mis manos porque leí una reseña de ella y la conseguí, pero cuando me la fui a ver, ya no me acordaba que la quería ver. Ha de ser por el problema de las traducciones: Yo pedí “Entre les murs” y me llegó con varias otras películas “La clase”, y la imagen que había impresa en el DVD tenía dos niñas negras levantando la mano con un fondo verde azul, como pastel, que me hacía pensar: “¿será que es otra versión de estas películas norteamericanas donde hay un profesor blanco, novato y soñador en un colegio de negros pobres y violentos; de las cuales una de ellas tiene como banda sonora la famosa Gangsta's Paradise, de Coolio?”. Y por este pensamiento, cada vez que la iba a ver, su espacio en la bandeja del reproductor de DVD era reemplazado por otra película cuyo nombre o carátula fuera más llamativo.

En fin, finalmente me la vi y encontré una serie de cosas interesantes que tal vez le hicieron merecedora del premio. Pero tal vez, como no comparto la cultura francesa, no pude entender a fondo esa serie de conflictos raciales tan fuertes plasmados en la película. Aunque en Colombia existan, no son vividos de la forma como se viven en Francia, y cuesta compartirlos de la misma forma. Estos niños contestatarios, nacidos en el país que le dio sentido a la palabra libertad, comienzan a ser desesperantes. Pero no es por esto que me pareció mala. De hecho este es un aspecto rescatable de la película: Te hace sentir.

La clase es mala, porque su ritmo es lento, soso, porque como su nombre, al traducirlo literalmente, sólo muestra cuatro paredes. Y generar la sensación de encierro está bien, para lo que pueda querer el director, pero puede ser excesiva. Es mala, sobre todo, porque su final no es concluyente. Porque desarrolla una compleja trama durante toda la película; un retrato de la vida de unos jóvenes con problemas, muy interesantes; de unos profesores que intentan dar lo mejor de si, con sus propios problemas de identidad; y finalmente ocurre un incidente por la forma en que se discute, que traspasa el fondo de los sentimientos de opresión raciales que tienen los estudiantes y ya. No se desarrolla el conflicto, no pasa nada. La película termina. La película dura 2 horas y 8 minutos, y la proporción sería: Introducción: 10 minutos, nudo: 113 minutos y desenlace: 5 minutos, en los cuales no hay desenlace.

Digamos que algo parecido le pasó a El vuelco del cangrejo, pero ésta tenía otros elementos que la hacían buena, entre ellos la cercanía de esa tierra a nuestra sangre y que finalmente, aunque el final queda abierto, hay opciones para imaginárselo, lo mismo que sucede con La hora 25 (una película excelente). Pero en la clase no hay mucho interesante que imaginar, pues el retrato de una vida sosa y aburrida de un salón de clase, donde la argumentación de el que "no quiero hacer nada porque no hay oportunidades" contra el "haz algo que si las hay", no deja mucho para la imaginación. Si tienes unos amigos medio mamertos, un poco ñoños, del tono no geek, sino más bien con ideas liberales, o tienes intereses sociológicos, sicológicos, tal vez esta película esté entre tu baraja, y encuentres unos discursos fenomenales para discutir, de lo contrario, puede ser una buena forma, con la función de sleep puesta para dormir si tienes problemas de insomnio.

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miércoles, 9 de febrero de 2011

Breaking and Entering

Desafortunadamente para los actualizados escritores y lectores de nuestro manual Breaking and Entering no es nueva. La película es de 2006, pero no se ni siquiera si llegó a Colombia. Estaba entre algunos DVDs que me pasó Mauroz, con su no fácil legible letra entendí "Breaking and Inked", lo cual no me hacía mucho sentido por el juego de tiempos. La vi con total desprevención y me mostró unos paisajes de la hermosa Londres que normalmente no vemos en las películas. Unas calles no transitadas por los turistas y otras realidades. Debo admitir que me trajo recuerdos, algunos reales, otros inventados (si, ya se que no son recuerdos si son ficticios) que rondan por mi cerebro.

