Mostrando entradas con la etiqueta corbata. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta corbata. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de junio de 2009

CAFÉ

Tras unas noche más corta de lo necesario, él intenta levantarse con el sueño aun doliéndole en sus ojos y el cuerpo gritándole la injusticia de dejar el lecho que estaba destinado únicamente para su reposo. Tomó su pasta para la gastritis sin haberse cepillado, cosa que nunca hacía por el asco que lo generaba, pero en ese momento su cerebro había decidido seguir durmiendo y su cuerpo se movía en espasmódicos y erráticos movimientos reflejos.

El inicio de la mañana continuó sin mayor novedad, simplemente entró al baño, su cepillo se esmeró de dejar limpio sus enormes dientes, el agua le dio un largo e higiénico abrazo, pulió su poco espesa barba, el gel hizo todo lo posible por doblegar su cabello, y al salir del baño ya estaba no solo presentable sino que además, y más importante, ya medianamente despierto.

En su habitación, y debido a la fotosesibilidad que el sueño suele traer de acompañante, aquel hombre decidió manejarse en su habitación por instinto, por las penumbras que la luz de su ventana intentaba infructuosamente de disipar, guiado por la certeza que da el vivir más de década y media en el mismo lugar. Así siguió su rutina, cubriendo su blanco y semi-obeso cuerpo con nuevas pieles producidas de hilo, capa tras capta, desde su más íntima prenda, hasta la larga y delgada corbata que oscilaba alegremente de su cuello, el único símbolo que no reflejaba la pesadumbre soñolienta de aquel ser.

Protegió sus pies con un negro cuero, que hacía perfecto juego con una negra correa que rodeando su cintura terminaba haciendo la noble labor de sostener en su lugar sus largos pantalones.

Y así, una vez vestido, consumiendo aquellos orgánicos materiales que le darían energía en la primera parte del día, y ahora a pocas instancias de estar completamente despierto, decidió que era el momento para enfrentarse al veloz y agresivo mundo. Así que salió de su refugio y emprendió su caminata que había cuadruplicado su distancia desde que el nuevo sistema de transporte masivo había alejado los ronroneantes vehículos que lo conducirían hacia el infinito… o hacia su trabajo, lo que llegara primero.

Y empezó a caminar, un paso, dos, diez, treinta y tres y medio.

[CAFÉ]

Esa palabra invadió su mente ¿quería café?, ¡No! No era eso, era algo más.

[CAFÉ]

Era algo en su campo de visión, así que miró su corbata que era azul con morado… no, no era eso.

[CAFÉ]

Volvió a chequear, tanto su camisa como su pantalón eran azules.

[CAFÉ]

Incluso revisó su correa que era de un perfecto y monótono negro.

[CAFÉ]

No era algo fijo, era intermitente como llegaba el estímulo. Así que miró hasta el suelo, en donde en ese momento avanzaba su pie derecho que tenía un zapato de un íntegro negro.

[CAFÉ]



[CAFÉ]



[CAFÉ]



[CAFÉ]

Algo tenía que ser. Se detuvo justo ante la segunda avenida principal que debía atravesar, una autopista. Ya se sentía completamente despierto, lo sabía porque al abandonar por completo el mundo de los sueños, dejaba de pensar en forma lírica y ahora si podía nombrar las cosas como “corbatas” y “zapatos”. Y ahí, parado, esperando a que cambiara el semáforo que le daría paso a continuar el último tramo de su camino, hizo el último chequeo:

Corbata azul y morada. Camisa azul clara. Pantalón Azul Oscuro. Correa Negra. Zapato derecho negro. Zapato izquierdo café.

[CAFÉ]

Ahora lo entendía. Lo meditó por un momento, pensando en el largo camino recorrido. Pero no, tenía reuniones importantes ese día, y era necesario devolverse a buscar una correa apropiada, alguna que tuviera tanto negro como café. En el camino de regreso recordó que no tenía correas de esas características, así que tendría que cambiarse uno de sus zapatos, el café para no tenerse que cambiar de correa. Pero ahora, despierto, con una sonrisa en sus labios, sabía que ese sería un interesante día, bastante ocupado, pero interesante.



Y ahora, teniendo en cuenta que este es un Aleph, quisiera que ustedes, nuestros lectores, nos contaran ¿de que forma particular ha empezado alguno de sus días?

Fotos: Mauro Z

Continuar leyendo!