No se preocupe, no lo vamos a enviar al infierno. Tampoco lo estamos retando a que venza el miedo a su suegra, o a que aprenda a salir de farra con la suplente, sin dejar evidencia; quizás algún otro de nuestros instructores sí tenga experiencia en ello y le pueda colaborar luego. Por otra parte, tal vez el título de esta publicación no sea el indicado, porque quien va y visita al diablo a la casa, seguramente se le complica el regreso. Es mejor evitarle tan dantesco riesgo e indicarle mejor cómo ir a recibirlo de paso, ya que cada dos años, en el municipio de Riosucio, Caldas, su gente celebra uno de los carnavales más tradicionales y pintorescos de Colombia: el Carnaval del Diablo, al que tuve la suerte de asistir hace unos días.
Recuerdo que dos personas me lo habían referenciado positivamente, advirtiéndome eso sí, la casi imposibilidad de conseguir alojamiento en la ciudad, a menos de que hubiese hecho la reserva con cierta anticipación, digamos, unos dos años antes del evento. Y es que Riosucio no sólo es pequeño, siendo contados los sitios para hospedarse, sino que sus precios pueden llegar a ser altos. Por ejemplo, el alquiler de una sola habitación para tres o cuatro personas durante tres noches, puede llegar a costar $500.000 pesos, es decir unos $40.000 pesos por persona, lo cual es alto considerando los centímetros cúbicos de CO2 que le va a tocar compartir, y si ha estimado que va en un plan 'de combate', buscando el mínimo costo posible.
Otra opción para la estadía es alquilar un espacio para acampar, donde cada persona puede pagar $20.000 la noche, lo cual no resulta tan crítico, de no ser porque le pueden salir con este cuento: "¡Ah! ¡Pero si le pasa algo a su carpa o a lo que contiene, no respondemos!". Siendo así, resulta igual dejar la carpa armada en uno de los parques y cuidarla por turnos; o entretenerse armando y desarmando cada mañana y tarde; o permitir que Baco y Terpsícore lo dejen tendido sobre el césped, con el tibio manto del rocío que deja la bruma en una montaña (...). O mejor aún: se agrega al parche de un buen amigo, y termina habitando un cuarto de San Alejo, junto con él y otros dos buenos sujetos, en un internado para señoritas, bajo el cuidado de una religiosa. Lo mejor de todo, es que no pudimos haber quedado en mejores manos.
Una vez allá, después de un gratificante almuerzo en la galería, puede disfrutar de la programación cultural que le ofrece el Carnaval de Riosucio, que va desde las Alboradas, que son las comparsas que alegres cantan, bailan y abrazan al prójimo, dando el inicio de un nuevo día de carnaval; pasando por el desfile de las Colonias, que son las comparsas de Riosuceños que viven en distintas partes del país y regresan para festejar; así como la presentación de las esplendorosas Cuadrillas de Mayores, las cuales se componen en su mayoría por miembros de una misma familia y que, parodiando ritmos o canciones conocidas, relatan historias sobre personajes, sucesos o tradiciones autóctonas. Como acto principal del segundo día, está la entrada de su majestad, el diablo, a la Plaza de San Sebastián, acompañada de todo un pueblo coreando el himno de Riosucio, así como la lectura de su testamento. De esta manera, añadiendo otros eventos como corralejas, conciertos, desfiles y la quema final y posterior entierro del diablo y su calabazo, transcurren los seis días de carnaval.
En caso de querer entender mejor la idiosincrasia que ha motivado durante casi cien años a su gente para preservarlo, puede visitar el Museo del Carnaval, donde encontrará todo un registro de sus fundadores, sus diseñadores de disfraces, afiches, canciones, e incluso las cabezas de algunos de los diablos más recordados. De igual forma, como buen museo, tiene una tienda donde se podrá antojar de cualquier souvenir que le sirva como prueba de su visita.