La película es sobre un arquitecto que monta su taller de diseño en el corazón de Londres. Cerca de la estación King’s Cross, la cual se caracteriza por tener el cruce de casi todas las líneas del metro (London Underground). Me pareció divertido que le repiten varias veces en la película: Y por qué pusiste tu empresa aquí?, haciendo referencia a los peligros de la zona. El protagonista, Jude Law, recordado en películas como Sherlock Holmes o Closer, es asaltado. Una banda de ladrones apartamenteros Serbios, los cuales usaban como estrategia de robo entregar los pedidos de computadores, y volver por la noche a robarlos junto con otros ensere más. Law, que llamaremos ahora Will, obsesionado decide montar guardia hasta descubrir a uno de los jóvenes ladrones, para terminar más tarde tras su persecución en las manos de su humilde y honesta madre, Juliette Binoche, una modista que intenta sobrevivir en Londres con el anhelo de volver algún día a su país.

Breaking and Entering, como su nombre lo dice, es una historia sobre irrumpir y quedarse. Will, termina repitiendo el robo sufrido, pero esta vez a su corazón. Tal vez eso es lo bonito de la historia, la metófora implícita. Es un drama entretenido que se aprovecha para mostrar realidades sociales de países desarrollados invadidos por vecinos no tan afortunados. La vida de Londres, la elegancia, el ritmo de vida, los lujos y el confort, son mezclados con imágenes de prostitución graciosa (ridículamente era el personaje cómico de Vera Farmiga), los dramas de los hogares disfuncionales, y las pequeñas luchas individuales. Disfrútela con desprevención como lo hice yo y déjese seducir por el tono arrullador del coyote que Londres le presenta. Y para rematar, no deje de gozar con esta otra faceta de la maravillosa Juliette, que es capaz de darlo todo por un hijo y poner incluso su ética más profunda en juego. Y claro, a pesar de la seriedad con la que está escrito este post, también podrá disfrutar la película desde un punto de vista menos serio y despreocupado, porque no es una película crítica, es una película para disfrutar.

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jueves, 3 de febrero de 2011

¿Recuerdas los años 80?


Hace poco estuve leyendo un caso de estudio de la HBR, el cual abría con esto:

"- ¿Recuerdas los años 80, Philip? - Obvio. Dios odiaba los 80. - ¿No le gustaba nada de los 80? - Le gustaba el jugo Snapple. - ¿A Dios le gustaba el jugo Snapple? - Si, pero no todos los sabores". Episodio de Chicago Hope, serie de televisión.

El caso era sobre una marca de jugos de fruta naturales en Estados Unidos, que probablemente conozcan, llamada Snapple, hoy de Dr. Pepper, quien clama por ser la mejor cosa del mundo. El caso Snapple no tiene importancia para este Aleph de tributo de hoy, ni tampoco la serie de televisión que lo trajo a colación, la cual no estoy muy seguro de que haya sido muy popular en Colombia. En cambio la conversación si tiene amplia relevancia para hoy, pues se presta para múltiples interpretaciones.

Las dos primeras, más sencillas y obvias, como lo es la segunda línea. Snapple comenzó con algo hace más de 20 años, apenas explorado en este siglo en Colombia: publicitar su producto dentro de la serie televisiva y no en la franja de los comerciales; y la otra, el productor, el guionista o el director de Chicago Hope era uno tipo de esos de la onda New Age, amante de la marca y le quiso rendir un tributo en su serie por ahí derecho, haciéndole un reclamo por la cantidad de sabores extravagantes que sacaban al mercado, los cuales no siempre le gustaban a su público.

La otra interpretación es que los personajes estuvieran hablando en serio. ¿Ustedes no han pensado que Dios realmente odiaba los 80s? ¿Que estaba disgustado por esos peinados, por esos jeans entubados (que además hoy volvieron), por esa música (digamos que él no miraba mucho por Suramérica para esa fecha, para salvar a algunos de mis favoritos)? ¿No les parece que es algo coherente? Y bueno, Dios, caracterizado siempre por su sed de justicia, de perdón, de amor, y de todas las otras cosas que le dan sed, también tenía sed de Snapple.

También he pensado que el jugo ese debió ser muy bueno para gustarle al altísimo. Era algo innegable. Hasta los médicos (quienes están a veces más cerca de él que los padres, aunque no siempre) lo reconocían. Y claro, después del despliegue de comunicación que tiene la etiqueta, la página web, etc., del producto, pues a ustedes no les provoca uno?

