Recientemente he contado con la fortuna de ver muy buenas películas; fortuna que, desde luego, no es gratuita, ya que procuro cobijarme a la sombra de buenos árboles. De hecho, fue dispendioso escribir el artículo sobre Oliver Stone para la columna de mal cine, ya que en lo personal no me resulta sencillo tomar la iniciativa de ir a cine o alquilar píldoras de la talla de Churrúsculo u Hotel (Rwanda) Para Perros. Aunque esto no hace más que aseverar la idea que comparto sobre equilibrio cinematográfico: para que haya buen cine, debe existir el mal cine, por lo menos como punto de referencia. Es debido a esta bonanza por lo que me he visto asaltado mentalmente en la calle, en la cama y en el baño por la idea de hacerle justicia a lo que me he visto y reseñarlo. He aquí plasmado para ustedes uno de tantos tormentos.
A gran velocidad, como suele pasar con las buenas historias alternativas que se exhiben en nuestra cartelera nacional, pasó Revolutionary Road (2008) por delante de los ojos de unos cuantos y la conciencia de unos pocos, dejando abolladuras en la paciencia y la moral de quienes disfrutamos con esta película sórdida, en la cual Sam Mendes decide continuar ahondando en el agujero negro que una vez comenzó con American Beauty (1999), y que ahora muestra, a través del retrato de un matrimonio joven de Connecticut, E.E.U.U.; durante la década post-bélica de 1950, las raíces que sustentan el modelo ideal de la familia norteamericana moderna.
Esta película narra la historia de los Wheeler, una pareja de recién casados que se muda a una enorme y hermosa casa en Revolutionary Road, donde despierta la admiración y la envidia de sus vecinos, colegas y amigos por contar con los elementos básicos con los que puede edificar una vida perfecta. Frank (Leonardo Di Caprio), quien desempeña eficientemente el mismo cargo en el departamento de ventas, tal y como lo hizo su difunto padre en la misma compañía, se encuentra en una encrucijada en la cual debe elegir entre conformarse con el camino del éxito inmediato y el comfort para su esposa y sus hijos, o arriesgarse con el camino incierto de la realización personal, dejando un lado el orgullo y permitiendo que April (Kate Winslet) saboree la satisfacción de conducir su hogar hacia la felicidad plena, a cientos de kilómetros de distancia de su tierra natal. Es entonces cuando los factores externos actúan, acentuando los prejuicios existentes y dejando pocas válvulas de escape para esa realidad social dormida, válvulas tan estrechas que difícilmente dejan espacio a poco menos que un solo individuo.
En el ámbito actoral, pareciera que Sam Mendes hubiese aprovechado toda esa carga de fricción reprimida por las dos estrellas durante tantos años, impensable por muchos dada la imagen inmortalizada del amor eterno en Titanic (1996), para que fuese desatada en el momento justo de la película, rompiendo con la perfecta armonía estética e instrumental mantenida hasta entonces, notándose la omnipresencia del director en cada una de las tomas siguientes. Esta es una demostración de que existen parejas que se desenvuelven mejor en la pantalla odiándose que lo contrario.
Con un final de contrastes digno de una novela de Stephen King, bañado por la esperanza y el desasosiego, Revolutionary Road nos hace reflexionar de modo pragmático acerca de la manera como llegamos a construir nuestra prosperidad a través de lo que mejor sabemos hacer y por lo cual somos dignos de admiración y respeto, sin considerar el costo de oportunidad reflejado en la felicidad y la realización de quienes amamos y han decidido compartir su sueño con nosotros. Sólo un sueño, sin fundamento ni plan de acción, pero más grande que el amor propio.
lunes, 9 de febrero de 2009
Revolutionary Road
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miércoles, 30 de abril de 2008
¿Te has creído disfuncional?
Después de unos cuantos días sin publicar en el blog, le propuse a Macaco que me permitiera reseñar una película hoy, miércoles del buen cine, buscando no perder pues la buena costumbre de escribir para quienes son asiduos lectores nuestros. La experiencia de haber hecho este ejercicio durante nuestro mes de tributo, además de mi gusto por las buenas e inusuales películas, son motivos suficientes para hacerle una buena digestión a una opípara sesión fílmica, como la que tuve el domingo pasado en Eurocine. Aunque sólo asistí ese último día, creo haber tenido la suerte de ver una de sus mejores proyecciones: Entre Dos Veranos (Sommaren).
