Uuu.... a veces cuando leo las cosas, mi cerebro se adelanta a las palabras y lee lo que mi cerebro cree que dice, y no lo que dice, así como pasa con la popular frase de NatGeo (recuerdan, ese que tenía todas las palabras en desorden pero aún así las podías leer, porque el cerebro es muy inteligente... o algo así)
Así que cuando ví este titular Tomas Tranströmer gana el Nobel de literatura obviamente leí "Transformer".
Y yo que no creía que Optimus escribiera poesía (seguramente Bumblebee con su imposibilidad de hablar sea más inclinado a escribir, no se)
jueves, 6 de octubre de 2011
Transformer gana Nobel
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miércoles, 5 de enero de 2011
Black Swan (2010)
Lo intenté, pero fue imposible seguir esperando.
En cuanto se anunció que esta película vería la luz en los festivales de Toronto y Venecia hace unos meses, estuve pendiente de su anuncio en la cartelera nacional, comprendiendo entonces que esto sólo ocurriría hasta que fuese distribuida dentro de Estados Unidos, lo cual tuvo lugar hace apenas un mes. Fue ahí cuando, al darme cuenta de que la distribuía Fox Searchlight, llegué a la conclusión de que no la veríamos en nuestras salas mientras no hubiesen pasado los premios Oscar y se hubiese ganado alguno lo cual, después de lo visto, es casi una certeza, con cuatro nominaciones a los Globos de Oro ya encima.
Catalogada por la crítica como un "retorcido thriller psico-sexual", Black Swan (2010) es el resultado final de un proyecto que Darren Aronofsky tenía conversado desde hace casi diez años con Natalie Portman, en el cual se muestra como Nina Sayers, una bailarina de la Compañía de Ballet de Nueva York, emprende una agotadora y competitiva carrera durante años para destacarse y convertirse en prima ballerina de una de las obras de temporada. Con motivo del retiro de Beth, quien ostentaba este rol ambicionado, el director de la compañía decide dar la oportunidad a Nina para reemplazarla, con ocasión del estreno de su nueva adaptación de El Lago De Los Cisnes. A pesar de esto, Nina debe enfrentar la amenaza que representa la llegada de Lily, una bailarina que, a pesar de su inexperiencia, posee el encanto y la seducción que Nina no ha logrado obtener con sus años de práctica y que no le han permitido cumplir su mayor anhelo: ser perfecta.
La trama de Black Swan no es compleja y es predecible desde un comienzo, sin embargo no es esto lo que le interesa a su público. Se entiende, como en Requiem For A Dream (2000), que todo esto no va a terminar bien; el placer está en que el director nos cuente a través del lenguaje visual, la forma como se llega a este término: la transformación de Nina en el Cisne Negro.
Desde que vi el tráiler hasta el final de la película, fue inevitable recordar escenas de Perfect Blue (1997), donde la realidad y la ficción son una sola y donde la culpa está derramada, intencionalmente o no, sobre cada protagonista. Todos ellos actúan de forma destacada, aunque ninguno como Natalie Portman, quien, según ella misma, creyó que moriría durante la filmación debido a la dieta exigente y el entrenamiento extenuante que le demandaba su personaje. Otros méritos para resaltar de la película son su composición musical (la escena en el club nocturno entre Nina y Lily, con los Chemical Brothers de fondo, es hermosa), su edición y sobre todo, la calidad en la interpretación de las piezas de baile.
Pueden entonces esperar a que llegue a cine, después de que la premien en los premios Oscar. Por mi parte, no pude. Y no me arrepiento.
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jueves, 19 de febrero de 2009
Spiderman en Madrid
Alguien podría por favor explicarme que carajos esta pasando aquí?
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lunes, 9 de febrero de 2009
Revolutionary Road
Recientemente he contado con la fortuna de ver muy buenas películas; fortuna que, desde luego, no es gratuita, ya que procuro cobijarme a la sombra de buenos árboles. De hecho, fue dispendioso escribir el artículo sobre Oliver Stone para la columna de mal cine, ya que en lo personal no me resulta sencillo tomar la iniciativa de ir a cine o alquilar píldoras de la talla de Churrúsculo u Hotel (Rwanda) Para Perros. Aunque esto no hace más que aseverar la idea que comparto sobre equilibrio cinematográfico: para que haya buen cine, debe existir el mal cine, por lo menos como punto de referencia. Es debido a esta bonanza por lo que me he visto asaltado mentalmente en la calle, en la cama y en el baño por la idea de hacerle justicia a lo que me he visto y reseñarlo. He aquí plasmado para ustedes uno de tantos tormentos.
A gran velocidad, como suele pasar con las buenas historias alternativas que se exhiben en nuestra cartelera nacional, pasó Revolutionary Road (2008) por delante de los ojos de unos cuantos y la conciencia de unos pocos, dejando abolladuras en la paciencia y la moral de quienes disfrutamos con esta película sórdida, en la cual Sam Mendes decide continuar ahondando en el agujero negro que una vez comenzó con American Beauty (1999), y que ahora muestra, a través del retrato de un matrimonio joven de Connecticut, E.E.U.U.; durante la década post-bélica de 1950, las raíces que sustentan el modelo ideal de la familia norteamericana moderna.
Esta película narra la historia de los Wheeler, una pareja de recién casados que se muda a una enorme y hermosa casa en Revolutionary Road, donde despierta la admiración y la envidia de sus vecinos, colegas y amigos por contar con los elementos básicos con los que puede edificar una vida perfecta. Frank (Leonardo Di Caprio), quien desempeña eficientemente el mismo cargo en el departamento de ventas, tal y como lo hizo su difunto padre en la misma compañía, se encuentra en una encrucijada en la cual debe elegir entre conformarse con el camino del éxito inmediato y el comfort para su esposa y sus hijos, o arriesgarse con el camino incierto de la realización personal, dejando un lado el orgullo y permitiendo que April (Kate Winslet) saboree la satisfacción de conducir su hogar hacia la felicidad plena, a cientos de kilómetros de distancia de su tierra natal. Es entonces cuando los factores externos actúan, acentuando los prejuicios existentes y dejando pocas válvulas de escape para esa realidad social dormida, válvulas tan estrechas que difícilmente dejan espacio a poco menos que un solo individuo.
En el ámbito actoral, pareciera que Sam Mendes hubiese aprovechado toda esa carga de fricción reprimida por las dos estrellas durante tantos años, impensable por muchos dada la imagen inmortalizada del amor eterno en Titanic (1996), para que fuese desatada en el momento justo de la película, rompiendo con la perfecta armonía estética e instrumental mantenida hasta entonces, notándose la omnipresencia del director en cada una de las tomas siguientes. Esta es una demostración de que existen parejas que se desenvuelven mejor en la pantalla odiándose que lo contrario.
Con un final de contrastes digno de una novela de Stephen King, bañado por la esperanza y el desasosiego, Revolutionary Road nos hace reflexionar de modo pragmático acerca de la manera como llegamos a construir nuestra prosperidad a través de lo que mejor sabemos hacer y por lo cual somos dignos de admiración y respeto, sin considerar el costo de oportunidad reflejado en la felicidad y la realización de quienes amamos y han decidido compartir su sueño con nosotros. Sólo un sueño, sin fundamento ni plan de acción, pero más grande que el amor propio.
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Sama
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