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jueves, 13 de agosto de 2009

Los Carbones Voladores

Esta semana me llegó un correo de un gran amigo, con está historia, la cual tiene el perfil perfecto para entrar al Jueves del Aleph. Ya saben la dinámica, les pego la historia, y le encontramos todas las "moralejas", naturales o alternativas, que creamos encontrar en ella. Gracias Pacho.

El saco de carbón

Un día, Jaimito entró a su casa dando patadas en el suelo y gritando muy molesto.

Su padre, lo llamó. Jaimito, lo siguió, diciendo en forma irritada:
- Papá, ¡Te juro que tengo mucha rabia! Pedrito no debió hacer lo que hizo conmigo. Por eso, le deseo todo el mal del mundo, ¡Tengo ganas de matarlo!

Su padre, un hombre simple, pero lleno de sabiduría, escuchaba con calma al hijo quien continuaba diciendo:
- Imagínate que el estúpido de Pedrito me humilló frente a mis amigos. ¡No acepto eso! Me gustaría que él se enfermara para que no pudiera ir más a la escuela.

El padre siguió escuchando y se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa, de donde tomó un saco lleno de carbón el cual llevó hasta el final del jardín y le propuso:

- ¿Ves aquella camisa blanca que está en el tendedero? Hazte la idea de que es Pedrito y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es un mal pensamiento que va dirigido a él. Tírale todo el carbón que hay en el saco, hasta el último pedazo. Después yo regreso para ver como quedó.

El niño lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los carbones pero como la tendedera estaba lejos, pocos de ellos acertaron la camisa.

Cuando, el padre regresó y le preguntó:

- Hijo ¿Qué tal te sientes?

- Cansado pero alegre. Acerté algunos pedazos de carbón a la camisa.

El padre tomó al niño de la mano y le dijo:

- Ven conmigo quiero mostrarte algo.

Lo colocó frente a un espejo que le permite ver todo su cuerpo. ¡Qué susto! Estaba todo negro y sólo se le veían los dientes y los ojos. En ese momento el padre dijo:

- Hijo, cómo pudiste observar la camisa quedó un poco sucia pero no es comparable a lo sucio que quedaste tú. El mal que deseamos a otros se nos devuelve y multiplica en nosotros. Por más que queremos o podamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos y la suciedad siempre queda en nosotros mismos.


Por supuesto, hay una moraleja "objetivo" o natural en esta historia:

Moraleja 1
El desearle el mal a los demás hará que nosotros seamos aun afectado por esos malos pensamientos.

Pero bueeeno. No es que me sienta particularmente reflexivo hoy, así que se me ocurren otro tipo de moralejas

Moraleja 2
Los padres siempre tendrán los métodos más alternativos para hacernos sentir idiotas

Moraleja 3
Si lo que quieres es ensuciar una camisa que está lejos, no le tires carbones, consíguete una pistola de paintball. En resumen, se estratégico para lograr tus objetivos.

Moraleja 4
El padre es un desconsiderado, nunca piensa en los demás. O ¿que creen que pensará la madre al ver la camisa (recien lavada) llena de carbón? ¿y no se infartará al ver la ropa que tenía puesto el niño? y ¿a quien creen que castigará? no será al padre, el cual seguro estará viendo el noticiero.

Moraleja 5
Cuando le cuentas tus problemas a tus padres, de una forma u otra terminaras sintiéndote sucio

Moraleja 6
Jaimito debe ser un debilucho con mala puntería. Siendo así, es normal que se la monten en el colegio.

Moraleja 7
Los carbones son poco denso y aerodinámicamente inapropiados. En resumen, un pésimo proyectil.

Moraleja 8
Si quieres molestar realmente a alguien, jódele un poco la vida, pero antes asegúrate de haberle regalado a su padre un saco de carbones. Con certeza el padre acabará el trabajo que tu empezaste.

Moraleja 9
Si tomamos a Jaimito como un emisor potenciado promedio de mala energía, los carbones como la materialización de estas energías, y a Pedrito como la representación física de nosotros mismos, podremos hacer lo que se nos de la gana, porque siempre que traten de vengarse de nosotros, el vengador llevará la peor parte.

Moraleja 10
Nadie piensa en los sentimientos de la pobre camisa, que estaba orgullosa y "radiante" de estar blanca y recién lavada.

Moraleja 11
No importa que hayas sido concebido para mantener calor y luz en el mundo, y para transformar alimentos en suculentos platos, siempre habrá algún idiota que te utilice para jugar contigo.

Se me ocurrieron algunas otras moralejas, donde el papá de Jaimito representa un plato de espaguetis con albóndigas y los carbones la entropía del universo, pero esta y todas las demás que se les ocurra las dejaré para que ustedes, lectores de este blog, las imaginen y nos las regalen a través de sus comentarios.

¿Que otra moraleja se te ocurre?

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sábado, 29 de marzo de 2008

¿No sienten envidia por los perversos?

