Mostrando entradas con la etiqueta director. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta director. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de febrero de 2010

Nine (2009)

Hace un rato terminé de verme 8 ½ (1963).Una buena opción para un cinéfilo; todo un deber para un admirador de Fellini. A pesar de todas las motivaciones que puedan haber existido para vérsela antes, ya sabemos cómo nuestro día a día en el cine nos va prolongando la lista de pendientes. Qué agradable fue entonces poder encontrar una película que no se limitó sólo a seguir la tendencia de reencauchar un viejo éxito de taquilla, ni de reutilizar los sketches mínimos para robar sonrisas a los nostálgicos. Nine consigue hacer un homenaje modesto al cinema italiano de los años sesenta, puliendo el brillo de sus ya coloridos escenarios, (des)vistiendo glamorosamente la voluptuosidad de sus mujeres, remasterizando las notas peninsulares de su música; y despertando la curiosidad, de quien queda satisfecho por un buen trabajo artístico, por redescubrir ese clásico que motivó a Rob Marshall a llevar a la gran pantalla este musical.

El argumento de Nine no tiene mayor diferencia con el de su antecesora. Es más, se podría decir que en esta versión este aspecto que suele ser fundamental, no tiene tanta relevancia; pareciera que las relaciones interpersonales de Guido, el prota, con las mujeres que han estado presentes en su vida, sirvieran al único propósito de caracterizar a cada una, así como dar significado a esas fantasías en las que este director en decadencia se refugia, tratando de encontrar a esa musa inspiradora que necesita para concebir su obra cumbre, encubriendo una realidad que agobia a quienes se han bebido el éxito temprano, sin medir las consecuencias.

Ahora, el elenco es todo un harén de ensueño: solamente hizo falta Monica Bellucci para salir de la sala desquiciado por tanta belleza. Desde las legendarias Sofia Loren y Judi Dench hasta la cada vez más parecida a la mamá, Kate Hudson, se destacan y a veces sorprenden por su excelente manejo vocal y coreográfico, enriquecidos por los ámbitos que van de lo tradicional al Pop Art. Además, el jeque de esta tienda es nada menos que Daniel Day – Lewis, amigo de la casa y nominado nuevamente al premio Oscar como mejor actor principal. Musicalmente, son también varios los géneros interpretados y de buena manera, mereciéndose también otra de sus nominaciones este año.

Recomendada para quienes han disfrutado obras como Moulin Rouge, Chicago o Mamma Mia. Una oportunidad para empezar ponerse al día con toda esa cartelera selecta que se nos viene encima para estas fechas.

Continuar leyendo!

miércoles, 12 de agosto de 2009

There Will Be Blood (2007)

Hace un par de fines de semana pretendí ponerme al día con tantas buenas películas que, entre grandes clásicos y medianos éxitos actuales, se le suelen ir quedando a uno pendientes en el 'playlist', con la promesa semi-automática: "Hey, esa ya me han dicho que es buena. Seguro me la voy a ver la próxima vez". Esto, sumado a no perder la costumbre sana de salir a alquilar (la cual disfruto muchísimo), me permitió hacer la siguiente selección: Juno, I'm Not There, y la afortunada ganadora de esta reseña, There Will Be Blood.

Desde que vi el tráiler de esta película, la cual en Latinoamérica fue conocida también ocurrentemente como Petróleo Sangriento o Pozos De Ambición, me sentí atraído por la ambientación y el contexto, puesto que el género western me gusta, y más aún cuando tiene un trasfondo histórico explicativo, no necesariamente didáctico, a lo cual si casi que le huyo.

Como aspecto importante para destacar, de los tres importantes premios Óscar para los que esta película fue nominada, Daniel Day – Lewis obtuvo el de Mejor Actor Principal. Aunque merecido, no es más que el reconocimiento tardío a través de una actuación que sustrae apenas lo mejor de su personaje 'The Butcher' de Gangs Of New York (2002). La manera como Daniel Plainview, este autodenominado oil-man respira, repta, nada, galopa y ataca en cada ambiente es fenomenal. En la cuesta hacia abajo de su cordura, cuando su éxito es cada vez mayor pero menos aprehensible, Daniel atenta contra sus creencias y sus afectos de manera delirante, sumando amores con odios, llevándolo todo hacia una destrucción en la que parece encontrar esa tranquilidad que ha buscado. En adición, vale la pena nombrar también a Paul Dano, una joven promesa estadounidense de la actuación, a quien hasta ahora todos los papeles que le he visto representar, complejos o sencillos, le han quedado muy bien representados.

