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miércoles, 28 de octubre de 2009

Los Bastardos (comenzando por su director)

Realmente no se por dónde comenzar. Podría mencionar que no tuve la suerte de MauroZ sino la de Macaco. Pero no, no fue exactamente así, fue peor. También podría mencionar que no logré escapar a tiempo de mi esclavista trabajo; a causa de ello perdí la oportunidad de verme la película que con tantas ganas quería y terminé pagando un consuelo nefasto en un horario no tan favorable. O podría decir que aunque llevo seis horas de sueño en dos días de vida, y que a esta hora debería estar descansando, era necesario liberar mi espíritu de lo que acabo de ver. Era necesario para mi alma, y para mi salud mental desahogarme, después de ver la peor película que he visto jamás: Los Bastardos.

La película es, en las palabras que Anónimo tanto le ha reclamado a Macaco, un asco. Es mala, con ganas. Es, repitiendo un mal chiste, peor que pegarle a la mamá. Es lenta, muy lenta, extremadamente lenta, no pasa nada. Uno se aburre de ver tomas en las que un par de dizque actores (tampoco se si son naturales o no) recitan un parlamento dejando silencios inoficiosos que no aportan nada la narración de la historia, mientras que el ojo ni siquiera puede recrearse con una fotografía bonita. La película está mal enfocada, constantemente pierde el foco y lo retoma, no tiene una historia construida con un esquema narrativo básico (introducción, nudo y desenlace). En fin, de ella no se rescata nada.

Definitivamente me declaro un completo ignorante, ante los elementos utilizados por los diferentes jurados que la premiaron, porque según la reseña de la página del festival, tuvo todos estos premios:

Segundo premio de la Crítica Internacional – Festival de Cine de Lima.
Mejor película – Sección Nuevas Visiones, Festival de Cine de Sitges
Mejor película – Sección Largometrajes mexicanos, Festival de Cine de Morelia
Mejor película latinoamericana – Festival de Mar de Plata.
Mejor director – Festival Internacional de Cine de Bratislava
Premio especial del Jurado – Courmayeur Film Noir Italia

La verdad, no me explico cómo. En serio, durante todo el camino a casa, estuve maldiciendo por haber desperdiciado mi precioso tiempo viendo semejante bodrio y preguntándome quién o quienes serían los responsables de la selección de las películas. Que si acaso, por casualidad no las verían antes, y llegué a desahogarme y me encontré con esta serie de premiaciones. Entonces no se qué califican esos festivales, pero parece que es algo que no se parece al cine, ni comercial ni independiente. Casi vomito, como el actor en la escena final, al terminar de verla. Ni los chistes flojos que hice de ella sirvieron.

Bueno, creo que me he liberado de la carga de desespero y rabia que me provocó esta película. Que por cierto, no corresponde a la sinopsis entregada. O al menos el director no se lo hizo saber al espectador durante los noventa minutos que duró. Lamento mucho que haya sido así.

PS: Como nota anecdótica, antes de salir a ver la película, encontramos el apartamento lleno de moscas. Lo cual es algo bastante extraño para un lugar cerrado, sin elementos que las atraigan ni que les permitan reproducirse. Pareciera que algo o alguien quisiera advertirnos de la podredumbre que íbamos a presenciar.

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lunes, 9 de febrero de 2009

Revolutionary Road

Recientemente he contado con la fortuna de ver muy buenas películas; fortuna que, desde luego, no es gratuita, ya que procuro cobijarme a la sombra de buenos árboles. De hecho, fue dispendioso escribir el artículo sobre Oliver Stone para la columna de mal cine, ya que en lo personal no me resulta sencillo tomar la iniciativa de ir a cine o alquilar píldoras de la talla de Churrúsculo u Hotel (Rwanda) Para Perros. Aunque esto no hace más que aseverar la idea que comparto sobre equilibrio cinematográfico: para que haya buen cine, debe existir el mal cine, por lo menos como punto de referencia. Es debido a esta bonanza por lo que me he visto asaltado mentalmente en la calle, en la cama y en el baño por la idea de hacerle justicia a lo que me he visto y reseñarlo. He aquí plasmado para ustedes uno de tantos tormentos.

