Hoy jueves, en el Aleph, una historia se mostró, como siempre, desde muchos puntos diferentes.
Perspectiva 1
La historia inicia con una toma a mitad de la mañana por una calle del centro de la ciudad, la luz del sol se ve opacada por lo que sería un lente oscurecido y se escucha el típico sonido de los carros, los pitos, la urbe. Aunque la toma inicia a una cuadra de un semáforo en rojo, este se acerca vertiginosamente mientras vehículos encendidos pero aparcados pasan hacia atrás cuando la toma los va rebasando. Rápidamente se llega hasta el semáforo, aún en rojo, que sale de la visión, pero justo por la esquina derecha alcanza a aparecer una mancha blanca por una fracción de segundo, y a continuación la toma deja de avanzar hacia adelante y empieza a avanzar hacia la izquierda en un movimiento parabólico hasta que queda una toma del horizonte, pero en vertical, con un primer plano del pavimento, que lentamente se empieza a pintar de rojo. De ahí en adelante las demás tomas son incoherentes, inconexas, irreales. Se ve una corbata de rayas, un joven barbado y peludo, un mono mostrando su mano y su dedo, voces de gritos, una mujer pidiendo a los gritos que rece, preguntas idiotas de donde viene y para donde va, una cara conocida, oscuridad, mas gente con guantes, el techo interior de un vehículo… inconciencia.
Perspectiva 2
La historia inicia con un primer plano de un gran timón, y más allá una trompa blanca de un vehículo bastante grande y luego la calle mucho más abajo, todo esto enmarcado en el sonido estridente de un fuerte motor. El vehículo está en movimiento y observa como el semáforo al que ya está llegando cambia de verde a amarillo, por lo cual acelera para no tener que frenar en el inevitable rojo. En el momento en que el semáforo es rebasado se observa una mancha, posiblemente de una moto a alta velocidad, que aparece por el lado izquierdo de la imagen, y se pierde por un segundo frente a la parte delantera del vehículo. Este detiene su marcha, pero no lo suficientemente rápido como para observar como el cuerpo y la moto aparecen nuevamente alejándose por los aires y terminando cuatro metros más adelante.
Se observa como la imagen pasa a la puerta, luego al exterior del vehículo, y se queda clavado en el tumulto de gente que empieza a aparecer, y se queda ahí, observando por muchos minutos, las personas no permiten ver que es lo que realmente está sucediendo, pero la cámara no se mueve hasta que una ambulancia llega y después de un rato se vuelve a ir de nuevo. Termina observando como un par de policías se empiezan a acercar con una libreta en la mano.
Perspectiva 3
La historia inicia sonando salsa dentro de un carro que tiene los vidrios arriba y el aire acondicionado prendido. Está en primera fila en un semáforo en rojo y llega una conversación de una mujer con acento paisa. Por la izquierda entra una moto que a una gran velocidad rebasa el vehículo e ignora el semáforo en rojo, en el mismo momento que un camión de basura avanza rápidamente por la vía perpendicular a dicho semáforo, y con toda la masa que semejante monstruo puede ejercer impacta al motociclista haciéndolo volar por los aires, con partes de su moto. La mujer paisa que aparece en escena pone cara de terror, se ve una mano al final de una manga de una camisa, la cual suelta un cinturón de seguridad, levantando el seguro de la puerta, se escucha un “Martha, ya vengo”, y la imagen recorre los pocos metros que separa el vehículo hasta donde está el cuerpo tendido de lado del motociclista, mientras un charco de sangre empieza a formarse alrededor de su cabeza.
Las mismas manos desnudas que soltaron el cinturón y el seguro del vehículo, tratan de sostener al hombre en lugares que identifica sin sangre, mientras llega un hombre de cabello mono, de unos 32 años, que se va poniendo unos guantes mientras pregona “YO SOY PARAMÉDICO”. De detrás de la cámara sale un “excelente, yo también”, y con cara de satisfacción se ponen manos a la obra, a sostener al hombre, hablarle, pedirle que se quede quieto porque está tratando de moverse mientras gesticula inteligiblemente.
Tras un forcejeo el hombre accidentado se voltea boca arriba a la fuerza, mientras el rostro del mono y los gestos de las manos desnudas muestran resignación por no lograr mantenerlo en su posición inicial. El hombre no está dilatando pupila y esto le preocupa al hombre de cabello mono mientras lo empieza a revisar. Se le encuentra un carné que en primer plano muestra el nombre de Alejandro, nombre que las dos voces reinantes empiezan a usar para tranquilizar y mantener alerta al sujeto acostado en el pavimento, que ya empieza a responder a las preguntas que le realizan.
Un plano general muestra como ya se ha arremolinado muchas personas, cerrando un círculo muy cercano al accidente, incluso con policías curioseando, y vehículos pasando muy lento a ver como pueden satisfacer su morbo. Por primera vez se ve que el hombre de las manos desnudas está de camisa morada y corbata a rayas, es peludo y barbado y a un gesto y una voz hace que las personas se alejen unos metros para dar aire… pero por solo unos segundos porque el morbo puede mas y las personas vuelven a acercarse para ver que pedazo de ceso pueden registrar con sus ojos. Una mujer está gritando “Alejandro, di El Señor es mi pastor y nada me pasará” una y otra vez. Un celular suena desde el bolsillo de la camisa del accidentado, el hombre de las manos desnudas lo toma y contesta, es del trabajo donde ya están enterados, piden la dirección del accidente, y reportan un nombre que le dan al accidentado para que sepa que alguien conocido viene en camino.
Después de muchos minutos, el hombre de corbata está sentado en el suelo ayudando a sostener la cabeza del motociclista, hasta que por fin llega una ambulancia (la segunda que llega, la primera es una que anuncia no tener paramédicos). De esta desciende un conductor con rostro de no querer tocar sangre, y una paramédica que a una señal del hombre de corbata trae un cuello ortopédico y una camilla rígida. Mientras el encorbatado se pone unos guantes que sacan de la ambulancia, la paramédica y el hombre mono colocan el cuello ortopédico. Posteriormente, y con una coordinación digna de un equipo que lleva años trabajando juntos, entre los 4 desconocidos suben al hombre a la camilla rígida, la cual levantan a una voz y es introducida en la ambulancia.
Todos se quitan los guantes, los botan en la caneca de la ambulancia. Los dos paramédicos se estrechan la mano, el encorbatado habla con la policía mientras el mono lo hace con el hombre de la empresa del accidentado y un momento después, la ambulancia y cada uno de los paramédicos toman un camino diferente.
FIN
Por supuesto, hay muchas más perspectivas, pero este artículo hubiera quedado mucho más largo.
Para los que se lo pregunten, esto sucedió ayer miércoles 8 de octubre a las 9:30 a.m. (aproximadamente) en alguna calle de la ciudad de Cali, y la tercera perspectiva corresponde justamente a la de este narrador.
Foto: Mauro Z
Mauro Z.
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