También pienso que el jugo pudo haber sido hecho de una mezcla de frutas y plantas con la capacidad de generar alucinaciones (como le pasó a Homero J), y los personajes de la serie no sólo vieron colores, animales raros, sino a su propia interpretación de Dios bebiendo su maravillosa bebida. ¿A qué no les ha pasado?

Lo otro que pudo pasar es que la demencia senil haya confundido un poco a los personajes, pues es probable que Dios odiara más otra década. Habría que revisar las tasas de mortalidad violenta. Lo que hemos ganado y lo que hemos perdido en cada década. Al fin y al cabo, ¿por qué le habrá dejado de gustar el jugo ese al altísimo?

¿Cómo lo interpretas tú? ¿Por qué crees que odiaba los 80s? ¿Qué sabor no le gustaba? ¿Habrá descargado su ira contra la marca?

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martes, 23 de febrero de 2010

Instrucciones para instruir

Instrucciones de UsoEl martes pasado fueron publicadas unas instrucciones que dejaban en evidencia lo que ya era evidente para todos: mi ausencia en el Manual. Aunque ya varios de mis compañeros habían retornado de las vacaciones que cada uno de forma anárquica e independiente se había dado, yo seguía en ellas. Vacaciones en las que pude organizar un poco mejor mi vida y llevarla al límite del caos (contradictorio, pero cierto). Ya por estos lares de nuevo, aprovechando la cantidad de horas a la semana que dedico a la acción de instruir, les traigo unas breves y ustedes juzgarán útiles o no, instrucciones:

1. El conocimiento importa: Cuando vaya a instruir, lo primero que debe hacer es saber qué es instruir. Uno aunque suene obvio, pero no es así porque no sucede lo mismo con otras acciones, no puede realizar ésta, sin saber previamente su significado. La RAE da cuatro significados para la acción. Esto es, si usted va a instruir debe elegir uno de ellos:

1.a. El primer significado encontrado es: "Enseñar, doctrinar". Significado más popular, el cual tal vez usted ya conocía. Por hoy escojamos este significado y dejemos los otros tres para un futuro cercano.

2. La motivación importa: Asumiendo, que bajo el ejemplo (una de las formas más comunes de aprendizaje) usted fue y buscó el significado de enseñar y el de doctrinar en algún diccionario (si lo hizo en la propia RAE, tal vez encontró un bucle infinito que ejemplifica la recursividad y por no dejarlo por fuera, el malvado sentido del humor de los señores de la RAE y su sinonimismo diabólico), y ahora sabe a qué se refiere la gente cuando dice instruir. Ahora podemos referirnos al segundo punto sin miedo de dejar al lector con lagunas. Así pues, en el momento de instruir debe saber que hay un instructor y un instruido, para los cuales debe existir una tensión motivante. Un lazo que los amarre y les permita tirar sin ser derribados. La metáfora ilustra el hecho claro que se da en la acción de instruir: alguien debe querer instruir y alguien debe querer ser instruido. Aunque alguno de los dos o ambos lo desconozcan. Dicho en otras palabras, debe conjugarse las ganas de instruir con las ganas de ser instruido para que una instrucción pueda ser impartida de un instructor a un instruido. Y si usted quiere aprender a instruir, debe aprender a encontrar ese momento justo donde se da esta situación. Claro, esto sólo lo podrá comprender cuando tenga ganas de ser instruido. Como es lógico.

3. Los medios elegidos importan: No basta con tener la motivación y el conocimiento, también se necesita encontrar el medio más apropiado para transmitir las instrucciones. Por ejemplo, no es posible transmitir instrucciones por escrito a una analfabeta o instrucciones verbales a un sordo (ejemplos básicos), o no es lo más adecuado, transmitir estas instrucciones por un blog, ya que no es la forma más eficiente para ser entendidas, ni mucho menos aplicadas (ejemplos complejos). No hay formas de evaluación, ni prácticas para desarrollar ni mucho menos retroalimentación. Tampoco es la forma más adecuada, instruir a alguien para nadar sin usar agua, instruir a alguien para bailar sin música, ni mucho menos instruir a alguien para instruir sin que instruya.