Yo a veces sí. Y creo es algo natural. La envidia. Es natural que cuando uno se ha esforzado mucho por conseguir algo y otro lo obtiene con menor esfuerzo que uno se sienta un poco miserable. Incluso algo tonto. Uno se pregunta si los pilares con los que fue criado son los correctos. ¿Por qué hay entonces tanto perverso por ahí suelto haciendo daño a los demás entonces? Parece que no tuviéramos armas para defendernos de ellos. Entonces es natural envidiarlos un poco (¿Son más poderosos?). Pero algo muy fuerte dentro de mí me dice que mis padres no se equivocaron. Que la envidia no es el sentimiento más apropiado para sentir por un perverso. Divaguemos un poco:

Mi profesor de sociología decía que un perverso, a diferencia de lo que está en el imaginario popular, no era alguien malo (mucho menos alguien muy malo, como se cree). Simplemente era alguien que no reconocía el bien del mal. Mejor dicho, que no sentía culpa cuando hacía el mal. Porque si algo diferencia estos dos conceptos son las sensaciones de satisfacción o culpa que genera cada uno. Eh, sí, el malo siente satisfacción cuando hace mal. Pero el perverso le da lo mismo hacer el bien que el mal. Éste se guía más por el placer y el deseo. Y sabemos por experiencia propia que los motores de placer y deseo son diferentes en cada persona y tienen diferente intensidad. Desde entonces, me cuido muy bien de usar la palabra. Y procuro usarla bien.

Me gusta entonces pensar que la joven y bella que usa su cuerpo para venderle placer al poderoso a cambio de ser también ella poderosa, es más perversa que mala. Que nunca aprendió que su actuar enferma a la sociedad que la rodea. Que hace mal. Que no se da cuenta. Me gusta pensar que no lo sabe, y que por eso no le importa. Me gusta pensar que si lo sabe, no entiende que está haciendo mal a otros. Me gusta pensar que ella piensa que sólo se hace mal a ella, y que hasta altruista se siente.

También me gusta pensar que quien le paga a ella por placer subvalorando el trabajo de los demás es perverso y no malo. Me gusta pensar que el que se vuela la fila no entiende que irrespeta al otro y le genera malestar, incrementando la entropía del mal. Me gusta pensar que quien tiene el poder de matar a otro, de secuéstralo, de drogarlo, de traficar con su vida no entiende que lo que hace destruye la especie (su especie) y transgrede profundamente el balance natural que nos mantiene vivos. Me gusta más pensar que no lo saben, o son cortos de entendimiento. Me gusta pensar que son perversos. Y como perversos están en un estado locura. Al menos en una de sus formas. Son entonces enfermos mentales, en cierta forma, y por lo tanto hay que ayudarlos. Me gusta más pensar esto.

Entonces es natural que sienta un poco de envidia. ¿De los enfermos? ¿Por estar sano? No tanto. Más bien, de no sentir culpas. De no afrontar responsabilidades. De ser un poco ignorante. Así cuando equivocadamente haga el mal, no lo sabría. Alguien tendría la responsabilidad de ayudarme. Alguien que no estuviera enfermo de perversidad. Pero luego reacciono. No quiero que otros sientan lástima por mí, como yo la siento por los perversos. Es mejor hacer algo por ellos. Como educarlos y hacerles entender que lo que hacen está mal. ¿Pero debe ser mi labor? No estoy tan seguro. Tampoco que no la sea. Pero si hay varias cosas que tengo claras: No quiero estar enfermo. Ni aunque así reciba ayuda. De todos modos mi envidia no es tan fuerte. Es pasajera. No me carcome. Quiero ser consciente de mis actos. Buenos o malos. Y responsable de ellos. No quiero vivir en ignorancia como los perversos. Así eso los haga más felices. De todos modos la felicidad está sobrevalorada. Y también quiero seguir pensando que hay mucho perverso por ahí que se puede curar. Y no, que hay mucho malo por ahí que hay que encerrar o matar.

PS: Lo último es más complicado y da para una divagar otro rato. ¿Si se mata a alguien malo no se comete en si mismo otro acto de maldad? En fin, ya habrá su momento para hablar de la pena de muerte, pero no este.

PS 2: Obviamente usar la palabra "perverso" de esta forma me ha traído muchos problemas de comunicación. Dado que el común de la gente no la entiende de esa forma y cuando se lleva a una discusión con argumentos, el primero que salta a relucir es la definición formal de la Real Academia de la Lengua (la cual también da para otro artículo) que la define de esta forma.


PS 3: Quienes me conocen, saben que disfruto claramente de pequeños momentos de maldad, los cuales no los entiendo como graves. Quienes me conocen saben que a veces, también soy algo perverso.
PS 4: La foto me la envía algún amigo por mail en alguna de las innumerables cadenas que me llegan. Y quien la inició tuvo el desocupe de bajarla de esta página junto a otras 20 más y de montarla en una presentación.

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