Por otra parte, la dirección de Paul Thomas Anderson acierta en la puesta en escena de la mayor parte de los pasajes de la película, destacando por ejemplo la continuidad de la escena en la torre petrolífera, donde se accidenta el hijo del protagonista: la cámara sigue de cerca a Daniel con su hijo en brazos, sin perder detalle de lo que ocurre en el entorno, como si se estuviese registrando un desastre natural verdadero, acompañado de una música exasperante, pero indicada. Además, la escena final es una confrontación casi claustrofóbica, con tomas de planos cerrados y estáticos, y con una musicalización de cierre que recuerdan a la adaptación de Barry Lyndon de Kubrick.

A pesar de sus casi dos horas y media de duración, There Will Be Blood no deja de ser llamativa y no requiere un nivel superior de atención a los detalles argumentales, así que pueden tener este drama biográfico al alcance de sus opciones para la próxima ida a la video tienda.

Continuar leyendo!

sábado, 28 de marzo de 2009

¿Seguir o proponer?

Uno podría clasificar a los humanos de muchísimas formas: altos y bajitos, hombres o mujeres, los que comen cerdo y los que no, los que creen que hay vida después de la muerte y los que no, lectores y no lectores, por su tipo sanguíneo, los que son capaces de enroscar la lengua y los que no, por la letra inicial de su nombre. En fin, hay infinitas posibilidades. La clasificación es un ejercicio de organización, que puede facilitar la gestión, el manejo, almacenamiento o comunicación. O simplemente, se hace porque hay personas desocupadas que les gusta clasificar, como los taxónomos (aunque no discuto que es importante saber que se está regalando una orquídea Calanthe y no una orquídea Liparis).

En mi caso, estuve divagando un rato y creo que me gustaría clasificar a las personas entre las que siguen y las que proponen. Esto ya ha sido ampliamente desarrollado por aquellos que trabajan el tema de liderazgo, y las competencias, así que yo voy a ser más rudimentario.

Uno puede ser aquel que organiza un partido de fútbol, o el que espera a que lo llamen; uno puede ser aquel que elige el restaurante o esperar a que se lo propongan; uno puede ser quien arme el parche para ir a rumbear, o esperar a que lo llamen; uno puede en la oficina liderar una propuesta, o esperar a que le digan qué tiene que presentar; uno puede en el salón de clase organizar el grupo y dirigirlo o esperar a que otro lo haga y seguirlo.

Por mi parte, siempre me he caracterizado por ser el primero de los dos. Es decir, a mí me gustar mandar el juego (como me decía una novia hace algunos años). A mí me gusta dar órdenes, dirigir, liderar, elegir. A mí me gusta tener el control. Lo que sucede, es que después de varios años de hacerlo, me doy cuenta que es desgastante, que cansa, que dejar que los demás dependan de uno no sólo hace que uno se llene de preocupaciones propias, sino también ajenas. Digamos que es uno de los inconvenientes de liderar cada momento de la vida siguiendo los estándares éticos y morales. Puesto que si no me importaran los demás (que son todos sustituibles) pues no tendría por qué agotarme más que con mis preocupaciones. En fin, como el alivio del cansancio es el descanso, en los dos últimos años he ido replanteando mi posición ante algunos frentes de la vida, y he dejado de liderarlo y controlarlo todo, hasta encontrar algún grado de comodidad siendo parte del rebaño. Eso sí, siempre eligiendo quién será mi pastor (tal vez por eso no voy a la iglesia: no me convence el pastor, aún). Así pues, donde no es trascendental mi liderazgo puedo tomar energías y usarlas donde realmente importa.

Por eso, no me vuelvan a pedir que organice ni rumbas ni partidos de fútbol, mejor invítenme a cuantas y cuantos puedan organizar. Y de vez en cuando sorpréndanme proponiéndome algo que no tenga que organizar yo. Así podré descansar para ser líder donde cuenta. Los fines de semana, como éste, son fines de semana para seguir, pues me la paso proponiendo en la semana.

¿Y tú? ¿Propones o me sigues la idea?

Continuar leyendo!

lunes, 9 de febrero de 2009

¿En qué demonios está pensando ahora Oliver Stone?

"On any given sunday you're gonna win or you're gonna lose. The point is: ¿Can you win or lose like a man?"
Tony D'Amato – Any Given Sunday (1999)

Pues resulta que hoy ya es lunes y es de mal cine y, a mi pesar, dudo que Oliver Stone esté ganando, y si está perdiendo, no sé si lo hace de la manera indicada.

Aprecio muchísimo y soy seguidor de la obra de Stone como director, productor y libretista, la cual le ha proporcionado ya tres premios Oscar, y es por ello que declaro mi preocupación por los que a mi parecer han sido desaciertos en cuanto a lo que nos tiene acostumbrados. Puede ser que se encuentre en el ocaso prematuro de su carrera; puede ser que esté necesitando dinero y le importe muy poco el qué dirán; puede ser que finalmente esté haciendo lo que le gusta y su nutrida antología haya sido producto de otros factores ajenos a su ingenio. O tal vez pueda estar equivocado, y se me hace necesario compartir mi opinión con ustedes, asiduos lectores.