Es mucho lo que se vive para lo que se alcanza a describir, así que no queda sino invitarlos a darse la oportunidad de conocer otro de esos eventos únicos y especiales que se realizan en Colombia y que sin duda, nos acercan a conocer más sobre nuestra identidad, ya sea como región o como nación. Como comentario final, una amiga me dijo que el sólo hecho de escuchar que el carnaval era 'del diablo', no le daba buena espina, quizás por el matiz de maldad que a su nombre se puede asociar. Este carnaval, por el contrario, busca acercar a quienes han salido de su tierra natal; busca fomentar, mediante la imagen irreverente del cornudo, la pasión por la música, el baile, la amistad, el jolgorio y la familia. Para no ir más lejos, le permite a cualquier persona subirse en una tarima, disfrazada a su gusto, y poder expresar cantando todo lo que siente por su ciudad y su gente. A fin de cuentas, creo que es lo que todo carnaval en nuestro país pretende y permite alcanzar.
martes, 8 de febrero de 2011
Instrucciones para visitar al diablo
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sábado, 25 de julio de 2009
En el cumpleaños de Z, mientras duerme
Bueno, buenos días. Son las 5.15 am de la mañana de Colombia (o sea que en Argentina deben ser las 7.15 am, creo). Es horrible, pasar las 8 de la tarde. Es decir, que no sean las 8 de la noche. Creo que comenzamos a divagar desde temprano. Me encuentro medio borracho (del sueño, porque en realidad no he bebido tanto vino, ummm delicioso vino) y junto a una buena amiga, estamos regalándole este post a Mauro que ya duerme lo que quedaba de su cumpleaños.
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lunes, 9 de febrero de 2009
Revolutionary Road
Recientemente he contado con la fortuna de ver muy buenas películas; fortuna que, desde luego, no es gratuita, ya que procuro cobijarme a la sombra de buenos árboles. De hecho, fue dispendioso escribir el artículo sobre Oliver Stone para la columna de mal cine, ya que en lo personal no me resulta sencillo tomar la iniciativa de ir a cine o alquilar píldoras de la talla de Churrúsculo u Hotel (Rwanda) Para Perros. Aunque esto no hace más que aseverar la idea que comparto sobre equilibrio cinematográfico: para que haya buen cine, debe existir el mal cine, por lo menos como punto de referencia. Es debido a esta bonanza por lo que me he visto asaltado mentalmente en la calle, en la cama y en el baño por la idea de hacerle justicia a lo que me he visto y reseñarlo. He aquí plasmado para ustedes uno de tantos tormentos.
A gran velocidad, como suele pasar con las buenas historias alternativas que se exhiben en nuestra cartelera nacional, pasó Revolutionary Road (2008) por delante de los ojos de unos cuantos y la conciencia de unos pocos, dejando abolladuras en la paciencia y la moral de quienes disfrutamos con esta película sórdida, en la cual Sam Mendes decide continuar ahondando en el agujero negro que una vez comenzó con American Beauty (1999), y que ahora muestra, a través del retrato de un matrimonio joven de Connecticut, E.E.U.U.; durante la década post-bélica de 1950, las raíces que sustentan el modelo ideal de la familia norteamericana moderna.
Esta película narra la historia de los Wheeler, una pareja de recién casados que se muda a una enorme y hermosa casa en Revolutionary Road, donde despierta la admiración y la envidia de sus vecinos, colegas y amigos por contar con los elementos básicos con los que puede edificar una vida perfecta. Frank (Leonardo Di Caprio), quien desempeña eficientemente el mismo cargo en el departamento de ventas, tal y como lo hizo su difunto padre en la misma compañía, se encuentra en una encrucijada en la cual debe elegir entre conformarse con el camino del éxito inmediato y el comfort para su esposa y sus hijos, o arriesgarse con el camino incierto de la realización personal, dejando un lado el orgullo y permitiendo que April (Kate Winslet) saboree la satisfacción de conducir su hogar hacia la felicidad plena, a cientos de kilómetros de distancia de su tierra natal. Es entonces cuando los factores externos actúan, acentuando los prejuicios existentes y dejando pocas válvulas de escape para esa realidad social dormida, válvulas tan estrechas que difícilmente dejan espacio a poco menos que un solo individuo.