A gran velocidad, como suele pasar con las buenas historias alternativas que se exhiben en nuestra cartelera nacional, pasó Revolutionary Road (2008) por delante de los ojos de unos cuantos y la conciencia de unos pocos, dejando abolladuras en la paciencia y la moral de quienes disfrutamos con esta película sórdida, en la cual Sam Mendes decide continuar ahondando en el agujero negro que una vez comenzó con American Beauty (1999), y que ahora muestra, a través del retrato de un matrimonio joven de Connecticut, E.E.U.U.; durante la década post-bélica de 1950, las raíces que sustentan el modelo ideal de la familia norteamericana moderna.

Esta película narra la historia de los Wheeler, una pareja de recién casados que se muda a una enorme y hermosa casa en Revolutionary Road, donde despierta la admiración y la envidia de sus vecinos, colegas y amigos por contar con los elementos básicos con los que puede edificar una vida perfecta. Frank (Leonardo Di Caprio), quien desempeña eficientemente el mismo cargo en el departamento de ventas, tal y como lo hizo su difunto padre en la misma compañía, se encuentra en una encrucijada en la cual debe elegir entre conformarse con el camino del éxito inmediato y el comfort para su esposa y sus hijos, o arriesgarse con el camino incierto de la realización personal, dejando un lado el orgullo y permitiendo que April (Kate Winslet) saboree la satisfacción de conducir su hogar hacia la felicidad plena, a cientos de kilómetros de distancia de su tierra natal. Es entonces cuando los factores externos actúan, acentuando los prejuicios existentes y dejando pocas válvulas de escape para esa realidad social dormida, válvulas tan estrechas que difícilmente dejan espacio a poco menos que un solo individuo.

En el ámbito actoral, pareciera que Sam Mendes hubiese aprovechado toda esa carga de fricción reprimida por las dos estrellas durante tantos años, impensable por muchos dada la imagen inmortalizada del amor eterno en Titanic (1996), para que fuese desatada en el momento justo de la película, rompiendo con la perfecta armonía estética e instrumental mantenida hasta entonces, notándose la omnipresencia del director en cada una de las tomas siguientes. Esta es una demostración de que existen parejas que se desenvuelven mejor en la pantalla odiándose que lo contrario.

Con un final de contrastes digno de una novela de Stephen King, bañado por la esperanza y el desasosiego, Revolutionary Road nos hace reflexionar de modo pragmático acerca de la manera como llegamos a construir nuestra prosperidad a través de lo que mejor sabemos hacer y por lo cual somos dignos de admiración y respeto, sin considerar el costo de oportunidad reflejado en la felicidad y la realización de quienes amamos y han decidido compartir su sueño con nosotros. Sólo un sueño, sin fundamento ni plan de acción, pero más grande que el amor propio.

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viernes, 6 de febrero de 2009

Juan Formell & Los Van Van – Arrasando (2009)

No cabe duda: la música cubana está sonando fuertemente a través de la timba. Este sub-género musical, resultado de la fusión dinámica y agresiva entre la salsa y el son, entre otros géneros caribeños, ha influenciado fuertemente a intérpretes y productores alrededor del mundo, desde Puerto Rico hasta Italia. Recientemente hemos visto como artistas de la talla de Andy Montañez le han apostado a grabar temas o realizar covers con dicha composición. Por otra parte, durante 2008 nuestra ciudad se vio invadida por este ritmo contagioso a través de sus reconocidos flancos: la radio, las escuelas de baile y las discotecas. Agrupaciones como Sono-Lux, Paulito FG, Miguel Enríquez, entre otras, han empezado a ser reconocidas por sus canciones y solicitadas con frecuencia por los adeptos a la salsa un poco menos convencional.

Es por esto que hablar de la actualidad musical en Cali es hablar a su vez de la fórmula mágica para el éxito que contiene Juan Formell y sus Van Van de Cuba, la cual le ha permitido ir cosechando muchos más seguidores de su estilo, fácil de imitar pero hasta ahora imposible de igualar, dada la notable riqueza instrumental y vocal de sus integrantes a través de 40 años de carrera artística, así como sus letras cargadas de optimismo hacia la vida, el amor y la espiritualidad.