Esta es una película sueca no pornográfica (¿van a creer?), cuyo género podría estar desplazándose continuamente entre el drama y la comedia negra espontánea, unidos ambos de una manera simbiótica, aportándole cada uno al otro un poco de miel e hiel que necesitan entre sí para despertar en el espectador interesantes reacciones. Como sinopsis se puede presentar a una familia europea algo convencional y de buenas costumbres, cuyo ritmo normal de vida y sus actividades se ven alterados por la pérdida de uno de sus seres queridos, es decir, el hijo menor de la joven pareja de casados. Dicha muerte, ocasionada por motivos meramente casuales, detona el sentimiento de culpa en quienes creyeron tener pleno control de todas las situaciones; lo cual a su vez comienza a liberar otros sentimientos y deseos ocultos, agradables o no, a la vista; reprimidos tal vez por efecto de la normalidad de los días.
A partir de ello, cada uno de sus personajes empieza a buscar respuesta a estos impulsos, tratando de expiar un pecado inexistente pero a su vez, permitiendo encontrar ciertos rasgos de la personalidad que suelen ser públicamente condenados, incluso en las sociedades europeas con mayor libre-pensamiento. Como puede intuirse a partir de su título, el argumento es desarrollado durante una línea cronológica de un año, terminando en un punto donde sus protagonistas pueden confrontar de nuevo el espacio-tiempo del incidente y cosechar su experiencia para afrontar el camino vital por recorrer aún.
Como dato curioso, Entre Dos Veranos es una película del año 1995. No estoy en contra del anacronismo en los festivales o ciclos de cine. No todo lo nuevo es bueno, ni todo lo viejo es malo. Este tipo de historias no necesitan tener presente un referente histórico que la contextualice, por lo cual se puede disfrutar, sin tener que pensar que de alguna manera estoy impidiéndome ver algo "moderno" o "vanguardista". Como alguna vez me dijo el camarada Mauro Z, "el sentido común es el menos común de los sentidos". Esta película nos muestra una manera más de recorrer un camino que, aunque lo hayamos visto y tengamos idea de cómo emprender el viaje, nunca sabemos cómo colocaremos en él nuestros pasos hasta que nos toque hacerlo.
Bueno, como pueden notar, me gustó mucho y se las recomiendo. Como Eurocine ya terminó, tengan en cuenta ir a buscarla a videotiendas especializadas en cine independiente o extranjero, en su respectiva ciudad, o "pedírsela prestada" al mejor de sus amigos corsarios.
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jueves, 3 de abril de 2008
¿Te Sientes Deseable?
En esta entrega, el jueves del Aleph les trae una frase sencilla, corta, clara y contundente que me golpeó a la cara en mi clase de Mercadeo Social, es una de esas pequeñas joyas que los profesores dicen y que casi que es por ellas que se pagan todos esos millones de recursos que se invierten en una especialización. Es un momento delicado por el que estoy pasando, y más delicado que traiga justo esta frase en este momento, pero así es la vida y hay que seguir los caminos.
Por supuesto, al ser “Mercadeo Social” la frase tiene un gran enfoque organizacional, como muchas otras frases o fábulas que he traído a este espacio, pero como la mayoría de esas frases, es algo fácilmente extrapolable a lo que muchos llamarían “La Vida Real” (lo que sea que eso signifique).Después de tantas vueltas no queda más que soltarles la frase:
“Si no estoy siendo deseable, no hay fidelidad que valga”
Es así de sencillo, pero la pregunta natural en este espacio es ¿Qué carajos significa eso? (también podríamos preguntarnos qué carajo es un carajo, pero esa es pregunta para otro artículo). Y por supuesto, tiene dos interpretaciones directas, una ligada precisamente al deseo como vehículo del amor, y otra la organizacional, que fue la razón de ser de la pronunciación de la clase en su momento.
