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martes, 14 de octubre de 2008

Pasos para gozarse un domingo de puente

Un domingo de puente festivo puede ser supremamente interesante si se ha salido de viaje, o supremamente aburridor si se ha quedado en casa. A continuación les regalaremos unos pasos para que realmente se gocen un domingo de puente en caso de que no hayas salido de viaje

1. Encuentra un evento magno que esté sucediendo en tu ciudad. Podría ser la caída de la última lágrima de tu amada, o la 14ta Feria del Libro del Pacífico, por poner un par de ejemplos.

2. Arme un parche con un par de amigos que tengan gustos semejantes a los suyos, o a los que quieras abrirle una ventana a tu alma y enlazarlos a ese mundo de maravillas irreales en el que sueles vivir.

3. Hazlos madrugar en domingo, una cita a las 9:30 de la madrugada sería apropiado, si realmente quieren disfrutar de tu compañía, deben demostrarlo pagando el precio.

4. Llévalos por el camino del bien, una danza de palabras salida de tu boca, que dancen junto a las palabras que ellos emanen, será apropiado hasta que lleguen a un destino palpable. Este destino podría ser la torre más alta de alguno de los castillos de tu ciudad, o como en este caso, disfrutar lo mejor de MUDA 2007 en la Cinemateca de UV.

5. Tras una buena dosis de paisaje o de cortometrajes, se puede seguir el camino amarillo hasta Oz, o seguir el olor que llevan los libros nuevos, hasta la exposición literaria realizada en el Coliseo de la Universidad del Valle. Y una vez adentro pase largos minutos contemplando nuevas obras, clásicos de la literatura, curiosidades que siempre se desearon tener, o que nunca se imaginó que alguien las publicaría.

6. Aproveche, ya que está en ese lugar, y recuérdele a sus amigos que una fecha muy importante se avecina. No importa en realidad la relevancia de la fecha, puede ser que se cumplen 638 días desde la última vez que leyó un libro de superación, o el quinto ciclo lunar desde que ayudaste a parir a tu gata, o que falta una semana para que te gradues de la especialización que estés realizando. Sea lo que sea que les recuerdes, asegúrate de buscar lo más costoso del lugar, algo que sepan que deseas con el alma, y muéstraselos como quien no quiere la cosa, esperando que entre ellos dos, y un centenar más, decidan reunir fuerzas y dar un regalo que de verdad valga la pena.

7. Por supuesto si no tiene dinero para irse de paseo, tampoco lo tendrá para comprar libros nuevos, así que más bien guárdelo para probar los manjares que pueda encontrar a su alrededor. Podrían ser desde los manjares más exóticos, como grillos asados, si es que acaso se vive en algún lugar del oriente del planeta. Siempre atínele a bocadillos con materiales de la región, si se está cerca del pacífico colombiano, pues podrán ser unos deliciosos buñuelos de mariscos, o unas 'marranitas marinas', también rellenas de mariscos. Todo esto debe estar apropiadamente acompañado de chontaduro, grosella, jugos de borojó o guayaba coronilla, en fin, las cosas más cotidianas.

8. Cuando el abrebocas haya sido suficiente, piense en el plato fuerte. Un arroz con camarones podría ser una excelente elección, pero un sancocho de pescado, con bagre frito, o un sudado ya sea de tollo o de camarones, también son una elección mas que acertada. Asegúrese que cada uno de los animales consumidos hayan expiado sus penas, sino absorberá parte de su karma, y lo más importante, le sabrá simple en el paladar.

9. Una vez quede completamente satisfecho, podrá dirigirse nuevamente al lugar de inicio, donde siempre encontrará algo que valga la pena, puede que hayan iniciado un concurso de tiro si su elección fue la torre más alta de un edificio, o como en nuestro caso, la cinemateca estaba proyectando unos interesantísimos documentales de Luís Ospina, donde nos mostraba que 35 años después, Cali sigue siendo Cali, con la misma afición por la música, los mismos borrachos en la cabalgata, la misma queja por la inconformidad, el mismo amor a todos, sin mirar quien es local o extranjero.

10. En el camino salude a algún amigo medio loco que se encuentre en el camino, las relaciones sociales siempre serán importantes, especialmente si se trata de un amigo que esté adornando el lugar donde se encuentren.

11. Ya con el tiempo transcurrido, busque la versión no oficial del magno evento al que está asistiendo, puede ser una pelea en la que se esté apostando en la parte trasera de algún coliseo, o la venta de libros usados fuera de las instalaciones de los stands de los libros nuevos.