Arrasando, su nueva producción lanzada oficialmente hoy a nivel mundial, contiene diez temas originales más tres temas adicionales, los cuales conservan en esencia los matices que encantaron a su público con su entrega anterior, entre los que se encuentran la amalgama entre la jerga pícara y la lírica romántica, el parafraseo de frases de otros temas famosos propios y ajenos, las plegarias de la creencia yoruba para la buena fortuna, y los roles que se derivan del arquetipo de la sociedad cubana.

La primera canción del disco, que lleva como nombre el mismo título de éste, es aquella introducción a la que nos tiene acostumbrados la agrupación, donde todos los vocalistas hacen su presentación y donde dejan nuevamente por sentado las razones que los hacen pioneros en su género y los preferidos de la escena musical.

Uno de sus temas más agresivos, Me Mantengo, ha podido ser escuchado ya meses atrás en algunos sitios de la ciudad como parte del mercadeo promocional del álbum, el cual pasó por varios traspiés que retrasaron su lanzamiento con anterioridad, de tal manera que estos temas lamentablemente no tuvieron cabida en el repertorio de la gira de conciertos que tuvo el grupo durante la pasada edición de la Feria De Cali. Sin embargo, por ese reconocimiento previo y por la contundencia que les da a sus tres estribillos la voz de Abdel 'Lele Jr.' Rasalps, considero que éste es el tema que le da identidad y recordación al trabajo completo.

Cabe destacar también con merecimiento la aparición de la voz líder de Jennisey Valdés en varios de los temas; uno de ellos es una nueva versión del clásico Este Amor Que Se Muere que, aunque está compuesto con mayor sobriedad y mejor calidad sonora, ha sido tan modificado que prácticamente se convierte en un tema diferente, llegando a desencantar si es comparado con la versión original. Es posible que la voz de 'Mayito' Rivera hubiese sido una opción más acertada para mantener la integridad de la canción.

Finalmente, la canción Mi Songo propicia una feliz remembranza de algunos de los éxitos que han ido marcando las estaciones durante el largo recorrido de este expreso salsero, que añade clásicos y clásicos a su interminable fila de vagones.

En conclusión, el contenido de este álbum sigue sonando versátil a los oídos de novatos y adeptos a la discografía vanvanera, a pesar de ser tan similar al trabajo anterior, aunque tal vez sea eso lo que lo hace tan atractivo: tal vez nos quedó faltando cuerda para seguir bailando y Formell nos esté dando pista abierta para seguir disfrutando su trabajo por lo menos un par de años más. De cualquier forma, el anacronismo característico de los Van Van les permite darse el gusto de poner de moda cualquier otra canción de años anteriores, como si fuera reciente.

Es éste el fenómeno que hoy los invito a disfrutar, subyugados por el sabor de un buen mojito, una enorme luna y una cálida compañía. Por lo menos a mí, por ahora, que no me cambien la emisora:


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lunes, 3 de noviembre de 2008

¿Cómo comerse una empanada valluna?


Debo reconocer que desde que escribí ¿Cómo comerse una marranita? y una amable lectora, que si comenta, me sugirió que escribiera una reseña sobre las empanadas callejeras, tengo la idea en la cabeza. Con poca modestia me declaré experto en el tema y cuando estaba listo para empezar, me di cuenta de que no lo estaba. Hoy, después varias empanadas más en mi barriga (bueno, ya no están ahí) decidí dejar salir por mis dedos, eso que se encuentra en todo mi cuerpo.

Como se hizo con las marranitas, lo primero que debe hacerse es entrar en contexto. Una empanada es un alimento, "ligero" compuesto de un relleno, el cual puede ser de carne, pollo, jamón, queso, o lo que su imaginación le proporcione; y una masa en la cual se encierra el relleno. La masa puede ser de pan, harina de trigo, harina de maíz, u otro cereal. La empanada está en casi todos los países del mundo y varía de acuerdo a las tradiciones culturales y a los elementos usados en la culinaria propia del país.