4. Es importante la práctica: Para instruir no basta con la teoría. Se debe pasar a la práctica y demostrar a través del empirismo que las leyes universales pueden ser realizadas por el instructor y por el instruido, que además una vez instruido en el arte de instruir pasa a ser instructor. Por eso, y dando razón al tercer punto de estas brevísimas instrucciones, para poder aprender a instruir se debe instruir. Es decir, para aprender a instruir (que supongo, fue la motivación que tuvo para terminar de leer este artículo) debe hacer una tarea que consiste en hacer caso a Penélope (la lectora que inspiró este artículo), y seguir sus instrucciones, en un comentario.

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sábado, 21 de noviembre de 2009

"Haciendo" ando lo "que me toca" cuando "quiero" hacer otra cosa

Hace mucho, mucho rato no divagaba.

En este momento (viernes 01:17 am) no debería ser sano escribir y menos divagar, puesto que como en el cumpleaños de Mauroz, llevo muchas horas sin dormir y aunque debiera hacerlo, porque como dice Piero, de vez en cuando viene bien dormir; quería sacar un poco de mi sistema un par de pensamientos antes de seguir. Creo que mejor que un zolpidem, a muchos les puede servir este ejercicio. Bueeeno, no se si a muchos. A veces uno piensa demasiado. Lo cual no quiere decir que lo haga bien ni mal, sólo demasiado.

Lo primero que hice fue ver qué era lo último que había puesto en el tubo de escape virtual que he encontrado en esta web 2.0, todavía rara para mí que me gusta estar bastante conectado al mundo. El resultado fue horrendo:

kxi

That's you!
  1. con las reservas
  2. estirando como el caucho (la paciencia)
  3. lo que más duele de pasar la noche trabajando es no ir al picadito
  4. Todavía me llaman (mucho polo a tierra tan berraco)
  5. haciendo ando
  6. Leyendo http://www.instruccionesypa... en Manual de Instrucciones
  7. Me voy. Lo aviso con tiempo porque cuesta
  8. Descansando (escena de Matrix)
  9. En la u (sólo unas horas después). Como diría fercho: Escena de matrix cuando se ve el sol
  10. y sigo, GTF
  11. Viernes 13: 8.48pm y yo sigo aquí. Me quierooooo ir!
  12. Leyendo http://bit.ly/2zRDAP en Manual de Instrucciones
  13. Latest: cómo así? apenas es jueves? me quiero ir de aquí! 1 day agocómo así? apenas es martes? me quiero ir de aquí!
  14. cómo así? apenas es martes? me quiero ir de aquí!
  15. me dan motivos
  16. booooooooooooooooooooooooooooooooooooooooring
  17. Leyendo http://www.instruccionesypa... en Manual de Instrucciones
  18. Hoy estoy en Flamencos (nuevo claustro, ya configurado para mi gusto)
  19. #songs Churin Churin Chun flai
  20. se que tengo que hacer lo que no quiero hacer y quiero hacer lo que no debo hacer

Salvo las veces que señalé que estaba leyendo un artículo del Manual y un par de cosas locas como la canción del Chavo todo es un desahogo negativo, una queja eterna y sorda, un descontento "incomprensible". Así que me puse a pensar sobre las cosas que uno hace porque le toca y las que uno hace porque quiere. Llegué sin darle muchas vueltas al asunto ni validar los resultados de mi pensamiento, que entre el balance de lo que uno quiere y lo que le toca, siempre uno termina haciendo lo que quiere, incluso cuando hace lo que le toca. Me explico: A uno no le toca, sino que uno hace lo que "le toca" porque quiere. Porque quiere que "le toque" para poder quejarse, o porque quiere que "le toque" para no tener que decidir, o porque quiere otra cosa para lo cual se necesita hacer lo que "le toca" y esa otra cosa es mucho más importante que el sacrificio que representa hacer lo que "le toca". Sí, claro que sí. Descubrí el agua tibia, después de tantas horas de sueño. Pero como muchas personas que no "les toca" bañarse con agua fría lo siguen haciendo sin saber que prefieren el agua tibia, pues les cuento que ustedes como a mí tampoco "les toca" hacer nada.

En ese orden de ideas, mermaré un poco las emisiones contaminantes que dejaré en mi tubo de escape virtual y me concentraré en hacer lo que se me venga en gana lo más pronto que pueda (porque hacer lo que a uno no "le toca" sino lo que "uno quiere" tampoco es sencillo) y terminar de hacer lo que "me toca" en el menor tiempo posible.