12. Contemple sus adquisiciones, sus trofeos de batalla, acompañados de algún manjar que le revitalice el alma y le refresque el cuerpo.

13. Use sal y pimienta al gusto, sírvase y disfrute.

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jueves, 31 de enero de 2008

Las Moralejas de la Rana Hervida

En esta oportunidad el Jueves del Aleph les trae una historia ampliamente divulgada, la conocida como "El Síndrome de la Rana Hervida". Pero por supuesto este espacio lo que hará será encontrar algunas de las moralejas escondidas que trae esta conocida fábula. Como es natural, les dejo primero la historia:

La Rana Hervida

Si tomamos una rana y la introducimos en una olla de agua hirviente, inmediatamente esta saltará huyendo del peligro. Pero si ponemos la rana en agua a la temperatura ambiente, y no la asustamos, se queda tranquila.
Cuando la temperatura se eleva de 21 a 26 grados, la rana no hace nada, e incluso parece pasarlo bien. A medida que la temperatura aumenta, la rana está cada vez más aturdida, y finalmente no está en condiciones de salir de la olla, hasta que finalmente podría morir hervida sin que llegue a intentar salir.

Esta moraleja fue discutida en una de mis clases, con muchas otras (como la de Los Amigos y El León), y por supuesto, habían varias moralejas al respecto, pero fueron dos moralejas, desde dos puntos de vista, las que predominaban:

Moraleja 1: Desde el que Hierve a la rana.
Para llegar a tu objetivo tienes que ser estratega, primero debes analizar que herramientas tienes y cuales serán las consecuencias de las acciones a seguir, y luego construir el plan de acción que no se vea "frustrado" por las reacciones de los involucrados. (Planeación y visión al futuro).

Bueno, con esa moraleja se nota a leguas que soy ingeniero, y en especial, Ingeniero Industrial, pero en el salón habían de todas las profesiones y la conclusión era mas o menos esa, de acuerdo al tema que se iba a dictar. Pero en realidad, la gran mayoría la enfocó desde el punto de vista de la rana, y dedujo otra moraleja, también administrativa:

Moraleja 2: Desde el punto de vista de la Rana.
Es muy fácil actuar ante un cambio brusco, pero si estamos en nuestra zona de confort, es común que se dejen pasar de a poco las molestias para "evitar la fatiga", y cuando se es consciente de todo el cambio que se ha hecho suele ser demasiado tarde.

Hasta aquí, las dos moralejas administrativas que se suelen encontrar ante este cuento, pero hay muchísimas más que se pueden encontrar, solo hay que mirar la fábula con los ojos adecuados:

Moraleja 3: Si quieres "hervir" a alguien, primero asegúrate de conocer sus gustos.

Eso es algo así como el "ten a tus amigos cerca, y a tus enemigos aun más cerca", simplemente una realidad. Adicionalmente podríamos tener una moraleja menos metafórica:

Moraleja 4: Si tienes afán para matar una rana, apuñálala, sería mas rápido.

Claro, esa le quita el romanticismo al asunto. Pero si dejamos el entorno socio-administrativo y lo vinculamos más al entorno sentimental, hay otra infinidad de opciones por explorar:

Moraleja 5: Si quieres que la Sapa(o) de tu pareja de un brinco lejos de ti, rodéala(o) impestivamente de esas situaciones calientes que vives con otras personas.

No soy moralista, ya muchos se han de haber dado cuenta, pero esto suele ser efectivo en la mayoría de personas normales. Claro, también puedes tener una visión más fatalista del asunto:

Moraleja 6: Si le das demasiada comodidad a tu pareja, puede que se quede "hasta que la muerte los separe"

Eso es algo así como "algunos matrimonios acaban bien, y otros duran toda la vida", que me lo confirmen mis amigos cazados (y también casados, si se quiere). Dependiendo de tu personalidad, se puede ser un poco maquiavélico y entender otra interpretación:

Moraleja 7: Si no quieres que tu pareja salte a buscar que estás haciendo (posiblemente con otras ranas), entonces llénala de comodidades (una gran cama, un buen TV de pared, una empleada, un carro, una casa, viajes, etc.)

Desafortunadamente muchas personas se dejan "comprar" con comodidades, pero bueno, son cosas que pasan. Además, esta fábula le serviría a muchísimos hombres que tristemente se rehusan a entender la mentalidad femenina, y terminan consolándose solos en sus habitaciones, por falta de paciencia y tacto, como se podría concluir en la moraleja:

Moraleja 8: Ninguna chica aceptará una propuesta caliente sin una previa preparación. Debes trabajarla despacio y paso a paso, hasta que realmente esté caliente y se "muera" por ti.