Por ejemplo, si hablamos de Colombia, país del cual son originarios los miembros de este blog, lo primero que debería hacerse es delimitar tan extenso contenido gastronómico, que nos proporciona el nombre "empanada". Cuando usted se vaya a comer una empanada de tener en cuenta que puede ser una empana costeña, es decir, aquellas que son llenas de carne molida saladita y algo de guiso ya seco; o puede ser una empana chilena, que en realidad no se si vienen de Chile, pero si que están rellenas de pollo o de carne y en vez de estar hechas con masa de maíz, están hechas con pan; o puede ser una empanada payanesa, es decir una llena papa y guiso de maní (ummm); incluso, podría ser una desagradable empanada bogotana, y perdón por lo de desagradable, pero a quien se le haya ocurrido echarle arroz a una empanada debía estar preparado para que le dijeran esto. Como buen valluno y experto en empanadas caleñas, yo le voy a contar cómo se come una empanada de mi región, y si usted se considera con conocimientos adicionales, lo invito a comentar sobre las empanadas de su región o de su país de origen, claro incluyendo la región de la cual provienen las empanadas de las cuales le voy a hablar.

Delimitados por el tipo de empanada, le debo contar cuál es el estándar que usted debe esperar de una empanada vallecaucana para que pueda comparar y tomar su mejor elección, es decir, le voy a contar cuáles deben ser los elementos típicos en los cuales usted debe fijarse.

Lo primero es la masa; ésta debe ser de maíz y tener una ligera fermentación. Si está demasiado fermentada, las empanadas sabrán mal (como a vinagre) y si no lo está, las empanadas sabrán muy simples, como sin gracia. Usted puede hacer la masa, lo cual es lo más recomendable (aunque aquí no le diré como, sólo que es muy útil tener una madre o una abuela cerca para hacerlo. Se consiguen en la mayoría de las casas), o puede comprarla hecha, lo cual también le otorgará otros beneficios (sobre todo si usted no sabe cómo hacer la masa). Lo segundo es el relleno. Una empanada vallecaucana típica no se caracteriza por tener mucha carne, sino por el sabor del guiso. Sin embargo, si la empanada cuenta con buena carne será más sabrosa y el guiso más gustoso. La carne se usa desmechada y se guisa previamente con la papa, antes de meterla en la empanada y freírla. El tercer elemento es el espesor de la masa, lo cual es diferente a la masa en sí. De acuerdo a espesor de la masa, una empanada puede ser crocante, grasosa, se puede degustar el sabor de la masa o no, y se puede degustar el sabor del contenido o no (pues este se podría quemar). Y el último elemento es el ají. Una empanada, no es un elemento solitario. Es verdad que son muy ricas por sí mismas, pero el secreto de una buena empanada está en un buen acompañante. Puede ser simplemente un limón o una elaborada combinación de ajíes y salsas. Acá en Valle Del Cauca, hemos tomado el nombre de este fruto (ají) que le da el pique a la comida para denominar a los picadillos o mezclas de ingredientes que se usan para aderezar la comida. Un buen ají, puede salvar una regular empanada y en su conjunto ganar la elección sobre otra.

Teniendo presente estos elementos básicos, ahora el paso siguiente está en dónde obtener este delicioso manjar. Claro, la mayoría de los vallecaucanos por tradición cultural, tenemos a alguien "in-house" con habilidades especiales en la producción de empanadas, y decimos con solemnidad y orgullo: "¿Qué? ¡Empanadas como las de mi madre no las supera nadie!" o "Qué va, cuáles empanadas de ponga_aquí_cualquier_sitio_de_su_preferencia ni que nada; las mejores empanadas del Valle son las de mi ponga_aquí_cualquier_parentezco_como_tía_abuela_madre_padre_hermano_etc." Sin embargo, estas empanadas no entrarán en el concurso. También estarán fuera de concurso las empanadas listas para freír que venden en supermercados o por encargo, pues en esta ocasión vamos a reseñar sólo a las empanadas que se consiguen listas para comer en la calle, las cuales ya son un universo lo suficientemente amplio. Y precisamente por lo amplio del universo, he elegido cinco lugares en orden de mi gusto, para que ustedes los lectores, completen la lista con sus comentarios.