Como primera medida, les hago una pregunta que espero no "les toque", sino que "quieran" responder: Cuánto creen puede costar (digamos en dólares para tener una moneda comparable) darse un año sabático sin tener que trabajar viajando por varios países del mundo (indicando los países, claro).

PS: Hacer lo que "quería" (escribir) en vez de lo que "me tocaba" (dormir), a pesar de que de vez en cuando venga bien hacerlo, me hizo tanto bien (para mi alma).

PS2: Es curioso. No encontré ninguna de estas palabras exosto, exsosto, exhosto, o ecsosto en el diccionario de la Real Academia Española que deriva de la palabra Exhaust. Cada vez que se la vuelva a escuchar a alguien, voy a tratar de recordar que le debo preguntar cómo la escribiría. A ver si "quiere" responderme.

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sábado, 14 de noviembre de 2009

Instrucciones para viajar a Salento II parte

Mucha gente dice que las segundas partes no son buenas. Y puede tener razón, pero en las películas; en los viajes la cosa es diferente. Cada vez que uno recorre un sitio que ya ha recorrido tiene la oportunidad de remembrar el primer momento en que estuvo allí.


En este caso es una segunda parte por dos razones. La primera es que Sama ya nos había regalado unas bonitas y muy útiles instrucciones para realizar el viaje y la otra, es que era la segunda vez que iba a Salento.


Lo primero que debe hacerse para ir allá es tener las ganas. Yo me las había generado desde la primera vez que fui con mis amigos del colegio en el último año y nos tomamos una cantina de piso de tierra y grabadora para armar tremenda rumba. Hoy en día la cantina sigue siendo cantina y es la más visitada del pueblo, pero ya tiene piso baldosa y un sonido poderoso. Pero las ganas se despertaron más cuando leí con cierta envidia el paseo maravilloso que realizó sama. Por otro lado, las ganas de mi novia también venían en crecida desde que visitó el Eje Cafetero y despertó un enamoramiento hacia esa tierra. Dado que el permiso para ausentarme de mi trabajo un par de días y poder realizar un viaje más largo no llegó, pues las ganas se convirtieron en GANAS. Fue un paseo de desquite, hecho con ganas.


Lo segundo que debe hacerse para viajar es leer estas instrucciones. Punto. Lo tienen todo.

Lo tercero es comenzar a cambiarlas a su antojo. Por ejemplo, en vez de irse en bus, si tiene la posibilidad puede irse en carro. Si viaja sólo o con un acompañante es más caro, mientras que si llena el carro de gente, pues le sale más barato que ir en bus, porque puede distribuir los costos de la gasolina y los cinco peajes que se va a encontrar. Particularmente, aunque no me gusta manejar, me parece rico ir en carro, y más en plan de paseo. Porque uno se puede parar, tomar una foto, tomar el aire, saltar, gritar y cantar. Porque puede perderse y volverse a encontrar y porque muchas cosas se puede inventar. Además porque salvo que se encuentre con algún trancón, está más seguro de la hora de llegada que cuando tiene que ir a luchar en un terminal la cola de salida en un puente, que es cuando más viaja la gente. Total, máses y menoses (jejeje).


Entre los más y los menos, y las cosas que puede modificar está la hora de salida. Yo decidí (por cuestiones laborales) no tomar la sugerencia de Sama de salir temprano, sabiendo que perdería el primer día. Llegamos en la noche y dando vueltas por las carreteras del Quindío, que aunque tan buenas como las del Valle, poco o nada iluminadas y pobremente demarcadas. En una noche llena de lluvia y disfraces de Halloween, con un poco de aprensión por un lado y espíritu de aventura por el otro, sólo media hora más tarde de lo previsto, aunque recorriendo varias veces el mismo tramo. Gozando un poquito de la hospitalidad del armenio (no tengo claro cómo es el gentilicio) que con vigor le indica a cualquier chinazo* cómo es que se llega a Salento.