Es una realidad imbatible y ampliamente comprobada (esteeee, no por mi, que soy puro y casto, claro).

Por supuesto, hay una infinidad más de Moralejas, pero no tendría gracia si yo las dijera todas, así que mas bien abro el espacio para que todos los que pasen por aquí se sientan en la libertad de comentar, apoyar o debatir las moralejas expuestas, y a proponer todas las nuevas moralejas que se les ocurra.

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viernes, 28 de diciembre de 2007

La receta poderosa de diciembre

Estas son unas muy agradables instrucciones para cocinar un plato muy interesante que me regaló una amiga para el blog (cuya identidad quiere permanecer oculta). Pero como el martes es mi día, pues las publico hoy, en los viernes de los lectores que escriben:

Hace algunos años me encontraba en un pueblo de la costa atlántica colombiana. Estaba sin mucho dinero, habíamos perdido el equipaje y no teníamos cómo llamar. En esa ocasión el hambre y el calor apremiaban y nos preocupaba seriamente la caída de la noche en ese lugar inhóspito para los citadinos que íbamos de excursión. Haciendo alarde de negociantes logramos conseguir comida gratis en la hospitalidad del pueblo. Pero no fue lo único que conseguimos. Esa noche tuve la mayor y mejor cantidad de orgasmos que he tenido en mi vida gracias a ese plato delicioso que nos ofrecieron y cuya receta les regalo hoy (el cuento de cómo la conseguí, tal vez lo narre otro día). El plato se llama (así suene extraño): Carantillas guisadas. También es conocido como el hace hijos, o el poder de la costa, o carantillas picantes, o poderosas carantillas del amor. En fin, la lista de nombres es interminables.

1, Consiga una buena cantidad de guandules. Estos son una especie de frijoles que se dan en la costa en una época específica del año. El plato también se puede hacer con frijoles normales, pero al parecer pierde las propiedades afrodisíacas.

2, Consiga arroz salvaje. En la ciudad usted puede pagar hasta 20,000 pesos por una libra de este arroz que mide casi un centímetro el grano y se caracteriza por su dureza. Pero en este pueblo de la costa, solo le basta con dar un paseo por las ciénagas y recogerlo.

3, Consiga el resto de los ingredientes: Gengibre, aceite, sal, ají, cebolla, ajo, carne desmechada, pinillos previamente fritos, y patacones para acompañar. Éstos últimos, para los que no conocen la gastronomía colombiana, no son otra cosa que plátano frito con sal.

3, Remoje toda la noche los guandules con gengibre picado, sal y ají.

4, Prepare el arroz salvaje en una proporción de cuatro tazas de agua más un cuarto de aceite por cada taza de arroz. Sal y pimienta al gusto. Ustedes crearán que es una exageración, pero es que es un arroz realmente duro.

5, Tome una pequeña porción de los guandules y sepárelos. Después tome el resto y cocínelos a fuego lento durante aproximadamente dos horas.

6, En una sartén, sofría la carne desmechada con el ajo y la cebolla en rodajas. Recuerde poner la cebolla primero y cuando esté de color caramelo ponga la carne y el ajo.

7, Separe los guandules del agua y mézclelos con la carne en la misma sartén.

8, Mientras hace esto, tome el arroz con la parte de los guandules que separó inicialmente y proceda a licuarlos.
9, Sirva la carne en un plato hondo (esto es importante) y deje caer desde 20 centímetros de distancia, la mezcla del arroz y los guandules. Después deje caer los pinillos desordenamente. Éstos, no sólo adornarán el plato sino que le darán un saborcillo picante.

10, Finalmente ponga un par de tostadas de plátano en un costado y sirva. Puede acompañar el plato con cualquier bebida. Nosotros lo comimos con Kola Román (gaseosa, que hace mucho tiempo dejé de ver en la ciudad). Es totalmente efectivo para hombres como para mujeres. Mi hija puede dar fe de ello.

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martes, 18 de diciembre de 2007

Ya viene navidad: ¿Y ahora qué regalo doy?