  • Las empanadas del Rincón de la Abuela: He probado tres variedades de estas empanadas: pollo, carne y queso. Las tres son muy ricas. La masa es suave y su pequeño tamaño siempre te deja antojado de una más. No recuerdo el ají que traían, creo que no fue trascendente, así que salvo este punto, las empanadas cumplen con el estándar. Aquí la única apreciación es que las de queso son muy sabrosas y en Cali no he comido unas tan buenas como estas. Incluso me recordaron a las empanadas de suero (un subproducto del queso) que probé alguna vez en Barranquilla.
  • Las empanadas de Pasopan: Esta panadería que queda sobre la avenida Pasoancho, justo antes de llegar a la Cr 80, sobre el borde del Barrio Capri, también la mencioné en el artículo de las marranitas. Las empanadas son grandes, secas (es importante para mí, que la empanada no chorree aceite) y de buen sabor. Tienen ají picante y salsa de ajo, lo cual las hace más ricas. Su punto en contra es que son muy caras para lo que ofrecen. Una empanada típica debería valer entre 400 y 600 pesos, salvo que se vendiera en un restaurante y además de la empanada te estuvieran cobrando el servicio, las mesas, y demás comodidades que te puede brindar el espacio, qué se yo, música, etc. Sin embargo, estas que se venden en una panadería, aunque ricas y de bonito ambiente, el lugar están caras a 900 pesos.
  • Las empanadas del Obelisco: Tal vez las más famosas de Cali, se pueden conseguir en los centros comerciales o en el Hotel Obelisco (el lugar original). Son más pequeñas que las demás, lo que pone la relación entre masa y relleno casi en uno. Se acompañan mejor con limón, aunque también ofrecen ají, y contrario a la mayoría de empanadas que se acostumbran acompañar con un buen vaso de champus, éstas empanadas se pasan muy bien con unas cervecitas heladas. Es delicioso comerlas junto al río Cali, disfrutando de la brisa de la ciudad en la tarde o la noche caleña. También me parecen caras, por su tamaño, y su poca espectacularidad gastronómica, sin embargo, el conjunto del lugar, y la magia de la noche es apropiado para una invitación a cualquiera que quiera conocer la ciudad.
  • Las empanadas de La Casona: Estas empanadas volvieron famosa la forma triangular de la empanada, la cual no es la tradicional (en media luna). Se caracterizan por usar poca masa y abundante carne, lo cual las hace crocantes y grasosas. Su sabor es muy rico y el ají que usan para acompañarlas apenas el adecuado. Son muy buenas para rematar una rumba y dejar el estómago desayunado antes de dormir. Quedan en el semáforo del Éxito, sobre la quinta, de norte a sur, después de haber pasado por Tin Tin Deo. Realmente ricas, incluso sin ají.
  • Finalmente mis favoritas (y que he comido en muchos sitios). Las empanadas de La Kuty: También es una panadería con tintes de desayunadero. Creo que son las empanadas más generosas en proteína, y tal vez esa es la razón de mi preferencia. Su precio es justo y el ají es muy rico y además picante. La masa está en una buena proporción, permitiendo un crocante no exagerado como las de La Casona. Recomendadas para toda ocasión, incluso para Audiciones con instrucciones para ser comidas.
Por fuera se me quedan un montón de sitios, y mencionar otros con una variedad de ajíes y salsas espectaculares, como el ají de maracuyá, el de mango, el ají con guiso de ceviche (única palabra que se puede escribir correctamente de cuatro formas diferentes), ají de maní, guacamole, salsa de ajo, ají picante de salsa rosada, y la lista sigue.

La recomendación última, es que como las empanadas tienen la facilidad de ser comidas, y comidas y comidas, casi sin darse cuenta de la cantidad, es que prepare siempre un sobre de sal de frutas para el final, pues puede pasarse con facilidad. Buen provecho, me dio hambre y me voy a comer unas empanaditas en la esquina.

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martes, 30 de septiembre de 2008

Instrucciones para dar en El Clavo

Este mes estamos de cumpleaños, y parece que toda la felicidad que genera celebrar un acontecimiento como este ha hecho que los astros confabulen para que tengamos un mes inolvidable:

1. Nuestras visitas y comentarios han aumentado notablemente.
2. Nuestros lazos de amistad se han fortalecido.
4. Hemos completado con éxito nuestra cuarta audición.
5. Recibimos muchos y especiales regalos.
6. Nuestros concursos han hecho que los lectores participen más y hasta se aventuren a escribir.
7. Y hasta comimos caviar.