En cuanto al hospedaje, si tomamos la recomendación de Sama. Visitamos la bonita hostería Calle Real, gozando de la buena comida y gran hospitalidad de Doña Ana Cristina, su esposo y la gente que trabaja con ella. Es un plácido lugar donde ves entrar extranjeros todo el tiempo y te sientes viajero del mundo. Para una pareja o varias que quieran habitaciones separadas este lugar es ideal. Por parte de la comida, pues me sentía en el paraíso, pues yo podría comer pescado todos los días de mi vida, y siendo la trucha un pez tan sabroso además acompañado de bebidas como el canelazo, los hervidos, cerveza e incluso sangría; era algo soñado. Por parte de mi acompañante que no disfruta el pescado como yo, pues también pudo gozar de algún crep de pollo con champignones o un queso con trucha (trucha gratinada, que sabe más a queso que a trucha) para calmar sus placeres alimenticios.

También seguimos el consejo de Sama de ir al Valle del Cocora. Ah, lugar bello ese. Tiene unos paisajes que lo llenan a uno de paz y armonía. Además, tiene un aire que le renueva a uno el tanque pulmonar para afrontar la contaminación de la ciudad por una semana. Es bellísimo, frío y delicioso estar ahí. Se puede observar cómo crían las truchas y también comer ya sea barato y rico y caro y cómodo. Lo barato no es incómodo, pero no tiene los paisajes, la música y el ambiente que le hacen pasar un rato mucho mejor a uno (tal vez de ahí las cuentas de Sama sobre la comida necesaria y la innecesaria). Lo único que quiero advertirles es tener cuidado con la hora de llegada al restaurante. Esto puede hacer que su momento sea placentero o muy doloroso (por la gastritis que se le puede desarrollar mientras espera).

Finalmente las chucherías (obvio también tomamos muchas fotos y nos ganamos muchos minipuntos). Son estupendas. Hay de todo tipo: baratas, caras, bonitas, feas (que son bonitas a su modo), funcionales, inútiles, asombrosas, iguales a lo ya visto antes. En fin, hay para escoger como niño en juguetería. Tal vez, si tienen mayor fluidez, mi recomendación es llevar buen dinero, puesto que aunque ya muchos reciben tarjeta, la mayoría no lo hace. Y éste puede ser el lugar para mercar los aguinaldos y regalos de cumpleaños atrasados. Eso si, lleve sencillo. Es difícil encontrar quien cambie un billete grande en el pueblo.

Con esto los dejo en Salento, para que lo visiten y lo disfruten.

*Nota: Chino es una expresión de algunas regiones del país para referirse a un niño o un jóven. En Cali no decimos Chino, sino Pelado y en Barranquilla dicen Pelao.

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martes, 3 de noviembre de 2009

¿Cómo se cata el vino?

Umm, bueno, creo que todavía es martes...

Hace ocho días regresé, e intento con mucha fuerza no dejar que la rutina me lleve a alejarme de nuevo de las palabras. El pasado veinticinco de septiembre, nuestro Manual de Instrucciones cumplió su segundo año de vida, y a diferencia del año pasado, éste pasó en limpio. Ninguno de los integrantes del Manual publicó algo alusivo al cumpleaños que diera paso a la celebración de la existencia de este espacio mágico y agradable que se ha convertido en comunión y esparcimiento para varios geeks y para otros no tanto. Todo parecía indicar que a una corta edad el Manual perecería. Pero eso no quería decir que no pudiéramos celebrar el tiempo que nos había brindado hasta entonces. Inventando otras excusas como esa, Mauroz organizó una cata de vino para reunirnos, la cual disfruté mucho.

¿Y qué es una cata de vino?

El diccionario de la Real Academia Española define la palabra catar como la acción de probar, gustar algo para examinar su sabor o sazón. Así que una cata de vino es probar el vino para examinar su sabor o sazón. Simple. Pero resulta que el vino se examina no sólo con el gusto, sino con los otros cinco sentidos. Así que no basta con una degustación corriente para hacerlo. Por eso se organizan las catas.

Y cómo se cata el vino?