Interpretación 1.
La base del amor es el deseo, de ahí parte todo y es casi lo que diferencia a un amigo de un “amante”. Por tal motivo, si no estoy siendo deseable a mi pareja, por mucha fidelidad que se haya jurado o muy comprometido que se sienta, en el momento que aparezca otra persona más deseable, eso moverá un engranaje en alguna parte mandando una señal de alerta, y si las circunstancias son propicias, muy posiblemente esa “fidelidad” no valdrá de nada. Si las cosas fueran en su orden correcto, yo (no yo, sino todos como un yo) debiera estar con la persona que más deseo, y si aparece una persona que deseo más, es porque no estoy con la persona correcta.
Claro, un poco largo, y estoy seguro que habrá muchos detractores, pero es una gran realidad, o soy deseable para mi pareja, o mi pareja terminará tirando con la persona que le resulte deseable. Pero como les dije está la interpretación organizacional:Interpretación 2.
Lograr obtener la fidelidad de un cliente es uno de los retos más grandes de una empresa, pero si un cliente es bastante fiel (por todas las estrategias que se hayan hecho) pero viene un ofertante que logra hacerse más deseable, ya sea porque ofrece mejores precios, mejor calidad, mejor servicio, más variedad, etc.; no habrá fidelidad que valga y este cliente terminará “engañándonos” con dicha competencia.
Es algo que todos más o menos tenemos claro, pero es refrescante verlo por una vez escrito y plasmado. Pero si no nos enfocamos en la palabra “deseable” sino en la palabra “fidelidad”, veremos que esta viene de la palabra “fe”, y como la fe viene de los religiosos, ya empezamos con las contradicciones, hablando de deseo y de fe en una misma frase. Esto nos daría:
Interpretación 3.
Si no logro que los demás me deseen, por mucha fe que tenga no me podré salvar. Por ende aquel que no sea deseable arderá en las perpetuas llamas del infierno.
De lo anterior podemos deducir que pensando en Dios es que fueron creadas las minifaldas, los bikinis, los magistrales escotes... y tal vez por eso se habla del “derecho divino”, aunque en general viene acompañado de un “izquierdo, también divino”, y todas esas mojigatas no podrán alcanzar, por mucha fe que tengan, la gracia de Dios. Y esto es aun más claro, si las mojigatas no alcanzan la gracia de Dios, tendrán una vida de amargadas, cosa que ya se puede percibir en ellas. Desde ese punto de vista Angelina Jolie y Natalia Paris se sentarán a diestra y siniestra de Dios Padre (pero posiblemente en el suelo, y con sus hermosas cabezas recostadas en sus piernas). Claro, podríamos encontrar una interpretación un poco más técnica:
Interpretación 4.
Si quiero ligarme una chica o un chico, pero no he hecho lo necesario para ser deseable para “esa” persona en particular, puedo tener el equipo con el sonido más fiel, no será suficiente para que se desvista para mi.
Claro, esto no aplica para un equipo de sonido como el que compraron al final de Italian Job, donde literalmente podía “arrancar” la ropa de una chica con él, aunque estaba más vinculado a la potencia que a la fidelidad. Por otro lado, Wikipedia dice que “la fidelidad es la capacidad de no engañar, no traicionar a los demás”, con lo que se deduce que:Interpretación 5.
Si no eres una persona deseable, da lo mismo si engañas o traicionas a los demás o no lo haces, es algo que no tendrá ningún tipo de validez.
Teniendo en cuenta lo anterior, se puede deducir que las personas poco agraciadas están exentas de culpa al engañar o traicionar. Yo hubiera pensado que el hecho de engañar o traicionar es lo que vuelve a una persona poco deseable, pero al parecer es al contrario.
En fin, podría quedarme en esto todo el día, pero sería un artículo interminable, además, es mucho más divertido encontrar cuales de los cientos de lectores diarios que tenemos son los que se atreverán a volverse tan filantrópicos del arte y el conocimiento como nosotros, y nos compartirá una o más interpretaciones para esta sencilla frase. ¿Se te ocurre alguna otra?
Mauro Z
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Mauro Z
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