Podría decirse, que todas estas cosas, sumadas a un conjunto de técnicas que podría explicar Macaco con mayor precisión, pero que cada vez que intenta hacerlo, sólo Sama le pone cuidado, han hecho que no sólo personas sino empresas nos lean y se interesen en nosotros. Lo cual es curioso, porque a pesar de conocer muchas de las técnicas para aumentar el flujo de visitas no las aplicamos juiciosamente ni nos interesa ser el blog más leído del país (por el momento). Aunque esto inflara el ego de los miembros del colectivo (que ya suele estar bastante inflado, supongo que se debe al Don). En fin, a pesar de todas las técnicas, de todas las mediciones para mostrar quién es mejor blogger, a pesar del medio, a pesar de todo, lo más importante es la producción. Sí, la producción, no la reproducción (aunque una mezcla de ambas es sana). Lo más importante es poder llevar a los lectores nuevas ideas, expresadas de una forma agradable y enganchadora. Lograr esto es más lento, pero creo que vamos por buen camino. Al menos eso cree también la revista El Clavo, la cual este mes, deliciosamente para nosotros y sin que ellos supieran que es el mes en el que el blog cumple su primer año, nos dio un regalo de cumpleaños: dimos en el clavo; logramos una mezcla inicial de producción y reproducción que engancha a nuestros pocos, por el momento, pero muy importantes para nosotros, lectores.

Y dado que la producción es tan importante, este artículo no se publicó el sábado pasado con la etiqueta Sábados de para dónde va el Manual, en la que el colectivo les suelta fragmentos de información que les pueda indicar el norte de nuestra aventura, sino hoy. Me explico: la producción requiere insumos, y mis insumos generalmente no provienen de la vida virtual que llevo (aunque también pueden venir de allí: para la muestra estas geniales instrucciones de un ídolo de infancia), que además es reducida, comparada con otros geeks (ya lo acepté: yo también soy geek) que rondan por este lugar, sino que la materia prima de mi producción proviene de mi vida real, la cual estaba viviendo plenamente el sábado, primero mientras bailaba y luego en un asado-karaoke de celebración del día del amor y la amistad (cualquier pequeñez es motivo para una buena cena con amigos) que pasó hace una semana y media.

Así que para seguir dando en el clavo, Macaco seguirá sacrificándose por nosotros viendo malas películas para poder cumplir su labor social, y también seguirá viendo buenas películas para, ya saben, vivir su vida real; yo seguiré levantando diagramas de flujo mentales del vuelo del zancudo que no me deja concentrar mientras escribo este texto y seguiré criticando los problemas sociales que me molestan mientras divago sobre soluciones que todavía no se cómo llevar a cabo; Mauro Z seguirá leyendo y leyendo, y mientras entra y sale del Aleph que le robó a Borges, nos contará lo que ve en cada viaje; Omaroti seguirá escuchando y tocando notas que para él puedan ser sonantes y para otros disonantes y en ese juego nos deleitará con jugosas descripciones y Sama seguirá entrando y saliendo por la puerta de nuestras secciones dejándonos interesantes correcciones de estilo, carnosos comentarios y textos de una elaboración muchas veces más compleja que la que un simple ingeniero podría realizar, textos que hacen dudar sobre el Don que Sama debería tener, así como sobre su incapacidad para triunfar socialmente.

El Manual de Instrucciones seguirá dando en El Clavo.

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martes, 16 de septiembre de 2008

Cómo se elige una buena cena

Y terminó el Ajazzgo. Y lo disfruté. Como se disfruta un banquete. Porque creo que esa es la forma como se debe disfrutar un festival como estos. Tiene unas entradas, un plato fuerte, unos acompañantes, una sobremesa y un postre. Cada plato se puede disfrutar suavemente, o por pequeñas probadas con la intención de no llenarse. Cada uno dispone de un tiempo y un dinero para comer, y puede decidir llenarse a punta de entradas y sobremesa o comer sólo el plato fuerte, o tener el estómago (oído) y el dinero para comer de todo, y sin dejar arroces en el plato.


Este año, yo pedí una pequeña y deliciosa entrada (cortesía de la casa) y pasé directamente al plato fuerte (cortesía de una buena amiga a la que le dije: "cómo se te ocurre, yo pago la mitad"). El año pasado me alcanzó el tiempo para un par de entradas y hace dos años comí como en esta ocasión. Sólo que el plato fuerte fue diferente: Un Eddie Palmieri que nos hizo poner los pelos de punta a Sama con su despliegue de notas en ese piano endemoniado.