Cuando era niño, era el segundo día más esperado del año. El primero era mi cumpleaños. El egocentrismo por delante. Bueno, es natural que un día en el que los regalos son sólo para uno y no para todos sea más atractivo para el natural egoísmo infantil. Ahora varios años después, puede llegar a ser estresante la fecha. Y es que hay varias preguntas que me asaltan siempre por estos días. ¿Por qué tengo que regalar algo el 24? ¿Por qué no lo regalo cuando me de la gana? ¿Por qué la gente no dice lo que quiere recibir y listo? ¿Por qué no compré todo en octubre como me había propuesto el año pasado? ¿Por qué tengo tanta pereza de comprar? ¿Por qué en vez de comprar no hago algo? ¿No sería más bonito? ¿Por qué no tengo ni idea qué regalar? ¿Y si no regalo nada? ¿No sería más original? ¿Será que se me queda alguien por fuera? ¿Qué pasa si dejo a fulanito o a fulanita por fuera? ¿Se sentirán mal?

En fin, todas esas cosas me abruman y me abruma más el saber la respuesta a cada uno de los interrogantes. Me abruma aún más la simpleza de la respuesta y la conclusión: Tengo que dejar de pensar y comenzar a actuar ya. Es la 1.03 pm del domingo 16 de diciembre, en la noche quiero ir a una presentación de salsa y tengo la novena en la casa de mi tía. Por si fuera poco, tengo que ir un momento a un asado, organizar algunas cosas de la reunión de mañana en el trabajo que no quise hacer el viernes porque me deprimía trabajar después de la novena de la empresa y no me he bañado. En este momento, sólo pensar en salir a las calles llenas un fin de semana antes de la fecha con las quincenas ya pagadas y el poco tiempo que hay me da una pereza bárbara. Definitivamente tiene que haber un método organizado para hacer esto de la mejor forma y en el menor tiempo posible. Esta es mi propuesta:

  1. Para dar regalos en navidad se necesita plata u oro, o ambos. Plata porque sin ella no se compran regalos. Oro porque el tiempo es oro y comprar regalos toma tiempo. Y más oro, en caso de que usted no disponga de plata y prefiera hacer algo con sus manos, o con el talento que mejor domine. En ese caso necesita mucho oro. Así que haga cuenta. ¿De cuánta plata dispone y de cuánto oro dispone? Con esto ya tiene una cifra (esto le puede sonar gracioso a los que presupuestan las ventas del próximo año donde yo trabajo) de la que no puede pasarse. Bueno, esto lo hace la gente como yo. Habrá otros más pudientes que no les interesará la cifra, por lo que harán una lista, elegirán unos regalos e irán y los comprarán a lo que cuesten. En este caso, no siga leyendo, mejor vaya compre.
  2. Haga una lista de beneficiados. No sea tímido, métalos a todos, a todos todos. Igual después comenzará a descabezar gente. Es un proceso normal y nadie lo sabrá. Igual su lista es privada.
  3. Si las cosas fuera perfectamente simétricas y simples bastaría con dividir la cifra entre cada persona y se sabría del oro o de la plata disponible para cada uno. Pero resulta que existen restricciones. La primera con la que hoy cuento y que también la puede tener usted es la del amigo secreto. Bonito juego en el que ya existe una cuota establecida fija para el regalo (ahí si nada que hacer, no se puede disponer del oro, sólo de la plata). Reste a la cifra total la plata que va a disponer para este o estos regalos y vuelva a la lista.
  4. Con una nueva cifra en la cabeza ordene su lista en orden de importancia. En mi caso sería el núcleo familiar, mi novia, mis amigos más cercanos y mis familiares fuera del núcleo. De ahí para afuera, sería un buen año si puedo incluir a más gente.
  5. Comience con los primeros de la lista y ponga en frente el regalo que cree que le satisfaría a ambos. Es decir, a la persona a la que se lo va a dar y a usted. Siempre hay regalos que causan mucha satisfacción el darlos, incluso más que la de recibirlos.
  6. Haga un estimado del valor del regalo seleccionado. Para esto usted debería conocer el mercado, y saber dónde comprar. Hay lugares donde se pueden conseguir cosas más baratas a igual calidad.
  7. Sume las cantidades de cada regalo y verifique no pasarse de la cifra. En caso de hacerlo (que siempre va a pasar, a menos que la cifra sea muy generosa), tiene dos opciones. La primera es comenzar a cambiar sistemáticamente los regalos de forma que consiga valores menores. Y la segunda es comenzar a descabezar a personas de la lista. Este paso es recursivo: Una vez tenga una nueva lista con regalos puede querer incluir a más personas y desear cambiar de nuevo los regalos. Incluso se puede dar cuenta que un regalo que tenía establecido para alguien puede ser mejor para otra persona.
  8. Cuando tenga lista la lista haga la ruta. Esto es, decidir dónde va a comprar cada cosa. Esto le ahorrará tiempo porque es preferible comprar todo en un solo sitio y así acabar con la tortura de las compras navideñas en el menor tiempo posible.
  9. Prepare contingencias. Es muy posible que no haya atinado a los valores de los regalos o a los lugares donde usted pensó que los encontraría. Guarde siempre un plan B y hasta un C para cada persona. Tenga regalos intercambiables. Los regalos genéricos (los que les gusta a todo el mundo y que son sólo importantes por el detalle de darlos sirven mucho para estos casos).
  10. Acompáñese de alguien en el momento de la compra. Siempre un buen consejo le ayudará y otras manos serán útiles para cargar los regalos y para abrirse paso entre la multitud.

