Mucha gente dice que las segundas partes no son buenas. Y puede tener razón, pero en las películas; en los viajes la cosa es diferente. Cada vez que uno recorre un sitio que ya ha recorrido tiene la oport
unidad de remembrar el primer momento en que estuvo allí.
En este caso es una segunda parte por dos razones. La primera es que Sama ya nos había regalado unas bonitas y muy útiles instrucciones para realizar el viaje y la otra, es que era la segunda vez que iba a Salento.
Lo primero que debe hacerse para ir allá es tener las ganas. Yo me las había
generado desde la primera vez que fui con mis amigos del colegio en el último año y nos tomamos una cantina de piso de tierra y grabadora para armar tremenda rumba. Hoy en día la cantina sigue siendo cantina y es la más visitada del pueblo, pero ya tiene piso baldosa y un sonido poderoso. Pero las ganas se despertaron más cuando leí con cierta envidia el paseo maravilloso que realizó sama. Por otro lado, las ganas de mi novia también venían en crecida desde que visitó el Eje Cafetero y despertó un enamoramiento hacia esa tierra. Dado que el permiso para ausentarme de mi trabajo un par de días y poder realizar un viaje más largo no llegó, pues las ganas se convirtieron en GANAS. Fue un paseo de desquite, hecho con ganas.
Lo segundo que debe hacerse para viajar es leer estas instrucciones. Punto. Lo tienen todo.
Lo tercero es comenzar a cambiarlas a su antojo. Por ejemplo, en vez de irse en bus, si tiene la posibilidad puede irse en carro. Si viaja sólo o con un acompañante es más caro, mientras que si llena el carro de gente
, pues le sale más barato que ir en bus, porque puede distribuir los costos de la gasolina y los cinco peajes que se va a encontrar. Particularmente, aunque no me gusta manejar, me parece rico ir en carro, y más en plan de paseo. Porque uno se puede parar, tomar una foto, tomar el aire, saltar, gritar y cantar. Porque puede perderse y volverse a encontrar y porque muchas cosas se puede inventar. Además porque salvo que se encuentre con algún trancón, está más seguro de la hora de llegada que cuando tiene que ir a luchar en un terminal la cola de salida en un puente, que es cuando más viaja la gente. Total, máses y menoses (jejeje).
E
ntre los más y los menos, y las cosas que puede modificar está la hora de salida. Yo decidí (por cuestiones laborales) no tomar la sugerencia de Sama de salir temprano, sabiendo que perdería el primer día. Llegamos en la noche y dando vueltas por las carreteras del Quindío, que aunque tan buenas como las del Valle, poco o nada iluminadas y pobremente demarcadas. En una noche llena de lluvia y disfraces de Halloween, con un poco de aprensión por un lado y espíritu de aventura por el otro, sólo media hora más tarde de lo previsto, aunque recorriendo varias veces el mismo tramo. Gozando un poquito de la hospitalidad del armenio (no tengo claro cómo es el gentilicio) que con vigor le indica a cualquier chinazo* cómo es que se llega a Salento.
También seguimos el consejo de Sama de ir al Valle del Cocora. Ah,
Con esto los dejo en Salento, para que lo visiten y lo disfruten.
*Nota: Chino es una expresión de algunas regiones del país para referirse a un niño o un jóven. En Cali no decimos Chino, sino Pelado y en Barranquilla dicen Pelao.
2 comentarios:
Hombre, pues qué bueno que la hayás pasado tan bien como yo. Y qué mejor aún poderlo leer en nuestro Manual. Hasta los instructivos necesitan de dos o más ediciones.
muy buen post. Durante las vacaciones de julio tuve también la oportunidad de visitar la zona cafetera y es definitivamente un buen destino vacacional. Me haz dejado con un gran antojo de visitar Salento.
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