En esta ocasión, viviendo el Ajazzgo como un espejo de hace dos años, me di cuenta que hasta ahora sólo he sabido disfrutarlo de una manera:

Se selecciona la entrada: Ojalá gratuita, y no porque no quiera pagar porque se sigan haciendo estos eventos, sino porque es una pequeña muestra de cómo los costos de la organización pueden ser cubiertos por patrocinadores para que todo el pueblo que quiera tener acceso, pueda hacerlo. Para esto, aunque la Tertulia es un escenario de disfruto mucho, siempre prefiero los Cristales. Un espacio, abierto, circundado por un pequeño y poco tupido bosque, en la ladera de las montañas que rodean la ciudad. Un espacio donde se congrega el pueblo, sin distinciones de ningún tipo y donde el espacio entre escalones es suficiente para que la gente disfrute, entre el pueblo de su espacio vital. Ancestros y Nueva Manteca, fue la delicia que este año elegí. Más por conveniencia de tiempo, que por decisión concienzuda (aunque a Nueva Manteca ya lo había escuchado).

Se abre paso al plato fuerte preparando el paladar: Ancestros, fue más picante que Nueva Manteca y a mí me encanta el picante. Pero me gusta un picante que me deje deleitar el resto de sabores, no uno absorbente que duerma la lengua (o la prenda). El picante de Ancestros, fue apenas apropiado. Hay quienes, tal vez mayores conocedores del Jazz, que dirán que tener a un grupo ganador del Petronio del año pasado, no es garantía de tener buen Jazz, es más, que eso no es Jazz. Y puede tener razón, pero yo creo que dentro de los elementos básicos que debe tener el Jazz, y que me corrija un músico, la interpretación de este grupo cumplía (incluso sin tener en cuenta que el Ajazzgo cobija a los creadores de Jazz experimental).

Con el piquecito en la boca de Ancestros, se suaviza y se neutraliza con Manteca para pasar al plato fuerte. Este grupo holandés, en el papel, porque tiene integrantes de más partes del planeta. Los intentos por enviar un mensaje en español que salían del balbuceo del holandés que dirige la banda, son chispas de sabor, que se mezclan con el son del baterista cubano y el baile de las notas del saxo. Definitivamente, un placer.

El plato fuerte: Este año, también fui invitado a verlo. Y ya creo que cada vez que decida comer en el Ajazzgo, querré pedir el plato de la noche. Lo pediré sin saber de él. Como lo hice en las dos ocasiones que lo disfruté. Iré sin prevenciones; ignorante en el tema; con los sentidos dispuestos y perceptivo. Toquinho, fue el plato fuerte de esta versión. Con una música que me costaría identificar en un género y que seguramente en mi carpeta archivaría como (brasilera o bossa). No se qué fue lo que escuché. Sólo que me hizo vibrar todo el cuerpo; que me adormeció; luego me estremeció; que me deslumbró. Acompañado, de una gente impresionante (como la pianista, la cual Toquinho denominó, concordando con mi opinión, como la mejor del mundo).

El plato fuerte, se degusta en compañía. Porque es tan bueno, que es necesario compartirlo. Ese egoísmo que nos dice que aprovechemos cada momento en soledad se rompe por la imperiosa necesidad de brindarle a alguien el placer tan grande que produce escuchar a este genio de la música. De verlo, de saber de su vida y conocer en ese español entremezclado con portugués, italiano y quién sabe qué otro idioma más, que "tocar guitarra, aunque sea muy duro, no es más duro que trabajar" o que "el whisky es el mejor amigo del hombre: el perro embotellado". Verlo tocar esa guitarra con tal maestría, es formidable. Pues el plato fuerte, es la razón de la cena, y por eso nunca se olvidará el sabor de ver como con una velocidad increíble se punteaban las cuerdas de una guitarra electroacústica inalámbrica mientras que con la otra mano se apretaban los trastes uno por uno como provocando una ola de notas. Si, claro que sí! El plato fuerte, se come acompañado.

Gracias Salamandra por este exquisito banquete que me permitiste compartir.

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