En el ámbito actoral, pareciera que Sam Mendes hubiese aprovechado toda esa carga de fricción reprimida por las dos estrellas durante tantos años, impensable por muchos dada la imagen inmortalizada del amor eterno en Titanic (1996), para que fuese desatada en el momento justo de la película, rompiendo con la perfecta armonía estética e instrumental mantenida hasta entonces, notándose la omnipresencia del director en cada una de las tomas siguientes. Esta es una demostración de que existen parejas que se desenvuelven mejor en la pantalla odiándose que lo contrario.
Con un final de contrastes digno de una novela de Stephen King, bañado por la esperanza y el desasosiego, Revolutionary Road nos hace reflexionar de modo pragmático acerca de la manera como llegamos a construir nuestra prosperidad a través de lo que mejor sabemos hacer y por lo cual somos dignos de admiración y respeto, sin considerar el costo de oportunidad reflejado en la felicidad y la realización de quienes amamos y han decidido compartir su sueño con nosotros. Sólo un sueño, sin fundamento ni plan de acción, pero más grande que el amor propio.
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martes, 18 de diciembre de 2007
Ya viene navidad: ¿Y ahora qué regalo doy?
Cuando era niño, era el segundo día más esperado del año. El primero era mi cumpleaños. El egocentrismo por delante. Bueno, es natural que un día en el que los regalos son sólo para uno y no para todos sea más atractivo para el natural egoísmo infantil. Ahora varios años después, puede llegar a ser estresante la fecha. Y es que hay varias preguntas que me asaltan siempre por estos días. ¿Por qué tengo que regalar algo el 24? ¿Por qué no lo regalo cuando me de la gana? ¿Por qué la gente no dice lo que quiere recibir y listo? ¿Por qué no compré todo en octubre como me había propuesto el año pasado? ¿Por qué tengo tanta pereza de comprar? ¿Por qué en vez de comprar no hago algo? ¿No sería más bonito? ¿Por qué no tengo ni idea qué regalar? ¿Y si no regalo nada? ¿No sería más original? ¿Será que se me queda alguien por fuera? ¿Qué pasa si dejo a fulanito o a fulanita por fuera? ¿Se sentirán mal?
En fin, todas esas cosas me abruman y me abruma más el saber la respuesta a cada uno de los interrogantes. Me abruma aún más la simpleza de la respuesta y la conclusión: Tengo que dejar de pensar y comenzar a actuar ya. Es la 1.03 pm del domingo 16 de diciembre, en la noche quiero ir a una presentación de salsa y tengo la novena en la casa de mi tía. Por si fuera poco, tengo que ir un momento a un asado, organizar algunas cosas de la reunión de mañana en el trabajo que no quise hacer el viernes porque me deprimía trabajar después de la novena de la empresa y no me he bañado. En este momento, sólo pensar en salir a las calles llenas un fin de semana antes de la fecha con las quincenas ya pagadas y el poco tiempo que hay me da una pereza bárbara. Definitivamente tiene que haber un método organizado para hacer esto de la mejor forma y en el menor tiempo posible. Esta es mi propuesta:
- Para dar regalos en navidad se necesita plata u oro, o ambos. Plata porque sin ella no se compran regalos. Oro porque el tiempo es oro y comprar regalos toma tiempo. Y más oro, en caso de que usted no disponga de plata y prefiera hacer algo con sus manos, o con el talento que mejor domine. En ese caso necesita mucho oro. Así que haga cuenta. ¿De cuánta plata dispone y de cuánto oro dispone? Con esto ya tiene una cifra (esto le puede sonar gracioso a los que presupuestan las ventas del próximo año donde yo trabajo) de la que no puede pasarse. Bueno, esto lo hace la gente como yo. Habrá otros más pudientes que no les interesará la cifra, por lo que harán una lista, elegirán unos regalos e irán y los comprarán a lo que cuesten. En este caso, no siga leyendo, mejor vaya compre.