Listo, creo que si sigo juiciosamente estos pasos sobreviviré a este día. Rayos, ya perdí 25 minutos de hacer una lista. Entre otras cosas me parece importante contestar a algunas de las preguntas de arriba. La primera es que no tengo que dar regalos el 24. Lo hago porque quiero hacerlo. La segunda es que sí doy regalos cuando me da la gana, pero me acuerdo que de niño esperaba (y reconozco que todavía lo hago) recibir un presente. Ahora me importa más porque no me importa para nada qué me den sino sólo recibirlo. Los regalos son expresiones de amor y afecto y si todos nos hemos puesto de acuerdo con una fecha para expresárnoslo, pues bienvenida la fecha. La tercera y última respuesta que daré. Es que la gente no me dice que quiere recibir y yo tampoco lo digo, porque le gustan las sorpresas. Quiere ser sorprendida. Y como la sorpresa es necesaria en la vida para conocer y cada vez que se conoce algo nuevo se prende una luz por dentro de la gente que la impulsa a hacer cosas nuevas y a vivir, pues bienvenida también la sorpresa. ¡Vamos a sorprender!

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martes, 4 de diciembre de 2007

¿Cómo comerse un helado?


Pretender enseñarle a comer helado a la gente es una tarea definitivamente osada que incluso raya en la ridiculez. Y es que el helado e uno de los postres más populares que yo he conocido. Es fácil encontrar a quien no le guste la torta, el chocolate, los panquecitos, los postres ácidos, las frutas, en fin para cada postre casi siempre he encontrado al menos dos personas a las que no les gusta, pero para el helado? ¡Nada! Todavía yo no me he topado con la primera persona a la que no le guste el helado. Tal vez este espacio sirva para conocer a alguien así, aunque realmente no sea el propósito. Igual podría invitarla a comer un helado para que me explique qué por qué no le gusta el helado. El caso es que ante tanta gente que le gusta el helado, es complicado que con toda la humildad que me caracteriza yo pudiera dar unas instrucciones precisas de cómo disfrutar un helado que fueran compartidas por mis lectores. Sobre todo porque hay muchas clases de helados y gustos para cada uno de ellos:

La paleta de las cordales; el helado de palito de los partidos de fútbol; el helado de vasito; el cono que es vendido por un carrito con una música insoportable que se hace agua la boca de cualquier niño; el helado que se bate en la casa; el cholao (muy conocido en mi tierra natal, Cali); el elegante combinado de sabores, frutas, mieles, arequipe, chantilly o cualquier otro ingrediente que te vacía el bolsillo mientras te saca sonrisas en un restaurante; el que disfrutas con tu novia mientras caminas por un parque; el que haces fila en una fría ciudad; el de frutas; el de chocolate; el que trae frutas de verdad mezcladas; el de yogurt; la galleta rellena de helado; el que haces en las cubetas del hielo; el de marca; el de café y la porción personal de un litro para la noche de películas en casa. Sólo por nombrar algunos.

Lo que quiero decirles es que hay una variedad enorme y una demanda igual o mayor que expone sus gustos en un abanico que sería difícil de procedimentar. De hecho no es importante hacerlo, cada quien que disfrute el helado a su manera. Es importante aprovechar al máximo la buena compañía que sugiere un helado:

  1. Elija el lugar donde se lo va a comer. Esto está directamente relacionado con el helado que se quiere comer y si va a satisfacer un antojo previo. Aunque también es bueno encontrarse un helado en el momento inesperado e impulsivamente comprarlo. Un aeropuerto es un buen lugar para comer helado, por ejemplo.
  2. Ahora elija el sabor de helado que va a comer. Cuando un helado es compartido (con su pareja), es como la extensión de un beso. Es como si sus labios se fundieran con la crema y en el momento en que su pareja pasa su lengua por el aire que encierra la crema dejando finas figuras en él, es como si recorriera sus labios. Esto es importante porque como en los besos el sabor sí importa. Les debe gustar a ambos el sabor del helado y entonces el beso extendido será plenamente disfrutado.
  3. Sostenga los bocados de helado el tiempo suficiente en su boca para que el azúcar, la grasa del helado, o los químicos del chocolate (yo prefiero el arequipe o las frutas, ella prefiere la vainilla) logren liberar las endorfinas que aliviarán el dolor, el estrés y la ansiedad, que en un aeropuerto podrían ser generados por una partida o por una llegada. Permita que el helado lo haga feliz. Esto para mí es medio mítico (lo de las endorfinas y la felicidad), pues hasta ahora no he leído el primer estudio serio que demuestre la veracidad de la afirmación, pero en todo caso, cada quien tiene derecho a creer en sus mitos y muchos de ustedes incluso corroborarán la tesis.
  4. Con lentitud presione la crema en el fondo de la galleta y cuando quede suficiente para el regreso a casa termine el ritual del helado (o mejor dicho interrúmpalo por un instante). Un helado compartido cuando queda iniciado deja un vínculo.
  5. Cuando el helado deje de ser el distractor que tenía su cabeza y su gusto alejados de la situación real, cuando las endorfinas hayan adormecido un poco su juicio y pueda con valentía y algo de felicidad mezcladas mitigar un poco el dolor, despídase (como pueda hacerlo, pero sin sobrepasar el tiempo que el helado es capaz de estar en su mano sin derretirse).
  6. Camino a casa el sabor del helado mezclado con la sal de una lágrima suya o de ella (no es del todo claro) ya no lo satisfará, pero dormirá un poco su lengua y el resto de su cuerpo como en especie de anestesia.
  7. Cuando termine el último bocado exhale con confianza y suspire a gusto. En poco tiempo volverá a compartir otro helado, tal vez de nuevo en un aeropuerto.

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martes, 20 de noviembre de 2007

¡Los pasos del Mapalé!

A mis amigos costeños este artículo tal vez les cause gracia (bueno viendo las fotos e imaginándome, tal vez a todos les cause gracia). Y es que, qué costeño necesitaría unas instrucciones para bailar mapalé? Aunque no es un baile fácil (incluso para ellos, pues se necesita de un buen estado físico), creo que es algo que se lleva en la sangre. Así como yo llevo en la mía la salsa. Yo se que todos los caleños no bailan salsa así como todos los costeños no bailan mapalé. Tampoco pues! pero sí viven de una forma diferente su carnaval a como nosotros vivimos nuestra feria y cada año salen de parranda asumiendo el riesgo de terminar bailando por ahí el Mapalé.

Yo recuerdo que la primera vez que bailé salsa llevaba como una hora mirando a la gente bailar y cuando me enseñaron un par de pasos, el resto fue dejar que la música fluyera por el cuerpo y listo. Pero esta música acelerada que a veces tu cuerpo ni puede seguir es otra cosa. Por eso escribí estas instrucciones para que los cachacos podamos salir mejor librados:

Primer paso: Vaya con total desprevención al paseo de fin de año de su empresa. Con igual medida de desprevención debe llevar una actitud abierta a participar en las actividades y a luchar por ganarlas.

Segundo paso: Este es más complicado, pero puede ser reemplazable. Veamos: En el paseo al que usted asistió hay un concurso de baile de mapalé. Complicado que se repita esta situación pero reemplazable. Basta con que en otra fiesta cualquiera exista este concurso, o con que usted visite a alguien en Barranquilla y en diciembre o carnavales todos salgan a bailar el mapalé con la intención de obligarlo a usted como cachaco a moverse de esa forma salvaje.

Tercer paso: Sea totalmente elegible. Esto sucede si usted tiene menos pena que los demás. Si usted se puede mover medianamente al ritmo de la música. Si usted tiene una novia costeña (que puede ser asumido como el resto de los cachacos, le permite a usted por transitividad dominar todos los ritmos tropicales escuchados en la costa). Si todos los demás en su equipo tienen más restricciones para bailar que usted.

Cuarto paso: Fíjese bien en los pasos de los maestros. Por favor no improvise. Apréndaselos bien. Ya es demasiado ridículo ver el movimiento arítmico de estas latitudes como para que ahora además sus pasos no concuerden con la música. Ahora que si su estrategia es ser el más gracioso de la pista, deje de leer estas instrucciones y baile como se le antoje.

