
Hará unos seis años ya desde que el ámbito de la música comercial vio el regreso de un sub-género que, a mi parecer, ha sabido combinar en sus momentos al rock con el pop: el Indie Rock. Con la premisa de echarle al baúl del recuerdo más bandas pasajeras y álbumes de un solo éxito, resurgió como una epidemia aún latente a través de los medios todo un conglomerado de abanderados por el Indie, en su gran mayoría denominados bajo el pronombre "The (cualquier cosa)", con la pretensión de adquirir rápidamente una identidad que, al final, los deja prácticamente a todos cortados con la misma tijera.
Una de esas excepciones casuales que ha logrado encaramarse y mantenerse apenas en la puntica de la fama ha sido The Killers, quienes han contado no sólo con la suerte del principiante, sino con la creatividad para poner a sonar otra vez y con acierto la fórmula ochentera de turno, así como con el buen sentido de orientación hacia un negocio rentable. Este año se nos aparecen con el álbum Day & Age, que hace un par de días casualmente cayó completo a mi listado de reproducción y se me antojó traerlo a colación.
Con títulos de canciones que, al irse leyendo y escuchando, van de inmediato invocando nombres de bandas legendarias como Roxette, Human League, Hall & Oates o David Bowie; The Killers invierte nuevamente en la amalgama entre sonidos sintéticos y acústicos. Canciones como Human, Spaceman, o The World We Live In, con sus sonidos dulces y sus letras que juegan a parodiar lo existencial, cuestionan aquello que es cotidiano para la percepción del artista. Las otras canciones sencillamente pasan rozando el paladar de quien está bebiendo una cerveza con sus amigos o quien está mascando un chicle por costumbre, mientras trabaja o escribe un artículo para su blog.
Al escuchar la composición electrónica de Human, el single promocional del álbum, se entiende mejor cómo hoy en día las versiones extendidas que solían ser hechas por las propias bandas, están ahora siendo desplazadas por las remezclas hechas por los discjockeys del momento con el propósito de abarcar, además del público de los bares, a aquel que frecuenta los clubes y las discotecas. Por mi parte, estoy seguro de haber escuchado en la radio y en los sitios que visito, la versión dance de Read My Mind más veces que la original.
En conclusión, resulta difícil pedirles que le inviertan minutos y bytes de su vida para prestarle atención a este trabajo si el Indie no es un género que les mueva la aguja lo suficiente (¡mucho más complicado pedirles que compren el álbum!), pero si cualquier amigo corsario lo deja caer por casualidad sobre su escritorio virtual, pues pónganlo a sonar en aleatorio un rato, siquiera para cambiar de ritmo y darse por enterados de lo que está presente en la escena musical.
viernes, 17 de abril de 2009
The Killers: Day & Age (2008)
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sábado, 7 de marzo de 2009
¿Cómo sacar a un hipopótamo de un pantano?
De antemano es conveniente ponerlos al tanto (algunos lo sabrán ya; otros lo habrán intuido) del hecho de que tres de quienes somos administradores de este manual, somos también malpensantes oficiales (ya sea porque estemos suscritos actualmente a la revista, o porque alguna vez lo estuvimos y aún le sigamos el rastro). Desde luego, no por eso Macaco y Omaroti dejan de pensar mal para escribir bien; es todo un arte y casi en todos los casos, un placer.
Bueno, el cuento es que hoy quiero compartirles una especie de 'Aleph instructivo' en el cual ustedes determinarán, desde su propio punto de vista, cuál es el procedimiento que utilizarían para sacar a un hipopótamo de un pantano. Esta idea se remite a Halterohippopotamidae, una de las aristas que conforman el Iceberg de la edición de febrero de El Malpensante, en la cual se hace referencia a otro texto anterior en el que se relata como el gran ajedrecista ruso Mijaíl Tal, embebido en sus cavilaciones durante uno de sus prolongados encuentros, se abstraía por un instante del escenario de juego y se cuestionaba acerca de la dificultad de sacar a un hipopótamo de un pantano.
Según recuerdo, al final de cuentas Tal, aburrido de no encontrarle solución a ambos acertijos, decide dejar hundido al pobre bicho en el fango y arriesgar el todo por el todo en su partida. Eso tal vez haya estado bien para ese tipo de situación, pero como en este blog queremos mucho a los hipopótamos (y aún más a los acertijos), los invitamos a que se tomen su tiempo y nos digan de qué manera salvar a nuestro robusto personaje desde varias perspectivas posibles. He aquí algunas ideas:
El método logístico
1. Consiga un auto de gran potencia y tracción u otro hipopótamo de igual o mayor tamaño que obedezca fielmente sus órdenes.