William Oliver Stone nació en New York, E.E.U.U. hace 62 años y ha sido influenciado definitivamente por los hechos históricos contemporáneos que han involucrado a su país como protagonista, incluyendo su participación como soldado en la guerra con Vietnam, en la que resultó herido en combate. Como resultado de esta experiencia, Stone dirige tres películas contextualizadas en dicho escenario las cuales, unas mejor que las otras, exponen las consecuencias del conflicto armado sobre el accionar moral, político y sociológico que compone a quienes han tomado parte en él:

Platoon (1986), en donde un soldado presencia los abusos y crímenes de su sargento, no sólo contra los vietnamitas sino contra sus propios compañeros. Born In The Fourth Of July (1989), donde un soldado orgulloso desde pequeño por prestar servicio por su nación, regresa parapléjico a su hogar, donde el transcurrir de los días postrado en una silla de ruedas transforma drásticamente sus convicciones hacia las razones de la guerra. Heaven & Earth (1993) es una película sencilla donde se hace énfasis en las dificultades que debe enfrentar el amor entre un alto mando del ejército estadounidense y una mujer vietnamita. Desde luego, Stone tiene películas de ficción más impactantes en su narrativa y puesta audiovisual, marcadas por la perspectiva alucinante de quien está bajo el efecto del alcohol y las drogas, como son Natural Born Killers (1994) o la tenebrosa U-Turn (1997).

Pero como el asunto que nos concierne hoy es criticar lo actual, hago un recuento de las películas más recientes de este director, donde la construcción particular de sus protagonistas parece estar hecha a partir de intereses personales absorbentes, que sesgan la visión del personaje y no dan cabida a cuestionarlo en otros ámbitos de su vida:

Alexander (2004), es una superproducción que vino a derramarse sobre el ya saturado lustro de películas épicas (Gladiator, Kingdom Of Heaven, LOTR, Troy), ofreciendo muy poco convencimiento en lo actoral a pesar de su costoso reparto, así como un enfoque exacerbado en las obsesiones y los gustos personales de nada menos que Alejandro Magno, un personaje de tanta riqueza histórica, que resulta impensable sintetizar el impacto de sus acciones en las antiguas civilizaciones occidentales y orientales con unas cuantas batallas, cuidadas en los detalles pero congestionadas como un todo.

Por otro lado, World Trade Center (2006), es una película con buenas y claras intenciones del director y de todo el elenco de representar el drama de un par de policías rescatistas que quedan atrapados bajo los escombros de las torres gemelas. En esta ocasión Stone, tal vez por respeto a las familias de las víctimas y por lo reciente de los hechos, se reserva toda la crudeza visual que suele imprimir, además del contexto político. Pero son esas buenas intenciones las que hacen que la película luzca pesada y aburridora durante sus dos horas. Así es el cine, y así quienes lo vemos y opinamos sobre él.

Finalmente, W (2008) es una película hecha con furia, con ansia, con un extraño dolor de patria, ya que muestra de manera práctica ese costumbrismo norteño que ha sido escenario de la familia Bush. Las actuaciones son buenas y la narración se acomoda al objeto de la historia, que es poner en evidencia a un desorientado con poder a través uno de sus renombrados desaciertos: la guerra en Irak. Otra vez Stone simplifica la vida de un personaje histórico en uno o dos hechos de impacto público, con una sátira tan poco común en él, que parece por momentos un capítulo de una serie de tv de Michael Moore.

En adición, Stone ha estado dedicándose a la que parece ser ha sido una de sus pasiones subyacentes: los documentales. A través de éstos le siguió la pista al accionar de Fidel Castro, se la está siguiendo al presidente venezolano Hugo Chávez y al parecer se encuentra en el proceso de presentar su visión bastante propia de los hechos controversiales que rodearon la liberación de algunos secuestrados por la guerrilla de nuestro país en la reciente 'Operación Emanuel'.

En fin, después de haber recorrido hasta aquí estos últimos vericuetos que no siguen la ruta filmográfica a la que Oliver Stone nos ha tenido acostumbrados, aún no logro encontrar respuesta a la pregunta que da título al artículo. Quizás él esté exorcizando algunos demonios internos, siendo sincero con sí mismo y con su público, diciendo las cosas que nunca antes pudo decir, tal y como quiso. De cualquier forma, mi optimismo aún no se agota y, aún boquiabierto junto a todos los que extrañamos su estilo clásico, lo espero dentro del recinto que abandonó junto con Tony D'Amato, con la complicidad en su rostro, una encantadora tarde de domingo.

Continuar leyendo!