Quinto paso: Quítese los zapatos. Al ritmo que va a bailar no vale la pena ni un resbalón, ni que la suela antiadherente de su zapato lo obligue a frenar en seco.

Sexto paso: Practique los pasos. No mucho. La velocidad de la música puede hacer que cuando usted llegue a la pista ya no conserve alientos para el baile real.

Séptimo paso: Ármese de una buena barra. Es fundamental al carecer del talento innato que despierta la simpatía general del público.

Octavo paso: Upa upa, upa upa, upa upa, upa he! Un momento, ya está en la pista. Ahora no importa nada más. Simplemente relájese y disfrute. Creo que esto es lo que principalmente hace uno cuando está bailando aquella música que recorre sus venas. Si se tiene suficiente confianza cierre los ojos por un instante y escuche, pero hágalo cuando esté en los pasos básicos. No cuando esté pasando por encima de su pareja en el piso (se le puede quedar tirada ahí, perdiendo puntos con el jurado).

Noveno paso: La cargada! Si, va a cargar a su pareja. Esto no es una práctica normal del baile de rumba. Así que séquese las manos, no quiere poner en peligro su integridad. Si su pareja tiene un menor peso que el que usted levanta cada vez que hace el mercado, mucho mejor. O para estar preparado, mejor vaya al gimnasio y haga pesas. No siempre se cuenta con la suerte que tuve yo. No sólo ella tenía el peso ideal para el baile, sino que sus deseos de ganar la hicieron una excelente pareja en todo lo demás.

Décimo paso: Si ganó, prepárese para repetir el baile ante el público extasiado. Si no lo hizo, indignado diga que le robaron el concurso (así en el fondo le resulte cómodo no tener que repetir el baile de nuevo cuando intenta recuperar el aliento). Claro! Es que después de semejante esfuerzo, en el que casi se le desacomoda un hueso al mover la pelvis mientras su tórax pretendía separarse de sus extremidades y sus hombros pretendían bailar por si mismos. Nooooo, si uno no gana con ese esfuerzo, es que le robaron el concurso. Jeje. Como sea, lo importante es que ya sabe bailar algo más para cuando lo inviten a una fiesta. O cuando le toque participar de nuevo en un concurso. Claro que como con el tango, tal vez sea difícil que lo replique con una pareja diferente. Vamos a ver a mí cómo me va cuando visite de nuevo Barranquilla el otro año. Seguramente me exigirán que muestre mis habilidades como bailarín de Mapalé, y a ritmo de millo me tendrán bailando El Mapalé! El Mapalé!, lelo lelo, lelo lelo, lelo lé!

Nota: ¡Gracias Joha por el buen momento!

Bueno, se merecen ver el resultado:

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martes, 30 de octubre de 2007

10 pasos para asarle una carne a una gerente

“Asar una carne es todo un arte”. Eso dicen algunos después de comerse un delicioso plato justo en el punto que ellos esperan. “Qué va, esa vaina no tiene ciencia. No es sino salar la carne, ponerla en la parrilla y listo”. Eso dicen otros a los que no les queda claro como los avances tecnológicos han logrado tal inutilidad en el ser humano para desempeñar las tareas más simples. El caso es que el espectro de los asados es muy amplio. Todo el mundo quiere comerse una buena carne (ahora que no salten los vegetarianos a reclamar. Las generalizaciones literarias están exentas de este tipo de reclamos), un grupo más pequeño le gusta prepararla, otro más reducido lo sabe hacer y uno aún más pequeño lo hace.

El viernes pasado cumplió años Juliana, una amiga mía que ahora es gerente y que no será ese precisamente el tema de estos pasos. Y yo hice parte de ese último y reducido grupo que prepara la carne. ¿Cómo me fue? Mejor siga los pasos…

Primer paso: Debe conseguirse una amiga amante de los asados; que cumpla años; que sea o vaya a ser gerente; que haya invitado a un montón de gente de la que pertenece al primer grupo (los que les gusta comer carne) a su fiesta y que no haya planeado quién de todos esos asistentes se va a encargar de asar la carne. Ojalá que además no tenga claros todos los pasos necesarios para asarle carne a un gerente. Es decir, que no se haya leído este blog.

Segundo paso: Vaya a la fiesta. No sea iluso, la carne no se puede asar a distancia.