2. Consiga un cable de acero resistente y una grúa, o si no, una gruesa cuerda, una polea y un árbol que esté lo suficientemente cerca para que le sirva de pivote.
3. Amarre fuertemente a ambos hipos a la cuerda o cable, cada uno en su respectivo extremo. Como podrá notar, no están de más unas clases de buceo que le permitan rodear al hipo que está en el pantano, mientras lo amarra.
4. Ya que es posible que el peso y la adherencia del barro le impida el éxito del rescate, consiga una motobomba que le permita drenar el pantano, mientras con una manguera retira el barro del cuerpo del hipo. Asegúrese de que el hipo ya esté amarrado porque si el pozo es muy profundo, tal vez después no lo pueda sacar de ahí ni con abogado.
5. Cabalgue a su hipo entrenado y hágalo tirar hacia el lado opuesto de donde se encuentra el hipo empantanado. Vaya usted a saber cómo ha hecho para entrenar al animal que ahora cabalga; por lo cual no descarte la opción de invertir en un entrenador de hipos. Seguramente debe haber alguno que viva cerca a su casa.
6. Una vez el hipo rescatado esté en el aire y haya dejado de balancearse, haga regresar a su hipo con lentitud, de manera que el otro hipo baje perpendicularmente y no caiga de nuevo en el pantano. Sería bueno que tuviese presente la ayuda de uno de sus temerarios amigos que persuada o atalaye al hipo, para que no regrese al pantano y no necesite ejecutar nuevamente la operación.
El método financiero
1. Consiga un hipo hábil, enredador y apuesto (preferiblemente, con cola) que se encuentre atrapado en un pantano de deudas.
2. Consiga un grupo de hipos que sean bondadosos, trabajadores, algo lentos, y que atesoren muchas hojas y ramas deliciosas, de esas de las que se alimentan los hipos durante las épocas difíciles. Convénzalos de prestarles sus hojas y ramas a usted y a su hipo, con la promesa de devolverles multiplicada su vegetal inversión.
3. Con el barro del pantano en el que el hipo esté atrapado, diseñe y elabore unas símpaticas hipo-tarjetas, que le permitan a los otros hipos reclamar sus pacas de hojas prometidas más adelante. Recuerde: entre más hipos convenza, más barro podrá sacar y más hojas podrá meter en los espacios del pozo.
4. Sea creativo, y con las hojas y ramas, elabore una estructura geométrica lo suficientemente resistente en su base, de manera que su hipo pueda salir airoso de su cautiverio. Una vez afuera, retire todas las hojas y ramas que alcance, antes de que regresen los demás hipos.
5. Ahora que su hipo ha sido rescatado del pozo, cabalgue con él hasta un poco más allá de donde el agua llega con sed, porque ahora su pantano estará poblado de nuevos hipos, con el barro hasta el cuello, buscando una manera de salir tan creativa como la suya.
El método legislativo I
1. Saque al hipopótamo del charco.
2. Abra la nevera.
3. Saque al elefante.
4. Meta al hipopótamo.
5. Cierre la nevera.
6. Meta al elefante al charco.
7. Promulgue una ley en la que todo elefante deberá ser enviado hasta el otro lado del charco y todo hipopótamo deberá ser resguardado en la nevera.
8. Si se le antoja, siéntase orgulloso de ello.
El método legislativo II
1. Verifique el pasado turbio de quien le alquiló el pantano a los hipos.
2. Amparado por la extinción de dominio, consiga una orden de desalojo para expropiarle el pantano a los hipos. En tal caso de que haya terquedad por parte de ellos, negocie y permítales quedarse en su pantano, mientras no pongan sus enlodadas patas en los alrededores del terreno que habitan.
3. Una vez hecho suyo, abandone dicho terreno a su suerte, con todo e hipos. De esta manera, los hipos se aburrirán de sentirse solos y por sí mismos se desplazarán de su pantano nativo, nadando en búsqueda de su propio norte, así como de otros hipos que tampoco estuvieron preparados para correr la misma suerte.
Ahora es el turno de ustedes, lectores. Por cierto, de acuerdo con la creatividad con la que le den respuesta a este problema, es posible que algunas de las respuestas aparezcan publicadas en una próxima edición de la revista El Malpensante.
Esperemos que así sea. Mientras tanto, ¡al agua, pótamos!
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