- Haga una lista de beneficiados. No sea tímido, métalos a todos, a todos todos. Igual después comenzará a descabezar gente. Es un proceso normal y nadie lo sabrá. Igual su lista es privada.
- Si las cosas fuera perfectamente simétricas y simples bastaría con dividir la cifra entre cada persona y se sabría del oro o de la plata disponible para cada uno. Pero resulta que existen restricciones. La primera con la que hoy cuento y que también la puede tener usted es la del amigo secreto. Bonito juego en el que ya existe una cuota establecida fija para el regalo (ahí si nada que hacer, no se puede disponer del oro, sólo de la plata). Reste a la cifra total la plata que va a disponer para este o estos regalos y vuelva a la lista.
- Con una nueva cifra en la cabeza ordene su lista en orden de importancia. En mi caso sería el núcleo familiar, mi novia, mis amigos más cercanos y mis familiares fuera del núcleo. De ahí para afuera, sería un buen año si puedo incluir a más gente.
- Comience con los primeros de la lista y ponga en frente el regalo que cree que le satisfaría a ambos. Es decir, a la persona a la que se lo va a dar y a usted. Siempre hay regalos que causan mucha satisfacción el darlos, incluso más que la de recibirlos.
- Haga un estimado del valor del regalo seleccionado. Para esto usted debería conocer el mercado, y saber dónde comprar. Hay lugares donde se pueden conseguir cosas más baratas a igual calidad.
- Sume las cantidades de cada regalo y verifique no pasarse de la cifra. En caso de hacerlo (que siempre va a pasar, a menos que la cifra sea muy generosa), tiene dos opciones. La primera es comenzar a cambiar sistemáticamente los regalos de forma que consiga valores menores. Y la segunda es comenzar a descabezar a personas de la lista. Este paso es recursivo: Una vez tenga una nueva lista con regalos puede querer incluir a más personas y desear cambiar de nuevo los regalos. Incluso se puede dar cuenta que un regalo que tenía establecido para alguien puede ser mejor para otra persona.
- Cuando tenga lista la lista haga la ruta. Esto es, decidir dónde va a comprar cada cosa. Esto le ahorrará tiempo porque es preferible comprar todo en un solo sitio y así acabar con la tortura de las compras navideñas en el menor tiempo posible.
- Prepare contingencias. Es muy posible que no haya atinado a los valores de los regalos o a los lugares donde usted pensó que los encontraría. Guarde siempre un plan B y hasta un C para cada persona. Tenga regalos intercambiables. Los regalos genéricos (los que les gusta a todo el mundo y que son sólo importantes por el detalle de darlos sirven mucho para estos casos).
- Acompáñese de alguien en el momento de la compra. Siempre un buen consejo le ayudará y otras manos serán útiles para cargar los regalos y para abrirse paso entre la multitud.
Listo, creo que si sigo juiciosamente estos pasos sobreviviré a este día. Rayos, ya perdí 25 minutos de hacer una lista. Entre otras cosas me parece importante contestar a algunas de las preguntas de arriba. La primera es que no tengo que dar regalos el 24. Lo hago porque quiero hacerlo. La segunda es que sí doy regalos cuando me da la gana, pero me acuerdo que de niño esperaba (y reconozco que todavía lo hago) recibir un presente. Ahora me importa más porque no me importa para nada qué me den sino sólo recibirlo. Los regalos son expresiones de amor y afecto y si todos nos hemos puesto de acuerdo con una fecha para expresárnoslo, pues bienvenida la fecha. La tercera y última respuesta que daré. Es que la gente no me dice que quiere recibir y yo tampoco lo digo, porque le gustan las sorpresas. Quiere ser sorprendida. Y como la sorpresa es necesaria en la vida para conocer y cada vez que se conoce algo nuevo se prende una luz por dentro de la gente que la impulsa a hacer cosas nuevas y a vivir, pues bienvenida también la sorpresa. ¡Vamos a sorprender!
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kxi
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