Tercer paso: Observe. Este paso es importante. La gente a veces no tiene cara de saber, pero la cara del deseo siempre puede ser detectada. Me explico, las apariencias engañan a la hora de saber quién sabe o no algo, pero generalmente no lo hacen a la hora de saber quién quiere o no algo. Y sobre todo a la hora de saber quién no quiere algo. A menos que haya sido traído para esa labor, es claro que nadie va a querer asar la carne.

Cuarto paso: Sea metido. Entérese de lo que pasa. En estas situaciones la gente sentirá que usted es una persona atenta. Generalmente, las amigas que son gerentes tienen otras amigas gerentes que son novias de cantantes que saben prender un carbón sin usar chispa, pero que se cansan con el calor para asar después la carne. Esto es totalmente comprensible. Pero si usted es metido, cuando esa persona se canse usted ya estará ayudándola a controlar el fuego.

Quinto paso: Identifique al que sabe y hágale cara de susto, de auxilio, de temor, de “oh Dios santo! Qué hago ahora?”. Si esa persona es medianamente sensata se dará cuenta que si no ayuda tal vez la carne de todos, pero en especial la de él se verá en peligro.

Sexto paso: Déjese dirigir. También se puede dejar fotografiar. Para la gente siempre va a ser curioso ver un chef de camisa de manga larga (debí decir en un paso anterior que hay que quitarse la corbata y remangarse las mangas para hacer esta labor), sin delantal voltear la carne en la parrilla con un aparentemente experto uso de las pinzas y una indiferencia al calor inexplicable.

Séptimo paso: Sea amable. Todos lo adorarán. Tanto a usted, como al otro chef que dirigió su trabajo, como al valiente amo del fuego que prendió el asador. Bueno si la carne está buena. Sino medianamente premiarán su esfuerzo y sobre todo el haberse prestado a trabajar mientras los demás gozaban de un prendido parrandón vallenato.
Octavo paso: Páguese. Cuando la gente se acuerde de que usted no ha tenido tiempo de comer, tal vez su estómago ya no lo resista. Es completamente normal que al ver pasar toda esa carne, los chorizos, las mazorcas y las arepas su cuerpo prepare todo por dentro para recibir un festín. Si usted no se lo proporciona, tal vez su estómago termine comiéndose las paredes de él mismo. Páguese comiendo los mejores trozos de carne mientras va asando. Nadie se lo va a recriminar. Es posible que si la fiesta está muy prendida, nadie se de cuenta y después lo aprecien más por haber aguantado tanta hambre. El ser apreciado por la gente es bueno: hace que lleguen a sus manos latas de cerveza en los momentos indicados.

Noveno paso: No comparta el secreto del asado todavía. Eso le dará un toque de misterio. Así usted no sepa que para asar una carne el secreto comienza en elegirla bien. Después en garantizar que los cortes sean adecuados. Luego en lograr prender unas buenas brasas que ni quemen la carne ni hagan aguantar a la multitud por mucho rato. Después en garantizar que la parrilla no vaya a dejar la mitad de la carne en el hierro. Luego en poner los acompañantes a los costados para que no se quemen y la carne en el centro. Después en no adobar la carne ni intentar ablandarla con cerveza, piña o qué se yo qué otra clase de cosas que no deben estar en la carne sino en la boca. Luego en salar la carne sólo con sal marina (algunos prefieren como yo hacerlo antes de ponerla y otros después de puesta). Después en estar atento para evitar que se queme y voltearla en el momento indicado. Y finalmente en preguntar a la gente cómo la quiere (1/2, 3/4, o muy asada) para que reciba lo que le corresponde. Así usted no sabe que el secreto termina donde comienza. Que tan sólo consiste en conocer esos simples pasos. Hágase el interesante. Esto traerá más cerveza a su mano.

Décimo paso: Charle amistosamente con sus acompañantes de aventura. Ellos también disfrutarán no sólo saber hacer cosas, sino estar en la disposición de hacerlas la mayor parte de las veces. Saben que los mejores momentos de la vida no llegan quedándose sentado sino actuando. Saben que los pequeños placeres de la vida están allí donde usted se atrevió a actuar. Y el simple hecho de asar una carne (“Qué va, esa vaina no tiene ciencia. No es sino salar la carne, ponerla en la parrilla y listo”), cuando no se lo estaban pidiendo, para una gerente que quería que su cumpleaños fuera perfecto, lo llenará de satisfacción por haberle dado un muy buen regalo.

Gracias a Pablo y a Patrick por haberme ayudado a llenar las bocas de la gente de mazorca quemada.

kxi

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