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martes, 5 de agosto de 2008

¿Cómo comerse una marranita?

Antes que nada se me hace preciso definir el concepto de marranita para las líneas siguientes tengan el mismo sentido para el escritor que para el lector.

La marranita es un plato típico vallecaucano que hace las veces de entrada o comida ligera. Para resumir es una bola de plátano (verde o maduro) rellena de chicharrones y luego frita. La marranita, aunque tapaarterias es deliciosa. Perfecta para celebrar, comer entre comidas o simplemente para degustar como plato fuerte. Ahora todos contextualizados, procedamos:

Lo primero que debe hacerse es encontrar el sitio adecuado. En Cali, existen muchos lugares donde venden marranitas. Incluso hay sitios a los que no se puede acceder directamente, como los familiares. "Si qué ricas, pero nada como las marranitas que hace mi tía". Si, y? A mí de nada me sirve saber que tu tía o tu abuela hacen unas marranitas fantásticas, si no me invitas a probarlas. Así que por ese motivo excluiré de este listado de sitios las marranitas de la casa de la tía de Guillermo, las de la casa de la abuela de Cristina y las de la mamá de Marcos. Y claro Sandra, Victoria, Beatriz y Lina entenderán que si dejo por fuera las casas de Cristina, Marcos y Guillermo, ellas y los demás que no haya nombrado también quedan por fuera. Obviamente esta lista es flexible y el día que alguno de los nombrados quiera abrir un sitio de comida vallecaucana me dice, me invita y lo incluyo en mi lista. Bien, volviendo al asunto que nos atañe, el lugar es primordial, pues marranitas hay de toda clase: las quemadas, las que los chicharrones te vuelan los dientes, las que son muy pequeñas para lo caras que son, las hechas de plátano insípido, las que si te encuentras un chicharrón te ganas un premio, las crudas por dentro, en fin, las que no voy a recomendar. Yo no soy el mayor traga marranitas de la ciudad, pero sí he probado en varios sitios este delicioso manjar y podría recomendar varios:

  • En frente del club Puente Palma entre Autopista y Av Pasoancho entre la Cr 56 y la Cr 61 hay una casa bonita donde una orbe de habitantes con dedo estirado se sientan los sábados y domingos a pintarse los labios de una sustancia brillante mientras se siente más que el pueblo por comer "fritanga elegante". Si, ahí, en ese lugar tan acogedor venden unas ricas marranitas.
  • Sobre la misma Av Pasoancho, antes de llegar a la 14 de la Cr 80 hay una panadería que queda en el barrio Capri llamada Pasopan. Allí también hay una sillas muy acogedoras donde la gente se sienta a deleitar de tan delicioso plato. A un precio no muy alto, se puede disfrutar de unas crocantes marranitas muy ricas.
  • Contiguo a la panadería hay un sitio muy famoso en Cali, llamado Tentenpié. Restaurante característico por vender comida típica del Valle. Allí recomiendo muchos platos, como la tostada gigante, el tamal, la lulada, el champus, el sancocho, pero las marranitas, las que me hacen escribir hoy, esas no. Lo siento, pero esperaba mucho más de ellos.
  • Sobre la Autopista, justo donde se convierte en calle 10, cuando uno viene en dirección norte-sur hay otra panadería muy famosa y conocida por los que viajan en buses intermunicipales: La California. Allí, hace no mucho tiempo han puesto un desayunadero donde también se pueden deleitar unas ricas marranitas.
  • La famosa panadería Kuty es otro sitio donde el sabor de este plato debe ser resaltado. En San Nicolás hay una, pero si se quiere comer con mayor comodidad recomiendo la Kuty de la Av Sexta en el Norte o mucho mejor la que queda en el Único.
  • En el barrio la Flora, sobre (creo que es la Calle 46) hay otra casa como la que describí en frente del Club Puente Palma donde venden unas marrranitas muy ricas también.
  • En Palmetto Plaza, el centro comercial, justo cuando uno sube las escaleras eléctricas venden unas marranitas gigantes hechas con platano maduro y chicharrón cauchudo que representan una sensación diferente a lo acostumbrado pero que también son dignas de nombrar.
  • Y bueno, hasta ahí las que conozco. Pero sin lugar a dudas, la elección que de ahora en adelante tomaré por primera cuando decida comer marranitas, serán Las Marranitas del Gordo. Un señor con un improvisado puesto (aparentemente) que se para en un parque atrás de la Universidad Santiago de Cali. Grandes y ricas. El gordo, un señor, verdaderamente gordo se asemeja al famoso Señor Barriga del Chavo por su tamaño. Sin embargo, este monumental sujeto cuenta con una rara amabilidad muy diferente a la del personaje de la serie. Y digo rara, porque mientras saca con sus manos los plátanos del aceite hirviendo y con tan sólo un trapo para protegerse se dispone con las mismas manos a machacarlo, tiene tiempo para asistir a sus clientes y brindarles algo de chicharrón mientras esperan. El tipo ya tiene fama, y la gente lo espera. Porque es mejor gozar de unas marranitas recién preparadas que unas que llevan todo el día armadas. En unos trocos y unas cuantas sillas la gente se amontona a esperar mientras él suda preparando el manjar. De pronto se acerca y pregunta: Y para tomar? Y a la respuesta atraviesa la calle y pide unas gaseosas en la tienda de en frente. Vuelve se lava las manos y sigue. El incansable coloso llena de plátano y chicharrón las bolas que caben en sus manos y las vuelve a fritar. Allí, en medio del parque, la brisa e incluso la lluvia, ahí vale la pena comerse una marranita.

Después de elegir el sitio suele elegirse la compañía. Ya sea para presentarle el sitio o para reincidir en el pecado. Pues no es el plato más saludable del mundo. Hay que ir con una compañía paciente y que le guste hablar o escuchar. Las marranitas no son platos para ser comidos a la ligera. Son secos y salados, requieren de tiempo. Además se sirven calientes o no sabrían los suficientemente bien, por lo que una comida a la carrera podría acarrear angustiosas quedamas de lengua y/o paladar. Lleve entonces a alguien con quien disfrutar de una buena charla. Una compartida, para que mientras uno mastica el seco plátano el otro hable y viceversa. Alguien con prisa no será la compañía apropiada. A ese mejor invítelo a comerse unos maicitos o un pandebono. Al que le gusta la marranita sabe esperar.

La ingestión y la digestión: Contrario a lo que podría pensarse por el tamaño del plato, la marranita es un plato pesado. Y es que tanto chicharrón compactado y refritado no puede ser algo "tan bueno". Coma despacio y saboree. Deje que la sal envuelva su lengua. Intente cortar con plátano verde o busque contrastes con plátano maduro, pero tenga en cuenta que el segundo será más propenso a hostigarlo. También una marranita compartida para los que tienen este problema es algo agradable. Pero por favor, no sea tan ruin de arruinar un hermoso momento intentando pasar del mano a mano al boca a boca. Hay alimentos apropiados para eso y otros, sencillamente, no. Tenga en cuenta, el proceso posterior. La digestión del chicharrón no es fácil. el cuerpo a veces no es capaz de procesar tanta grasa saturada en tan poco espacio y comenzará a expulsarla en pequeños y molestos gases (generalmente eructos) que lo dejarán en evidencia (muy molesto si usted no invitó a alguien que adora este plato y deja perfumada su casa con olor a chicharrón). Así que escoja también el lugar donde va a hacer la digestión de tan sabroso plato. Yo recomiendo que programe más tiempo del que dura la comida para tal fin. Una buena caminata bajo el viento caleño suele ayudar y al otro día acompañado de la soledad.

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