Lo primero que sugiero es organizar un espacio propicio para hacerlo que cuente con las cepas necesarias para la cata, un conocedor del tema, las herramientas (ya hablaré de ellas más adelante) y todos sus sentidos dispuestos al placer. Esto lo puede hacer con algún proveedor de vinos, restaurante u organizador de eventos, pagando una "módica" suma y estirando el dedo meñique durante algunas horas o puede reunir a un conjunto de ignorantes y pretenciosos amigos que estén dispuestos a catar el vino como en el barrio y romper los esquemas. Particularmente la última me suele gustar más. Sobre todo, porque por encima del misticismo que encierra la deliciosa bebida y la fuerza con la que ha logrado el fuerte mercadeo de ella invadir nuestras vidas, yo creo que está algo sobre ponderada. Es decir, una botella de vino es algo maravilloso, deleitar sus sabores es algo envidiable, pero no es más envidiable que disfrutar de una fruta fresca, recién bajada del árbol, y hacerlo en cualquier época del año. Ya quisieran los habitantes de los países con estaciones pasar su almuerzo con jugo fresco, ya quisieran. Aún así, aproveche que el vino ahora está más barato y déjese llevar por la magia (ya que el jugo de mágico, nada de nada).

El motivo, como mencionaba antes es lo de menos, ahora la forma de hacerlo, esa sí es divertida. Nosotros, decidimos comprar cinco botellas de vino de la misma marca (Gato Negro), pero de cepas diferentes y acompañados de tabla de queso, pollo albino (Mauroz se esforzaba en explicarme que era "al vino", pero nunca entendí), galletas y queso cheddar enfrentarnos a los sabores, que nos pudieran ofrecer.

Casi como un ritual, elegimos el orden de las botellas y nos ofrecimos al placer del paladar (debo admitir que a pesar de mi disertación anterior sobre el jugo y el vino, éste último permite unas sensaciones diferentes en cada parte del cuerpo) y del alma. Carménère fue la primera botella, con la cual Mauroz nos invitó a ver el vino, a lo cual Sama replicó con la ávida acción de levantar la copa; pero no para tomar, sino para ponerla a contraluz y mostrarnos la aureola y las patas que el vino dejaba al ser agitado en la mesa para mezclar mejor el oxígeno con su sabor. Bueno, lo intentó, pero la genorosa dosis que Mauroz sirvió en la copa se lo impidió. Luego seguimos cortando el sabor y el olor del vino con galletas y café (las herramientas) y procedimos a degustar también un delicioso Malbec argentino (el único, los demás eran chilenos), el cual hasta antes de la cata había considerado mi favorito. Recordando aquella fabulosa película que tradujeron como "Entre copas", introdujimos la nariz en nuestras copas para permitir que los taninos no sólo navegaran sobre nuestra lengua sino a través de nuestras vías respiratorias y nos embriagaran de su sabor. Seguimo con el que ahora es mi vino favorito: El Syrah, un vino gentil que supo someternos. Más dulce que los demás (será porque es más parecido a la frescura de los jugos que supo engancharme). Con las lenguas un poco adormecidas, pero al mismo tiempo más fluídas en la conversación también palpamos nuestras copas y dejamos que los sabores nos estremecieran.

El Merlot, que nunca nos defraudará como regalo supo llegar en buen momento e inundó con todo su sabor nuestras bocas que ya deleitadas en sabrosos manjares se confundían para decidir qué sabor querían repetir en una cercana y próxima ocasión. Cuando el sueño y la responsabilidad nos anunciaban la partida, rápidamente, el tal vez más popular de todos, Cavernet Sauvignon supo cerrar la noche con un sabor que se hizo más suave que de costumbre, después de haber bailado con cada uno de sus hermanos.

Era una noche bella, de recuerdos y pequeños placeres ofrecidos por Baco, cuando no recuerdo a qué energúmeno se le ocurrió la idea de romper el protocolo y mezclar a todos los hermanos en un gran baile final para nuestras lenguas. "¿Queeeeeeeé?" dirá el más papista de los catadores, al leer estas palabras. Ante lo cual un irrespetuoso de estas costumbres, como lo soy yo le dirá. Y sí! Fue así la cosa! Y no sólo eso, te invito a que lo hagas. Mezcla las cinco cepas y sabrás que cada una independiente de las otras cuatro es una pobre ordinaria y miserable ante la maravilla obtenida en conjunto. Lo malo es que ahora para lograr mi sabor favorito, tendré que tener cinco botellas en mi nevera esperando la inusual mezcla que ansía ese sexto sentido que Mauroz estuvo explicándonos esa noche. O bien, podré visitar a Mauroz y pedirle una copa de la botella que guardó la bienaventurada mezcla.

Ok, ya no es martes.

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